GUERRA DE BANDAS EN ULTIMATE SPIDERMAN: EL NACIMIENTO DE LOS GUERREROS

Sorprende que cinco años después del comienzo de Ultimate Spiderman, Brian Michael Bendis y Mark Bagley no hubieran tocado todavía uno de los tópicos que han sido abordados con mayor insistencia en la colección clásica del trepamuros, el de la Guerra de Bandas. Desde Stan Lee y Steve Ditko en los años sesenta a Tom DeFalco y Ron Frenz en los ochenta, el conflicto entre las diversas facciones de los bajos fondos de Nueva York, con Spiderman por en medio, ha sido ese tipo de aventura de la que todo equipo creativo acaba dando su versión, y el del trepamuros definitivo no iba a ser menos.

 

Si repasamos algunos de esos conflictos intestinos entre los criminales de la Gran Manzana, nos encontramos con un denominador común: la complejidad. El choque de fuerzas criminales suele producirse entre personajes que se han presentado cuidadosamente durante largo tiempo y cuya rivalidad encuentra un foco de fricción o se va calentando a fuego lento hasta que finalmente estalla. En muchas ocasiones, no basta con un único superhéroe, como el Hombre Araña, para hacer frente al conflicto, de tal manera que se suelen implicar otros colegas de correrías, como Daredevil o El Castigador. Son aventuras difíciles de escribir y difíciles de dibujar, por el elevado número de participantes que requieren y la complejidad que llegan a adquirir. Son también un disfrute tanto para quienes las hacen como para quienes las leen, puesto que al ser el resultado de muchas tramas preexistentes se perciben como la culminación de todas ellas.

 

Decía Peter Clemenza en El Padrino que las batallas entre las diversas familias mafiosas ocurren cada cinco o diez años y sirven para dar rienda suelta a la mala sangre acumulada durante todo ese tiempo. Que lo mejor es detenerlas cuando están comenzando, igual que deberían haber detenido a Hitler en Munich en lugar de permitirle que fuera más allá. La definición se adapta al reflejo que han tenido estos conflictos en los cómics de Spiderman y el propio Bendis la abraza a la hora de orquestar su propia guerra de bandas, que funciona como catarsis de la tupida red de personajes que venía estableciendo, de manera natural y por lo tanto sin que nadie se diera apenas cuenta, durante los años pasados en Ultimate Spider-Man.

 

Para el escritor, ésta era una de las aventuras en la que se sentía más implicado a la hora de escribirla, debido a todo el tiempo que llevaba planificándola y a que llegaría a incluir en el argumento algunas vivencias propias o de algunos de sus amigos, no siempre de carácter dramático. La escena del ascensor entre Spidey y Elektra, en especial la frase que ella le dice, ocurrió realmente, en un campamento de verano, cuando el escritor apenas era un adolescente. Confiesa el escritor que la saga aquí contenida es una de sus favoritos, y que podría haberla extendido hasta los cuarenta episodios si hubiera sido necesario. También que disfrutó como nunca con las grandes escenas de lucha dibujadas por Mark Bagley en esas páginas dobles que tan espectaculares le quedan. Para Bendis, son inspiración directa de las películas de Jackie Chan.

 

La cantidad de personajes que aparecen quizás sea la mayor que se haya utilizado jamás en ningún otro arco argumental de la serie. En la cabeza de todos está, claro, Kingpin, el segundo gran villano al que se enfrentara el joven Peter Parker, que le propinó entonces la mayor derrota de su vida (en Ultimate Spiderman: Curva de aprendizaje). Kingpin fue mostrado ante todos como un cruel asesino, tuvo que abandonar durante meses el país, y sólo consiguió regresar después de haber destinado cantidades ingentes de dinero para comprar voluntades, en un gesto con el que Bendis certificaba que, por mucho que el héroe demuestre la maldad de su enemigo, éste siempre podrá escapar de la justicia gracias a un sistema corrupto. Es aquí donde la referencia no es precisamente películas ligeras de una estrella oriental, sino sus historias más oscuras y realistas, como Torso o Jinx.

 

Lo que precipita los acontecimientos es la irrupción de un nuevo gallo en el gallinero, de Cabeza de Martillo, versión Ultimate de uno de los villanos clásicos de Spidey que fuera creado por Gerry Conway y John Romita en The Amazing Spider-Man #113 USA (1972), tomando como referencia el tipo de gangsters deformados que podían verse en las tiras de prensa de Dick Tracy, aunque Romita le diera un rostro y una manera de vestir que parecían calcadas de Edward G. Robinson en sus más memorables interpretaciones de mafioso. El personaje ya había aparecido dentro del Universo Definitivo en Ultimate X-Men: Gira mundial, como malo de la historia de debut de Gambito y que terminaba con la aparente muerte de Cabeza de Martillo. Aquí regresa por la puerta grande, acabando con la vida de otro de los mafiosos recurrentes de la Franquicia Arácnida, lo que provocará que Kingpin reclame los servicios de Elektra, a la que Bendis recupera para situarla en su papel clásico de asesina de alquiler. En lo que a ella se refiere, aquí se completa el viaje a la oscuridad que comenzara en Ultimate Daredevil y Elektra, mientras que el de la Capitana Jean DeWolfe y su amistad con nuestro héroe, no por trama secundaria menos relevante en el puzle que construye Bendis, queda pendiente de seguir narrándose en futuras sagas.

 

Alrededor de la lucha entre Kingpin y Cabeza de Martillo surgen héroes que entran en conflicto o acaban colaborando con Spidey. Son los “guerreros” del título. Algunos ya habían pasado por estas páginas (Shang Chi), mientras que otros todavía tenían pendiente hacerlo (El Caballero Luna y Puño de Hierro), pero ninguno adquiere mayor importancia que La Gata Negra, a la que conocíamos desde Ultimate Spiderman: Gatas y reyes. El guionista resuelve la tensión sexual no resuelta entre ella y el lanzarredes, que se mantiene durante buena parte del tomo y desemboca en una escena deliciosa e hilarante a partes iguales que, según confesión de Mark Bagley, es su favorita de estos números. Este detalle se queda en anécdota, puesto que el drama de la ladrona se va adueñando de la historia hasta hacerla suya. Al igual que ocurría en las guerras de bandas del trepamuros clásico, aquí Spiderman juega desde la retaguardia: nada o casi nada cambia para Peter Parker, mientras todo se altera para quienes le acompañan, a veces con dramáticas consecuencias.

Artículo aparecido originalmente en Coleccionable Ultimate. Ultimate Spiderman nº 16

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *