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Título
original Spider-Man 2
Estreno USA 30 de junio de 2004
Estreno España 14 de julio de 2004
Duración 127 minutos
Director Sam Raimi
Reparto
Tobey Maguire (Spider-Man/Peter Parker)
Kirsten Dunst (Mary Jane Watson)
James Franco (Harry Osborn)
Alfred Molina (Doctor Octopus/Otto Octavius)
Rosemary Harris (tia May)
Spider-Man 2 en
IMDB
J. K. Simmons (J. Jonah Jameson)
Página oficial
Dylan Baker (Curt Connors)
El
DVD
Así se
hizo
En Sony/Columbia lo tienen muy claro. Es mayo de 2002 y
Spider-Man está arrasando en la taquilla norteamericana.
Más de 114 millones de dólares en su primer fin de semana
confirman lo que todo el mundo auguraba: hay que hacer una
secuela y hay que hacerla ya. El equipo de producción y los
máximos dirigentes de Marvel Studios, entre los que se
encuentra su presidente Avi Arad, se ponen manos a la obra
con la primera película todavía quemando las pantallas de
cine en todo el mundo. Arad es el primero en abrir fuego y
dejar las cosas claras: “Vale, vamos a seguir hacia delante.
¿Cuáles son nuestros objetivos? ¿Qué queréis hacer mejor en
la secuela? Si alguien recuerda la última escena de la
película, con Spider-Man balanceándose por la ciudad a plena
luz del día hasta que llega al asta de una bandera, sabrá
que ésa es la mejor secuencia de efectos especiales de todo
el filme porque fue la primera que comenzamos y la última
que acabamos. Los que estamos envueltos en el filme estamos
de acuerdo en una cosa: todas las escenas de la secuela
tendrán que ser igual de buenas que ésa”.
Para ello se vuelve a contar con John Dykstra en el apartado
de efectos especiales y se le pone a trabajar al instante
para mejorar todo lo visto en la primera parte. El estudio
no puede vacilar y demuestra que van a por todas: se anuncia
la fecha de estreno de la segunda parte apenas una semana
después del estreno de la primera. Se escoge el siete de
mayo de 2004. Lo mejor sería que el mismo equipo al completo
se hiciera cargo, de manera que la producción fuera lo más
rápida posible. La productora Laura Ziskin tiene claro que
el director tiene que ser Sam Raimi de nuevo. “Una de las
cosas más importantes de Sam es que él mismo es el público
al que va dirigida la película”, declara Ziskin. “Hace el
filme para los espectadores, se identifica con los
personajes y siempre está atento al ritmo de cada escena.
Esto le convierte en el director perfecto para este tipo de
material. Además, su conexión personal con Peter Parker y el
resto de personajes es un regalo para el público”.
Raimi tiene ganas de más y acepta encantado. Como fan de
toda la vida del arácnido, no quiere perder la oportunidad
de seguir narrando su vida cinematográfica. Cuando el
director pregunta sobre los límites a los que puede llegar,
la respuesta que recibe es poco menos que sorprendente:
tiene libertad absoluta para manejar un juguete que acabará
costando 220 millones de dólares. “En la primera ya tuve
muchísima libertad para hacer lo que quisiera”, confiesa
Raimi. “Me pareció que no me la merecía, pero tampoco me
quejé. Cuando acepté el trabajo creí que el estudio
supervisaría cada paso que diera, pero me dejaron tener todo
lo que quisiera, así que me callé e intenté hacer la mejor
película de la que fuera capaz. Y ahora he tenido todavía
más libertad, si es que eso es posible”. Avi Arad sabe muy
bien que la libertad creativa es un valor a tener muy en
cuenta y la experiencia es la mejor consejera del presidente
de Marvel Studios. “Poco a poco voy comprendiendo qué
funciona y qué no a la hora de adaptar”, declara Arad. “Lo
que funciona siempre es tener coraje y valor para hacerlas.
Agradezco muchísimo a Sony la libertad que nos han brindado
a Sam Raimi y a mí con Spider-Man. Nos han permitido
hacer una película con mucho sentimiento, algo que en
Hollywood no suele proliferar. Siempre tienen miedo de
pasarse de la raya y que el público se aburra. Nos han
dejado hacer uso de lo que ha funcionado en los cómics
Marvel durante los últimos cuarenta y cinco años, y eso es
el sentimiento y la emoción que todos sus personajes han
sentido en las páginas de los cómics. Eso les ha permitido
perdurar hasta hoy día. Son héroes que tienen sus fallas,
que no pueden gustar de su fama y que, es más, la fama es
precisamente lo que los convierte en fugitivos. Así que
mientras dejen que nos centremos en las emociones de los
personajes y en las relaciones entre ellos, las adaptaciones
serán un éxito”. Mientras Raimi prepara el primer borrador
del guión junto a su hermano, el estudio anuncia el título
de la secuela: The Amazing Spider-Man.
El libreto inicial con la historia de la secuela se centra
sobre todo en la esencia fundamental de la vida de Peter
Parker. “Esta entrega es la continuación de la vida de Peter
Parker justo donde se quedó la primera parte, donde escogió
el camino de la responsabilidad”, explica el director. “Esta
película nos explica en qué va a consistir esa
responsabilidad. Tal vez sea un camino más duro del que se
piensa. Algunas veces le sobrepasará y otras podrá con
ello”. A partir de aquí, el guión pasará por muchas manos
más, pero este viaje interno del personaje sobre la
responsabilidad permanecerá inalterable. “En los primeros
borradores tenía dos villanos”, añade Raimi, “pero me di
cuenta que tenía tantas cosas que contar sobre la relación
de Peter y Mary Jane que no podía poner más de uno. Y eso
que me encantan los cómics en los que salen muchos villanos,
pero a favor de la historia no podía permitírmelo. Al poner
dos villanos, me daba la sensación que no podía profundizar
en lo que más me interesaba de esta historia”.
Uno
de esos dos villanos permanece en el anonimato, aunque
siempre se ha apuntado hacia la Gata Negra o al Lagarto. Del
enemigo que finalmente sí aparecerá en la secuela no había
ninguna duda desde antes del rodaje: el Doctor Octopus verá
su momento de gloria. Y como suele pasar, los rumores en
torno a quién llevará cuatro brazos mecánicos a su espalda
asaltan los medios. Desde Sam Neill hasta Robert DeNiro,
Octopus cambia de rostro de una semana a otra. Raimi no deja
de hacer castings en busca de su villano perfecto, pero no
da con él. Un buen día, su mujer Gillian le dice: “Tienes
que ver al tipo que sale en Frida”. El director
consigue una copia y cae rendido a los pies de Alfred
Molina. “Era un filme brillante y Alfred estaba realmente
bien”, recuerda Raimi. “Luego me di cuenta que ya lo había
visto en otras cintas, pero es tan camaleónico que no me
había dado cuenta a un primer vistazo. Cuando le conocí,
esperaba que tuviera acento español y me quedé a cuadros
cuando descubrí que tenía un excelente acento británico...
fue raro”. Molina ya tuvo una mala experiencia con las
arañas en una de sus primeras intervenciones en Hollywood:
el ayudante traidor de Indiana Jones al principio de En
busca del arca perdida (Raiders of the Lost Ark,
1981). El actor comienza su entrenamiento con los brazos
mecánicos, a quienes acaba cogiendo cariño y bautiza con los
nombres de Harry, Larry, Flo y Mo. El equipo de Dykstra
diseña unas extremidades mecánicas de lo más impresionantes,
con reminiscencias de la trilogía Matrix.
El resto del reparto regresa sin problemas, aunque uno de
ellos parece que lo tiene difícil: el propio Tobey Maguire.
“Tengo un problema de espalda desde hace unos tres o
cuatro años”, confiesa el actor. “De vez en cuando me duele
mucho, mientras que otras veces ni lo noto. Al terminar el
rodaje de Seabiscuit me molestaba bastante y no era
por el rodaje en sí, no me lesioné durante Seabiscuit
como dijo algún que otro informe falso, simplemente acabé
dolorido. Trabajaba catorce horas al día y mi espalda
soportaba mucha presión: montaba a caballo, retorcía mi
espalda hacia delante, corría y, lo peor, apenas tenía
tiempo para dormir, con lo que no podía estirar la espalda o
hacer ejercicios de relajación necesarios para liberarla de
tensiones. Cuando vi las animaciones y los storyboards de
las escenas de acción, creí que era mi responsabilidad
informar al estudio y al seguro médico de mis problemas de
espalda por el bien de la producción, cosa que hice. Desde
luego, era algo que les repercutía con creces y yo no quería
que me pasara algo a mitad de rodaje y el seguro médico no
supiera nada de mis problemas, algo que podría acarrear
muchos problemas al estudio o incluso destruir mi carrera.
El estudio tenía en sus manos una inversión de millones de
dólares, con todo un equipo contratado y a falta de cinco
semanas para comenzar el rodaje de una película que ya tenía
fecha de estreno adjudicada. Oí rumores sobre otras opciones
que el estudio comenzó a barajar para sustituirme”.
“Estaba tan preocupado por la espalda de Tobey que no podía
hacer la película con él”, añade Raimi. “Una persona, su
agente creo que fue, me dijo que su espalda estaba tan mal
que si se dañaba podría quedar paralítico. En aquel momento
me dije: ‘No puedes hacer una película sobre responsabilidad
y luego coger a este chico y ser irresponsable con él
corriendo el riesgo de dejarle paralítico’. Tampoco podía
comprometer al estudio a algo así. Además, todo el filme
gira en torno a Peter Parker: tiene que saltar, chocar
contra paredes, subirse en cables, caerse, correr... reclama
un montón de esfuerzo físico que Tobey tendría que hacer. No
podía pedirle algo así y tampoco quería rodar con miedo,
temeroso de decirle ‘Haz esto’ por si acaso se rompía la
espalda. Así que entonces supe que tenía que hacer una
audición para el papel de Spider-Man. Por más que quiera a
Tobey, por más que luché para que él protagonizara la
primera parte, no podía trabajar con él”. Los compañeros de
Maguire se hacen eco de la noticia y tanto Kirsten Dunst
(Mary Jane) como James Franco (Harry Osborn) se apenan por
ello. Las pruebas de casting tienen lugar y el elegido es
Jake Gyllenhaal (Donnie Darko, El día de mañana),
curiosamente la pareja de Kirsten Dunst en la vida real. El
joven actor comienza el entrenamiento a toda prisa.
Pese a que Sony ha fijado la fecha de estreno, están
ocurriendo muchas complicaciones que retrasan todo. La fecha
inicial sufre su primer cambio y se anuncia para julio del
mismo año, con la esperanza de que no surjan más
contratiempos. “Creí de veras que Jake Gyllenhaal iba a ser
Spider-Man porque yo mismo se lo dije”, confiesa Raimi. En
ese momento llama a Maguire para hacérselo saber. Cuando el
actor contesta al otro lado de la línea, Raimi le dice:
“Tobey, por lo que he oído, no puedo contar contigo en la
película”. Maguire se queda sin habla. Acto seguido, el
realizador se pone en contacto con Gyllenhaal: “Jake, la
espalda de Tobey está tan mal que no puedo pedirle que
interprete el papel. Me duele en el alma porque creo que él
es Spider-Man pero si no puede tenerle a él, tú eres mi
hombre”. Es entonces cuando todo se complica más.
La
propia Sony se pone en contacto con el director y le dice lo
siguiente: “El agente que le dijo que Tobey podría quedarse
paralítico no es un médico. Queremos que sean doctores los
que le examinen de verdad”. Los médicos hacen su trabajo y
llegan a una conclusión: “Sí que tiene un problema de
espalda, pero si se le trata puede curarse. Es probable que
aún así sufra dolores debido al esfuerzo que representa este
rodaje, pero no creemos que exista la posibilidad de
quedarse paralítico”. Raimi se retracta en su decisión a la
vista del nuevo diagnóstico: “Me gusta que los actores
sientan dolor, así que si sólo iba a ser eso, sin
posibilidad de quedarse paralítico, entonces quería a Tobey
y dejé que él decidiera”. Maguire quiere el papel, así que
se informa de qué tiene que hacer exactamente para ver si
será capaz. “Después de comentarlo con el estudio, expliqué
mi problema a los entrenadores”, recuerda el actor. “Quería
asegurarme si era capaz o no de hacer todas las piruetas que
el guión y los storyboards especificaban que tendría que
hacer, así que practiqué un poco con los entrenadores y vi
que sí que podía porque al poco de haberlo comentado con
todo el mundo, mi espalda dejó de dolerme tanto. Seguí las
indicaciones que me aconsejaban para que no sufriera en mis
acrobacias y al final mi espalda estuvo mejor de lo que
había estado en los últimos tres años. Además, aunque las
acrobacias fueran más duras, el equipo de seguridad y los
cables eran mejores que en la primera parte, así que estaba
bien protegido de todas formas. Uno puede pensar que si el
personaje va enmascarado, ¿por qué no hace las escenas
difíciles un especialista? El problema es que en esta
película voy mucho más tiempo desenmascarado, además de que
hay escenas que quiero hacer porque se trata de dar vida al
personaje y quiero que el público sienta que el que se mueve
bajo ese traje soy yo. Así que al final fue mucho ruido y
pocas nueces pero en su momento creí que era necesario que
todo el mundo supiera lo que me pasaba. Rodé la película sin
problemas de ningún tipo, la espalda no me dolió ni una sola
vez y, por lo que a mí respecta, fue un rodaje más sencillo
que el de Seabiscuit o Spider-Man, imagino que
porque ya tenía la experiencia de la otra vez. Cuando vi que
me había recuperado del todo, comenzaron a surgir muchas
teorías sobre lo que pasaba y pensé: ‘Oh, voy a tener que
responder preguntas sobre esto el resto de mi vida’”. El
rodaje, como era de prever, exige mucho a Tobey, con
multitud de golpes precisamente dirigidos a su espalda.
“Recibió algunos de los golpes, pero no todos”, concreta el
director. “Para los más fuertes tenía un protector especial
que cubría toda su espalda debajo del traje. Y las paredes
las retocamos para que el golpe no fuera tan fuerte cuando
impactara. Entre otras cosas, al final su espalda aguantó
más de lo previsto. Creo que está mejor de lo que él mismo
se pensaba”.
A
pesar de todo esto, algunos informes contradicen lo del
dolor de espalda y argumentan que Maguire sólo quería
conseguir más dinero en unas negociaciones algo duras. Su
sueldo aumentó de cuatro millones de dólares a diecisiete y
su representante fue despedido. No se sabe cuánto habrá de
cierto en todo esto, aunque Maguire deja clara su postura:
“Los rumores en torno a las negociaciones son falsos. Sí que
renegociamos algunos aspectos del contrato, pero todo eso
fue antes de mis problemas de espalda. Ya lo habíamos dejado
todo claro para entonces. Igual quedaba alguna pequeña
cláusula, pero los puntos importantes estaban cubiertos. Las
negociaciones fueron tan bien como cualquier otra
negociación. Yo pedí ‘esto’ y ellos me daban ‘aquello’. Al
final llegamos a un acuerdo. Negociaciones comunes y
corrientes”. Por suerte, el equipo del filme tiene
suficiente sentido del humor como para reírse de todo esto
en la propia película, como atestigua Raimi: “Hay un momento
en el filme en el que Tobey cree que ya tiene de vuelta sus
poderes. Comienza a saltar por los aires gritando ‘¡Estoy de
vuelta, estoy de vuelta!’ (‘I’m Back, I’m Back!’) y entonces
se cae contra el suelo y grita ‘Ay, mi espalda, ay mi
espalda’ (‘My Back, My Back!’). Ese chiste lo escribió mi
hermano y al leerlo pensamos: ‘A lo mejor no deberíamos
ponerlo por los problemas que tuvo Tobey con su espalda’.
