Estar que te subes por las paredes

"Estoy que me subo por las paredes. Sólo Spider-Man puede decir esto y no mentir." Con esta y otras frases comenzaba una historia de Ann Nocenti para los números 33 y 295 de Web of Spider-Man y Amazing Spider-Man, respectivamente. En esta historia -previa a la mítica y de mayor repercusión La Última Cacería de Kraven- se nos mostraba a un Spider-Man, a un Peter Parker, en estado puro.

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Peter daba vueltas y vueltas en la cama. Estresado, le resulta imposible conciliar el sueño. Su cabeza se llena de preguntas, variadas y rápidamente concatenadas, temores, preguntas encadenadas, ideas que le surgen en cascada y, claro está, así no hay quien duerma.

Sin poder controlarlo, las imágenes asaltan su cabeza y él vaga de idea en idea: tía May, ¿qué hora es?, se le aparece el rostro de los niños que vio anteriormente, Mary Jane, la mujer que iban a ingresar, tengo hambre, no dejo de moverme, voy a descansar… ¿dónde está mami?

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Ése es Peter Paker, Spider-Man. Su cabeza no puede librarse de las preocupaciones del día a día, no por ser un héroe, sino por ser alguien responsable, que se implica, que se preocupa y que es permeable por lo que pasa a su alrededor. Alguien, en definitiva como todos, vulnerable.
 

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La historia comienza así y un Peter Parker completamente desvelado termina levantándose, tomándose un donut y lanzándose en su traje negro en medio de la noche, tratando de resolver una de las principales preocupaciones que no le dejaba dormir: sale en busca de los niños que han visto cómo ingresaban a su madre en el "loquero" tras muchas y tensas discusiones con su padre. Sin embargo, las cosas no van como Peter espera y tras un accidente termina él mismo ingresado en el loquero en la que probablemente sea el equivalente al ‘Alguien voló sobre el nido del cuco’ arácnido.
 

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Dejando a un lado el desarrollo de la historia, yo quería resaltar la ambientación previa de esta historia de Ann Nocenti, que me parece soberbia. Vemos a un Peter solo, en la cama, dando vueltas. El proceso de cómo te llegas a quedar desvelado es muy claro y convincente mostrado en tan sólo 2 páginas de comic. Ideas que brotan una tras otra, algunas no son importantes o son habituales y no deberían ser suficiente para desvelarnos, pero hay una idea fija ahí que no te puedes sacar de la cabeza, y te desvela.
 

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Los que dormimos mal
, como yo mismo, sabemos muy bien que es difícil salir de esa cadena de ideas, pero es precisamente lo que hay que tratar de hacer, si uno no puede salir a dar un paseo en red y despejarse 😉

Últimamente he pasado una etapa en la que he "dormido" fatal, y al releer esta historia de Ann Nocenti se me ha ocurrido que podía aprovecharla para comentaros en Bajo la Máscara cómo he conseguido volver a conciliar el sueño regularmente, por si a alguno de vosotos os ha pasado alguna vez, o por si a alguno le pasa en el futuro y quiere librarse de la pesadilla que supone el no dormir.

Por un problema personal, pasé un par de noches seguidas casi en blanco,  algo que no me había pasado en mi vida, y que afecta a todo lo que haces, comenzando por el consiguiente estado grogui en el trabajo al día siguiente.

No sabía muy bien qué hacer, y pasé a estar nervioso antes de irme a la cama, iba con prisas por dormirme y todo lo pensaba aceleradamente. Mal. Había desarrollado, tras mis malas experiencias anteriores lo que se conoce como "miedo al insomnio".

Pensaba ir a recibir ayuda profesional, algo que recomiendo a quien atraviese problemas de cualquier tipo de forma sostenida. Sin embargo, todo cambió un día, cuando mi madre me dejó un libro.

Era un libro escrito en los años 50. Antes había pasado por manos de dos de mis tíos. Era uno de esos libros destrozados, escrito a máquina, de papel amarillento por lo añejo de sus hojas y con el texto semiborrado por la intensa lectura de quienes lo han hojeado. El libro es sobre autocontrol, satisfacción, relajación interior y maduración del espíritu. Sé que suena mal, eso mismo pensaba yo, pero dada mi precaria situación con el sueño decidí darle una oportunidad al capítulo que el libro dedica al insomnio, y fue leerlo y volver a descansar como antes.

Aquí os dejo parte de ese capítulo que el libro dedica al insomnio. No he encontrado en todo internet texto alguno que me haya ayudado tanto como el que os transcribo.

INSOMNIO

Amigo lector, antes de que leas los párrafos que siguen te quiero advertir de la siguiente experiencia:

Varias veces después de mis conferencias sobre el insomnio he sabido de algunos de mis oyentes que nunca habían tenido dificultad en dormirse y la experimentaron la noche que siguió a la conferencia. Si tu no has sufrido insomnios no leas esto como para practicarlo, sino como una curiosidad psicológica. Cuando lo llegues a necesitar sabrás encontrarlo para releerlo y practicarlo.

La razón es que el sueño es una función automática; al hacerla consciente y voluntaria la perturbamos.

No tratamos del insomnio somático consecuencia de un dolor de muelas o de vientre, del frío o del calor, etc., sino del insmonio psíquico. Este insmonio puede ser parcial, cuando se tarda en dormir, o total, cuando no se llega a perder enteramente la conciencia.

La cama es un suplicio, si una excitación nerviosa o preocupación pasional nos domina.

