SPIDERMAN Y LA GATA NEGRA: UN ADOLESCENTE EN BRAZOS DE LA MUJER FATAL

Las relaciones sentimentales de Peter Parker siempre han sido una parte esencial del interés de los lectores hacia la figura de Spiderman. Cuesta encontrar un periodo en la historia del héroe en que no haya estado saliendo con alguna chica o tratando de que hacerlo. De todas las novias con las que ha contado el Hombre Araña, una de ellas podría calificarse como diferente a las demás, y no hablamos de Mary Jane, sino de la mujer que se enamoró del héroe, y no de la persona de a pie. Y esa mujer es la Gata Negra.

Felicia Hardy, la ladrona de buen corazón, la escultural aventurera de melena plateada, la sensual dama que recorre los tejados del Universo Marvel, vino al mundo de la mano del guionista Marv Wolfman y el dibujante Keith Pollard, quienes narraban las andanzas de Spiderman a finales de los años setenta. Wolfman disfrutaba mucho con Bad Luck Blackie (1949), un corto animado de Tex Avery en el que un gato negro atraía la mala suerte de quienes le rodeaban, e incluso llegaban a pagarle por ello. En esencia, la Gata Negra mantiene esa característica, de manera que en su primer encuentro con el trepamuros, que tuvo lugar en The Amazing Spider-Man #194 y 195 USA (1978), éste no dejaba de padecer infortunios aparentemente casuales, que permitían a su enemiga burlarle una y otra vez, al tiempo que surgía una mutua atracción, con un primer beso incluido.

 

Aunque la Gata Negra moría, en apariencia, al final de la historia, no tardó en convertirse en un personaje recurrente. Para Spidey, suponía todo un desafío moral, puesto que Felicia Hardy seguía siendo una delincuente a la que llevar a la cárcel… De no ser porque resultaba más sencillo caer en sus brazos. El punto de inflexión se produjo cuando ella aceptó reformarse, tras lo que comenzaría un tórrido romance caracterizado por un importante detalle: la Gata Negra no estaba en absoluto interesada en Peter Parker, y de hecho no permitía que se desenmascarara ante su presencia. Ello no impidió que continuara un tórrido y tumultuoso romance que se desarrollaría durante buena parte de los años ochenta, con rupturas y reconciliaciones incluidas. En Marvel sólo apartaron a la pareja después de que se decidiera que Peter se casara con Mary Jane Watson. Así fue como se dejó atrás una relación adulta como no había ninguna otra en el Universo Marvel. La Gata Negra seguiría apareciendo ocasionalmente en las aventuras arácnidas, e incluso gozaría de su propia miniserie, hasta que cayó en el olvido, para ser recuperada ya en el siglo XXI, a través de una alucinante historia escrita nada menos que por el director de cine Kevin Smith, que reavivó el interés por la ladrona.

 

La edición original de Spider-Man / Gata Negra: El mal que hacen los hombres se extendió nada menos que de 2002 a 2006, cuatro años para apenas seis episodios, un retraso debido a la lentitud de Smith a la hora de entregar sus guiones. No es extraño que, en esa época, con Felicia Hardy de nuevo en el ojo del huracán, Brian Michael Bendis se planteara trasladarla al Universo Ultimate, algo que haría coincidiendo con una ocasión tan especial como la publicación del Ultimate Spider-Man #50 USA. En su versión definitiva, La Gata Negra mantendría la esencia del original. Al fin y al cabo, un concepto tan puro como el de una ladrona divertida y de curvas imposibles que vuelve loco al héroe lleva dándose en los cómics desde que Will Eisner cruzaba a Spirit con todo tipo de mujeres fatales. ¿Qué había cambiado que pudiera llamar la atención de los lectores? Pues la gran variación estaba en el propio Spiderman. Cuando el Hombre Araña clásico se cruzó por primera vez en el camino de Felicia Hardy, ambos eran dos personas adultas y experimentadas. En el Universo Ultimate, el caso es radicalmente distinto, puesto que aquí Spidey sigue siendo un adolescente de apenas quince años que no ha pasado de los besos y achuchones con su novia. ¿Qué hacer ante una chica tan atractiva y sexualmente abierta como la Gata Negra? ¿Y qué pensaría Mary Jane de todo ello? Mark Bagley, que había tenido oportunidad de dibujar a la Gata Negra a principio de los años noventa, durante su etapa como dibujante de Amazing, lleva a cabo un rediseño del personaje que ofrece ecos de aquella primera toma de contacto.

 

Por si las complicaciones fueran pocas, el arco argumental con el que se celebraba la llegada al medio centenar de entregas del Spiderman definitivo también contaría con la presencia de Elektra, otra peligrosa mujer con la que el trepamuros se había encontrado brevemente en el pasado, pero a la que tendría que enfrentarse de manera directa, después de que se hubiera puesto a las órdenes de Kingpin, siguiendo también la música, que no la letra, de viejas aventuras pertenecientes al Universo Marvel convencional. De nuevo, Bendis recurría a la mezcla de conceptos procedentes de diversos momentos de la historia de La Casa de las Ideas. Si las dos aventureras entre las que se sitúa el Hombre Araña enclavan su mayor época de popularidad en los años ochenta, el objeto de interés a partir del cual se desencadenan los acontecimientos, una tablilla que La Gata Negra roba a Kingpin, encuentra su origen en los años sesenta.

 

“La saga de la tablilla” original se desarrolló en The Amazing Spider-Man #68-77 USA (1969. Marvel Gold. El Asombroso Spiderman: Crisis en el campus) y fue la más compleja trama tejida por Stan Lee como guionista arácnido, con John Romita y John Buscema como dibujantes. La tablilla del título contenía nada menos que el secreto de la inmortalidad, lo que desataba la codicia de Kingpin, pero también de Cabello de Plata, su rival mafioso. No se vayan todavía, que aún hay más, parece decirnos Bendis, ya que todo ello se cruza con la candidatura de Sam Bullit a la alcaldía o los problemas de Mary Jane con su padre. En el primer caso, estamos ante una historia que originalmente fue narrada por Stan Lee y Gil Kane en The Amazing Spider-Man #91 y 92 (1971) y a cuya literalidad casi se ceñiría Bendis: Sam Bullit se presentaba como un político corrupto que desataba una campaña de prensa contra Spiderman de la que se beneficiaba electoralmente. El trepamuros, junto al Hombre de Hielo, conseguía mostrar la verdad ante la opinión pública y la policía, que detenía a Bullit al final de la historia. En el segundo caso, el del trágico pasado familiar de Mary Jane, habría que avanzar más de diez años en el tiempo para encontrar el referente: hasta The Amazing Spider-Man #259 USA (1984), la alegre pelirroja no desvelaría a Peter sus problemas de niñez, en un relato presentado por Tom DeFalco y Ron Frenz.

 

Una vez más, Brian Michael Bendis recogía todos esos argumentos, surgidos de los más diversos puntos de la biografía clásica del personaje, para actualizarlos, reinterpretarlos y ofrecerlos a los lectores actuales como si fueran totalmente nuevos, para dar lugar a una sólida trama, ejemplo de la época dorada que atravesaba Ultimate Spider-Man cincuenta entregas después de su nacimiento.

 

Artículo originalmente aparecido en Coleccionable Ultimate. Ultimate Spiderman nº 11.

