DAREDEVIL ANTE LA RENOVACIÓN: LA LLEGADA DE MARK WAID

Dicen que el Hombre Sin Miedo es un personaje fundamentalmente oscuro, de género negro, con un historial cargado de tragedias, con innumerables episodios de inestabilidad mental a sus espaldas, con pérdidas más grandes que la vida, que romperían a cualquier hombre, incluido alguien que abraza la redención con el fervor que lo hace Matt Murdock.

 

Pero no siempre fue así. Hubo una época en que los claros mantenían un equilibrio con las tinieblas en que habita el Hombre Sin Miedo. De hecho, cuando Stan Lee y Bill Everett concibieron al personaje, allá por 1964, no estaba en su mente la de crear a un vigilante atormentado, sino, como bien expresa su nombre, un diablo burlón, capaz de desafiar cada día a la muerte con una sonrisa en los labios. Sus aventuras iniciales puede definirse abiertamente de optimistas, más incluso que las de Spiderman, el héroe con quien más semejanzas guardaba en aquellos años fundacionales. Sí, es cierto que había un entorno eminentemente urbano, de manera que Daredevil luchaba contra amenazas callejeras, todo un plantel de enemigos entre lo absurdo y lo pintoresco, y que su origen estaba enclavado en la muerte de un ser querido. En estos rasgos coincidía con el trepamuros, pero también en la continua utilización de la mordacidad como desahogo, así como en la existencia de un reparto de secundarios que convertía sus aventuras en un gigantesco enredo, con situaciones tan rocambolescas, o incluso más, que las vividas por Peter Parker. La gran diferencia con Spidey estribaba (más allá de que el trepamuros fue quien se quedó con John Romita) en que Daredevil es un adulto de pies a cabeza, no un adolescente a la búsqueda de un lugar en el mundo, con todo lo que eso implica en la manera en la que se relaciona con su entorno. Las relaciones laborales y sentimentales son las que tiene un hombre adulto. Salpicadas con equívocos y embrollos propios de cualquier culebrón, pero adultas al fin y al cabo. No existía una identificación tan intensa entre los lectores y el personaje, razón por la que tal vez Daredevil nunca alcanzó la popularidad de su primo hermano espiritual. En consecuencia, a finales de los años setenta su revista estaba al borde de la cancelación, y de ahí que la editorial permitiera a un joven autor llamado Frank Miller hacer y deshacer a su antojo.

 

Se ha escrito más del Daredevil de Miller que de Daredevil en sí mismo, por lo que no vale la pena ahondar demasiado en el tema, más allá de recordar que el de Maryland reinventó al personaje por completo. Fue él quien lo hizo verdaderamente oscuro y relevante, quien se olvidó, salvo ocasiones puntuales, de su carga humorística y lo sumergió en la tragedia y la desesperación. La importancia de su etapa es tal, la huella que dejó sobre el Hombre Sin Miedo tiene un significado tan enorme, que la mayoría de los autores que vendrían detrás de él no harían sino repetir los esquemas de Miller, con mejor o mayor fortuna, arrastrándolo a una espiral que no parecía tener fin: muertes de una novia detrás de otra, demolición incontrolada de todo lo que le importa, una caída detrás de otra… Cava, Matt, cava, porque cuando creas que has tocado fondo, tendrás que seguir cavando.

 

Todo tiene un límite, han comprendido por fin en Marvel. “El desafío del diablo”, consistente en que cada nuevo guionista de Daredevil tenía poco menos que el deber de hacerle todavía más desgraciado, hasta llegar al punto de convertirle en un villano, hasta llegar a ser dominado por un auténtico demonio, ha perdido su valor inicial. Después de “Tierra de Sombras”, se hizo evidente que Matt Murdock no podía seguir acumulando pesadumbre. Necesitaba un giro radical. Andy Diggle, el último de los escritores que se hizo cargo de él antes de este relanzamiento, limpió el escenario para que no hubiera un “más difícil todavía”. Daredevil ha de empezar ahora desde cero y con un planteamiento revolucionariamente distinto al que se ha seguido al menos durante toda la primera década del siglo XXI. Y es ahí donde entra en juego Mark Waid.

 

Mark Waid, que fue quien reivindicó, a mediados de los noventa, el prototipo del superhéroe clásico. Mark Waid, quien devolvió a sus esencias al Capitán América y Los 4 Fantásticos. Mark Waid, el que sabe que el peso de décadas de continuidad no debe acogotar la inventiva, sino servir como recurso al que acudir cuando sea preciso. Su carrera está ligada a personajes luminosos, por lo que nadie le imaginaba escribiendo Daredevil. Y quizás por eso es el más apropiado para hacerlo. Mark Waid tiene por misión encarrilar de nuevo al Diablo Guardián, sacarlo del pesimismo endémico, enseñar a los lectores la vertiente original del personaje, esa que se perdió hace tiempo pero que sigue estando ahí. Para hacerlo, le devuelve a Nueva York pero le saca de la Cocina del Infierno; asume toda la locura que ha sido su existencia en estos años (con mucha sencillez y mucha lógica, en apenas un par de viñetas), pero hace que pase página, que deje de revolcarse en su desesperación; se olvida de los ninjas y los mafiosos, porque a cambio le busca villanos que supongan un verdadero reto a sus poderes y habilidades. Y lo más importante de todo, le hace sonreír, para que nosotros sonriamos con él.

 

Waid se lleva todos los elogios de una etapa que está fascinando a quien la lee, fuera fan del Daredevil más oscuro o desconociera por completo al personaje, pero las alabanzas deben hacerse extensivas al inteligentísimo editor Stephen Wacker. Su colaboración con Waid viene de los tiempos de 52, proyecto-mecanismo de relojería de DC, que sirvió para que Marvel se decidiera a fichar a este especialista en coordinar múltiples equipos en un proyecto común. De sus manos surgió “Un nuevo día”, la elefantiásica etapa de Spiderman que devolvió las esencias de éste. En ella participó Waid y también estuvieron Paolo Rivera y Marcos Martín, los elegidos para alternarse en los lápices de este “nuevo día” de Daredevil. Europeos ambos y cada uno con su propio estilo, comparten una exquisitez en el diseño, una limpieza en la línea y una elegancia en la narración que les hermana y les marca como la elección perfecta para completar el equipo de la serie.

 

Dicen que Matt Murdock es un hombre que ha conocido los más oscuros lugares. Pero ahora ha decidido salir de ahí, desviarse de la ruta hacia la perdición y buscar un nuevo camino. Te aseguro que vas a querer acompañarle en la más atrevida aventura de su vida.

 

Artículo aparecido originalmente en 100 % Marvel. Daredevil nº 1

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