Pero dijimos: ‘Qué caray, será divertido para los que sepan
lo que pasó y también lo será para los que no lo sepan, es
un buen chiste’”.
Todos los
compañeros de reparto se alegran de que no haya ningún
cambio en el papel protagonista. “Ésa fue una época bastante
complicada y me alegro muchísimo de que Tobey haya podido
hacer la película porque él es Spider-Man”, confiesa Dunst.
“Jake lo habría hecho bien, es uno de los mejores actores
jóvenes que hay ahora mismo, estoy segura que habría hecho
un trabajo asombroso, pero Tobey es Spider-Man. Habría sido
muy raro trabajar con mi novio, aunque me gustaría hacerlo.
Aún así estoy contenta que no haya sido ahora porque
preferiría hacer una cinta más intimista, donde pudiera
rodar muchas escenas con él”. James Franco es otro de los
que se unen a la fiesta: “Estaba preocupado por la salud de
Tobey y esperaba que se pusiera bien. Creo acertado decir
que para todos nosotros fue genial que pudiera unirse al
equipo. No creo que la película hubiera sido tan buena si
hubiera habido un sustituto”. Franco se lo toma más en serio
todavía porque en esta entrega todas sus escenas implican a
Tobey Maguire y el actor ya se había acostumbrado a él: “En
todas las escenas que he hecho con Tobey, tanto en esta
entrega como en la anterior, siempre hemos hablado mucho
sobre cómo rodarla, con Sam y otros actores incluidos. Así
que todo ha estado siempre muy bien hablado. Creo que Tobey
es alguien que planea mucho su actuación, no está calculada
al milímetro, pero sí muy bien pensada y organizada en su
cabeza. Y es que de eso se trata: que parezca
espontáneo cuando en realidad no lo es. Conozco a mucha
gente que mira películas pero no he visto a nadie que mire y
observe a la gente como lo hace él”.
Después
de esto, el estudio encuentra un pequeño inconveniente en el
título escogido, aunque por lo menos esto es algo de fácil
solución. “Tuvimos
en consideración Amazing Spider-Man, Spider-Man:
No More y Spider-Man Unmasked”, explica Avi Arad.
“Luego pensamos que en realidad, lo que definía
auténticamente a la película era que la historia continuaba,
así que añadimos el número dos y ya está: Spider-Man 2.
La verdad es que nos llevó mucho tiempo y muchas reuniones
dar con el título adecuado, pero al final es lo lógico, no
deja de ser el siguiente número de la colección. En cuanto a
Amazing... no me convencía porque no sabes si va a
ser asombrosa. Podía ver los titulares: ‘¡Hey, no es tan
asombrosa!’. Mejor que seáis vosotros los que nos digáis
cuán asombrosa es en vez de nosotros mismos”.
Resueltos los problemas de Maguire, otro frente se abre en
el horizonte. Los guionistas que han escrito las últimas
versiones del guión creen que no se les hace justicia en los
créditos que saldrán en la película. Dos de estos guionistas
son Alfred Gough y Miles Millar, creadores de la serie de
televisión Smallville. “Había tres versiones
distintas del guión: la de David Koepp, la de Michael Chabon
y la nuestra”, asegura Millar. “Si las lees todas, salta a
la vista que la que han usado es la nuestra”. Ambos insertan
dos elementos que resultarían importantes en la versión
final, aunque la historia en sí no deja de ser la expuesta
por Raimi en un principio. “Lo que nos encantó de la primera
parte fue la historia de amor presente en el centro de todo.
Los villanos son secundarios. No son relevantes hasta que ha
pasado la primera mitad de la cinta, o incluso hasta el
final. Hace unos tres años no se nos habría ocurrido que
podríamos escribir Spider-Man 2, pero Smallville
nos ha abierto las puertas. La relación Clark Kent/Lana Lang
es muy parecida a la de Peter Parker/Mary Jane, así que
entendemos por qué nos llamaron. Nos tomamos Spider-Man
como un episodio piloto y pensamos: ¿Bueno, hacia dónde
debería seguir la serie?, ¿Cómo desarrollas esta historia de
amor? Aquí es donde se nos ocurrió lo de John Jameson, un
personaje de los cómics que es lo opuesto a Peter: es sexy,
heroico y encantador. Además, nos divertía la idea de que
Mary Jane saliera con el hijo de J. J. Jameson. Parecía una
buena unión de personajes y resultaba curioso ver por dónde
iba Mary Jane, que podía estar con John, un héroe conocido
por todo el mundo, rico y famoso; o con Peter, un reportero
fracasado que es un héroe desconocido. Lo único importante
era dar a los personajes algo de humanidad y profundidad, la
acción era lo de menos. Aún así, el auténtico autor de
Spider-Man es Sam Raimi, sin duda alguna. Hubo un montón
de escenas y storyboards detallados antes de que nos
uniéramos al equipo. Puedes sugerirle ideas y él las puede
aceptar o no, pero el tercer acto de Spider-Man 2 es
todo obra suya. Cuando vimos que el triángulo amoroso Peter
Parker/Mary Jane/John Jameson estaba en el filme, sabíamos
que salDríamos en los créditos porque eso era nuestro”,
declara Millar. “También le dimos una esposa a Dock Ock.
Otra idea que tuvimos, ayudados por un asesor científico,
era que los brazos de Dock Ock se controlaran con un chip
que a su vez impedía que los brazos tomaran el control de la
mente de aquel que los llevara. Cuando los brazos son
adheridos a Dock Ock, el chip se destruye y entonces
Octavius acaba poseído, no es consciente de lo que hace.
Esto daba pie para el final, donde Octavius descubriría la
verdad y vería el monstruo en el que se ha convertido. Así
que aportamos todas esas cosas para, al final, descubrir que
no salimos en los créditos. Michael Chabon, con quien no
habíamos hablado nunca, nos llamó para decirnos que también
se sentía traicionado porque él tampoco iba a salir”.
En
realidad, los tres sí que salen en los créditos (no así
David Koepp), aunque Alvin Sargent, el último guionista que
se sumó al equipo es el que figura como principal autor. De
todas formas, vistas las dos únicas adiciones a la historia,
que salgan aparte en los créditos ya es mucho. Raimi añade
al respecto: “Mucha gente trabajó en el guión. En sí,
Spider-Man es propiedad de todos los guionistas que han
pasado por sus series en las últimas cuatro décadas y
también de todos los lectores que se han formado su imagen
del personaje en sus cabezas. Así que tampoco creo que sea
tarea de un solo guionista hacer el trabajo. Spider-Man
pertenece a todo el mundo. Como el material original
proviene de tanta gente, quería que muchas personas se
hicieran cargo de aportar sus ideas para la película y así
conseguir la mejor película posible. No todos los que
colaboraron salen en los créditos finales. David Koepp
escribió un borrador muy bueno y hasta mi hermano contribuyó
con algo, pero al final todos no pueden salir”.
Aun con todo el baile de guionistas y pese a algunas
reiteraciones en torno a la relación Peter / Mary Jane, el
libreto final mantiene un alto nivel y los actores no pueden
esconder su emoción por el mismo. “Estaba tan contento con
el guión”, recuerda Franco, “que llamé al último que lo
repasó, Alvin Sargent, y le di las gracias porque creía que
era un guión muy completo que me brindaba la posibilidad de
hacer muchas cosas. No quise cambiar prácticamente nada. Lo
único de lo que hablé con Sam fue sobre ampliar el enfoque
que tenía el personaje, enfocándolo más desde la perspectiva
del amor hacia su padre y la necesidad que tenía por recibir
su aprobación. Al atarlo más a su padre, hacía que
aumentaran las ganas de Harry por hacer que la empresa fuera
un éxito”. Kirsten Dunst también recibe el guión con agrado,
aunque no lo ve carente de pegas: “Estoy cansada de
interpretar papeles de novia estúpida. Es algo que no voy a
volver a hacer. Siempre he dicho que me gustaría morir en
Spider-Man 3. Sería divertido tener una muerte muy
cinematográfica, algo así como que Spider-Man me aplastara
contra una pared”.
