El Spider-Man de Stan Lee y Steve Ditko: El nacimiento de Una obra maestra

Casualidad. Azar. Destino. Ocurre una vez entre un millón, y cuando ocurre no sabemos como llamarlo. Está más allá de toda comprensión humana. Alguno no le dan importancia y lo llaman casualidad. Otros intentan racionalizarlo, y lo llaman azar. Los hay que ven el toque de un poder superior, y lo llaman destino.
Steve Ditko lo llama magia.


En 1962, todas las posibilidades de que Spider-Man se convirtiera en el más grande personaje de ficción de todos los tiempos corrían en su contra. De hecho, lo más probable es que acabara sus días olvidado en las añejas páginas de una revista a punto de desaparecer. También cabía la posibilidad de que nunca llegara a ver la luz, o incluso de que las enciclopedias especializadas lo recordaran, en un pie de página, como un tipo con botas de bucanero, un anillo mágico y una pistola lanzarredes.
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Pero nada de eso ocurrió. El talento de sus creadores jugaría a favor de Spider-Man de manera decisiva. Y una pizca de magia haría el resto.
Como toda obra maestra, Spider-Man empezó con una idea muy sencilla. Apenas un año antes, en 1961, Los Cuatro Fantásticos habían iniciado lo que el talento publicitario de Stan Lee llamaría Era Marvel de los Cómics. Podía sonar muy pomposo, pero como todas las grandes frases de Lee, acabaría por resultar cierta. Al contrario que los agotados personajes de los años cuarenta, los Cuatro Fantásticos no tenían un aspecto demasiado heroico. De hecho, tenían el aspecto, hablaban y se comportaban como seres humanos normales, por más que sus habilidades les distanciaran del común de los mortales. El Universo Marvel edificaría sus muros sobre los cimientos de la verosimilitud. En realidad, no era más que nuestro propio mundo, con su Nueva York y su Empire State, en el que ocurrían cosas extraordinarias que convertían a humanos convencionales en individuos dotados de increíbles habilidades.
Arropados por el éxito de Los Cuatro Fantásticos (noviembre de 1961) surgieron El Increíble Hulk (mayo de 1962) o Thor El Poderoso (agosto de 1962). Y en esto que llegó Spider-Man.
Lee siempre ha dicho que fue un simple instante de tedio mezclado con una repentina inspiración: “Mientras estaba sentado mirando fijamente la pared, con ésta devolviéndome la mirada, me fijé en que había una mosca zumbando en torno a mi cabeza. ‘Uau’, pensé. ‘¿Y si un superhéroe pudiera trepar por las paredes?’ No hizo falta mucho más, pero necesitaba un nombre para el nuevo héroe. ¿Mosca Man? No, demasiado juvenil. ¿Mosquito Man? No me sonaba. Entonces me acordé de una colección de novelas baratas que leía de niño, The Spider. ‘¡The Spider, Señor de los Hombres!, ¡una araña!, ¡Spider-Man!”
Desde la imaginación de Lee hasta su plasmación en papel, el nuevo héroe tendría todavía que recorrer un proceloso camino plagado de obstáculos. El concepto pasaría enseguida a manos de Jack Kirby, dibujante dotado como pocos para la grandeza y la épica. A la hora de dar forma a Spider-Man, Kirby pensó en dos de sus personajes anteriores: El Moscardón y El Capitán América. Del primero, Spider-Man conservaría la estructura básica del traje, así como una llamativa pistola de telarañas. Del segundo, heredaría unas botas de bucanero y una máscara abierta que dejaba boca y nariz al descubierto. Kirby incluyó también un anillo que permitía al joven protagonista transformarse en un asombroso justiciero de dos metros y mentón cuadrado. Y tan asombroso.
Kirby apenas dibujó cinco páginas de “su” Spider-Man. Según parece, esas páginas nunca vistas presentaban a un adolescente viviendo con sus tíos, una amable señora de pelo cano y un policía retirado que abroncaba al muchacho. También mostraban al típico científico loco planeando algo en una casa cercana a la que el protagonista se encaminaba en la última viñeta. Nada más ver las páginas, Lee supo que tenía un problema. No era ése el Spider-Man que había imaginado. No se parecía a él en absoluto. No quería un héroe musculoso. No quería un remedo del Moscardón, ni del Capitán América, ni de cierto chaval que gritaba Shazam y se convertía en el Capitán Marvel. Quería algo que se alejara de todo lo que tuviera que ver con ese tipo de héroes. Quería algo que Kirby no podía ofrecerle.
Entonces apareció Steve Ditko.
Siempre había sido un tipo extraño, y tal vez por eso dibujaba cosas realmente extrañas. Steve Ditko, nacido el 2 de noviembre de 1927 en Johnstown (Pennsylvania), procedía de la editorial Charlton, donde había centrado su labor en obras de ciencia ficción. En Marvel destacaba por su trabajo en los típicos relatos de monstruos y terror anteriores al nacimiento de los Cuatro Fantásticos. Había algo en sus lápices desasosegador, incluso feísta, difícil de definir pero decididamente mágico y fascinante. “El estilo de Steve era diametralmente opuesto al de Jack. Era muy realista y captaba muy bien al prototipo medio de hombre de la calle”, recuerda Lee.
