DETRÁS DE LOBEZNO: ORIGEN

Desde que se produjo la llegada de Lobezno a las viñetas, allá por 1974, y durante más de un cuarto de siglo, el pasado del personaje permaneció en la oscuridad. El guionista Len Wein lo concibió para que se enfrentara a Hulk durante unas pocas páginas, en las que demostraría su salvajismo y atrevimiento, pero ni siquiera se llegó a plantear de dónde había salido aquel tipo de las garras. Es más: Wein daba por hecho que éstas eran un complemento que surgía de los guantes, nunca algo que formara parte de su cuerpo. El director artístico John Romita diseñó el uniforme a partir de algunas fotografías del fiero animal del que recibía su nombre (la traducción exacta de Wolverine sería carcayú: un fiero animal que habita los bosques canadiense), y Herb Trimpe dibujó su debut en las viñetas, sin que ninguno se parara a preguntar más detalles.

 

 

Poco después, el personaje ingresaría en la “nueva” Patrulla-X, y es allí donde sería tomado de la mano por Chris Claremont, su mayor artífice durante largos años, quien consideraba que Logan resultaba mucho más interesante si las preguntas sobre sus orígenes eran más numerosas que las respuestas. Las muchas súplicas de los fans sólo obtenían breves pinceladas de la que parecía la más apasionante y rica de las biografías de cuantos héroes pueblan el Universo Marvel. De esta manera, nunca sabías cuándo aparecería un dato más. Por ejemplo, en un imprevisto viaje a Japón, sus compañeros de La Patrulla-X descubrían que Logan había estado ya en aquel lejano país y conocía perfectamente su idioma. “No lo sabía”, le comentaba Cíclope. “No preguntaste”, respondía Logan, que nunca estaba dispuesto a facilitar demasiada información sobre sí mismo: ni su apellido, ni su lugar de nacimiento, ni su edad, ni todo lo que había hecho antes de unirse a los chicos de Charles Xavier.

 

Con el paso de los años, Claremont perdió el control sobre el mutante de las garras de Adamántium, al tiempo que aumentaron las aventuras ambientadas en la historia anterior a su afiliación a La Patrulla-X. Se llegó incluso a publicar un importante tebeo de elevado impacto, Lobezno: Arma X, en el que el prestigioso Barry Windsor-Smith destapaba todos los detalles sobre el proyecto secreto en el que los huesos de Logan habían sido recubiertos con el metal irrompible. Sin embargo, aquella historia estaba ambientada en la madurez del personaje: muchos otros acontecimientos habían tenido lugar con anterioridad a los eventos allí narrados. ¿De dónde procedía realmente Lobezno? ¿Cuál era su nombre completo? ¿Cómo había descubierto sus poderes de curación o la existencia de las garras?

 

Ya en el año 2000, la película X-Men devolvió a Logan a primera plana de actualidad. Hugh Jackman conseguía capturar en su interpretación el carisma, misterio y salvajismo que habían hecho tan popular al personaje. En Hollywood sabían que tenían un caballo ganador, y apostaron enseguida por convertir a Lobezno en protagonista de su propio largometraje, centrado en su origen. Ante semejante anuncio, los nervios invadieron las oficinas de Marvel. No estaban dispuestos a que desde un estudio de cine les dictaran la procedencia de su hombre-X.

 

Por aquel entonces, Joe Quesada y Bill Jemas acababan de ponerse al mando de Marvel, en calidad de Director Editorial y Presidente, respectivamente. Su irrupción significaba todo un revulsivo, ya que ambos estaban recuperando el entusiasmo hacia la factoría con un método tan sencillo como efectivo: no tener miedo a nada. Cualquier tabú que pudieran encontrarse a su paso, merecía ser roto: también cualquiera que pudiera rodear a Lobezno. Había llegado la hora de desvelar, desde la viñeta y sin el condicionamiento de nadie externo a la compañía, el origen del personaje. Pero, ¿cómo? Lo primero era encontrar la historia. Tras obtener el beneplácito de Chris Claremont, el padre moral del personaje, Jemas y Quesada trazaron las líneas maestras del argumento. Faltaba el equipo creativo que estuviera dispuesto a ponerlo sobre el papel. Querían un guionista de peso, pero también alguien capaz de acometer el que sería el cómic más importante de aquel año. Las opciones enseguida se redujeron a cinco nombres: Grant Morrison, Mark Millar, Brian Michael Bendis, Joe Casey y Paul Jenkins, todos ellos destacados profesionales del cómic en el comienzo del siglo XXI.