Ni siquiera una vez empiezan a funcionar las cámaras, el
público en general llega a tener los detalles sobre la
historia que contará la película, salvo que el villano será
el Doctor Octopus. Para lograr mantener el secreto, el
estudio confecciona los guiones siguiendo la rutina
establecida hoy día en Hollywood y que también puede verse
en series de televisión como 24. “Todos los guiones
son realmente difíciles de copiar y están personalizados”,
declara Maguire. “Y por personalizados me refiero a que tu
nombre está en mayúsculas en el fondo del papel, atravesando
toda la página, así en caso que se filtre, se sabrá quién lo
hizo”. Todo esto forma parte del plan de Raimi: “Quiero que
el público conozca la historia mientras la ve en el cine. No
quiero que la gente la vaya conociendo a través de
fragmentos emitidos en televisión o en Internet. El derecho
de todo el mundo es contar la historia como quieran contarla
pero en este caso yo quiero ser el primero en contarla”.
El propio trailer, que no vio la luz hasta pocos meses antes
del estreno, al contrario que con la primera parte donde
Sony distribuyó un primer avance un año antes, deja con
ganas de saber más, aunque algunas personas digan que revela
mucho. “No creo que el trailer destripe demasiado”, declara
Maguire. “Creo que incrementa el interés por la película con
un par de escenas. Cuando ves a Peter en el callejón
diciendo ‘Spider-Man nunca más’ es un momento muy importante
de la historia pero fuera de contexto. No sabes realmente
qué está pasando o por qué. Por ello es un buen adelanto
porque te incita a saber más y la única manera de saberlo es
viendo la película. La otra escena es cuando Harry dice:
‘Veamos quién hay bajo la máscara’. Ése es otro gran
‘momento suspiro’ pero nadie sabe nada sobre la escena: si
el del traje soy yo de verdad, si me desenmascara del todo,
qué ocurre después y qué ha pasado antes... Me he encontrado
a gente por la calle que me ha preguntado: ‘¿El del sofá
eras tú? ¿Te descubre de verdad?’. Por eso creo que es otro
gran adelanto y estoy seguro que los encargados del trailer
querían que el público se hiciera exactamente las mismas
preguntas que me hicieron por la calle”.
La
producción llega a su momento crítico cuando toca rodar un
enfrentamiento sobre un tren elevado entre Spider-Man y el
Doctor Octopus, una escena que implicaba viajar a otra
ciudad. “En Nueva York sólo hay un tren que pasa por encima
de la superficie, pero está en Queens y no hay edificios a
su alrededor”, explica Arad. “Por eso escogimos Chicago y
pasamos allí diez días muy fríos”. Maguire añade: “La
escena más dura de todo el rodaje fue la del tren. No tengo
ni idea de cómo han juntado lo que rodamos. Sé que
comenzaron en Chicago, filmando planos del tren meses antes
de que comenzáramos a rodar, cuando todavía ni siquiera
teníamos un guión definitivo, pero el equipo fue para allí y
filmó el material que necesitaban. Más tarde fuimos nosotros
y rodamos. No sé cuánto tiempo nos llevó, pero me pareció
eterno”.
El rodaje de este
tipo de escenas suelen ser muy pesado tanto para actores
como para el equipo de producción. Aún así, siempre hay
intérpretes que, cuando contemplan la posibilidad de hacer
trabajo con cables, se mueren de ganas por probarlo...
intérpretes como Rosemary Harris (Tía May). En una de las
primeras escenas de la que tuvo noticia todo el mundo
gracias a su rodaje en exteriores de Nueva York, Spider-Man
se balancea por la ciudad con Tía May en brazos. Harris no
quiso ni oír hablar de dobles y se prestó ella misma a
rodarlo todo. “En un principio el estudio se
mostró reacio a dejarme”, recuerda la actriz, “pero tras
muchas súplicas me dejaron probar. Adoro cada minuto de
aquellas tomas. Fue maravilloso, una de las mejores
sensaciones que he podido tener”. El director recuerda con
cariño aquel día de rodaje:
“Nunca he
visto una actriz tan ansiosa por hacer este tipo de escenas
como lo estaba ella. Se puso los cables sin dudarlo e hizo
todo lo que tenía que hacer, desde los brazos del Doctor
Octopus hasta el rescate de Spider-Man. Lo primero que dijo
al terminar fue: ‘¿Puedo hacerlo otra vez? ¡Quiero hacerlo
otra vez!’. No tenía nada de miedo, ¡me encantó!”. Avi Arad
no tarda en declarar: “Esto demuestra que nuestra película
tiene más emoción que ninguna otra de este verano. ¿Quién
iba a coger a una viuda de ochenta años como Tía May y
usarla como nosotros lo hemos hecho?”
Otra actriz que
vive en sus carnes el trabajo con cables pero que no lo
disfruta tanto como Harris es Kirsten Dunst. “Rodar
con cables es muy duro porque se te hace eterno”, se queja
la joven. “Lo más difícil es mantener arriba la energía
cuando estás cansada de no hacer nada en todo el día, sólo
colgada de cables y rodando pocos segundos en varias horas.
Lo bueno es que Sam sabe que lo más importante de todo son
las escenas entre actores. Por muy buenos que sean los
momentos de acción, son las escenas entre personajes las que
hacen que la película funcione. Ésas son las que me resultan
más fáciles y las que más me gusta hacer. Lo que no me gusta
es estar quieta mirando un trozo de cinta que explota, me
tiran hacia atrás, grito, cortan, luego vuelven a rodar un
primer plano porque he de girar la cabeza hacia un lado.
Todos esos pequeños detalles se retocan en varias tomas y
como no me gusta siempre intento que me salga bien a la
primera para no repetirlo y me quito los cables en cuanto
puedo porque no me divierten. En la primera parte se
aprovecharon de mí porque era tan joven y entusiasta que
decía que sí a todo. Ahora siempre digo que si puede hacerlo
la especialista, que lo haga ella, como cuando el pelo me
cubre la cara o algo así. Después de todo, en algunas
escenas Tobey no es el tipo bajo el traje, así que ¿por qué
debo hacerlo yo si él no lo hace? En Spider-Man lo
hice prácticamente todo, cuando hay algunas cosas que no
tenía por qué hacerlas. Además, rodaron muchas escenas de
este tipo que luego no utilizaron, así que en esta ocasión
procuré que nadie se aprovechara de mí”. A todo esto, Raimi
sentencia con lo siguiente: “No existe nada más allá de la
película. Te pide todo lo que tienes y más. Es como un bebé
que requiere toda tu atención durante toda su vida. Se
convierte en el sol y tú en la Tierra que da vueltas
alrededor de su órbita. Exige, controla, consume y dirige
cómo vivir tu vida”.
