El final de la inocencia

Por Julián M. Clemente
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Invierno de 1973. Desde su semi-retiro como guionista, Stan Lee contempla los progresos de sus sustitutos, en especial los de Gerry Conway, quien le ha sucedido en una de las series más emblemáticas con las que cuenta Marvel, la protagonizada por Spider-Man. Conway apenas tiene diecinueve años, pero Lee está convencido de que es justo lo que necesita la colección, que alguien de esa edad comprenderá mejor que nadie lo que pasa por la cabeza del universitario Peter Parker. Para apoyarle y vigilarle, cuenta además con la inestimable ayuda de John Romita.


Desde que Romita accediera a instalarse en las oficinas de la Casa de las Ideas y asumir el puesto de director artístico, su antes estrecha relación con los tebeos del trepamuros ha ido flexibilizándose. Todavía supervisa todas las páginas, hace sugerencias a Conway sobre los argumentos, dibuja las portadas y se ocupa de algunos números, pero su presencia queda en segundo plano, mientras va cobrando presencia la labor de Gil Kane, el nuevo artista de la serie.
No obstante, siempre queda tiempo para conversar con Gerry. Y en una de esas conversaciones, aprovechando que Stan ya no está delante, Romita llega con una explosiva sugerencia.
¿Y si la matamos?
Los ojos de Conway se iluminaron inmediatamente. Era el personaje femenino más importante de la serie, y los lectores la conocían como si fuera real. ¿Matarla? Qué gran idea. Quitarse de una vez por todas de encima a la tía May. Pero finalmente, no acaba de cuajar, y es el mismo Romita quien decide aparcarla de nuevo. Puede que todo el mundo deteste a la anciana, pero sigue siendo demasiado importante para Peter. No pueden matarla, todavía no.
Pero de repente, los autores de Spider-Man han cambiado su manera de pensar. Quieren sangre. Quieren una víctima, porque es lo que necesita la serie para no caer en el conformismo y en la complacencia. Quieren dar a los lectores algo que jamás olvidarán. La tía May no irá a la tumba, pero en su lugar se empiezan a barruntar otras dos opciones: las chicas de la serie. La Verónica y la Betty de Peter Parker. Mary Jane Watson y Gwen Stacy. El deseo oculto y la realidad a punto de convertirse, el día menos pensado, en señora de Parker. Sí, si siguen así Gwen, y Peter acabarán frente al altar. De hecho, ya ha surgido la posibilidad en alguna ocasión. Pero Peter Parker no es Reed Richards. No puedes casarlo y esperar que todo siga igual. No puedes.
Romita no quiere asesinar a Mary Jane. Fue su creador gráfico, el que le dio forma al fantasma, a la broma de la época Ditko. Y además, siempre la ha dibujado guapa, maravillosa e irresistible, más incluso que la propia Gwen. A Stan nunca le ha hecho gracia que el ahogo cómico de la franquicia sea más interesante que la novia del héroe, pero nunca ha podido hacer nada al respecto, por mucho que haya insistido a Romita en que no la dibuje tan guapa. El artista no puede evitarlo. Lleva a Mary Jane en la sangre y en los lápices.
Si matáramos a Gwen sería como si Lex Luthor asesinara a Lois Lane, piensan algunos en las oficinas de Marvel. Y ese pensamiento basta para darse cuenta que tal vez estén ante la mayor historia del trepamuros jamás publicada. Peter se desentendió de sus responsabilidades un día, lo que ocasionó la muerte del tío Ben. Ahora sabe que un gran poder conlleva una gran responsabilidad, pero eso no significa que siempre saldrá victorioso, que siempre logrará salvar a las víctimas. Significa que lo intentará. Y Peter Parker es humano. Y los humanos fallan muy a menudo.
Además, hay que hacer algo de una vez por todas con el Duende Verde. ¿Cuántas veces ha recuperado la memoria Norman Osborn, ha peleado con Spider-Man y la ha vuelto a perder para quedar las cosas como estaban? La primera vez, fue una solución inteligente. A estas alturas, nadie se la volverá a creer. Nadie. Venga, que sean dos pájaros de un tiro. Y problema resuelto.
Consultas a Roy Thomas, el nuevo editor de la serie. Consultas a Stan, que está de vacaciones, pero existen los teléfonos. Consultas y reuniones. ¿Estáis todos de acuerdo? John, tú tienes la última palabra. ¿Estás de acuerdo?
Está bien, dice. Vamos a matarla.
Artículo aparecido originalmente en Spiderman de John Romita 52, publicado por Cómics Forum

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