Deudas pendientes: Daredevil, Spider-Man… Y Frank Miller

Por Julián M. Clemente
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El diablo y la araña
ésta es la historia de dos amigos. No importa que, en realidad, esos dos amigos sean personajes de ficción. Su relación ha durado más de cuarenta años. Cuatro décadas en las que ambos han pasado por una inicial colaboración y una posterior desconfianza que acabaría por convertirse en amistad. Es un relato que implica a terceras personas, y aquí está la magia del cómic, porque esas personas sí son reales, son algunos de los autores que dieron forma a dos mitos, dos iconos del siglo XX. Y es que, por compartir, estos Spider-Man y Daredevil han compartido hasta diseñador de vestuario en sus sendas películas. Pero me estoy adelantando a los acontecimientos, porque nuestra historia comienza mucho, mucho antes.


En la portada del primer número de Daredevil (abril de 1963) Spider-Man, convertido ya por aquel entonces en el gran héroe de la factoría Marvel, daba la bienvenida al justiciero ciego. Con semejante cubierta, alguien podría pensar que el lanzarredes haría acto de aparición en las páginas interiores, pero nada más lejos de la realidad. Daredevil y Spider-Man tendrían que esperar unos pocos meses, hasta el Amazing Spider-Man 16 (con fecha de portada de septiembre de 1964) para verse las caras o, mejor dicho, las máscaras. En aquel episodio, en el que el Hombre sin Miedo todavía lucía su inicial traje amarillo y rojo, ambos luchaban contra el Amo de la Pista y su Circo del Crimen, villanos a su vez nacidos en las páginas de The Incredible Hulk. El Universo Marvel comenzaba a tomar forma, y no resultaba extraño que dos personajes que habían tenido orígenes tan similares como Spider-Man y Daredevil cruzaran sus destinos y tomaban prestados enemigos.
Pero esa primera toma de contacto tan sólo tendría valor anecdótico, porque el auténtico encuentro que habría de cambiar el desarrollo de ambos héroes habría de producirse un tiempo después, en Daredevil 16 y 17 (abril y mayo de 1966). Lo verdaderamente importante de aquellos episodios no es que Spidey luchara codo a codo con el cuernecitos y contra los Forzadores, villanos a la postre nacidos en la colección del trepamuros. La trascendencia real habría que buscarla en los títulos de crédito. Allí figuraba el nombre de John Romita, dibujante regular de Daredevil desde tres números antes. Stan Lee le había rescatado de las fauces de DC Comics, donde permanecía estancado en la producción de tebeos románticos. Por aquel entonces, la relación entre Lee y Steve Ditko, el dibujante de Amazing Spider-Man no eran precisamente buenas. Apenas se dirigían la palabra, y Lee era consciente de que, en cualquier momento, Ditko podía tirar la toalla. La aparición de Spider-Man en las páginas de Daredevil no tenía en realidad otra función que la de probar la capacidad de Romita para dibujar al lanzarredes. Y el artista pasaría el examen con matrícula de honor. El Daredevil 19 sería el último episodio que dibujaría, dándole la alternativa a Gene Colan, el autor que daría con los rasgos definitivos del personaje anteriores a la llegada de Frank Miller.
Por su parte, John Romita desembarcaría en la serie del lanzarredes allá por Amazing Spider-Man 39 (agosto de 1966), donde también llevaría a cabo una revolución visual que supondría un salto cualitativo en la popularidad del alter ego de Peter Parker. Teniendo en cuenta todo esto, el Cabeza de Red debía un inmenso favor al Hombre sin Miedo. Cuesta imaginar que hubiera sido de él si un artista menos capaz que John Romita se hubiera hecho cargo de la serie. Romita procuró los rasgos de comedia romántica y juvenil que convertirían The Amazing Spider-Man en el tebeo más importante en las universidades americanas durante los años sesenta y en el más leído en todo Estados Unidos en años posteriores, hasta la llegada de la Nueva Patrulla-X. Y ese es un favor tan grande que cuesta varias décadas pagar.