Spider-Man
2 se rueda
entre el 12 de abril de 2003 y octubre del mismo año. Cuando
falta poco para terminar, el estudio le comunica a Raimi que
habrá una tercera parte y todo el equipo firma al instante
para hacerla. Aun sin saber que tendría la posibilidad de
hacer otra secuela, el director se preocupa por dejar
algunos cabos sueltos que podría retomar en caso de dirigir
la tercera parte, una práctica que ya realizó antaño, como
declara a continuación: “Mientras hacía la
primera, me preocupé por dejar cabos sueltos que pudieran
continuarse en una supuesta secuela, más que por hacer una
segunda parte, lo hice por darle más tono a cómic, como si
fueras pasando las páginas y el cómic se terminara con
algunas subtramas abiertas. Quería que la gente tuviera esa
sensación: se han terminado un número y ya están deseando
leer el siguiente. Aún así, en la primera me propuse contar
una historia completa: la del origen de Peter Parker, con su
principio, nudo y desenlace, donde Peter acepta sus
responsabilidades. En la segunda, aparte de retomar las
subtramas abiertas en la anterior, se explica qué ocurre con
esa decisión que tomó, llegando de nuevo a una conclusión al
final. Un final que, de nuevo, deja algunas cosas abiertas
para la tercera. Al saber que íbamos a hacer otra, quise que
el público saliera de Spider-Man 2 deseando ver la
siguiente, igual que pasó con la primera”.
Maguire también deja caer su opinión sobre la nueva secuela:
“Me gustaría volver a hacer una tercera parte si el equipo
es el mismo y hay un buen guión como lo ha habido esta vez.
Me gustaría que usaran al Hombre de Arena como villano
porque me gusta mucho, es uno de los personajes que más
disfruto cuando lo leo. También hay otros que me gustan,
pero no sé cómo quedarían en la pantalla... aún así, creo
que el Hombre de Arena podría traducirse bien de un medio a
otro. Pero bueno, no tengo ni idea de qué villano tienen en
mente Avi Arad y Sam, que son quienes tienen la última
palabra. Cuando me preguntan mi opinión, siempre les digo
que el Hombre de Arena es mi villano favorito junto a
Octopus. Creo que el Lagarto quedaría un poco raro
cinematográficamente. Kraven es chulo pero, ¿qué se supone
que haría en una película?, ¿cuál sería su propósito?, ¿un
tipo enorme, cazador de fieras y malo? Si alguien escogiera
a ése, no sé si saldría bien parado a la hora de traducirlo,
aunque siempre se les puede cambiar algo y adaptarlos a la
película”.
Ante el anuncio de Spider-Man 3 aun cuando la segunda
sigue rodándose, algunos actores deciden dejar clara su
postura de cara al futuro. “No haré otra entrega más allá de
la tercera”, sentencia Dunst. “Tengo un contrato para hacer
tres y no me veo firmando para hacer una cuarta. Creo que
tres es un buen número. En esta entrega, Mary Jane tiene un
papel más importante y se basa mucho en la historia de amor
entre ambos, pero ¿cuánto puedes hacer que dure esto? Por
eso creo que es mejor irse mientras es un éxito y está bien
hecho. La primera fue genial. La segunda es genial. Podemos
hacer una tercera que también sea genial. Sam Raimi tendría
un ataque al corazón si tuviera que hacer otra más y yo no
querría hacerla sin él. Estoy segura que Sam también quiere
dejarlo. Lleva muchos años centrado en Spider-Man y hay un
momento en el que necesita refrescarse con otras ideas”. Y
dicho lo cual, puntualiza: “El único motivo por el que
estaría dispuesta a salir en una cuarta parte, sería si Sam
Raimi y Tobey Maguire también lo estuvieran y si hubiera un
guión impresionante por medio”. Traduciendo al lenguaje que
entienden los directivos: dependerá de los compañeros de
viaje y del dinero que pongan sobre la mesa. Maguire se
muestra más comedido en sus afirmaciones: “No me atrevo a
hacer una declaración tan tajante como la de Kirsten, aunque
sí que puedo decir que no me veo haciendo una cuarta
entrega. Creo que ya he tenido suficiente, pero nunca se
sabe. Si me enviaran un guión mejor que cualquiera de las
entregas anteriores y me ofrecieran una parte de Sony
Corporation (risas). La verdad es que no me preocupa que la
gente me encasille como Spider-Man, así que nunca digas
nunca jamás”.
Con los actores tomando diferentes posturas ante posibles
secuelas, Avi Arad sale a la palestra y declara lo siguiente
sin tartamudear: “Queremos hacer nueve. Estamos tratando con
algo que empezó en 1962. Creo que esta película es mejor que
la primera y me pasa con todas las adaptaciones que hacemos.
Creo que poco a poco nos hacemos más con la historia. Esto
no significa que ya hayamos planeado Spider-Man 6, 7
y 8, pero vamos hacia delante sin parar. En el momento en
que nos sentemos y no sepamos qué decir o hacer, cuando no
tengamos una historia que contar, entonces pararemos. No
deberíamos pensar tan lejos en el tiempo, pero hay mucho
material original en el que basarnos para no parar de hacer
películas. Espero
que Sam tenga energía suficiente para continuar. Si no es
así, tendremos que darle muchas vueltas al tema porque esta
franquicia tiene una voz propia muy clara ahora mismo. El
público crece y ve crecer a todos estos personajes con él.
Dejándolo claro: duermo mejor sabiendo que Sam está listo
para hacer la siguiente. Ya veremos si puedo retorcerle el
brazo y convencerle para que se quede. Todo dependerá del
guión, si la historia es genial y él todavía tiene
suficiente amor por el personaje y por su equipo como para
volver. No creo que ahora mismo firmara para hacer todas las
entregas hasta Spider-Man 6, pero creo que Sam quiere
mucho a este personaje y a esta película incluso más de lo
que quería a la primera parte”. El director se muestra claro
en su decisión: “Mientras siga interesado
por el personaje y tenga historias que contar, seguiré
porque sabré que haré una película digna al menos. En
cuanto no sienta nada de eso, lo dejaré porque entonces
seguro que no saldrá bien y a la gente no le gustará. Si
hiciera otra sin ganas, sería un terrible fracaso. Cuando
termine la tercera, si sigo con ganas, haré la cuarta.
Aunque también puede pasar que yo tenga ganas y el público
no quiera que yo siga. De ser así, no la haría”.
Octubre
de 2003 llega al fin y el rodaje termina. Raimi se encarga
de la postproducción, con Danny Elfman componiendo de nuevo
una excelente banda sonora. El realizador lo tiene todo
listo antes de lo previsto, y Sony busca un taquillaza, lo
que provoca que la fecha de estreno se adelante dos días al
30 de junio de 2004. Desde el miércoles de su estreno hasta
el siguiente domingo, Spider-Man 2 recauda más de 150
millones de dólares, logrando superar lo recaudado por la
primera en seis días (123 millones). Justo la semana
siguiente, el 5 de julio, Raimi confirma que se encuentra en
un hotel de Tokio preparando el estreno en Japón y que ya
está escribiendo el primer borrador de la tercera parte
junto a su hermano. La taquilla sigue recaudando dinero sin
parar en todo el mundo, consiguiendo más de 400 millones en
tres semanas, superando con creces los 200 millones de
presupuesto pero sin conseguir vencer al que termina siendo
el filme del verano en cuanto a recaudación se refiere, la
incomprensiblemente rompedora Shrek 2, un fenómeno
fuera de toda lógica que incluso se alza en Estados Unidos
al tercer puesto de las películas más taquilleras de todos
los tiempos, sólo por debajo de Titanic y Star Wars,
mientras que Spider-Man 2 ha de conformarse con el
noveno puesto.
“Soy de los que presta atención a la taquilla”, confiesa
James Franco. “Es gratificante comprobar que a la gente le
gusta la película, por supuesto, pero me preocupa ver si
hace mucho o no. Sean Penn me dijo una vez: ‘Si buscas las
cifras y no las encuentras, date la vuelta y sigue
adelante’. No hay nada que uno pueda hacer. Lo haces lo
mejor que puedes cuando ruedas y ya está. Luego a ver cómo
lo recibe el público. Quiero entretener a la gente, así que
sienta muy bien cuando compruebas que es un gran éxito de
taquilla. Y cuando no lo es, pues a seguir adelante”. En
Marvel parece que las segundas partes siempre fueron buenas
porque las críticas se alzan a favor del filme, situándolo
por encima de su antecesora. Esto no deja de parecer una
amistosa rivalidad entre el Spider-Man de Sam Raimi y los X-Men
de Bryan Singer por ver quién hace mejores secuelas. “Veo a
Bryan como un compañero de equipo más que como un rival”,
declara Raimi. “La verdad es que me cae muy bien, es
inteligente, amable, divertido y tiene carisma. Nunca he
visto mis películas de Spider-Man como competencia de las
suyas de X-Men. Estoy enamorado de su trabajo y creo de
veras que lo mejor que tiene Bryan es su inteligencia. A
pesar de lo buena que fue X-Men, probablemente la mejor
adaptación de cómic del momento, hizo una secuela que era el
doble de buena. Hacer eso es algo imposible. Consiguió
profundizar mucho más con todos los personajes, era muy
emotiva, tenía una progresión lógica con lo que había hecho
previamente y visualmente era deliciosa. Hizo un trabajo
soberbio y creo que los fans ya están esperando con ganas la
tercera. Lo sé porque yo mismo ya tengo ganas de verla”.
Después del trabajo sin descanso de dos años, llega el
momento de comprobar si Spider-Man 2 es tanto como
asegura todo el mundo. Y vaya si lo es.
David
Hernando
Análisis crítico: El agridulce
despertar de la post-adolescencia
Partiendo
de esa historia con principio y final, de esa fábula
perfecta que es el primer Spider-Man, y apoyándose en
el hecho de que Peter Parker sea un personaje que ha seguido
adelante en su mundo de papel después de su época dorada,
Raimi construye una segunda parte donde ya no apuesta por la
contención narrativa, por el punto y final, sino por el
punto y coma, y eso es lo que la diferencia, y al mismo
tiempo la hace grandiosa, respecto de la primera parte.
Porque Spider-Man 2, la película, arranca deshaciendo
la madeja antes tejida, diciéndonos que la aventura no ha
terminado, que la vida de Peter sigue adelante allá donde la
dejamos, y queda todavía mucho por contar. Porque Spider-Man
2, la adaptación del cómic, viene a ser el siguiente
número de la serie, o mejor aún, la siguiente etapa. No
estamos, efectivamente, en los tiempos del algodón de
azúcar, del romance (aunque la cinta tenga mucho de eso,
como luego veremos).
No estamos, conviene empezar por ahí para que los lectores
del cómic sepan de lo que hablamos, en la época Romita.
Norman Osborn ha muerto y Peter, que por fin se ha enterado
de qué va esto de vivir, ha endurecido su carácter, hasta
convertirse en poco menos que un cínico. Estamos, y ese es
el espíritu que recoge el filme, en la época del desencanto,
en los setenta, sólo que, como hacía el primer largometraje
a la hora de saltar en un suspiro de los tiempos de Lee y
Ditko hasta el Amazing 122, Raimi se permite el lujo
de enlazar con el Amazing 300 o, lo que es lo mismo,
con la madurez definitiva de Spider-Man: la estabilización
de su romance con Mary Jane. Además, y una vez precisado que
éste es el siguiente capítulo, el director deja abierta la
puerta a la tercera parte, que huele desde ya a final de
etapa. No sólo porque el tercer Spider-Man será el
último que cuenten con Tobey Maguire y Kirsten Dunst en el
reparto, sino porque así lo deja entrever una saga de la que
sólo restaría un capítulo por contar.
Esa
sensación de “episodio dos” que tiene el filme queda
apuntada incluso desde los títulos de crédito, que emulan a
los de la primera parte en cuanto al diseño básico y la
música, no así en lo que se refiere al color: el título de
la película aparece sobre fondo rojo, en lugar de azul, para
a continuación combinarse ambas tonalidades, acompañando a
las imágenes de Alex Ross que sirven como resumen de lo
ocurrido hasta ahora, como si estuviéramos al comienzo de
una teleserie, en el momento en el que nos explican qué
sucedió la semana pasada. Raimi podría haberse limitado a
colocar imágenes de la primera cinta, pero en su lugar elige
a un respetado artista de historietas para que lleve a cabo
un trabajo quizás demasiado fotográfico y cuya irregularidad
queda acallada por la extraordinaria pintura final, la de
Peter saliendo del cementerio.
Cuando empieza Spider-Man 2, han pasado dos años
desde la primera entrega. Se supone que en ese lapso de
tiempo encaja la teleserie de la MTV escrita por Brian
Michael Bendis, pero es una información que el espectador
ocasional no llega a conocer, y que al mismo Raimi parece
importarle más bien poco. En la teleserie, condenada al
freno y puesta en suspenso de acontecimientos para no verse
así excluida de la continuidad a la que pretende sumarse,
sólo hemos visto una escena que sea de verdad relevante de
cara a la película, y es aquélla en la que Harry Osborn se
hace con el control de la empresa de su padre. Llama la
atención que nadie que no haya visto la serie animada se
extrañe de que Harry aparezca en Spider-Man 2 al
frente de Oscorp, después de que su padre fuera apartado del
consejo directivo en la primera película. Sin duda el asunto
es meramente anecdótico, pero demuestra la irrelevancia que
para Raimi tiene la, por otra parte excelente, serie de MTV.
Los primeros quince minutos de la película devienen,
sencillamente, perfectos a la hora de describir cómo ha
cambiado la vida de Peter desde la última vez que le vimos:
como ha cambiado para peor. Comienzan aquí una serie de
paralelismos, tanto con el cómic como con la primera cinta,
que continuarán hasta el último fotograma. La manera en la
que Raimi abre la película, con una impresionante escena en
la que Spidey se balancea por Nueva York, detiene un atraco,
salva a unos niños, entrega unas pizzas… supone una
declaración de intenciones acerca de que estamos ante un
filme de acción y entretenimiento al más puro estilo
veraniego, pero también y, sobre todo, ante una buena
película, plagada de momentos memorables ya sólo en esos
primeros minutos. Son los pequeños detalles que hacen grande
una producción: El tipo que piensa que Spidey le ha robado a
Peter las pizzas, el que intenta comerse de manera furtiva
una porción, la hilarante salida del armario de la limpieza…
Todo ello en una jugada maestra en cuanto a lucimiento
visual se refiere: si hasta el final del primer Spider-Man
no contemplábamos al lanzarredes en toda su maravilla, ahora
lo hacemos desde el comienzo del filme, prueba no sólo de
que, una vez completo el origen del personaje, estamos
siendo testigos de su evolución, pero también de que el
presupuesto del largometraje se ha multiplicado
exponencialmente, hasta duplicar el del primero.
También
desde el principio, Raimi enseña al espectador qué es lo que
hace Spider-Man. Y básicamente, Spider-Man lleva a cabo
multitud de actos ciertamente heroicos: es un verdadero
héroe del pueblo, como finalmente reconocerán todos a los
que salva en el tren. Más allá de las grandes hazañas, en el
día a día el trepamuros rescata personas atrapadas en
incendios, captura criminales, e incluso adoctrina a los
niños acerca de que hay que mirar a ambos lados antes de
cruzar la calle. Lo contradictorio es que, en otras
películas teóricamente protagonizadas por superhéroes esto
no ocurra, y los protagonistas se dediquen todo el tiempo a
salvarse a sí mismos (X-Men 2), a redimirse (Daredevil),
a masacrar a sus enemigos (Blade) o a controlar a su
bestia interior (Hulk). Sólo en Spider-Man el héroe
demuestra, de principio a fin, que se merece tal
calificación. Solo Spider-Man es una película al 100 por
cien de superhéroes.
En cuanto a los paralelismos a los que antes nos referíamos,
éstos funcionan por triplicado: respecto a la anterior
película, respecto al estilo del director y respecto a los
tebeos. En el primer caso, Raimi acentúa de esta forma la
condición episódica que toma la franquicia a partir de esta
secuela, partiendo de una estructura ya definida (el primer
filme), e integrando en ella la nueva historia. En lugar de
resultar repetitivo y carente de imaginación, como ocurre
con tantas secuelas que se limitan a fotocopiarse sobre sí
mismas, tal elemento narrativo acentúa paradójicamente la
sensación de que las cosas han cambiado, de que el Peter
Parker que conocimos es dos años más viejo, aunque siga
cometiendo los viejos errores de siempre.
Si Spider-Man comienza con Peter llegando tarde al
autobús del colegio y siendo víctima de Flash Thompson, aquí
lo hace con Peter llegando tarde a su trabajo y sufriendo
las iras de su jefe; si a continuación tenía lugar la
picadura de la araña que le transformaría en Spider-Man,
aquí la transformación es literal; si inmediatamente después
volvía a casa con sus tíos, aquí también vuelve a casa, pero
sólo está tía May, porque hace ya hace dos años que tío Ben
fue asesinado; si luego sacaba la basura como excusa para
encontrarse con Mary Jane, aquí la saca sin más, para ser
Mary Jane quien le está esperando a él; si Norman Osborn
aparecía como la figura paternal que acabaría convirtiéndose
mediante un experimento en el villano con doble personalidad
de la historia, aquí Otto Octavius actúa como mentor
científico y personal de Peter, hasta que el experimento con
el tritio le vuelve loco y le lanza a una carrera criminal
como Doctor Octopus, su lado oscuro e incontrolado; si el
tío Ben le ofrecía la enseñanza moral que le llevaba a tomar
la decisión de actuar como Spider-Man, aquí en ausencia del
primero tía May le convence de que vuelva a la acción … y
así hasta el infinito. En ambas películas Peter y Mary Jane
dan
vueltas
sobre sí mismos, presos de las dudas, hasta desencontrarse
en la primera, o reencontrarse en la segunda; en ambas
películas hay una celebración en la que Peter descubre que
ella está con otro; en ambas películas hay una gran pelea
entre el héroe y el villano que implica un buen número de
potenciales víctimas civiles encerradas en un medio de
transporte público, con la consiguiente proeza, tanto
heroica como física, que lleva a cabo el protagoniza para
salvarlas a todas; en ambas películas Mary Jane es
secuestrada por el villano y rescatada por Spidey; en ambas
películas el villano muere finalmente ante un Peter
desenmascarado; en ambas películas; Mary Jane descubre que
Peter es Spider-Man; en ambas películas, el protagonista se
despide del espectador haciéndole partícipe de un viaje por
los cielos de Nueva York… ¡Incluso en ambas películas Stan
Lee aparta a alguien de unos escombros que caen!
Raimi insiste de esta forma en el academicismo demostrado
con el primer Spider-Man, no con el fin de evitar que
alguien ponga en duda su capacidad, ya demostrada, para
mover un presupuesto millonario, sino para así permitirse
excesos en sustratos menos evidentes del filme, colando un
gol a los productores y dejando más que satisfechos a los
admiradores de, por ejemplo, sus Evil Dead o de la
nunca suficientemente bien considerada Darkman,
primera película de superhéroes que firmara el realizador.
Éste se reserva al personaje de Octavius/Octopus para sí
mismo, haciéndole partícipe de todas las escenas en la que
su particularísimo estilo narrativo sale a relucir: el
sublime, a la par que elegante, plano de la muerte de la
esposa de Otto; la escena en el hospital con Octopus
masacrando a los médicos sin darse siquiera cuenta, en unos
movimientos de cámara vertiginosos, máquina en mano y
siguiendo el ritmo del objeto asesino, como en los mejores
momentos del gore raimista y con la inclusión
memorable de una sierra mecánica (un plano calcado del
primer Evil Dead); la dialéctica que se establece
entre el villano y sus brazos mecánicos, tan parecida a la
que lleva a cabo el Ash de Evil Dead con su propia
mano amputada y con los fantasmas de la casa maldita; el
laboratorio reluciente donde lleva Octavius sus
investigaciones al comienzo del filme en contraste con el
almacén del horror en el que luego se ocultará, en una clara
rememoración de las dos fases (brillante y ordenada,
primero, sucia y caótica después) por las que pasaba el
laboratorio de Darkman… Raimi demuestra en todo
momento una mayor simpatía hacia el Doctor Octopus de la que
tuviera con el Duende Verde. Porque Octavius puede, como
Norman, caer victima de sus propios manejos con la ciencia y
volverse un monstruo, pero lo hace, a diferencia de Norman,
como resultado de un accidente ocurrido en el curso de un
experimento con propósitos altruistas. Octavius puede, como
Norman y como casi todo villano de las películas de
superhéroes, morir en el clímax final, pero lo hace, a
diferencia de Norman, con un acto último de heroísmo,
proclamando que no es un monstruo, tal y como nos habían
contado hasta ese momento. Es sólo un hombre brillante que
se ha atrevido a soñar con tener en sus manos el poder de un
dios, y, como en toda fábula moral que se precie, ha pagado
el precio por ello.
Las
referencias a los tebeos, que hacen la delicia de los
aficionados y delatan el sumo cuidado puesto en el filme, se
cuentan por millares, hasta el punto de que parece haber una
en cada frame que vemos en pantalla. Siguiendo un orden más
o menos cronológico, éstas son las más importantes que hemos
encontrado nosotros:
- La
moto que usa Peter Parker para llevar pizzas proviene de
los años dorados de John Romita como dibujante arácnido.
- El
apartamento apestoso en el que vive nuestro protagonista
es el vivo retrato del que apareciera en los cómics
durante buena parte de los años setenta y casi todos los
ochenta (falta el indio tallado, eso sí). El casero es
tan tacaño como la señora Muggins, aunque en este caso
su nombre, Ditkovitz, recuerda claramente al creador
gráfico del lanzarredes. Quizás no sea el mejor homenaje
posible, pero el personaje encaja con lo deprimente del
lugar.
- La
pérdida de poderes por motivos de estrés está calcada de
la que tuvo lugar en el Amazing Annual 1, aunque
la visita al doctor por esta misma razón procede del
Amazing 87.
- La
primera pelea de Spidey con Doc Ock en los tejados
podría estar inspirada por el Amazing 112 y 113.
- En la
saga de la que formaba parte ese número, Jameson se
hacía con la máscara arácnida, para exhibirla en su
oficina, tal y como sucede en la película, aunque la
manera en la que el lanzarredes recupera todo el traje,
también en manos de Jameson, es similar a lo que ocurre
en la última página del mencionado Amazing 50.
- La
conversación entre Peter y tía May respecto a la muerte
de tío Ben parece calcada de la que contara
recientemente J. M. Straczynski en el Amazing V2,
38.
- La
segunda charla con tía May, en cambio, la que ocurre
mientras empaquetan cosas, se asemeja a la del
Amazing 18.
- Todo
el combate final en los muelles sale de los Amazing
31-33, incluido el imprescindible momento con Spidey
quitándose un gran peso de encima
- El
descubrimiento por parte de Harry de los cacharros de su
padre es idéntico al del Amazing 135.
- Joe
Robertson, como en los tebeos, sabe que Pete es Spidey,
y, como en los tebeos, lo demuestra sólo mediante un par
de miradas furtivas que lo dicen todo.
- La
gran escena dramática de la cinta, la del traje en la
basura, procede con todas las de la ley del Amazing
50.
- La
pérdida de poderes nos permite contemplar la mirada
atónita del trepamuros ante el hecho de haberse quedado
sin fluido arácnido, un maravilloso momento análogo al
cómic que, hasta ahora, nos había hurtado el que las
telarañas de este Hombre Araña sean orgánicas, y no
mecánicas. Los que tanto se quejaban de esa
supuestamente grande diferencia con el cómic pueden así
darse por satisfechos, pero puede que llegados a ese
punto de Spider-Man 2 ninguno recordara ya el
pequeño detalle.

