Dolor

Por Julián M. Clemente
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Hay quien nace con un brillante futuro por delante. Hay quien está destinado a ser guapo, tener dinero, éxito con las mujeres, y todo lo que dicen que hace feliz a una persona. Pero también existe el lado opuesto. Hay personas que nacen para perder. Y tú eres uno de esos, Parker. Lo supiste desde siempre. Por mucho que lucharas contra ello. Estaba ahí, cada día de tu vida, como si fuera un pitido agudo en el fondo de tu cerebro que, con el paso de los años, has terminado por ignorar la mayor parte del tiempo. Por desgracia, una o dos veces al día, algo o alguien te recordaba lo que eras, lo que siempre has sido en tu larga y terrible existencia de quince años de sufrimiento y dolor: un perdedor. Peter Parker, el gran perdedor.


¿Por qué todos los chicos tenían padres, menos tú? Es decir, siempre has querido con todo tu corazón a tía May y tío Ben, pero ellos no son tus padres. Tus padres murieron cuando apenas eras un bebé. No recuerdas nada de ellos. únicamente una inmensa soledad, una terrible sensación de no tener a nadie en el mundo con quien compartir tu existencia. Una vez alguien “no recuerdas quién- te dijo que nunca había visto una mirada más triste que la tuya. Te dijo que esa mirada sólo cambiaba cuando hablabas de tus tubos de ensayo, de tus fórmulas matemáticas. De la ciencia, ese clavo ardiente al que te agarraste con toda la pasión que sólo puede poseer alguien que no tiene ninguna otra cosa en la que apoyarse. La ciencia no engaña. La ciencia no rechaza. Promete un mundo en el que hay una explicación para cada cosa que ocurre. Un mundo donde no existe un destino que marque a las personas. Un mundo donde dos y dos son cuatro, donde si haces las cosas bien tendrás recompensa. Pero la única ley que parecía cumplirse una y otra vez contigo era que, hicieras lo que hicieras, perderías. ¿Qué importaba que tú sacaras las mejores notas? Ninguna chica se fijaría en ti por ello y ningún chico querría acercarse a ti porque, al fin y al cabo, tú era el canijo Parker. ¿Quién querría juntarse con semejante mequetrefe? A veces, los mirabas y pensabas que tú también podrías ser como ellos. Que tú también podrías pasarlo bien, olvidar el dolor y llevar una vida normal.
¿A quién tratabas de engañar? Ahora sabes que llevar una vida normal ya no es una opción para ti. Lo sabes desde el día de la araña. Ese día, creías que tu suerte había por fin cambiado. Que una suprema ley que escapaba a tu comprensión había dictado que con quince años de sufrimiento había sido suficiente, que ya era hora de que cambiaran las cosas. Y desde ese día pudiste hacer cosas increíbles. Cosas que el más popular de tus compañeros de instituto jamás soñaría realizar. Podías subir por las paredes, dabas saltos sobrehumanos e incluso rompías pupitres a poco que te descuidaras. Ni más ni menos que lo que merecías. Sí, era cierto: tú, Peter Parker, te merecías aquello. Te merecías dejar atrás el eterno título de perdedor. Merecías ser el mejor en la cancha de baloncesto. Tenías todo el derecho del mundo a dar una lección a ese engreído de Flash Thompson. Ya le tocaba, ¿no? Después de tanto tiempo pisando tu moral y tus higadillos, lo menos que podías darle a cambio era un poco de su propia medicina. Te creías el mejor. Te creías el más grande. Podías ganar dinero gracias a tus sorprendentes habilidades. Mucho dinero. Por fin podías dar a tío Ben y tía May todo lo que se merecían. Por fin podías demostrar al mundo entero quien era el auténtico número uno. ¡Tú, Peter Parker!
Y en el camino, olvidaste quien era de verdad Peter Parker. Y en el camino, te creíste con derecho a estar por encima de todos los demás. ¡Qué diablos! ¡Tenías todo el derecho del mundo a comportarte así!, pensabas. Pero sólo te comportabas como un idiota. Tus notas bajaron, tu furia creció hasta cegarte. Perdiste la perspectiva. Tío Ben supo verlo y, aunque no supiera nada de la araña, te lo dijo: “un gran poder conlleva una gran responsabilidad”. Pero tú no querías escuchar. Aquellas palabras sólo fueron importantes cuando el ladrón que habías dejado escapar días antes mató al tío Ben. Entonces cobraron sentido sobre todas las cosas. Entonces, comprendiste. Comprendiste la razón por la que te había picado aquella araña. Comprendiste que no era para que te convirtieras en una estrella del baloncesto. Comprendiste que no era para que desperdiciaras tus habilidades ante las cámaras de televisión. Comprendiste, pero ya era demasiado tarde. Y la persona que más querías en el mundo había muerto por tu culpa.
Y fue entonces cuando de verdad dolió. Fue entonces cuando descubriste el verdadero sufrimiento. Fue entonces cuando de verdad supiste que habías nacido para perder más allá de toda medida. ¿Acaso no merecías otra cosa?
Detuviste al ladrón, pero el dolor no cesó. Comprendiste lo que tenías que hacer con tus poderes arácnidos. Y lo hiciste, pero el dolor no cesó. Esta noche, abrazado a Mary Jane, lo has sabido con la certeza que sólo puede tener el anciano de quince años en el que te has convertido. Esta noche, has sabido que el dolor no cesará mientras vivas. ¿Llevar una vida normal? No es para ti. No es para Peter Parker. No es para Spider-Man.

Artículo aparecido originalmente Ultimate Spider-Man 5 publicado por Cómics Forum.

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