 

Morrison, autor de la revolucionaria New X-Men, encontró la idea absurda. No quería conocer el origen de Lobezno ni mucho menos contarlo; Millar, enfant terrible del tebeo americano, se quedó con las ganas, debido a su ya apretada agenda de trabajo; Bendis, el creador de Ultimate Spider-Man, se ilusionó, trabajó duro y llegó a redactar una propuesta de lo que hubiera sido una novela gráfica próxima a las cuatrocientas páginas, pero no le gustó lo que había escrito, y decidió abandonar; Casey (Patrulla-X: Hijos del átomo) consideraba que el único y verdadero origen de Lobezno era el que había contado Barry Smith en Arma X. Paul Jenkins, al contrario que el resto, pensó que sus colegas debían estar locos. ¡Por supuesto que quería escribir la historia! ¿Cómo era posible que alguien dijera que no? El que había sido escritor de una aclamada maxiserie de Los Inhumanos se puso manos a la obra

 

En cuanto al dibujante, el magnífico Andy Kubert enseguida se destapó como el apropiado para acometer tal empresa. Casi desde el comienzo de su carrera, la trayectoria del pequeño de los Kubert había estado ligada a Marvel: primero en X-Men, donde había conseguido algo tan difícil como superar la herencia de Jim Lee (el gran artista que revolucionara a los mutantes a comienzos de los noventa); luego en Ka-Zar y Capitán América, en ambos casos junto a Mark Waid, en la que había supuesto su eclosión como artista. Tan importante resultaba Lobezno: Origen para la editorial que Jemas y Quesada reclamaron que Andy se uniera al proyecto a pesar de estar compartiendo lápices con su hermano Adam en Ultimate X-Men. La ausencia de un entintador y su sustitución por el color directamente aplicado sobre el dibujo fue también una decisión de suma importancia, y se produjo no sin antes contemplar los espectaculares resultados que en esos momentos estaba cosechando la serie X-Treme X-Men. Se conseguía así el toque de elegancia y distinción que requería una epopeya de ritmo cinematográfico, donde las influencias de las adaptaciones de las novelas de Jane Austen se unían a la sutil narrativa de Jenkins. El trabajo recayó sobre un verdadero genio llamado Richard Isanove, que marcaría con su labor en Origen un camino a seguir para toda la industria.

 

Curiosamente, el proyecto de filme de Lobezno se abandonó poco después de la realización de Origen, y no se recuperaría hasta algunos años más tarde. Cuando finalmente se llevó a cabo, en 2009, bajo el título de X-Men Orígenes: Lobezno, los primeros minutos de la película estaban directamente inspirados en las primeras páginas de este cómic, anunciado por Marvel como “la mayor historia jamás contada”, publicado originalmente en 2002 y acreedor de ventas millonarias. De esta forma, el propósito inicial de la obra se había cumplido.

 

El presente volumen no sólo reproduce aquel acontecimiento de primer orden, sino también el que se podría denominar como el “origen cronológico”: el Incredible Hulk #181 USA (noviembre 1974), cómic en el que los lectores contemplaron por primera vez a Lobezno en acción. Aquí habría que añadir que, en realidad, el personaje ya había aparecido en la última viñeta del episodio anterior, reproducida junto a estas palabras. Quien iba a decir que aquel tipo de las garras irrompibles acabaría por convertirse en uno de los mayores iconos del cómic mundial.

 

Artículo aparecido originalmente en Marvel Héroes. Lobezno: Origen

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