La saga de Ben Reilly
(¡Vamos a relanzar a Spider-Man!, parte 1)
Terry es un genio. Eso es lo que pensó Danny Fingeroth,
el editor de las series arácnidas en 1994, cuando Terry
Kavanagh le comentó una idea que revolucionaría
verdaderamente los comics de Spider-Man. Y lo mismo
opinó Tom DeFalco, el antiguo guionista de AS que en
esos momentos era el editor jefe de Marvel. Lo que se le
había ocurrido a Kavanagh, guionista mediocre que se
encargaba de escribir Web of Spider-Man desde el
número 97 (II 93), era traer de vuelta al clon de
Spider-Man creado por Miles Warren en la clásica saga de
los AS 147 al 149. El final de aquella historia era
bastante ambiguo, ya que ni Peter Parker estaba seguro
de ser el auténtico y no el clon creado por su enemigo.
Por lo tanto, imaginarse cuáles son las intenciones de
Kavanagh no es muy difícil.
Convencidos de que tienen en sus manos la saga más
importante de la historia de Spider-Man, los equipos
artísticos de las cabeceras arácnidas (entre los que se
incluye un entusiasta Tom DeFalco, que se reserva para
sí el guión de SS), se ponen a diseñar la macro aventura
que ha dado en llamarse La saga de Ben Reilly. Y
hay que reconocer que lo que planean es un intento de
revolucionar totalmente al héroe... y, paradójicamente,
volver a sus orígenes.
La premisa que desencadena los acontecimientos es otro
duro golpe para Peter Parker: Tía May queda en coma tras
sufrir un derrame cerebral. Esto hace regresar a Nueva
York al clon de Peter, que no sólo no está muerto, sino
que se ha pasado los últimos cinco años vagando por el
mundo bajo el nombre de Ben Reilly. Su vuelta a casa
hace que le entren las ansias aventureras, por lo que
asume la superheroica identidad de la Araña Escarlata.
Poco después regresa, también de entre los muertos, un
genéticamente renacido Chacal, que desde el primer
momento siembra la duda: ¿quién es en realidad el clon,
Peter o Ben?
Paralelamente se producen otros hechos importantes. MJ
revela que está embarazada justo cuando
Spider-Man acaba
de ser envenenado por el Buitre. Al héroe apenas le
quedan unos días de vida si no da con el antídoto. La
salvación llega de la manera más inesperada: el
mismísimo Doctor Octopus cura a Peter (SS 221; II 95).
El villano se justifica recurriendo a un cliché tan
previsible como efectivo: su rivalidad con Spider-Man
es, en cierto modo, la constante que ha dado sentido a
su vida... y no quiere que eso cambie.
Pero la buena acción de Otto Octavius no se ve precisamente
recompensada. Al final de la historia, el Doctor Octopus
es asesinado por el misterioso Kaine, un personaje
salido del pasado de Ben Reilly que acabará revelándose
como el primer y fallido intento del Chacal de clonar a
Peter Parker (SM 60;VII 95).
En el AS 400 (IV/95) tiene lugar un acontecimiento aún
más trascendente. J.M. DeMatteis detiene momentáneamente
el ritmo frenético de la saga para contar una emotiva
historia: Tía May sale milagrosamente del coma, y pasa
junto a Peter una apacible semana en su casa de Forest
Hills. Un día, la anciana insiste en visitar el último
piso del Empire State, lugar al que acudía en sus citas
con Ben Parker. Mientras contemplan las vistas, May le
pregunta a Peter qué se siente al surcar los cielos.
Peter no puede creerlo, pero su tía lo confirma: ha
sabido durante años que él era Spider-Man y, aunque
siempre se ha negado a creerlo ante la horrible idea de
que su sobrino arriesgara la vida, no puede evitar
sentirse orgullosa de él. Esa misma noche, en su hogar
de Forest Hills, Tía May se despide de Peter. May Reilly
Parker ha muerto, y ni siquiera el más cínico de los
fans del trepamuros ha podido evitar emocionarse.
Sin dar tiempo a que Peter llore la muerte de su tía, la saga de Ben Reilly
continúa. En el SS 226 (VII 95) sale a la luz lo que
todo el mundo estaba esperando. Peter es el clon y Ben
Reilly el auténtico Peter Parker. Al fin llega
Clonación Máxima, saga de seis episodios que se
desarrolla en agosto del 95 en las cuatro series
regulares de Spider-Man, comenzando y finalizando en
sendos especiales. Se trata de un auténtico e
incomprensible mejunje de clones que pone fin a la
historia con la muerte del Chacal.
Pero aún queda el gran acontecimiento final: en el SS
289 (XI 95) Peter cuelga las telarañas para dedicarse a
su mujer y a su futuro hijo. Incluso se publica una
serie limitada llamada La Aventura Final (XII 95
a III 96) en la que el matrimonio se muda a Portland
donde Peter comienza a trabajar como científico y, para
despejar cualquier
duda, pierde sus poderes. La
revolución arácnida se ha completado.
Por fin los responsables de las series del lanzarredes
se paran a mirar atrás. ¿En qué han quedado sus buenas
intenciones? El resultado ha sido una confusa historia a
la que le sobran la mitad de las páginas. Los momentos
supuestamente dramáticos, como la muerte del Doctor
Octopus, dejan frío al lector. Y casi todas las
sorpresas, como la propia revelación de que Peter es el
clon, se las espera desde el principio hasta el fan
menos atento.
Humm... Además, las ventas parece que no han subido,
no... ¿Y los fans? ¿Qué piensan los fans? Que se lo
pregunten al pobre Ben Reilly. A Ben le falta tiempo
para sustituir a Peter. Tras un breve y olvidable
interludio de dos meses (XI y XII 95) en los que las
series arácnidas pasan a estar protagonizadas por la
Araña Escarlata, Ben asume la identidad de Spider-Man.
Marvel se ha atrevido a sustituir al hombre tras la
máscara arácnida, pero hay un pequeño truco. En
realidad, lo que se está intentando es volver a los
orígenes: el nuevo Spider-Man está soltero y no tiene un
duro.
El estreno de Ben Reilly como Spider-Man titular se
produce en el Sensational Spider-Man 0 (I 96),
una nueva colección arácnida que sustituye a Web of
Spider-Man. Su guionista y dibujante es Dan Jurgens,
el hombre que escribió la muerte de Superman. Durante
los siguientes meses, se intenta crear un entorno
interesante para Ben Reilly, que consigue un trabajo de
camarero en un bar llamado The Daily Grind. Los
propietarios y los habituales del bar se convierten en
los secundarios. Reilly incluso tontea con una chica
llamada Jessica (quien finalmente acabará resultando ser
la hija del asesino del tío Ben).
Pero desde el primer momento se ve que la cosa no
funciona. Ben Reilly no ha entrado con buen pie entre
los fans arácnidos. En realidad hay división de
opiniones: por un lado están los que han dejado de
comprar la colección, y por otro los que directamente
maquinan el linchamiento de los responsables del cambio.
También hay dos lectores, uno en Oregon y otro en
Arkansas, a los que les cae bien Ben Reilly.
El caso es que inmediatamente después de la sustitución
de Peter, empieza a extenderse la idea de que el cambio
ha sido un gran error. Muchos de los fans que compran la
serie ni siquiera habían nacido cuando se publicó la
saga del clon en 1974, y todos los comics del personaje
que poseen están protagonizados por un Peter Parker que
ahora resulta no ser el auténtico, que ha quedado
ninguneado y sustituido por un desconocido con el que no
existe conexión emocional alguna.
Así que Marvel apenas pierde tiempo en dar marcha atrás.
En el SM 66 (III 96), Peter y Mary Jane regresan a Nueva
York, y en el SS 237 (VIII 96), Peter recupera sus
poderes.
Mientras, los responsables de las series arácnidas,
encabezados por el nuevo editor del personaje, Ralph
Macchio, buscan a contrareloj la manera de deshacerse de
Ben Reilly. Pero dar coherencia a un cambio de rumbo tan
brusco no es fácil. Se necesita una figura que esté
detrás de la compleja trama de los clones, un villano
con la suficiente entidad para haberle jugado a Peter
Parker la peor pasada de su vida. Macchio y los suyos,
con la autorización del nuevo Editor Jefe de Marvel, Bob
Harras, deciden jugársela acabando la historia con una
traca final que no dejará a nadie indiferente.
Para diciembre del 96 se anuncia Revelaciones, un
crossover de las cuatro series arácnidas en el
que la propia compañía asegura
que se terminarán para
siempre las historias de clones. Veremos a MJ dar a luz
a su hija (AS 418; XII 96). Pero nace muerta. O eso la
dicen, porque a los lectores se les indica bastante a
las claras que la niña ha sido raptada. En la última
viñeta del cómic vemos al responsable. Los fans no
pueden creérselo.
Revelaciones acaba en el SM 75 (XII 96)... de
hecho, la colección ha cambiado significativamente de
nombre, y ahora se llama Peter Parker: Spider-Man.
Un tebeo escrito y dibujado con considerable fuerza por
Howard Mackie y John Romita Jr., que desde la llegada
del nuevo Spider-Man ha vuelto a ser uno de los
dibujantes titulares del trepamuros.
La inquietante primera página nos muestra el aterrador
regreso del mal. Después vemos a Peter Parker, vestido
de Spider-Man, despertando de la inconsciencia en una
sala oscura. Ante él se alza el responsable de todo su
sufrimiento durante los últimos meses. Norman Osborn, EL
DUENDE VERDE ha vuelto.
Las justificaciones poco importan. Un desconocido factor
curativo que le salvó de su aparente muerte en el AS
122, una estancia en Europa formando un nuevo imperio
criminal, el retorno provocado por la muerte de su hijo Harry, y el plan definitivo para destruir a Peter
Parker, el único y auténtico Spider-Man, haciéndole
creer que es un clon. El caso es que Norman está vivo.
Algunos fans consideran su resurrección un sacrilegio, y
otros creen que es el único hombre que podía estar tras
la trama de los clones, el más grande y aterrador
villano, el mal que retorna con su verdadera máscara.
Pero aún queda un cabo suelto: Ben Reilly. Un cabo que
hay que cortar de manera inmisericorde, sin que quede la
más mínima sombra de duda. Por ello, el que hasta el mes
anterior era el alegre Spider-Man titular que saltaba de
tejado en tejado, muere cuando se cruza entre Peter
Parker y el letal deslizador del Duende Verde. Y es que
no había otra manera. No se podía dejar suelto al
personaje, y que a algún guionista loco le diera años
después por volver a hablar de clones. Y, además, sólo
la muerte podía certificar que Ben era el clon. Por
ello, Ben Reilly, que durante un año ha sido Spider-Man,
muere en los brazos de Peter Parker, disolviéndose como
tarde o temprano le pasa a todos los clones creados por
el Chacal. Sus cenizas y su recuerdo se los lleva el
viento.
Y, una vez más, Peter Parker es Spider-Man.
Oportunidades desaprovechadas (¡Vamos a relanzar a
Spider-Man!, parte 2)
El sol brilla de nuevo sobre las series arácnidas. Con
Peter de vuelta, Spider-Man debería volver a gozar del
favor del público. Con esta esperanza, el editor Ralph
Macchio organiza los cuatro nuevos equipos artísticos.
De AS se encargarán Tom DeFalco y el prometedor
dibujante Steven Skroce; SS queda reservada a J. M.
DeMatteis y el novato Luke Ross; SEN queda en manos de
Todd Dezago y Mike Wieringo y SM continuará con Howard
Mackie y John Romita Jr.
Estos autores retoman la vida de Spider-Man unos meses
después de los acontecimientos de Revelaciones,
con Peter y Mary Jane viviendo en su casa de Forrest
Hills y recuperándose de la pérdida de su hija. Durante
los primeros números, parece que los guionistas han
decidido volver al optimismo de antaño y sólo DeMatteis
continúa contando historias torturadas combinadas con
algún toque de humor.
Para el recuerdo queda el AS 325 (VIII 97), que presenta
un enfrentamiento entre Spider-Man y Elektro tan
espectacular como bien narrado por los lápices de
Skroce. Durante los siguientes episodios de AS, el
dibujante alcanza un extraordinario nivel, ofreciéndonos
lo que podría haber sido la representación arácnida
definitiva. Pero su paso por la colección resulta
efímero. La última historia que dibuja se desarrolla en
los AS 427 y 428 (IX y X 97). Se trata del retorno del
Doctor Octopus. Los autores quieren enmendar una muerte
considerada por muchos como absurda, y para ello deciden
complicarse lo menos posible: el villano resucitado
durante una ceremonia mística por un grupo de ninjas
conocidos como los Verdaderos Creyentes.

Pero los autores de Spider-Man no pueden ignorar por
mucho tiempo los cabos sueltos que dejó Revelaciones,
y en el SS 250 (VIII 97), reaparece Norman Osborn. Los
guionistas están ante una oportunidad de oro: Spider-Man
tiene por fin su Joker, su Lex Luthor, o mejor, una
perfecta mezcla de ambos. Ahora toca escribir buenas
historias que demuestren que el retorno del personaje no
ha sido la chapuza denunciada por algunos fans.
Norman reaparece en sociedad y, tras retomar el control
de sus empresas y convencer a la opinión pública de que
él sólo ha sido otra de las víctimas del Duende Verde,
se dedica a su principal afición: destruir la vida de
Spider-Man. Durante un año, las colecciones arácnidas
narrarán las maquinaciones de Norman, pero el resultado
no alcanza los niveles artísticos deseados, ni tampoco
la rentabilidad comercial que se esperaba. Tras la
desaparición de Ben Reilly, las ventas de la franquicia
no han mejorado. Los tebeos de Spider-Man se sitúan
entre los puestos veinte y treinta de los pedidos de
Diamond, por encima de las series de personajes
emblemáticos como Batman o Superman, pero muy por debajo
de los mutantes, Spawn o... los héroes clásicos de
Marvel. A principios del 98, la editorial había
relanzado con considerable éxito cuatro de sus series
clásicas: Cuatro Fantásticos, Capitán América, Iron Man
y Vengadores, en la operación llamada Heroes Return.
Se renumeraron las colecciones desde el número uno, con
autores de prestigio y promesas de retorno a la vieja
grandeza. En medio de la importante crisis que atraviesa
el sector tras el desmembramiento de Image, y con Marvel
sumida en importantes problemas económicos, está claro
que una franquicia como Spider-Man no rinde como
debería. Por las cabezas de los directivos editoriales
pasa la idea de un relanzamiento del héroe similar al de
los clásicos.
Entretanto, la oportunidad de demostrar que Norman
Osborn había vuelto para engrandecer los cómics
arácnidos ha sido desaprovechada. El Duende Verde se ha
convertido en un estorbo que monopoliza argumentos y del
que hay que librarse cuanto antes. Se anuncia el final
de los días de Spider-Man, torpe truco publicitario del
editor Ralph Macchio para, al igual que ya se hiciera
con los héroes clásicos, reiniciar las colecciones desde
el número uno. Se entablan conversaciones con John
Byrne, viejo amigo del guionista Howard Mackie, el único
que sobrevivirá a la renovación arácnida. Así llega
La unión de los Cinco, la saga imaginada por Byrne
con la que se atarán cabos sueltos y se dejará libertad
para un nuevo comienzo.
La trama gira entorno a
una ceremonia mística en la que Norman Osborn cree haber
obtenido el poder absoluto. Paralelamente, Peter
sospecha que su hija está viva y en poder del Duende. Su
sorpresa será mayúscula cuando descubra que la que está
viva es la tía May. Acto seguido tiene lugar el
enfrentamiento final con el Duende Verde. ¿Cómo librarse
del villano sin repetirse? En el pasado, ya le habían
dejado amnésico en varias ocasiones e incluso le
habíamos visto morir. La solución es sencilla: el Duende
Verde cree haber obtenido el poder absoluto, pero, en
realidad, de La Unión de los Cinco ha recibido la
locura. Al final del SS (), vemos a Peter Parker
muerto en los brazos del Duende, sólo para descubrir en
el siguiente episodio de la saga que en realidad Norman
ha quedado atrapado en la fantasía de su propia mente.
Y así, con el Duende
Verde encerrado en un manicomio y tía May de vuelta,
Marvel se dispone a intentar el enésimo relanzamiento
del personaje a través de una profunda renovación
editorial.
Quiero y no puedo (¡Vamos
a relanzar a Spider-Man!, parte 3)
En diciembre del 98, sólo
se publica un tebeo de Spider-Man. Chapter One 1,
la nueva serie mensual en la que John Byrne recuenta las
primeras aventuras del héroe con el objetivo (fallido)
de enganchar a nuevos lectores. Al mes siguiente,
regresan las series regulares, aunque sólo quedan dos,
ambas guionizadas desde el primer número por Howard
Mackie: Amazing, dibujada por el mismo Byrne, y
Peter Parker, donde sigue John Romita Jr. Marvel
ha decidido eliminar el que parecía uno de los mayores
inconvenientes de la franquicia: el elevado número de
títulos mensuales del trepamuros. No obstante, aunque
sólo dos series se mantengan en la continuidad normal,
seguirá habiendo cuatro cabeceras. En la última de
ellas, Webspinners, diferentes autores narran
historias ambientadas en diferentes momentos de la vida
de Spider-Man.
Howard Mackie lleva
escribiendo al lanzarredes desde el WOS 84 (I 92). Por
lo tanto, ha guionizado sus aventuras desde antes de la
saga de Ben Reilly. Lejos de considerar un cambio de
aires, Bob Harras, editor jefe de Marvel, y Ralph
Macchio, editor arácnido, ven en él al hombre adecuado
para guiar los caminos del trepamuros.
El Amazing Spider-Man
(Vol 2) 1 (I 99) coloca a Peter, Mary Jane y la tía
May en un lujoso apartamento de la Quinta Avenida.
Desaparecido el Duende Verde y con su vida de nuevo en
orden, Peter ha abandonado las telarañas y hay un nuevo
Spider-Man en la ciudad. El nuevo Spider-Man es, en
realidad, la nueva Spider-Woman, un personaje creado por
Byrne durante La Reunión de los Cinco y que conseguirá
colección propia tan pronto como Peter decida retomar su
identidad de Spider-Man. Sobre el papel, Mackie y Byrne
consiguen devolver al héroe su apariencia de antaño:
Peter tiene un nuevo trabajo como científico, vuelven a
surgir las disputas con Mary Jane (a la que oculta su
regreso a la actividad superheroica), la tía May le
cuida como en los nuevos tiempos y a la caterva habitual
de villanos se unen otros nuevos. Ocurre que las
historias carecen de cualquier tipo de trascendencia,
las cosas ocurren porque sí y la lectura de cada uno de
los tebeos deja una sensación de vacío en el lector que
se traduce en una desidia cada vez mayor. Un año y medio
después del relanzamiento y ante las críticas generadas
por su Chapter One (un remiendo innecesario, más
allá de cualquier otra cosa) Byrne deja la serie no sin
antes haber dejado establecidas las líneas maestras por
las que se guiará el trabajo de Mackie en los siguientes
meses. Mary Jane ha sido dada por muerta, Peter ha
perdido su trabajo e incluso acaba viviendo en la
calle... Nada importa demasiado, porque la manera de
narrarlo carece del mínimo interés. Crítica y fandom
reclaman un cambio, al que el editor Ralph Macchio
accede de manera parcial: despoja a Mackie de una de las
series, Peter Parker, para cedérsela a Paul Jenkins,
aclamado guionista que no tarda en crear cierta
esperanza de mejora en los fans: sus historias,
sencillas a la par que eficaces, exploran un Spider-Man
cotidiano alejado del acartonamiento al que nos tenía
acostumbrados Mackie.
¿De verdad vamos a
relanzar otra vez a Spider-Man?
La llegada de Joe Quesada a la jefatura de Marvel ha puesto fin al
reinado de Bob Harras,
marcado por la incapacidad para
hacer salir a Marvel de sus muchos problemas, tanto
económicos como creativos. Quesada se marca como
objetivo primordial revitalizar a Spider-Man de cara al
previsible éxito que traerá consigo la película de alto
presupuesto programada para primavera del 2002.
El puntal de
la renovación arácnida viene marcado por Ultimate
Spider-Man, la serie escrita por Brian Michael
Bendis y dibujada por Mark Bagley que propone y consigue
actualizar el origen del personaje, esta vez
prescindiendo de la continuidad de toda la vida, con un
producto pensado para nuevos lectores que no conozcan al
personaje más que de oídas.
El éxito de Ultimate Spider-Man
podría aventurar el olvido de la continuidad
tradicional. Sin embargo, el despido de Howard Mackie de
Amazing, la única colección arácnida que
guionizaba todavía, y su sustitución por el popular
guionista de Rising Stars o Babylon 5 J.
Michael Straczynski devuelven a Peter Parker al ojo del
huracán. Straczynski llega con nuevas ideas y un
concepto muy definido de lo que ha de ser Spider-Man, un
personaje que afronta el siglo XXI con cuarenta años a
sus espaldas y una inmensa duda por resolver. ¿Puede
evolucionar como personaje tal y como lo hizo en sus
primeras dos décadas de existencia o está condenado a un
eterno retorno a sus días adolescentes? Una vez más, los
lectores decidirán: entre el joven de quince años
propuesto por Ultimate Spider-Man o el siguiente
paso en la vida de Peter Parker pregonado por
Straczynski.
Rubén Guzmán