CAUSAS DEL INSOMNIO

A) Fisiológica. La causa inmediata fisiológica es la tensión muscular. No nos dormimos si primero no aflojamos y soltamos los músculos del cuello, de los brazos y las piernas, y sobre todo, de los ojos.

Los párpados se nos cierran y la cabeza y brazos se nos caen al dormirnos sentados.

Pero estos músculos tensos obedecen a la excitación de los nervios del sistema simpático.

Según las teorías modernas en el sueño habría correlación entre la actividad del sistema simpático regulador de nuestra vida consciente y la del parasimpático. De donde al amortiguarse o disminuirse por la tranquilidad o relajamiento de nuestras neuronas, la actividad del primero que predomina en la vigilia, se equilibra con la del segundo hasta llegar a producir el sueño.

B) Causa psíquica: En cualquier teoría lo que produce esa excitación o sobreactividad del sistema simpático es el trabajo desordenado del cerebro emisor. Hoy será una idea fija no controlada, o una cinta de ideas correspondiente a lo que vimos u oímos durante el día; mañana será un conflicto afectivo o el simple temor del insomnio ya experimentado anteri
ormente; otro día, en fin, un ruido importuno y desagradable, como el ronquido de un vecino, etc.

Gran contrasentido: "¡A dormir rápidamente, que hay poco tiempo!" Esta orden, dada a quien está acostándose, es la más apta para producir lo contrario, pues siendo el sueño un proceso inconsciente, lo dificultamos al quererlo inducir por la voluntad. Cuanto menos se piense en él, mejor. El sueño es como la sombra, si vamos tras él huye de nosotros.

REMEDIOS

1) Contra la excitación nerviosa previa (por ejemplo después de una actuación pública, o una contienda, un arrebato de ira, etc.). Antes de acostarnos debemos serenarnos y dominar la excitación psíquica y nerviosa durante veinte minutos, mediante actos conscientes o sensaciones nítidas o por concentraciones voluntarias en otros asuntos, impidiendo que aquellos recuerdos e impresiones vuelvan a excitar nuestros nervios. Veinte minutos son suficientes para calmar la mayor excitación.

(…)

2) Contra una idea fija o cinta de ideas.-Una vez acostado o antes, repeler esa idea fija o interrumpir la cinta de ideas ocupando la conciencia con sensaciones (psiquismo receptor). Tratándose de un conflicto afectivo, descubrirlo y solucionarlo cuanto antes.

(…)

3) Contra el temor subconsciente de no dormir.- Después de una o varias noches de insomnio el paciente va a la cama con un temor o angustia latente de no dormir muy compatible a veces con la resignación interior. Notará que su respiración no es enteramente libre y profunda ni su relajación muscular completa. Ese algo que las liga es la angustia o temor.

El remedio mejor, aunque parezca extraño, es pedir al enfermo que quiera no dormir por un tiempo determinado (una o dos horas). Si la voluntad o promesa fue sincera, notará al mismo instante que la angustia latente cesa; la respiración, antes un tanto entrecortada, comienza a ser más natural y profunda; desaparecido el temor de no dormir (ya que él mismo lo quiere), el cerebro emisor deja de trabajar; la actividad del simpático disminuye y consiguientemente el enfermo siente la sensación de sueño. Pero ¡ojo!, debe ser fiel a la palabra empeñada y resistir el sueño durante el tiempo fijado, so pena de inutilizar el remedio para otra vez. Si al tratar de dormir reapareciese el temor, hágase lo mismo aunque hubiese de sacrificar varias horas, o una o varias noches. Esté cierto que triunfará de su enemigo.

No dar demasiada importancia al sueño, creyendo indispensable cierto número de horas. A veces basta un simple, sueño psíquico, (haciéndose mero receptor, con relajación muscular y respiración rítmica).

(…)

1) No debemos ir a la cama a dormir, sino a descansar.

2) No nos preocupemos de la cantidad de sueño sino de su calidad; 5 horas de sueño o 5 de reposo bastarían para rehacernos del desgaste diario.

3) Cuando no podamos dormir, alegrémonos, pues se nos ofrece la oportunidad de ejercitarnos en aflojar mejor los músculos, que con frecuencia conservan aun en el sueño una tensión residual. (…) Dormir soñando, máxime con pesadillas, deja de ser perfecto reposo, pues el cerebro trabaja inconscientemente y con frecuencia llega a engendrar fatiga.

(…)

El P.G., director de un gran colegio, comenzó a no poder dormir a raíz de una enfermedad. Al principio se preocupó un poco por esto. Pero luego se dijo a sí mismo: "Ya que no puedo dormir, por lo menos voy a descansar en la cama", y procuraba estar en ella con perfecta relajación corporal y tranquilidad mental. Así pasaron semanas y meses sin que por eso tuviera que dejar su cargo. Me confesó que durante seis meses no recordaba haber dormido un minuto con pérdida total de conciencia. Finalmente, al perder el miedo al insomnio y despreocuparse del sueño, fue éste volviendo poco a poco.

LA REEDUCACIÓN DEL CONTROL CEREBRAL, Narciso Irala S. J., 8ª edición en Monterrey, 1952.

Nada, nada, que si a alguien le sirve tanto como a mí (dormir bien, sin pastillas, tras bastante tiempo, y aprendiendo a relajarme ha sido una auténtica gozada) pasaré a comentaros el capítulo para el control de la sexualidad 😉

Un saludo.

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