ULTIMATE X-MEN: EL RETO OLVIDADO DE BRIAN MICHAEL BENDIS

El término “blockbuster” significa superproducción, y se ha aplicado para denominar a esas películas de elevadas ambiciones comerciales que los grandes estudios suelen programar en la temporada veraniega o navideña. Blockbusters son tanto las monstruosidades de Michael Bay como los más ambiciosos filmes de Marvel Studios, tanto la saga de Harry Potter como la de Batman. El elemento común es la enormidad, que se refleja en todos los aspectos: un reparto con grandes nombres que atraigan a las masas, un gigantesco presupuesto, espectaculares efectos visuales, una trama con multitud de escenarios, escenas complejas y casi imposibles de rodar…

Si hubiera que hablar de blockbusters en la industria del cómic, no hay ningún referente a la altura de la línea Ultimate, presidida por la idea de que cada arco argumental debe de ser, en sí mismo, un gran espectáculo. Miras las aventuras de los Ultimates, y no tienen nada que envidiar a un estreno de 200 millones de dólares. Te fijas en las diferentes sagas de Ultimate X-Men, y siempre van más allá de lo que nunca soñarían en llegar las películas de los mutantes de Marvel. Lees el origen de Los 4 Fantásticos definitivos y lo primero en lo que piensas es que ojalá hubiera sido así en el cine. Este planteamiento en que la grandilocuencia está en el centro de todo es el que habitualmente asociamos a los trabajos de Mark Millar. La otra mente sobre la que se asentó la creación del Universo Ultimate, la de Brian Michael Bendis, no funciona así. Las historias de Bendis son marcadamente espontáneas y naturalistas. El tratamiento de personajes brilla por encima de la acción, que en muchas ocasiones se reduce a la mínima necesidad, hasta el punto de que el escritor se hizo popular por tebeos tan fundamentales como el Ultimate Spider-Man #13 USA (Ultimate Spiderman: Curva de aprendizaje), un relato centrado en su totalidad en una conversación entre Peter y Mary Jane.

 

Cuando Mark Millar decidió abandonar Ultimate X-Men, parecía imposible sustituirle. Sorprendió entonces que Marvel optara por Bendis, e incluso que éste aceptara el puesto, dado que, cuatro años antes, ya había sido el elegido para poner en marcha la cabecera, para luego desistir de tal misión, después de intentar en varias ocasiones dar con el tono que deberían tener los mutantes, sin llegar a conseguirlo. ¿Qué había cambiado en 2003? Para entonces, la relación entre Bendis y Marvel se había vuelto cada vez más estrecha, de manera que, en ese momento, estaba escribiendo, además de Ultimate Spiderman, las aventuras de Daredevil, en una etapa que se estaba llevando el aplauso unánime de todos, así como Alias, una serie para lectores adultos en la que se exploraba la trastienda del Universo Marvel. Su compromiso con la editorial era tan elevado que, cuando la marcha de Millar dejó huérfanos a los mutantes definitivos, no tuvo inconveniente en dar un paso adelante y ofrecerse a escribir una saga de seis números. Durante la interinidad, en La Casa de las Ideas tendrían el tiempo suficiente para encontrar al sustituto definitivo. En el apartado artístico, David Finch, que había dibujado algunos de los últimos episodios de Millar, pasaría a primer plano. Y quizás fuera su presencia la que lo cambió todo.

 

Heredero del hiperdetallismo y la adrenalina propia de la Image de los noventa, Finch se había criado como artista a la sombra de Marc Silvestri, de la que apenas comenzaba a despegarse cuando fichó por Marvel. Al ver sus lápices, Bendis fue consciente de que se trataba de un dibujante que brillaba en las batallas, en las explosiones, en la acción pura y dura, no en la quietud ni en las conversaciones espontáneas que eran tan habituales en sus cómics. Fue cuando se impuso un reto: ¿Sería capaz de hacer un cómic-espectáculo, tal y como los hacía Millar? ¿Conseguiría crear su propio “blockbuster”?

 

La principal dificultad que para el guionista entrañaba La Patrulla-X consistía en encontrar el equilibrio entre los diversos integrantes, de forma que todos tuvieran voz propia y participaran de la historia. Nunca había hecho nada similar. El tiempo transcurrido desde la primera vez que lo intentó le serviría para calmar los miedos y jugar con elementos procedentes de Ultimate Spiderman, derivados de la relación que había establecido el trepamuros en sus encuentros con los mutantes y, en especial, con Lobezno. El hombre-X de las garras de adamántium había sido el invitado en la primera historia de Ultimate Marvel Team-Up, un relato en el que ya se intuía el interés de Bendis por profundizar en la dinámica entre los dos héroes. Sentía que la diferencia de edad influía en su relación, de forma que Peter ve a Logan como un tipo fascinante, como si Clint Eastwood fuera a su casa a pedirle ayuda: un sueño de adolescente hecho realidad. En la dirección opuesta, Logan siente que el chaval es un incordio y llega a tratarle, en palabras del guionista, como basura. El impulso para unir a ambos estaba en el pasado de Lobezno, que volvía para perseguirle. En ese sentido, “Blockbuster” podía calificarse como una secuela de “Regreso a Arma-X”, pero Bendis optó por seguir la filosofía de Alfred Hitchcock: lo determinante de la historia está en mostrar a los personajes en una situación límite que permita conocerles mejor, mientras que el engranaje que pone todo en movimiento no es más que una excusa, un mcguffin.

 

Partir de una aventura de Lobezno en solitario a la que progresivamente se unirían nuevos personajes, hasta completar un extenso reparto, apareció ante los ojos de Bendis como la manera más efectiva de adaptarse a la fórmula de cómic de supergrupo. La trama incorporaría primero a Spiderman y luego a Daredevil, en una extensión de las historias narradas en el Team-Up, para que finalmente irrumpiera la propia Patrulla-X, porque no en vano sus integrantes seguían siendo los titulares de la cabecera.

 

La experiencia colmó los deseos de que Ultimate X-Men perviviera más allá la marcha de su creador, pero fue todavía más allá. Bendis disfrutó tanto de ella que decidió quedarse en la serie un tiempo más del inicialmente previsto. Su colaboración con Finch resultó tan fructífera que pronto empezó a pensar en qué harían a renglón seguido. Y la química que consiguió establecer entre Lobezno, Spiderman y Daredevil sirvió para que se olvidara de cualquier reticencia previa a escribir cómics protagonizados por equipos de superhéroes, además de ayudarle a descubrir el atractivo de unir rincones en apariencia inconexos. Sin que ni siquiera fuera consciente de ello, en su cabeza empezaban a surgir las ideas que llevarían a un profundo cambio dentro de Marvel.

 

Artículo aparecido originalmente en Coleccionable Ultimate. Ultimate X-Men nº 6

LOS SEIS SINIESTROS DEL UNIVERSO ULTIMATE: ESPECTÁCULO SIN IGUAL

Cada aventura de la línea Ultimate se construye sobre la premisa de que se trata de una gran superproducción en la que todo ha de ser espectacular y grandilocuente. Sin embargo, no se trata de un concepto desconocido en La Casa de las Ideas: todo lo contrario. Cuarenta años antes, en el amanecer del Universo Marvel, Stan Lee decidió lanzar una serie de especiales con idénticas pretensiones. Se trataba de los Annuals, números al margen de las colecciones mensuales que ofrecían el doble de páginas y estaban destinados a relatar acontecimientos tan destacados que debían rodearse de un halo de excepcionalidad.

