Imagina

Por Julián M. Clemente
imagina.jpg
Imagina por un momento que nunca has oído hablar de Spider-Man. No sabes quién es Peter Parker, ni tía May, ni Jonah Jameson, ni Flash Thompson, ni Betty Brant, ni Liz Allan, ni el Doctor Octopus, ni el Lagarto, ni el Buitre. Imagina un mundo sin videoconsolas ni DVDs, sin ordenadores ni televisión por cable. Imagina un mundo que todavía no ha perdido la inocencia. Imagina un mundo en el que los tebeos que existen son un entretenimiento para niños, donde los héroes son de cartón piedra, su identidad secreta no es más que un burdo engaño y sus aventuras carecen de continuidad. Da igual leer un episodio que otro, porque el héroe siempre vence, la chica nunca averigua quién se oculta tras la máscara, el villano acaba con los huesos en la cárcel y la próxima vez que aparezca ni siquiera se acordará de que estaba allí. ¿Para qué? Al fin y al cabo, sólo son tebeos.


Imagina que vives en Estados Unidos, allá por 1962. Imagina que has asistido al nacimiento de una nueva manera de hacer tebeos que nada tiene que ver con lo que conocías hasta ahora, el nacimiento de la Era Marvel de los Cómics. Apenas hace un año del primer número de los Cuatro Fantásticos. Han aparecido personajes como Hulk, Thor o el Hombre Hormiga, pero no se puede decir precisamente que los cómics de Marvel invadan las tiendas. Tiendas de ultramarinos, tiendas de comestibles, pero no tiendas de tebeos porque, en 1962, no existe eso ni nada que se le parezca. Porque, en 1962, Spider-Man no es un icono cultural, no es una figura reconocible por todo el mundo. No es la película que ha batido todos los récords imaginables. Spider-Man es un recién nacido, un personaje revolucionario porque no se parece a nada que haya existido antes. Es un adolescente, tiene problemas, ni siquiera es guapo, usa una máscara que le cubre todo el rostro, en su traje no hay capas, ni vuela, ni tiene una Spider-Cueva. En cambio, vive en casa con su tía, las chicas no le hacen caso y, lo que es peor, los compañeros de instituto le rechazan, cuando no tratan de partirle la cara.
Imagina descubrir a ese Spider-Man en las páginas de una revista con historias cortas sobre monstruos. En el correo de lectores, Stan Lee, el guionista que narra el origen de Spider-Man y que también escribe las aventuras de los Cuatro Fantásticos, promete que Peter Parker volverá en el próximo número de Amazing Fantasy, el dieciséis. Esperas un mes, y otro, y otro… Pero nunca hay próximo número de Amazing Fantasy. ¿Qué haces? En ninguna tienda saben nada. Y no hay Internet, no hay foros, no hay librerías especializadas. Simplemente, te olvidas.
imagina.jpg
Y unos meses más tarde, ahí está. El primer número de Amazing Spider-Man, con dos historias cortas y periodicidad bimensual como tantas otros cómics que compras. Imagina el nervio electrizante del primer encuentro con el Buitre, con el Doctor Octopus, con el Hombre de Arena. Imagina tu sonrisa al descubrir un truco tan brillante, una genialidad tan absoluta como que sea Peter Parker quien se saque sus propias fotos en acción y las venda al editor que detesta a Spider-Man. Imagina la gran sorpresa al comprobar que el lanzarredes vive en un universo cuyos personajes se relacionan entre ellos. No sólo trata de unirse a los Cuatro Fantásticos, sino que además combate a su peor enemigo… ¡Y mucho mejor que eso! ¡El Doctor Muerte se detiene a explicar cómo escapó a la muerte segura que creías había sufrido en su último encuentro con la Primera Familia!
Definitivamente, estos no son los tebeos de tu padre. Peter Parker es real porque sufre, y le rechazan, y no tiene dinero, y va a clase todos los días… Diablos, es casi como tú. Qué tebeo, de verdad. Los primeros números son geniales, ¿lo serán los próximos? No, descubres. Son todavía mejores. Las historias crecen en complejidad. De las dos aventuras por número, pasas a una sola. De la aventura autoconclusiva, pasas al Continuará. De aparecer cada dos meses, Amazing se convierte en un tebeo mensual. ¿Quién serán ese Stan Lee y ese Steve Ditko, que cada vez lo hacen mejor? No lo sabes, porque no salen en televisión, ni acuden a grandes convenciones para firmar sus tebeos. ¿Qué convenciones? Oh, no olvides que estás en los primeros años sesenta, muchacho. En los cines triunfa Lawrence de Arabia y Matar a un ruiseñor. Los Beatles son más populares que Jesucristo y tanto como Spider-Man. Lee Harvey Oswald ha asesinado al presidente Kennedy. Martin Luther King tiene un sueño.
La fuerza de la costumbre ha situado a Spider-Man en nuestro paisaje cotidiano, como si siempre hubiera estado ahí. Por eso es necesario volver a sus orígenes para entender los motivos por los que el trepamuros sigue siendo, cuatro décadas después de su nacimiento, el mejor personaje de ficción de todos los tiempos, incluido éste.

Artículo aparecido originalmente en Spiderman: Biblioteca Marvel 2, publicado por Cómics Forum

5 comentarios

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *