El AS 224 (I 82) es el primero de la colección escrito
por Roger Stern, guionista que ya ha demostrado su
conocimiento del personaje en su etapa en SS, y que será
el encargado de enderezar el rumbo arácnido. A su lado
estará un Romita Jr. cada vez menos novato, que
demostrará una excelente capacidad narrativa y un don
especial para dibujar peleas espectaculares. Juntos
contarán algunas de las mejores historias de Spider-Man
durante los años ochenta.
Gran parte de los esfuerzos de Stern se centrarán en
hacer crecer a Peter Parker, que hasta esas fechas ha
sabido compaginar bastante bien su faceta superheroica
con el paso de la adolescencia a la juventud. De hecho,
si algo tienen en común las historias que Stern escribe
en AS es que los conflictos casi siempre afectan a las
dos identidades del héroe. Una prueba inequívoca de que
el guionista comprende que, a diferencia de otros héroes
enmascarados, Spider-Man tiene dos identidades pero una
sola personalidad.
El primer y extraordinario ejemplo es una de las más
románticas historias del trepamuros jamás contadas: el
retorno de Felicia Hardy, la Gata Negra. Felicia es una
ladrona de guante blanco enamorada de Spider-Man que
Marv Wolfman había creado en su etapa al frente de la
colección, pero será Stern el que empiece a explotar el
potencial del personaje en los AS 226 y 227 (III y Iv
82).
El corazón de la atractiva ladrona lucha entre la
emoción del delito y su amor por Spider-Man; el del
trepamuros se deja llevar por una mujer que simboliza la
parte más romántica y emocionante de su faceta de
aventurero enmascarado. Cuando el héroe está con la Gata
Negra, y puede que solamente en esos momentos durante
toda la historia del personaje, el rol de Spider-Man
predomina sobre el de Peter Parker. Semejante romance
sólo puede acabar en tragedia, y así ocurre cuando la
Gata, incapaz de dejar el crimen, se suicida para evitar
que su amado la entregue a la policía (En realidad, se
trata de un suicidio fingido, como Spider-Man descubrirá
en el SS 75, II 83).
Pero la prueba definitiva de que en AS está pasando algo
grande es la aventura que se desarrolla en los números
229 y 230 (VI y VII 82). Stern decide enfrentar una
fuerza irresistible, el sentido de la responsabilidad de
Peter Parker, contra un objeto inamobible: el
Juggernaut. El amistoso vecino contra el tipo más fuerte
y con peor carácter del universo Marvel (Hulk, si estás
leyendo esto, no hagas caso: TÚ ERES EL MÁS FUERTE).
Spider-Man debe proteger a Madame Web del ataque del
gigante acorazado, pero falla en el intento -qué
esperabas, es Spider-Man contra el Juggernaut- y la
anciana acaba en coma. Aquí es donde Stern demuestra que
conoce perfectamente a Peter Parker. La razón
le dice a Peter que hizo todo lo posible por detener al
Juggernaut. Pero el fantasma de tío Ben aparece de
nuevo, y Spider-Man se hace responsable de la detención
del monstruo. Una vez más Peter se echa sobre sus
hombros toda la responsabilidad del mundo, incluida la
que no le corresponde, y se lanza tras el Juggernaut. El
lector es consciente entonces de que en el siguiente
episodio sólo pueden pasar dos cosas:
a)
Spider-Man detiene al Juggernaut (algo altamente
improbable).
b)
Spider-Man muere intentado detener al Juggernaut (algo
directamente imposible).
Finalmente, y tras un episodio dedicado exclusivamente a
los titánicos esfuerzos de Spider-Man por cumplir su
colosal tarea, la suerte se alía con el trepamuros y el
avance del Juggernaut es detenido. Stern ha conseguido
en sólo dos episodios que el villano pase a formar parte
de la galería de oponentes clásicos del trepamuros,
además de dejarnos uno de los momentos más épicos de la
historia de Spider-Man.
Durante los siguientes números, el guionista cede
protagonismo a un Romita Jr. cada vez más inspirado, que
dibuja unos divertidos tebeos llenos de sana acción
arácnida. El Spider-Man de esta etapa no es el mindundi
con leotardos que algunos otros autores se habían
empeñado en presentar. Es un superhéroe experto de
extraordinarios poderes y recursos, a la altura de
cualquier amenaza. Estas aventuras son el prólogo de la
gran contribución de Stern al universo de Spider-Man,
que aún está por llegar...
Se trata de la creación del Duende. Este villano que
recupera el espíritu del Duende Verde original, la mayor
y más intima amenaza a la que nunca se haya enfrentado
Spider-Man, siempre presente en la serie en una de sus
múltiples encarnaciones. Pero el Duende no es Norman
Osborn (que por entonces descansa en paz... de
vacaciones en Europa). Se trata de un nuevo personaje
que, por una desgraciada intervención de Spider-Man,
tiene acceso a los secretos del alter-ego criminal de
Norman Osborn. Un nuevo enemigo de identidad
desconocida, en un claro guiño a las primeras
apariciones del villano original.
Quizá la faceta más interesante de la saga del Duende es
la manera en que el lector asiste al proceso de creación
de un super-criminal. Veremos como el personaje comete
su primer asesinato, consigue la parafernalia, el
armamento y los diarios del Duende Verde y se labra una
carrera delictiva hasta convertirse en una de las más
terribles amenazas a las que jamás ha combatido
Spider-Man. Siempre tendremos acceso a los pensamientos
del villano, presenciando desde dentro los efectos que
sobre el hombre tras la máscara tiene la embriagadora
sensación de poder y libertad que le proporciona la
identidad del Duende. Un hombre que se repite a sí mismo
una y otra vez que puede controlar esas emociones. Él no
está loco, el loco era Norman Osborn.
En su primer enfrentamiento con Spider-Man, el Duende es
un criminal inexperto que se las ve con un superhéroe de
prestigio. El villano sale escaldado, pero consigue huir
y se prepara. Tras este encuentro, Stern hace un
paréntesis en la "Saga del Duende" para dar importantes
paso evolutivos en la vida de Peter Parker. En el AS 243
(VIII 83) tiene lugar uno de los hechos más
significativos de la vida del joven protagonista. Los
días tienen 24 horas hasta para los superhéroes (por lo
menos cuando a los guionistas les interesa), y Peter
estudia, trabaja, trepa paredes y mantiene una
tempestuosa relación con la "resucitada" Gata Negra.
Superado por la situación, toma entonces una decisión
trascendental: abandona los estudios. Naturalmente,
siempre queda una puerta abierta para volver. Pero, como
dice su profesor Morris Sloan: "ninguno de los que
abandonaron los estudios regresó". Hacia tiempo que
Peter Parker había perdido la inocencia, pero ahora
renuncia también a su gran sueño de adolescencia: llegar
a ser científico. La vida puede más que los sueños...
incluso para algunos personajes de comics.
Pero este no es el único camino que abre Stern hacia la
vida adulta del personaje. Tía May se ha echado novio
(Nathan Lubensky, el anciano inválido creado que el
propio Stern en SS), y se independiza económicamente
montando una pensión para ancianos en su casa de Queens.
Un problema menos para Peter.
En el mismo episodio AS 243 somos testigos del retorno a
la serie de un personaje fundamental: Mary Jane. La
relación de Spider-Man con la Gata es romántica y
apasionada (bueno, todo lo apasionada que puede ser una
relación en un tebeo con el sello del Comic Code... es
decir, apasionada en la imaginación de los lectores).
Pero está claro que una mujer que está enamorada de
Spider-Man y no de Peter Parker no es lo que se puede
considerar una relación estable. Mary Jane es otra
historia, y con ella rodando por la serie siempre planea
la posibilidad de un compromiso...
Entre tanto, en el SS 85 (XII 83), el Duende se ha
bañado en la fórmula que confirió a Norman Osborn
superfuerza, convirtiéndose en una amenaza letal. Pero
también, como casi todos los grandes enemigos del
trepamuros, es una amenaza personal. No sólo porque
Spider-Man haya intervenido indirectamente en la
creación del supercriminal, ni tampoco porque los
diarios que el Duende posee podrían revelar la identidad
del trepamuros, sino sobre todo porque amenaza
directamente a algunos de los secundarios de la serie,
como Harry Osborn o Jonah Jameson.
La saga del Duende acaba en el AS 251 (IV 84), que
también es el final de una época. Stern sólo firma el
argumento de ese número, siendo Tom DeFalco el
responsable de los diálogos. El dibujo correrá a cargo
de Ron Frenz, que apenas unos meses antes había
impresionado a todo el mundo en la conmovedora historia
de once páginas El niño que coleccionaba Spider-Man,
escrita por el Roger Stern y publicada en el AS 248 (I
84). Con un estilo que recordaba poderosamente al de
Ditko, Ron Frenz firmará en el AS 251 el que
probablemente es el mejor trabajo de su carrera.
El tebeo es una persecución sin cuartel, en la que
Spider-Man se lanza a detener al villano a toda costa.
Escrito y dibujado con un ritmo trepidante, resulta el
colofón ideal de tan excelente saga, y uno de los más
espectaculares enfrentamientos de la historia del
trepamuros. El final de la batalla deja a Spider-Man con
la máscara del Duende en sus manos, pero sin haber sido
capaz de descubrir la identidad de su huidizo enemigo. Y
también le deja listo para ser abducido sin comerlo ni
beberlo hacia las Secret Wars.
El siguiente número de AS no lo firma Roger Stern. El
guionista ya no trabaja para Marvel, y se ha llevado un
dato que sólo el conoce: la identidad del Duende. Ni los
editores, ni su mejor amigo, John Byrne, ni siquiera su
mujer, conocen el misterio que se oculta tras la
máscara. Stern tenía desde el principio muy clara la
identidad del villano. Ahora, sus continuadores en la
saga serán los que tengan que dar una respuesta al
enigma...
Rubén Guzmán