Con el paso del tiempo, los Annuals acabarían desvirtuándose, conforme la inercia llevó a hacer la fórmula reiterativa… Pero, en estos primeros años de la Era Marvel de los Cómics, aquellos mágicos sesenta, los Annuals constituían una cita ineludible. En Fantastic Four Annual #1 USA (1963) se narró la invasión del mundo de la superficie por parte de la Atlantis de Namor; en Avengers Annual #1 USA (1967) los fundadores del grupo se unían a los miembros modernos frente a una coalición de sus peores enemigos… y en Amazing Spider-Man Annual #1 USA (1964) el trepamuros trataba de encontrar a su tía May y a su novia de entonces, Betty Brant, secuestradas por una coalición de sus principales villanos: Los Seis Siniestros. Bajo el liderazgo del Doctor Octopus, se agrupaban Electro, Mysterio, El Buitre, El Hombre de Arena y Kraven El Cazador.

 

Entre todos los contrincantes de importancia a los que se había enfrentado Spidey, sólo faltaban El Duende Verde, a quien Stan Lee y Steve Ditko reservaban empresas mayores, y El Lagarto, que estaba curado y en la distante Florida, lo que habría dificultado su inclusión en la trama. Ditko reservó a cada uno de Los Seis Siniestros un combate singular con el trepamuros, durante el cual insertaba una viñeta a toda página, algo verdaderamente único en la época. Stan Lee, por su parte, procuró que no faltara ninguno de los héroes de la ciudad durante la búsqueda que lleva a cabo Spiderman. Las 41 páginas de las que constaba la historia principal se complementaban con otras 31 planchas, con fichas de los villanos (incluso de aquellos que no formaban parte de Los Seis Siniestros), los secretos de Spiderman, los personajes secundarios y una historieta humorística en la que se describía la manera en la que Lee y Ditko concebían cada aventura. En definitiva, aquel número extraordinario obedecía, por encima de cualquier otra consideración, a aquel adjetivo.

 

Saltamos ahora al siglo XXI, para encontrarnos con una situación que arrastraba paralelismos con aquélla. Estamos en 2003. Unos meses antes, Ultimate War, el choque entre los Ultimates y La Patrulla-X que en realidad formaba parte del hilo narrativo de la serie de estos, había constituido un campanazo comercial. Para que siguiera en marcha la rueda, el Director Editorial de Marvel, Joe Quesada, y el editor de las series Ultimate, Ralph Macchio, buscaban un producto equivalente, esta vez con Spidey y los Ultimates como protagonistas. Esto permitía que, pese a los muchos retrasos que acumulaba la realización de la cabecera de estos, a causa de la lentitud de Bryan Hitch, nunca dejaran de estar presentes en las librerías. Para Brian Michael Bendis, la idea encajaba con algunas tramas que venía desarrollando en Ultimate Spider-Man, con una presencia cada vez mayor de SHIELD y de Nick Furia en la vida del trepamuros, y con un creciente número de enemigos a los que el joven héroe había enviado a las celdas del Triskelion. Allí estaban ya el Doctor Octopus, el Hombre de Arena, Electro, el Duende Verde y Kraven. ¡Parecía como si el destino hubiera colocado en el mismo lugar y a la misma hora a una posible versión definitiva de Los Seis Siniestros! Aunque había algunas diferencias sustanciales con respecto a la situación original: en aquel caso, los villanos se unían bajo el liderazgo de Octopus, pero en el Universo Ultimate, su consideración de mayor enemigo de Spidey se había trasladado hasta el Duende Verde, que por lo tanto pasaba de no estar en el grupo en el Amazing Spider-Man Annual #1 USA a liderarlo en la versión definitiva. También faltaba el Buitre y Mysterio en la formación moderna, pero había un importante motivo para esas ausencias concretas: Bendis todavía no había encontrado la manera de adaptarlos, y tardaría en hacerlo. Tampoco estaba Veneno en la alineación, pero, al igual que les ocurrió a Stan Lee y Steve Ditko en los años sesenta con el Duende Verde, el guionista de Ultimate Spider-Man prefería dejarlo al margen.

 

Con todos esos condicionantes, el número de villanos que quedaban en sus manos era cinco, y aunque en ningún momento se mentaría a “Los Seis Siniestros”, el título de la miniserie ya estaba decidido: Ultimate Six. Pero, ¿quién sería el sexto miembro? Esa incógnita permanecería oculta hasta bien avanzada la historia. Desde el aparato publicitario de Marvel, coquetearían con la respuesta, que supondría toda una sorpresa para los lectores, ya que el misterioso sexto integrante de Los Seis Siniestros Definitivos sería quien menos se esperaban.

La semilla de la aventura fue plantada en Ultimate Spider-Man #46 USA, con Mark Bagley a las viñetas, pero, dado que esta colección seguiría publicándose durante los meses en que Ultimate Six viera la luz, surgió la necesidad de que fuera otro dibujante quien encarara el proyecto. En aquellos momentos, el británico Trevor Hairsine había destacado por el gran parecido de su estilo con el de Bryan Hitch, por lo que se antojaba como la elección correcta para una aventura en que la participación de los Ultimates sería crucial. También en esos meses la revista Wizard preparaba un “número cero”, con el que renovaban su diseño y buscaban atraer nuevos lectores. Joe Quesada, que sabía que la rival DC Comics haría lo mismo con el Batman de Jim Lee, les ofreció la posibilidad de publicar un prólogo de Ultimate Six en su interior, con el valor añadido de que él mismo se ocuparía de ilustrarlo, lo que suponía su regreso al tablero de dibujo,  del que había permanecido alejado en los tres años anteriores, desde que asumiera la posición de cabeza visible de la compañía.

 

El proyecto, más allá de lograr su objetivo de emular aquel lejano, pero inolvidable Annual, acabó por convertirse en uno de los capítulos más valiosos dentro de la cronología del Spiderman Definitivo, e incluso sería determinante en el destino del personaje, pero para eso faltaban todavía muchos años y muchas aventuras.

Artículo originalmente aparecido en Coleccionable Ultimate. Ultimate Spider-Man nº 10

ULTIMATE SPIDER-MAN: LA REFORMULACIÓN DE VENENO

El trabajo de los creadores de Spiderman llevado a cabo en su primera década de existencia, en los años sesenta, fue tan deslumbrante que oscureció cualquier logro que pudieran acometer sus sucesores. Por muchos años que pasen, los clásicos como el Duende Verde, el Doctor Octopus, El Buitre, El Lagarto, Electro, Mysterio o El Hombre de Arena se sitúan siempre a la cabeza. Habría que citar dos excepciones: dos enemigos que, habiendo sido creados mucho tiempo después, sí conseguirían colarse en esos primeros puestos. Uno de ellos fue El Duende, sorprendente actualización del concepto de villano de identidad desconocida que fuera Norman Osborn en sus inicios. El otro, que destacó de tal manera que muchos llegarían a posicionarlo como el peor enemigo de Spiderman, respondía al nombre de Veneno.

