EL RASTRO DE LA ARAÑA: LOS DETALLES SOBRE EL FIN DE TEMPORADA PARA “UN NUEVO DÍA”

En los meses iniciales de “Un nuevo día”, los guionistas y editores que conformaban la Oficina Arácnida plantearon una gran cantidad de subargumentos llamados a desarrollarse como trasfondo de muchos meses de cómics. Los dos misterios más importantes que lanzaba el nuevo landscape del trepamuros giraban alrededor de la identidad de Amenaza, una villana heredera de algunas de las características de El Duende Verde, y de la aparición de multitud de cadáveres con una rastreadora arácnida. En paralelo, se desarrollaba la campaña electoral destinada a elegir nuevo alcalde de Nueva York y el asunto venía impactando en el día a día del trepamuros. Cuando se cumplía un año del arranque de la etapa, “El rastro de la araña” arrojó luz sobre esos grandes misterios, mientras daba la vuelta al mundo de Spiderman.

 

Numerosas salidas cada mes, equipos de guionistas y dibujantes rotantes, una intensa coordinación por parte del editor, reuniones interminables para estructurar al detalle cada argumento, de manera que el público disfrutase de un resultado con la consistencia que hubiera tenido de estar realizado por un único escritor… el sistema de trabajo de “Un nuevo día” era lo más parecido que ha habido jamás en el mundo del cómic a la writer’s room de una teleserie. Tanto que llegó a incorporar un elemento tan característico de éstas como pueda serlo la “season finale”: un gran episodio en el que culminen las más importantes tramas que se han desarrollado a lo largo de la temporada.

 

Con ese espíritu nació “El rastro de la araña”, un arco argumental de importancia, cuyo origen hay que buscarlo en la segunda gran reunión de los guionistas de Amazing. Fue durante la misma cuando surgió la posibilidad de que las tres grandes tramas que tenían abiertas confluyeran en una única aventura. Entre todos los participantes trazaron las líneas maestras que tendría la historia, pero Marc Guggenheim fue el elegido para materializarlas en un guión completo, en el que dio vueltas al esqueleto original, cambió, añadiría y quitó cosas, para luego devolverlo a las manos del editor Stephen Wacker, responsable de dar un lavado de cara a la última versión. “He intentado que parezca que la historia se cuenta por sí misma”, comentaba Guggenheim a la prensa especializada. “Quiero dar a los lectores la mejor representación posible de lo que ocurre, aunque no deja de ser un tremendo esfuerzo de grupo”.

 

Había muchos motivos para que fuera él, y no otro, quien afrontara la tarea. Dan Slott ya había escrito demasiadas historias de trascendencia dentro del proyecto. Pese a que sus libretos despuntaran por encima de los del resto, Wacker quería procurar un cierto equilibrio entre sus chicos. ¿Por qué Guggenheim en concreto? En primer lugar, porque era él quien había creado a Amenaza y más se había concentrado en el desarrollo de su figura criminal. En segundo lugar, porque conocía perfectamente el mecanismo que hacía funcionar a esas “season finale”, ya que había trabajado para el medio televisivo durante años, todavía lo estaba haciendo y más que lo haría luego. En tercer lugar, porque su labor en la pequeña pantalla le había posibilitado escribir muchos procedimentales de temática judicial, como Ley y Orden. Esa clase de series implican la utilización de legalismos, términos jurídicos y trucos de abogados… y es que por ahí precisamente iba a ir la historia.

 

“Character Assassination”, el título original de la aventura, es una expresión, carente de traducción literal adecuada, que hace referencia al proceso deliberado de destruir la reputación de una persona, recurriendo para ello a rumores, acusaciones falsas o informaciones manipuladas. En este cómic, alude a la aparición repetida de rastreadoras arácnidas de nuestro trepamuros en cuerpos de personas fallecidas en misteriosas circunstancias. Ocurrió por primera vez nada más arrancar “Un nuevo día”, y se venía repitiendo desde entonces con cierta asiduidad, sin que apenas hubiera pistas sobre quién se ocultaba detrás de todo esto… sólo un caso policial por resolver, el de los “asesinatos de las rastreadoras arácnidas”. El propio lanzarredes era el más interesado en resolverlo, no sólo porque alguien estaba utilizando sus gadgets para cometer crímenes abominables, sino también porque muchos ciudadanos, incluida la policía, le señalaban como el principal sospechoso.

 

“El rastro de la araña” también abordaba uno de los tópicos que ha tenido el mundo de Spiderman casi desde sus comienzos, y es el relativo a la identidad secreta de algún villano de relieve, asociado a la estirpe de El Duende Verde. Todo había comenzado en la época de Stan Lee y Steve Ditko, cuando el verdadero rostro de este villano despertó la duda entre los lectores durante meses. Norman Osborn, el padre de Harry, quien a su vez era el amigo de universidad de Peter Parker, se ocultaba bajo la capucha, y los episodios en que al fin se descubrió tal cosa supusieron una conmoción entre el fandom, ya que además coincidieron con la histórica llegada de John Romita. Tras la muerte de Norman, Marvel había repetido el esquema en tantas ocasiones como para convertirlo en rito. La identidad de El Duende Verde fue retomada siempre por individuos ligados al mundo de Peter, de forma que su desenmascaramiento se alzaba como un momento de máximo interés. Amenaza no representaba sino el siguiente nombre en sumarse a una larga lista. ¿Y qué mejor que fuera John Romita Jr., el hijo del gran Jazzy Romita, quien lo plasmara en viñetas? “Habrá gente que dirá que desde el primer número sabía quién era Amenaza”, dijo el guionista al respecto de la revelación. “Si hay algo que he aprendido, no sólo de Ley y Orden, sino también como guionista de cómics, es que puedes engañar a la gente durante un tiempo, pero no puedes engañar a todo el mundo durante todo el tiempo. Sabía que esto no iba a ser una sorpresa para absolutamente todos los lectores. No voy a engañar a miles de personas. No soy un político”.

 

La tercera de las tramas que coleaban desde la salida a la calle de “Un nuevo día” y que también encontró solución en “El rastro de la araña” fue la de la elección del nuevo alcalde de Nueva York. Spidey había sido incapaz de impedir que Amenaza asesinara a una de las candidatas y Bill Hollister, el padre de la que ahora era novia de Harry, también se postulaba para el argo. La aventura se desarrolló en plenos comicios, lo que añadía un punto de complicación. Al llegar a las últimas páginas, habría un ganador… pero no todo sería tan sencillo como pudiera parecer. Y es que “El rastro de la araña” no sólo culminaba un año de intrincadas aventuras de Spiderman: también lanzaba las primeras pistas acerca de por dónde iría la siguiente temporada.

Artículo publicado originalmente en Marvel Saga. El Asombroso Spiderman nº 20

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