Devolviendo favores
Hete aquí que estamos a finales de los años setenta, y Daredevil tiene un nuevo encuentro con Spider-Man en las páginas de una colección arácnida. (Se vieron en otras ocasiones a lo largo de todo ese tiempo, pero éste es verdaderamente el encuentro que a nosotros nos interesa). La aventura, escrita por Bill Mantlo (por entonces escritor habitual de un buen número de las historias del trepamuros) tenía lugar en Peter Parker, The Spectacular Spider-Man 26 a 28 (enero a marzo de 1979) y su evocador título era El ciego guiando al ciego. En sus páginas, Spider-Man, cegado en el episodio anterior por el Merodeador Enmascarado, tenía que recurrir a Daredevil para que le ayudara a luchar no ya contra el villano de turno, sino contra la ceguera que le había provocado éste. La aventura causó un impacto considerable a los aficionados de la época, y más si tenemos en cuenta que estaba encuadrada en una de las más aterradoras experiencias que haya padecido el trepamuros: su enfrentamiento con Carroña, el clon sin vida del profesor Warren (a su vez, creador de los clones del mismo Spider-Man y de Gwen Stacy… aunque eso es una historia demasiado complicada como para abordarla en este artículo).
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Sin embargo, no sólo el argumento quedaba fijado en la retina del lector; también el responsable gráfico de aquellos Peter Parker, The Spectacular Spider-Man 27 y 28. Se trataba de un por aquel entonces totalmente desconocido Frank Miller nacido en Olmie (Maryland) en 1957. El estilo de aquel joven artista que contaba con tan sólo veintidós años estaba repleto de errores, pero poco importaba ante su inmenso carisma, talento y capacidad de composición de página, directamente heredera de la de grandes clásicos como Will Eisner o Gene Colan, con un Spider-Man que recordaba al personaje gomoso e imposible de los primeros tiempos de Steve Ditko. Quien sabe qué hubiera pasado si Miller hubiera continuado en la serie, pero es algo que jamás podremos averiguarlo.
Probablemente fueran las semejanzas del trabajo de Miller con el de Gene Colan el rasgo que decidiera al director editorial Jim Shooter a convertirle, meses después, en el artista regular de Daredevil. En realidad, todos sabemos que el cuernecitos no pasaba por sus mejores tiempos económicos, hasta tal punto que la colección era bimensual y estaba en trance de cerrar a la mínima. Apenas dos meses después, con fecha de mayo de 1979, Miller se convertía en el dibujante regular de Daredevil, y, en poco más de un año, también en el guionista. Curiosamente, una de sus primeras decisiones importantes y que revolucionarían por completo la colección consistiría en convertir a Kingpin, hasta entonces villano eminentemente arácnido, en la némesis definitiva de Matt Murdock. Quedaba así saldada la deuda contraída por el lanzarredes después de quedarse con Romita en detrimento de su colega. El resto de la historia de Miller con Daredevil es sobradamente conocida, hasta el punto de que habéis podido vivirla página a página en este coleccionable.
Una amistad complicada
La relación de Spider-Man con Daredevil habría de evolucionar profundamente en años posteriores. De esta forma, En Marvel Team-Up 140 y 141 (abril y mayo de 1984), Matt Murdock descubriría la identidad secreta del lanzarredes, al identificar los latidos de su colega con los de Peter Parker. Poco tiempo después, durante La muerte de la Capitana Jean DeWolff (Peter Parker, The Spectacular Spider-Man 107 a 110, octubre 1985 a enero de 1986) sería Daredevil quien confesara a Spidey que conocía su identidad secreta y le revelaría también la suya. Todo eso ocurría en una historia que enfrentaba los métodos del lanzarredes con los del Hombre sin Miedo, ante las posturas adoptadas por cada uno frente al Comepecados, el psicópata responsable del asesinato a sangre fría de Jean DeWolff, una de las mejores amigas de Spider-Man.
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Este último episodio provocaría tensiones entre ambos justicieros, que llegarían incluso a las manos, algo que posteriormente se repetiría durante la guerra sostenida entre Daredevil y Kingpin (Amazing Spider-Man 284 a 289, enero a junio de 1987), en la que nuevamente ambos volverían a cruzar más que palabras. No obstante, ambos acabarían superando sus diferencias y renovando su amistad, hasta el punto de que sería Spider-Man quien consolara a Daredevil tras la muerte de su novia Karen Paige (Daredevil Vol. 2 8, junio de 1999), e incluso llegarían a compartir una miniserie (Spider-Man/Daredevil: inusual Suspects, enero a abril de 2001). Por último, Misterio, otro villano de Spider-Man, se suicidaría ante los ojos de Daredevil, después de haber intentado, sin lograrlo, volverle loco (Daredevil Vol 2, mayo de 1999).