 

Veneno fue presentado en Amazing Spider-Man #299 USA (abril de 1988), como una versión oscura del propio trepamuros. Sin embargo, para precisar su origen, hay que retroceder a algunos años antes, hasta 1984, fecha en las que se publicó un evento que reunió a los grandes héroes de Marvel y recibió el nombre de Secret Wars. En estas Guerras Secretas, Los Vengadores, La Patrulla-X, Los 4 Fantásticos y, por supuesto, Spiderman, eran enviados por un misterioso ser llamado el Todopoderoso hasta un remoto planeta, donde todos ellos se veían obligados a luchar contra sus peores contrincantes. Durante la saga, Spidey se hacía con un misterioso traje que respondía a sus órdenes, cambiaba de aspecto y creaba sus propias telarañas. Decidió traérselo de vuelta a la Tierra… Sólo para descubrir, una vez en casa, que se trataba de un ser vivo, un simbionte que trataba de poseerle. Separado del mismo gracias a la intervención de Reed Richards, todavía habría de encontrarse con el traje maldito en un par de ocasiones, hasta que consiguió vencerle en lo alto de un campanario. Parecía que nunca volvería a saberse de él.

 

Por aquel entonces, también tuvo lugar otra aventura significativa, en la que Jean DeWolff, el contacto de Spidey en la policía, era violentamente asesinada por un misterioso psicópata llamado El Comepecados. En el curso de la historia, el Daily Globe señaló a un individuo como culpable, pero la noticia resultó ser falsa, ya que el trepamuros atrapó al verdadero criminal. Tampoco nadie podía imaginar que esta segunda historia tuviera continuidad, o que llegase a entrar en relación con la primera.

 

El guionista David Michelinie, en cambio, sí logró una manera de conectarlas, mediante la creación de la figura de Eddie Brock, el periodista del Globe que hubiera sido quien escribió la falsa noticia y cayó por ello en desgracia. Encolerizado con el trepamuros y fanatizado por la religión, había acudido a la iglesia donde tuvo lugar la batalla final contra el simbionte… Y allí, una vez que éste había abandonado a Peter Parker, Eddie se uniría con la criatura, para dar vida a Veneno. La complejidad del concepto, unida a la contundencia gráfica que le supo dar el dibujante Todd McFarlane, sirvió para que Veneno alcanzara una increíble fama desde el primer encuentro con Spiderman. Cada una de las siguientes apariciones fue celebrada con alboroto y subida de ventas, un fenómeno que no hizo más que crecer cuando el personaje también fue llevado a la pequeña pantalla, en la teleserie animada de Spidey, o consiguió a raíz de esto último sus propios muñecos.

 

Llegados a Ultimate Spider-Man, Brian Michael Bendis sabía que, tarde o temprano, abordaría la figura de Veneno, lo que nadie imaginaba era la manera en la que lo haría. El problema principal residía en que el villano había sido construido a partir de historias previas anteriores, Secret Wars y la saga del Comepecados, demasiado complicadas como para incluirlas dentro del mundo del Spiderman Definitivo, además de que esto no supondría sino una lamentable repetición de aventuras ya narradas en la continuidad clásica. Aquí fue cuando Bendis optó por recurrir a una subtrama que venía trabajando casi desde los inicios de la colección, con insinuaciones que sólo captaron los lectores que estuvieran suficientemente atentos: la de los padres de Peter.

 

En el Universo Marvel tradicional, Stan Lee tuvo la ocurrencia de que Richard y Mary Parker fueran en realidad agentes secretos que habían sido desacreditados y asesinados por Cráneo Rojo, una intriga que salió a flote en el Amazing Spider-Man Annual #5 USA (1968. Marvel Gold. El Asombroso Spiderman: Crisis en el campus) y que apenas impactó en la tradición del personaje, debido a lo rocambolesca que resultaba. Bendis sin embargo estimó oportuno que ahí había algunos detalles interesantes que podían encajar muy bien en la teoría de la conspiración que estaba construyendo junto con Mark Millar en el Universo Ultimate. De esta forma, había ido dejando caer que Richard Parker fue un brillante científico admirado incluso por Mister Fantástico, cuya muerte y la de su esposa estaba sumida en la bruma y llenaba de pesar a Peter.

 

¿Y si alguien hubiera tenido buenos motivos para hacer desaparecer a los Parker? ¿Y si Richard había creado algo revolucionario que podría cambiar el curso de la historia? Las semillas para crear al Veneno Definitivo, partiendo de un origen diferente al establecido por los cómics clásicos, pero llegando a unas conclusiones similares, ya estaban ahí plantadas. Faltaba sólo acudir a la figura de Eddie Brock. ¿Quién sería en realidad? En Ultimate Spider-Man #17 USA (Coleccionable Ultimate. Ultimate Spiderman nº 4), durante la conferencia de prensa de Justin Hammer, había aparecido fuera de plano un tal Eddie Brock, reportero del Globe. El detalle llamó la atención de los lectores, que se apresuraron a anunciar la inminente irrupción de Veneno, pero… o se trataba de una pista falsa o Bendis cambió luego de idea y decidió ignorarla. El verdadero Eddie Brock sería un amigo de la infancia de Peter, lo que lo relacionaría con una época en la que sus padres estaban todavía vivos. Para que se desataran los acontecimientos sólo hacía falta que el joven lanzarredes se encontrara en el trastero de su casa con una caja llena de recuerdos.

 

La saga, contenida en este volumen, sabría aunar todas las nuevas ideas de Bendis con la esencia de los cómics en los que se había fraguado el Veneno original, hasta dar lugar a una trama que aunaba a partes iguales intriga, espectacularidad y terror. No sólo conquistaría a las nuevas generaciones de lectores, sino que abriría una nueva puerta, cuando años después el director de cine Marc Webb y los guionistas James Vanderbilt, Alvin Sargent y Steve Kloves recurrieron en gran medida a ella para construir el argumento de The Amazing Spiderman (2012), reinicio de las aventuras cinematográficas del trepamuros en el que el misterio alrededor de la muerte de los padres de Peter tendría una relevancia absoluta y seguiría muy de cerca los parámetros establecidos por Brian Michael Bendis en Ultimate Spider-Man.

 

Artículo aparecido originalmente en Ultimate Spiderman nº 8: Veneno

ULTIMATE SPIDER-MAN: EL IMPOSTOR

Acostumbrados como estamos hoy en día a la presencia de superhéroes que escapan al canon tradicional del género, cuesta imaginar la conmoción que supuso la irrupción de Spidey en 1962. Baste señalar dos importantes circunstancias que hasta entonces en rara ocasión se llegaban a encontrar. La primera, el trepamuros usaba un traje que evitaba todos los elementos tradicionales. No había ni calzones por fuera y la máscara tapaba su cara al completo. La segunda, las autoridades públicas le perseguían con ahínco, por mucho que demostrara estar entre los buenos chicos.

 

El aislamiento social e incluso el enfrentamiento a los poderes establecidos fue, desde el primer número, características inherentes a Spiderman. Cada vez que ocurría algo malo y él estaba cerca, los agentes o cualquier ciudadano que estuviera allí le culpaban, a lo que se añadía la feroz campaña de prensa desatada por J. Jonah Jameson desde los titulares a cinco columnas del Daily Bugle, que ayudaría a formar la imagen negativa del héroe entre la población. De hecho, la primera página de Amazing Spider-Man #1 USA (1062), estaba dedicada a reflejar tal circunstancia. Por si fuera poco, en aquel comienzo de la serie mensual arácnida, el villano no era otro que El Camaleón, un maestro del disfraz que se hacía pasar por Spiderman para perpetrar sus crímenes. Aunque el verdadero lanzarredes conseguía destapar el engaño, los recelos hacía su figura continuarían de manera indefinida.

 

En su translación al Universo Ultimate, Brian Michael Bendis puso especial énfasis en mantener ese rasgo definitorio, que adquirió elevado protagonismo en “Escrutinio público”. Bendis ofrecería su propia versión del relato en el que El Camaleón viera la luz, pero añadiría otros elementos asociados a diversas etapas del trepamuros original que hicieron que la historia fuera completamente diferente y encajara de manera lógica en el desarrollo de Ultimate Spiderman.

 

Había llegado el momento de dar más protagonismo a Gwen Stacy, cuya inesperada irrupción todavía permanecía en la memoria de los lectores como uno de los mejores momentos de la colección. Poco a poco, Gwen se había ido introduciendo en la vida de Peter, hasta el punto de competir en cuanto a presencia con la que hasta ahora había sido “la chica” de la serie, Mary Jane. Pese a que la personalidad de esta moderna Gwen era poco menos que opuesta a la del dulce amor trágico del Peter Parker original, Bendis quiso ofrecer algunas matizaciones al respecto, toda vez que explicaba la naturaleza de su Gwen. Como la clásica, ésta también era hija de un capitán de policía, un George Stacy mucho más activo y joven que el que los lectores veteranos conocían y que se situaría en posición destacada dentro de la caza policial contra Spiderman… Una vez que alguien que se hace pasar por él le coloque al margen de la ley.

 

De nuevo, Bendis tomaba su propio camino a la hora de presentar al padre de Gwen en una línea contrapuesta a la del personaje que tomaba como referencia. No sólo peinaba menos canas, estaba en el servicio activo y su carrera le había alejado de su mujer, de la que estaba separado o divorciado. Tampoco se convertiría en el defensor número uno de Spidey, mucho menos llegaría a sospechar que Peter era en realidad Spiderman, y lo último que se le pasaba a los lectores por la cabeza es que el nuevo Capitán Stacy compartiera el destino del original, morir heroicamente mientras salvaba la vida de un niño de los daños colaterales del ataque de un villano, un momento mítico en la historia del trepamuros de toda la vida, que tuvo lugar en Amazing Spider-Man #90 USA (1070). Con estas pequeñas variaciones, Bendis conseguía algo que ya era básico en la serie: cualquier cosa podía ocurrir.

¿Y en cuanto al impostor? De nuevo Bendis se movió con la habilidad suficiente para presentar sucesos de la continuidad clásica recombinados de tal manera que resultaron novedosos. Ante su debut, algunos aficionados llegaron a plantearse que el Spidey definitivo contaba con un clon. La explicación sería mucho más sencilla, y de nuevo recurriría a un detalle de la colección original cambiado de lugar y utilizado, por lo tanto, de la más original de las maneras. Tiene que ver con la obsesión de Steve Ditko, el primer dibujante que tuviera Spiderman, de que los villanos no tuvieran relación alguna con el héroe, e incluso fueran tipos desconocidos, algo que suscitaría controversias con Stan Lee y que supondría finalmente la ruptura del equipo, cuando llegó la hora de desenmascarar al Duende Verde.

 

Además de contener la historia antes comentada, el volumen se abre con el que fue el primer número especial fuera de colección publicado dentro de la línea definitiva. Respondió al título de Ultimate Spider-Man Super Special, lo que venía a recordar a los Annuals que hubiera tenido La Casa de las Ideas durante buena parte de su existencia y que en ese momento se encontraban poco menos que proscritos, ante la degeneración, en cuanto a contenidos y resultados comerciales, que venían padeciendo en los últimos años. Por contra, Brian Michael Bendis se planteó este Super Special como una gran fiesta, una ocasión muy importante que había que celebrar a lo grande. Pese a encuadrarse dentro de la colección propiamente dicha del trepamuros, se trata de la despedida por todo lo alto de Ultimate Marvel Team-Up, ya que contiene las dos máximas que guiaron a aquella cabecera de corto recorrido dentro de la línea Ultimate, y que nosotros recogimos en el tercer y sexto volumen del lanzarredes: héroes y dibujantes invitados, pero no sólo uno de cada, sino muchísimos. Para la ocasión, Bendis se hizo acompañar de amigos que habían estado con él en las páginas de Ultimate Marvel Team-Up, a los que añadió nuevos nombres entre los que cabía encontrar verdaderas leyendas del cómic, como John Romita, el que hubiera sido el más célebre dibujante de Spidey en su etapa clásica, o Dave Gibbons, el co-autor de Watchmen. Entre los héroes con los que se cruzaba Spidey, se encontraban todos los que ya conocía, junto con otros que todavía no habían irrumpido en la Línea Definitiva, como Blade o Elektra, quien luego acabaría compartiendo dos miniseries con Daredevil.

 

Pero el Ultimate Spider-Man Super Special es importante por otro motivo más: la mención, y sobre todo la importancia, que adquiere la figura del padre de Peter Parker. En la continuidad tradicional, después de años en que los progenitores del trepamuros permanecían en la nebulosa, Stan Lee se atrevió con una abracadabrante historia, según la cual habrían sido en realidad agentes secretos asesinados nada menos que por Cráneo Rojo, el enemigo del Capitán América. Tal retruécano narrativo dio pie a todo un Annual de Spiderman que alcanzó cierta categoría mítica en el imaginario de los aficionados, pero supuso también un quiebro en la verosimilitud de la que se había rodeado al entorno familiar del protagonista durante todos esos años. Ese Annual también abrió la puerta a que Brian Michael Bendis abordara el tema en Ultimate Spider-Man… Y vaya si lo haría, pero eso es una historia para tratar en nuestro próximo volumen.

 

Artículo aparecido originalmente en Ultimate Spiderman nº 7: Escrutinio público

BIENVENIDOS A NEOMARVEL: EL CASO ULTIMATE MARVEL TEAM-UP

En los primeros años de la década de los 2000, La Casa de las Ideas vivió una de las épocas más sugestivas de su historia. El equipo encabezado por Joe Quesada debía manejar con cuidado la difícil herencia dejada por sus antecesores. Durante la década anterior, la editorial había establecido unas prácticas que ahuyentaban el talento y premiaban la mediocridad. Tales métodos debían desterrarse, no sólo para hacerse con la complicidad de los lectores, sino también para que guionistas y dibujantes miraran a Marvel como un lugar en el que quisieran estar.

En la cúpula de la editorial estaban convencidos de que las glorias del pasado cada vez tenían menos que ofrecer, por lo que necesitaban dar entrada a nuevos autores con las ideas frescas. Quesada, como Director Editorial, Bill Jemas, como presidente de la compañía, y editores como Axel Alonso, procedente del sello Vertigo de DC Comics para lectores adultos, se consagraron con tanta determinación a ese propósito que, en apenas unos pocos meses, los cómics Marvel se vieron inundados por estrellas consagradas que habían alcanzado la aclamación en otras editoriales e incluso en otros medios, como el cinematográfico o el televisivo, pero también por jóvenes promesas que venían del campo independiente. Los resultados fueron tan diversos como sorprendentes. Se alcanzó lo glorioso, lo extraño, lo nunca visto… También hubo errores, desde luego: propuestas tan estrambóticas que nunca encontraron su público, pero en general se consiguió cambiar la imagen que se tenía hasta entonces de la factoría. De una editorial acomodada, que nunca se arriesgaba y que no hacía sino sangrar a la cada vez más reducida comunidad de lectores, se pasó en un tiempo récord a afianzar la imagen de una Marvel abierta a la innovación. Muchos aplaudieron la valentía de La Casa de las Ideas y se acercaron a sus cómics. Otros, criticaron aquella operación a corazón abierto, acusando a sus responsables de estar desnaturalizando a grandes iconos con más de cuatro décadas de tradición a sus espaldas. Y tanto partidarios como detractores comenzaron a referirse a la editorial como Neomarvel.

 

Ultimate Marvel Team-Up vio la luz cuando esta época concreta estaba en plena efervescencia. Brian Michael Bendis había alcanzado ya la categoría de estrella, a causa del éxito conseguido por Ultimate Spiderman, pero sus referencias primarias seguían estando en el cómic independiente del que procedía. Las agendas de Quesada, que había sido responsable de la pequeña editorial Event Comics, y la de Alonso, que durante su etapa en Vertigo había recurrido a un buen número de artistas con una sensibilidad contrapuesta a la del género superheroico, sirvieron para nutrir la serie, lo que la convirtió en un pequeño catálogo de lo más extraño que podía encontrarse en el cómic estadounidense. Y conforme la colección fue avanzando, el riesgo de las apuestas fue en aumento.

 

Este segundo y último volumen dedicado a Marvel Team-Up ofrece, por tanto, los más inusuales encuentros que haya tenido jamás Spiderman con otros personajes, no ya porque, en su mayoría, éstos se encuentran en la retaguardia de La Casa de las Ideas, sino porque los dibujantes que fueron requeridos quizás nunca imaginaron que terminarían firmando un cómic Marvel.

 

El tomo se abre con un episodio humorístico, no en vano ilustrado por Jim Mahfood, dibujante de estilo cartoon que había colaborado con Kevin Smith en la adaptación al cómic de algunos de sus filmes. En sus páginas, Peter Parker acude al cuartel general de Los 4 Fantásticos para verse envuelto en una abracadabrante trama que le llevará a pasar por las mismísimas oficinas de Marvel. Bendis desata su vena humorística como nunca antes había hecho, a través de un experimento que, por inclasificable que pudiera parecer, en realidad enlazaba con una olvidada tradición, por la que, en ocasiones especiales, los autores de la editorial habían hecho acto de presencia en las viñetas. El cómic supuso además el debut de Los 4 Fantásticos en el Universo Ultimate. Sin embargo, la versión que se daba de La Primera Familia poco o nada tendría que ver con la que un tiempo después encontraríamos en su propia serie Ultimate, lo que dejaría fuera de continuidad este cómic en concreto, por más que sea un documento de incalculable valor para entender el clima en el que se desarrollaba la revolución Marvel de los 2000.

 

En las antípodas se colocaba el episodio inmediatamente posterior, con el Hombre-Cosa como personaje invitado. Consciente de las muchas veces que se había comparado a este monstruo con su contemporáneo de DC Comics, La Cosa del Pantano, Bendis requirió los servicios de John Totleben, el dibujante de la etapa más famosa que hubiera tenido éste, la que escribió Alan Moore. El resultado recuerda al tono oscuro y terrorífico de aquella obra maestra, muy adecuado para presentar a El Lagarto, uno de los enemigos clásicos del héroe original, que posteriormente regresaría en la colección-madre. Acto seguido, cambia de nuevo el tono: Chynna Clugston, otra autora de Oni Press, como era el caso de Mahfood, que había sido nominada a los Premios Eisner de ese año por su miniserie Blue Monday y estaba enormemente influida por el manga, sumerge a Spidey en un encuentro con La Patrulla-X, en un escenario tan poco superheroico como un centro comercial. De nuevo, estamos ante un cómic a tener en cuenta, puesto que avanzaría futuras tramas.

 

De ahí saltamos a una aventura de doble extensión, en la que el Doctor Extraño se estrena en el Universo Ultimate. Para la ocasión, Bendis quería rememorar el primer cruce entre los dos héroes clásicos, acaecido en Strange Tales Annual #2 USA (1963) e ilustrado por Steve Ditko, el creador gráfico de ambos. La nueva aventura viene a ser un remake indisimulado de aquella, con Ted McKeever, una leyenda del cómic independiente norteamericano, compitiendo con Ditko en capacidad para crear entornos mágicos desquiciados. La serie baja el diapasón para acoger la visita de la Viuda Negra, en una historia en la que también tenemos a Nick Furia y que se sitúa cronológicamente antes de que irrumpiera en la vida de Spidey, en Ultimate Spiderman: Legado, aunque sirve de preámbulo a ésta. Ilustra Terry Moore, que había conseguido el Eisner por Strangers In Paradise. Otra historia doble, esta vez coprotagonizada por Shang Chi y deudora del cine de serie B de artes marciales, supondría el colofón de Marvel Team-Up. Rick Mays, también con ciertos ecos de amerimanga en su trazo, fue el elegido para la ocasión.

 

Al parecer, la cabecera mantenía unas respetables cifras de venta, pero el esfuerzo de encontrar un artista de altura que se adaptara a cada nueva saga pesaba como una losa. Todavía se llevaría a cabo un número especial repleto de autores invitados, ya bajo el paraguas propiamente dicho de Ultimate Spider-Man y que veremos en el siguiente tomo del personaje, pero con la cancelación de Ultimate Marvel Team-Up también se veía próximo el fin de la época más experimental que haya tenido nunca La Casa de las Ideas. Neomarvel quedaba atrás mientras un nuevo tiempo se abría camino.

 

Artículo aparecido en Coleccionable Ultimate. Ultimate Spiderman nº 6: Encuentros extraños

 

 

ULTIMATE SPIDER-MAN: EL PRIMER REGRESO DEL DUENDE VERDE

Cuando abordó la creación de Ultimate Spiderman, Brian Michael Bendis recurrió a todo tipo de influencias, pero, por encima de cualquier otra consideración, pesó el tono y el espíritu, que no necesariamente la literalidad, de la etapa del trepamuros firmada por Stan Lee y John Romita en los años sesenta. Esa época, que lanzó a Spidey al estrellato, la serie pasó a ser una agridulce comedia romántica.

Bendis estaba prendado del equilibrio perfecto que tuvieran aquellos cómics, en los que los devaneos amorosos y la vida social de Peter Parker llegó a superar en importancia a las por otra parte fabulosas aventuras de Spiderman: Romita era tan bueno dibujando mujeres bellas y seductoras como villanos terribles y amenazantes. Durante su estancia en la cabecera, dos chicas adquirieron una importancia vital. La primera era Gwen Stacy, que evolucionó de la femme fatale que había presentado Steve Ditko a la dulce novia fiel de Peter. La segunda era Mary Jane Watson, una vecina de Peter con la que tía May no dejaba de prepararle citas a ciegas, de manera que los autores jugaban a ocultar su apariencia, hasta que por fin llegó el momento de mostrarla a todos, y Romita realizó una de las más célebres viñetas de la historia de Marvel, en la que Mary Jane se presentaba en la casa de Peter, que se quedaba atónito ante su belleza. Desde ese momento, la presencia de la una y la otra fue continua en la serie. Peter, y por extensión los lectores, veían en Gwen a la compañera perfecta, la mujer que querrían para ser la madre de sus hijos, mientras que Mary Jane representaba el sueño imposible, la amante ardiente, la belleza carnal.

 

Puesto a elegir entre una y otra, Gwen se alzó victoriosa en el corazón de Peter… Hasta que, ya superada la etapa Lee/Romita, encontraría la muerte, a manos del Duende Verde, en el mítico Amazing Spider-Man #122 USA (1973. Marvel Gold. El Sombroso Spiderman: La muerte de Gwen Stacy). Paradójicamente, al cabo de un tiempo, Peter comenzaría una relación amorosa con Mary Jane, y sería ella quien se convertiría en su esposa, según la continuidad clásica, en Amazing Spider-Man Annual #21 USA (1987). La pareja permanecía unida desde entonces, afianzándose en el imaginario colectivo gracias a su existencia también en la teleserie de dibujos animados de los años noventa o en las películas de Sam Raimi. Influido por todo esto, de cara a Ultimate Spider-Man, Bendis asumió desde el principio la presencia activa de Mary Jane, circunstancia que no se había dado en la continuidad clásica, otorgándole a su personalidad rasgos más propios de Gwen que de la desinhibida pelirroja con la que todos los lectores de cómics estaban familiarizados, algo que también se produciría en los filmes de Raimi.

 

Sin embargo, llegado un determinado momento, el guionista del trepamuros definitivo decidió hacer suyo el binomio introducido durante la época de Romita, aunque dándole una divertida vuelta de tuerca. En Ultimate Spider-Man #14 USA (el cuarto tomo de nuestra colección), los lectores se quedaron boquiabiertos cuando apareció en escena… ¡Gwen Stacy! Una Gwen que en nada se parecía a la clásica: llena de piercings, ligera de ropa, condenadamente atractiva, con una actitud desafiante ante todos y con opiniones muy claras acerca del mundo. Su debut tenía lugar apenas un episodio después de que Peter y Mary Jane se hubieran convertido, oficialmente, en pareja.

 

Fue entonces cuando las mentes calenturientas de los lectores empezaron a dejarse llevar, algo que entraba en las previsiones de Bendis y que él mismo había alentado. Si en el Universo Definitivo algunas cosas habían sido alteradas con respecto a la Tierra-616, de manera que Mary Jane Watson y Gwen Stacy parecían haberse intercambiado los papeles, ¿ocurriría lo mismo con su destino? ¿Acabaría la pelirroja asesinada a manos del Duende Verde y Gwen se alzaría como nueva chica de Peter? Todas las posibilidades se encontraban abiertas, especialmente conforme la serie comenzó a acercarse al final de su segundo año de existencia.

 

Para entonces, el Spiderman Definitivo había luchado contra el Duende Verde, en su aventura iniciática, para luego enfrentarse a Kingpin, Los Forzadores, Electro, el Doctor Octopus, Kraven el Cazador, El Lagarto… Se aproximaba un número tan significativo como el #25 USA, y Bendis quería hacer algo de verdad especial: la vuelta del Duende Verde, el que seguía siendo el más terrible enemigo contra el que hubiera luchado nunca su lanzarredes y precisamente aquél con el que más licencias se había tomado a la hora de versionearlo.

 

En la continuidad clásica, La fórmula química que había transformado en villano a Norman Osborn le dotaba de superfuerza y le desequilibraba mentalmente, pero no cambiaba su aspecto en lo más mínimo. En el primer episodio dibujado por John Romita, descubrió la identidad secreta de Spidey, pero sus episodios psicóticos le hacían olvidarla, hasta que algún suceso puntual le devolvía la conciencia de quién era realmente. El truco acabó por resultar repetitivo, de manera que la muerte de Gwen Stacy sería también utilizada en aquella época para librarse de Osborn, que también encontraría el final, insertado en su propio deslizador (sí, a imagen y semejanza de lo que ocurrió luego en la película).

 

En cambio, en el Universo Ultimate, Norman se transformaba en una terrible bestia que no necesitaba recurrir a ningún tipo de artilugio para luchar contra su enemigo y recordaba perfectamente todo, de manera que sabía que Peter y Spiderman eran la misma persona. Había, no obstante, un rasgo que compartía con su encarnación clásica: la capacidad para hacer daño a su peor enemigo a través de sus seres queridos, y ése sería el aspecto a explorar en su regreso.

 

La aventura comenzó antes de cumplirse el segundo aniversario de la serie, con un espectacular número doble, y alcanzaría hasta incluso después de esa celebración. Durante la misma, es cuando los lectores tomarían conciencia del enorme peligro que el Duende Verde suponía para Spidey. No sólo era el villano al que se había enfrentado por primera vez, sino también el único que tenía motivos personales para acabar con él y la determinación para hacerlo. Por fin, Ultimate Spider-Man #25 USA sería un episodio especial, no por su extensión, dado que tenía la que de cualquier otro número, sino porque allí estaban el Duende Verde, Mary Jane, el mismo puente desde el que Norman había arrojado a Gwen en la continuidad clásica… ¡Y los lectores, con el corazón en un puño!

 

Hasta ese momento, más allá de las diferencias puntuales en las características de algunos personajes y la modernización de los detalles propios de la época, Brian Michael Bendis y Mark Bagley se habían mantenido increíblemente fieles al espíritu del Spiderman clásico. Pero, por contradictorio que pareciera, estaban construyendo unos cómics en los que el lector tenía la impresión de que nada estaba cerrado, en uno u otro sentido. Y eso es lo que hace de Ultimate Spiderman un cómic imprescindible.

 

Texto procedente de Coleccionable Ultimate. Ultimate Spiderman nº 5

LOS TENTÁCULOS DE OCTOPUS

Al igual que Sam Raimi supo ver sin ningún género de dudas que Spiderman debía enfrentarse al Doctor Octopus en la segunda entrega de la saga cinematográfica del trepamuros, Brian Michael Bendis intuyó que ése sería el villano con el que se cruzaría el Hombre Araña definitivo en una de sus primeras aventuras, una vez establecido el origen del personaje. No en vano, de los enemigos clásicos de Spiderman, Octopus ha sido siempre uno de los más queridos por los lectores, quizás tan sólo por debajo del Duende Verde.

 

Stan Lee y Steve Ditko lo crearon en The Amazing Spider-Man #3 USA (1963), partiendo de una idea muy común en aquel entonces: el científico que juega con fuego y acaba quemándose. Tras un accidente radiactivo, los tentáculos artificiales que utilizaba para manipular sustancias peligrosas quedan adheridos al cuerpo de Otto Octavius, cuya mente también se ve irremediablemente dañada. Frente a la alegría juvenil de Spidey, el Doctor Octopus aparece como un adulto siniestro que utiliza la ciencia con propósitos terroríficos. Esa dicotomía entre un personaje y otro es la que hace su rivalidad tan atractiva. Bendis la quiso mantener intacta, solo que trasladando el origen del villano al contexto conspirativo del Universo Ultimate, que se apuntaba en algunas historias previas y que viene a decirnos que hay unos pocos individuos muy poderosos moviendo los hilos, manipulando a la opinión pública y diseñando el mundo en el que vivimos sin que los ciudadanos tengan la menor idea de su existencia.

Lo cierto es que los lectores de Ultimate Spiderman ya conocían a Octavius. Le habían visto desde el comienzo de la serie, como parte del equipo científico que trabajaba para Norman Osborn: un tesoro escondido, un “huevo de pascua”, para aquellos que supieran darse cuenta de que estaba ahí. De hecho, en el tercer número, puede contemplarse cómo Octavius utiliza los brazos mecánicos en el experimento que transforma a Norman en el Duende Verde, durante el que tiene lugar una explosión a la que el científico que apenas sobrevive. De esta manera, Bendis permanece fiel al concepto original que utilizaran Lee y Ditko cuatro décadas atrás, pero introduce una sutil diferencia: el nacimiento del Doctor Octopus está ligado también al del Duende Verde, que a su vez enlaza con el del propio Spiderman.