Bajando a lo que cuenta el filme, Raimi se ha servido a la
hora de tejer el argumento de uno de los rasgos distintivos
del personaje en las viñetas, sus periódicas decisiones de
abandonar su carrera superheroica, seguidas siempre de
rotundas reafirmaciones en su papel como justiciero
enmascarado. Curiosamente, en la primera aparición del
Doctor Octopus en Amazing Spider-Man 3 ya asistimos
al primer amago de abandono: después de la soberana derrota
que le propina el villano, Peter decide colgar las
telarañas, y será un discurso oportuno de la Antorcha Humana
quien le haga cambiar de parecer. No es casual por tanto que
este sea el tema elegido para contar la segunda historia del
Peter Parker fílmico. Nuevamente y como ya hemos visto con
anterioridad, el director juega a los paralelismos con el
anterior filme con el objetivo de dotar al relato de
continuidad y de impulso hacia el futuro. Esta vez la
comparación no es tan evidente como todas las citadas hasta
ahora. Puede decirse que Spider-Man es una alegoría
de la adolescencia, con todos los cambios, la incomprensión
y la ausencia de autoconocimiento que ésta conlleva, pero no
es menos cierto que todo Spider-Man 2 ejemplifica la
desilusión vital posterior, con la pérdida de poderes por
parte de Peter como metáfora de la pérdida de esperanzas.
Vive en el peor de los lugares, le despiden de trabajos
miserables, saca malas notas universitarias, la chica que
quiere va a casarse con un apuesto astronauta, sus sueños,
en definitiva, no se han cumplido,… ¿y quién tiene la culpa
de todo ello? La tiene Spider-Man, claro. Como en los
tebeos. Y como en los tebeos, Peter intenta renunciar a sus
responsabilidades aprovechando su pérdida de habilidades
pero las circunstancias le acabarán obligando a volver al
tajo, no porque las cosas vayan a mejorar, sino por que,
como dice desde el principio, él es Spider-Man y tiene un
trabajo que hacer. Habrá quien, tan maliciosa como
acertadamente, acuda también a metáforas de índole sexual
para explicar la pérdida de poderes (Primera parte:
adolescencia, incontención de fluidos. Segunda parte:
madurez, disfunción eréctil). Curioso que el desencadenante
de la vuelta de éstos sea el secuestro por parte de Octopus
del interés amoroso de Peter. Es ella quien le pone de nuevo
en forma.
El
que Mary Jane acuda al final en su rescate sólo se entiende
a tenor del camino de revelación que ha seguido ella misma.
Desde el final de la primera película, M. J. ya no es
víctima de su propio destino, que es, ni más ni menos, que
el de sus padres. Ya no va de los brazos de uno a los de
otro como una marioneta, sino que, probablemente a raíz del
rechazo de Peter, ha tomado el control de su vida, ha
alcanzado el éxito laboral al que aspiraba y está a punto de
casarse con el mejor de los maridos imaginables. El único
problema es que sigue enamorada de él. Una vez más, Mary
Jane se deja arrastrar por los acontecimientos y sufre la
indecisión constante de Peter (quizás reiterativa de cara al
público, pero ellos mismos pedían romance y aquí tienen
romance). Por fin, cuando descubre la verdad que ya intuía,
se permite el lujo de elegir, y elige a Peter.
En relación a los cómics, el que Peter y M.J. terminen
juntos de una vez por todas coincide con la boda de ambos en
el Amazing Annual 21. Aquí no tenemos nada de eso,
probablemente porque, si la Gata Negra no lo remedia, ésa
sea la escena con la que se salde la tercera parte y ponga
punto y final a la implicación de Raimi, Maguire y Dunst en
la franquicia. En cambio, sí enlazamos con el simple hecho
de que ambos sean una pareja estable, algo que,
paradójicamente, en los tebeos no ocurría antes del
matrimonio, y enlazamos por tanto con el gran momento
–quizás el único- de reafirmación arácnida impulsado por
Mary Jane que hemos leído en las viñetas: el final del
Amazing Spider-Man 300, con aquella espectacular viñeta
a toda página dibujada por Todd McFarlane y que bien podría
haber influido al propio Raimi.
Siguiendo
la lógica que dicta todo lo anteriormente expuesto, quedaría
un tercer capítulo que contar, y ya aparece apuntado en los
cabos sueltos que deja Spider-Man 2. Por un lado, el
plano de cierre con la mirada preocupada de M. J. apunta a
que los problemas que desencadenen la trama de la siguiente
secuela no serán otros que la típica dificultad que siempre
ha tenido ella en los cómics para aceptar la actividad
superheroica de su chico. Puede resultar típico y tópico,
pero es perfecto para el juego de metáforas que viene
utilizando Raimi. En este caso, significaría ni más ni menos
que el choque contra la realidad que aparece en toda
relación una vez concluida la fase inicial de enamoramiento
y puestas las cosas en claro. Bajo esos presupuestos, sería
de lo más estimulante contemplar cómo encajaría la aparición
de un segundo interés sentimental para Peter Parker, una
chica por la que se sienta carnalmente atraído –ya no tiene
quince años, no se enamora platónicamente, como lo hizo con
M. J.- pero también identificado… y esa chica sólo puede ser
la Gata Negra. No habrá adulterio, y eso sí es una verdadera
lástima, porque situaría a Spider-Man en un más que
interesante escenario, pero la irrupción de los celos no
deja de tener mil y una posibilidad, algo que, por
desgracia, nunca se han atrevido a analizar en los cómics,
con evidente torpeza por parte de unos guionistas que
tendrían ahí una mina para hacer realmente interesante la
relación entre Peter y Mary Jane.
También
necesitamos un villano, cuando no dos. Raimi ya se resistió
a meterlos en la segunda parte, pero quizás se anime en la
tercera. Las semillas están plantadas en esta secuela, y
tienen nombre propio: John Jameson y Harry Osborn. El
primero tiene todos los números para convertirse en Veneno:
un motivo para odiar a Peter Parker y capacidad para viajar
al espacio exterior y traerse oculto en la nave al simbionte
–algo que ya ocurría en la serie de dibujos animados de los
noventa-. El segundo parece condenado a dejarse arrastrar
por los pecados de su padre, aunque ojalá lo haga con mejor
gusto a la hora de vestir. Falta por ver, sin embargo, cómo
repercutirá su ya antigua amistad con Peter en su odio
contra Spider-Man, pero eso son las cosas que suelen
saldarse en las batallas finales de las películas.
En todo caso, la posibilidad de que Harry triunfe allá donde
fracasó su padre y acabe asesinando a la cada vez más rubia
M. J. ante los atónitos ojos de Peter (ése es ni más ni
menos, que el deseo de Kirsten Dunst respecto a la
participación de su personaje en la tercera parte) es más
bien remota, y en esta hipótesis que estamos articulando se
abre con fuerza la posibilidad de acabar -¡Sí, como en la
segunda parte!- ante el altar, aunque esta vez ella dirá que
sí con toda probabilidad.
Spider-Man se convertiría así en la trilogía perfecta que ya
se apunta en esta segunda parte. Luego, y siempre que la
taquilla respondiera, podrían llegar cuartas, quintas o
sextas partes. Pero lo más probable es que ya caerían en
manos de un nuevo equipo que tendría un listón
imposiblemente alto. Eso habrá que agradecérselo a Tobey
Maguire y sus compañeros de reparto, por haber sabido dar
vida en pantalla a Peter Parker y los suyos, pero también y
sobre todo a Sam Raimi, el hombre cuya mano está dirigiendo
las películas de Spider-Man como si fuera guiada por los que
tanto amamos al personaje.

Julián M. Clemente
Textos procedentes de Spider-Man: Historia de una araña,
publicados por Dolmen Editorial |
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