En cuanto a la mencionada coincidencia en el diseñador de vestuario de ambos personajes, me refiero, como algunos ya habréis supuesto, a James Acheson, responsable de vestir tanto a Spider-Man como a Daredevil en sus respectivas adaptaciones cinematográficas. Mientras en el primer caso optó por mantenerse absolutamente fiel al diseño original de Steve Ditko, en su adaptación del traje de Daredevil fue un poco más allá, acercándose al modelo de no-traje impuesto por otras adaptaciones de superhéroes Marvel al cine, como X-Men.
Retales de telaraña
Volviendo hacia atrás en el tiempo y hasta Frank Miller, mientras éste se ocupaba de la mejor etapa que jamás haya tenido el Hombre sin Miedo, todavía le quedaba tiempo para ocuparse de algunos encargos esporádicos que tenían mucho que ver con Spider-Man. Hay que recordar que, durante los primeros meses de la etapa Miller en Daredevil, en concreto hasta bien avanzado 1981, la colección continuó apareciendo cada dos meses, lo que permitía a Miller compaginarla con otros trabajos. La mayoría de esos episodios estarían editados por Dennis O’Neil, también editor de Miller en Daredevil, y que procuraba cuidar a su pupilo con encargos de tebeos que, al fin y al cabo, se venderían tremendamente bien, teniendo en cuenta que su protagonista era el superhéroe más popular de Marvel.
Precisamente, O’Neil sería también el guionista responsable de los Amazing Spider-Man Annual 14 y 15, aparecidos en 1980 y 1981, respectivamente. Se trata de dos pequeñas joyas en las que el Miller de entonces, contemporáneo a sus primeros tiempos en Daredevil, daría lo mejor de si mismo y demostraría su inmensa capacidad para el despliegue gráfico. En el primero de ellos, nos encontramos una aventura de grandes proporciones, La noche del vuelco siniestro, que reúne al lanzarredes con el Doctor Extraño (otro personaje que guarda una importante relación con Spider-Man a través de un dibujante, en este caso Steve Ditko) en un combate espeluznante contra la alianza del Doctor Muerte y Dormammu, este último uno de los villanos clásicos de Stephen Extraño. El segundo annual cambia por completo el registro. En él, vemos a dos de los escasos personajes invitados con los que contaría Miller en Daredevil, el Castigador y el Doctor Octopus, en una divertidísima aventura que daría lugar al más acadabrante de los titulares colocados por J. J. Jameson en la portada del Daily Bugle: Spider-Man: ¿Peligro o amenaza?
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O’Neil también editaría el Marvel Team-Up 100 (Diciembre 1980), escrito a su vez por Chris Claremont. De nuevo, un número especial en el que Miller ofrecería una sorprendente versión de los Cuatro Fantásticos en la que destacaba el aspecto que daba a la elasticidad de Mister Fantásticos. Además, Miller se convertía en el primer artista en dibujar a Karma, mutante que debutaba en aquel mismo número y que poco después acabaría por convertirse en uno de los miembros integrantes de los Nuevos Mutantes.
Si en ninguna de estas aventuras Miller tendría ocasión de demostrar su habilidad como guionista, eso cambiaría con el Marvel Team-Up Annual 4 (1981), en el que tan sólo escribiría la historia, probablemente por encontrarse demasiado ocupado para dibujarla debido al pase a mensual de Daredevil por aquellas mismas fechas. Al Caballero Luna, Power Man y Puño de Hierro se añadía el mismo Daredevil entre los invitados especiales, mientras que el dibujo corría a cargo de un eficaz Herb Trimpe.
A aquellos años de Miller unido a Spider-Man como dibujante esporádico, aunque de lujo, pertenecen también algunas estupendas portadas de Peter Parker, The Spectacular Spider-Man. Después volvería a dibujar al trepamuros en muy pocas ocasiones. Una de ellas sería para la portada del volumen que recogería todos estos episodios: The Complete Frank Miller Spider-Man. Pero para entonces Daredevil había quedado muy atrás en la memoria de Miller, y no digamos ya aquel viejo lanzarredes con el que había debutado en la industria de la que se había convertido en leyenda viviente.
Artículo aparecido originalmente en Daredevil Coleccionable Tomo 24, publicado por Cómics Forum.

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