Las páginas dibujadas por Kirby pasaron a manos de Ditko, quien decidió olvidarse de ellas y empezar de nuevo a partir de lo que le había contado Stan Lee. Era necesario amoldar el aspecto del personaje a sus habilidades y características. Si el Hombre Araña se pegaba a las paredes, no podía usar botas de bucanero, por eso fueron enseguida desechadas a favor de un calzado flexible. Lo mismo ocurría con la pistola de telaraña, sustituida por sendos lanzarredes ocultos en las muñequeras. La máscara cubriría por completo el rostro, ocultando así su aspecto adolescente. El traje definitivo del Hombre Araña recordaría en todo momento al animal del que toma nombre, con un dibujo de redes cubriendo la mayor parte de las mallas y unos grandes ojos blancos y opacos decididamente inhumanos. Y si Spider-Man tenía una agilidad asombrosa también debía tener un cuerpo flexible, capaz de adoptar posturas insólitas. Nada de grandes músculos ni de mandíbula de acero. El anillo también desaparecería por completo, al considerarlo tanto Ditko como Lee un elemento trasnochado. En su lugar, el trepamuros debería los poderes arácnidos a la radiación, como tantos otros héroes de la época. Por último, la motivación del personaje vendría marcada por la tragedia y la culpa, al no haber detenido al ladrón que luego asesinaría a su tío Ben. Así, en la última viñeta de la historia, Stan Lee escribía la frase que identificaría para siempre a Spider-Man: Un gran poder conlleva una gran responsabilidad.
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Todavía no habían terminados los problemas para el recién nacido lanzarredes. Martin Goodman, el dueño de Marvel y superior de Stan Lee, no quería saber nada de él. Estaba convencido de que el público rechazaría un héroe basado en algo tan repugnante como las arañas. Lee insistió hasta hartarse. Explicó a Goodman que Spider-Man era diferente, que su llegada sería tan revolucionaria como la de los Cuatro Fantásticos. Al fin, Goodman accedió, pero nada de dar a Spider-Man su propio título. Debutaría en Amazing Fantasy, una revista a punto de echar el cierre.
Nacida en junio de 1961, la serie había pasado por varias etapas. Inicialmente titulada Amazing Adventures, cada número contenía un relato principal a cargo de Lee y Kirby, acompañado de dos historias cortas firmadas por diversos artistas. A partir del séptimo número, Ditko había sustituido a Kirby, al tiempo que el título había cambiado por el de Amazing Adult Fantasy. El Adult desaparecería de la cabecera con el Amazing Fantasy 15 (agosto de 1962), número que contenía el debut de Spider-Man.
Paradójicamente, la portada dibujada por Ditko fue rechazada por Lee en favor de una versión similar a cargo de Kirby. En páginas interiores, Lee anunciaba a bombo y platillo que el trepamuros protagonizaría la serie a partir de entonces, pero tales propósitos nunca llegarían a cumplirse. El Amazing Fantasy 15 sería el último publicado. Sin embargo, Spider-Man todavía tenía una última baza que jugar. A los pocos meses de publicarse aquella primera y hasta entonces última aventura, las cifras de venta dictaron sentencia. Los lectores querían más, mucho más. Querían saber cómo continuaba la vida de aquel chaval con el que enseguida se habían sentido identificados. Marvel tenía un best-seller en las manos. El primer número de The Amazing Spider-Man aparecería apenas unos meses después, con fecha de portada de marzo de 1963.
Spider-Man podría haber usado un anillo mágico, o una pistola de telarañas. O simplemente acabar su carrera en las páginas del último número de una colección olvidada. Pero no ocurrió así. ¿Casualidad? ¿Azar? ¿Destino?
O tal vez magia. La magia de Steve Ditko.
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Artículo aparecido originalmente en el primer tomo del Spiderman de Stan Lee y Steve Ditko, publicado por Cómics Forum.

4 comentarios

  • Spider Girl 1964

    Pues sí, amigos. En 1964, cuando Spider-Man no había hecho más que comenzar su exitosa andadura en el mundo del comic-book, la competencia sorprendió a todos con una suerte de alter-ego femenina, Spider Girl, en el #323 de Adventure…

  • Hola! me llamo Xavier y queria decir que spiderman es un poco guarrillo, porque llevo 2 semanas sin ducharse. y el disfraz siempre se le rompe y se gasta el dinero comprando más, y además se le arruga.

  • “un tipo con botas de bucanero, un anillo mágico y una pistola lanzarredes.”
    POR DIOS!!!!! ahí

  • Numismática arácnida

    No hace mucho, hablamos por aquí de una colección de sellos en la que aparecía Spider-Man. La filatelia suele ir siempre de la mano de la numismática, por lo que no podíamos dejar de referirnos a esta disciplina desde una…

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