 

Frente a Norman, quien ha buscado convertirse en un monstruo, Octavius es, por tanto, una víctima de lo ocurrido… Una víctima colérica dispuesto a emprender el camino de la venganza contra uno de esos hombres que mueve los hilos, sólo para encontrarse también con Spiderman. No es el único enemigo de la historia: en un ejercicio de acumulación que señala el caos en que se ha convertido la vida del héroe, Spidey ha de luchar también contra Kraven El Cazador. De nuevo, se está reciclando un personaje de la época clásica, concebido por Lee y Ditko en Amazing Spider-Man #34 USA (1966). Lejos de la relevancia que tuvo Octopus desde el principio, Kraven se mantendría en una discreta posición hasta bien entrados los años ochenta, cuando J. M. DeMatteis y Mike Zeck lo transformaron en un oscuro y fascinante adversario. De cara a su reinvención, Bendis juega a la intriga, de manera que los lectores se pregunten cuáles serían sus rasgos definitorios y hacia qué lado de la balanza se inclinaría.

 

 

Aunque el Doctor Octopus se alza por derecho propio como el elemento de peso en este arco argumental, con Kraven en un segundo plano, Bendis procura que su llegada encaje en un momento particularmente complejo de la existencia de Peter Parker, donde ya empiezan a surgir interesantes diferencias con respecto al original. La confesión ante Mary Jane de la doble vida del héroe acaba de abrir todo un nuevo campo de exploración al que el guionista saca un rendimiento gigantesco. Lejos de quedarse en la mera interacción entre la pareja, para la que se basa fundamentalmente en su propio noviazgo de instituto, Bendis amplía el reparto, dando importancia a secundarios que no la habían tenido hasta entonces e introduciendo otros nuevos, como es el caso de Gwen Stacy.

 

En la continuidad tradicional, Gwen fue, durante buena parte de los años sesenta, el contrapunto de la superficial M.J. y la dulce novia de Peter. De hecho, se hubiera casado con él de no encontrar la muerte a manos del Duende Verde, en uno de los momentos definitorios de la saga del trepamuros. En los primeros números de Ultimate Spiderman, algunos rasgos de la personalidad de la Gwen clásica habían recaído sobre Mary Jane, de tal forma que la llegada de una Gwen moderna y transgresora permite un interesante cambio de roles, además de abrir las puertas de la especulación. ¿Será esta mucho más asequible y cercana M. J. la destinada a morir en la nueva versión? El guionista deja que los aficionados especulen, mientras él se limita a sacar el máximo partido a esta y otras situaciones, conforme la serie se aproxima al fin de su segundo año de publicación y se sitúa, por derecho propio, en la categoría de clásico del cómic moderno.

 

Artículo aparecido en Coleccionable Ultimate. Ultimate Spiderman nº 4

UN COSMOS EN EXPANSIÓN

Una vez cumplido el objetivo de poner en marcha las dos colecciones con las que se abrió el Universo Ultimate, y mientras Mark Millar y Bryan Hitch trabajaban en la llegada de Los Ultimates, en La Casa de las Ideas tuvieron una gran duda: ¿Qué hacer a continuación? El Universo Ultimate se había convertido en el éxito del año y las leyes del mercado siempre dictan que si algo se vende mucho, debe producirse en masa.

En cualquier otra circunstancia, los títulos de la Línea Ultimate se habrían multiplicado de inmediato, con los lanzamientos que hiciera falta. Pero en la editorial comprendían que no era buena idea. Mantendrían la línea Ultimate reducida a unos pocos títulos, lo que permitiría cuidarla al máximo. El objetivo es que nunca llegase a haber más de cuatro series al mismo tiempo. Tenían ya dos en las librerías, una más en preparación y una tercera que sugeriría Brian Michael Bendis, el guionista de Ultimate Spiderman.

Tras muchos años como autor independiente, Bendis había logrado dar el salto al mainstream con una aclamación unánime. En Marvel se preguntaban cuál sería su siguiente proyecto y éste les ofreció fusionar dos viejos conceptos ya desaparecidos, Marvel Fanfare, una colección con autores y protagonistas que cambiaban cada mes, y Marvel Team-Up, una cabecera de Spiderman en la que le acompañaba un héroe diferente por número. De esta forma, Bendis preguntaría a artistas que admiraba qué personaje les gustaría dibujar para Marvel. Él adaptaría la historia y el estilo literario a los deseos de cada uno de ellos, al tiempo que Spidey serviría de maestro de ceremonias. En las oficinas de la editorial, en un momento en que estaban muy abiertos a la experimentación y a nuevos puntos de vista, estimaron que la idea podría funcionar bien, además de expandir el cosmos del Universo Ultimate, sin necesidad de multiplicar exponencialmente el número de colecciones.

Bajo esas premisas, Ultimate Marvel Team-Up se convirtió en la tercera cabecera del Universo Definitivo en ver la luz. La serie abría a lo grande, mediante una historia que era importante por tres motivos: suponía el primer encuentro de Spidey con otro superhéroe, era también la primera vez que el trepamuros se cruzaba en el camino de un mutante y el primer cruce de la versión definitiva de los dos personajes más comerciales de la editorial: el Hombre Araña… Y Lobezno. Matt Wagner, el genio detrás de Grendel, uno de los más sugestivos tebeos del panorama independiente americano, se encargaba de los lápices.

No menos importante fue la segunda historia, un encuentro con Hulk dibujado por Phil Hester (Green Arrow), ya que serviría para dar consistencia a un conjunto de ideas alrededor del escenario sobre el que se movía el Universo Ultimate. Al ambiente de Guerra Fría y paranoia radiactiva que presidía los cómics que hicieran Stan Lee y Jack Kirby en el nacimiento del Universo Marvel convencional, Bendis y Millar querían contraponer un modelo adaptado al siglo XXI, el de “la gran conspiración”, con un reducido número de individuos moviendo los hilos desde las sombras, un Gran Hermano que se sitúa en lo más alto de la cadena alimenticia y controla el mundo. En el choque de Spidey con Hulk se apuntaría por primera vez esta circunstancia.

 

Tras el Goliat Esmeralda, el siguiente “Team-Up” supuso el debut de Iron Man, otro de los héroes que pronto aparecería en The Ultimates. El dibujante era todavía más inusual que los anteriores, puesto que se trataba de Mike Allred, cuyo delirio pop también podía encontrarse en X-Force, otro heterodoxo proyecto que La Casa de las Ideas acababa de estrenar. La apuesta se elevaría aún más con la aventura que, acto seguido, reuniría a Spiderman con Daredevil y Punisher. Bendis se mantuvo fiel al concepto original de estos dos oscuros vigilantes de Marvel, pero fue más allá en todo lo demás: no sólo se trataba de la aventura más larga publicada hasta entonces en MTU, sino que además estaba ilustrada nada menos que por Bill Sienkiewicz, un genio de estilo diametralmente opuesto al típico autor de superhéroes.

 

 

En este volumen se recogen todas esas historias. En total, los ocho primeros números de Ultimate Marvel Team-Up, un esclarecedor y brillante ejemplo de lo mucho que arriesgaba La Casa de las Ideas a comienzos de la primera década del siglo XXI. Porque quien nunca arriesga, nunca gana.

Artículo aparecido en Coleccionable Ultimate. Ultimate Spiderman nº 3: Un mundo compartido

LA CONSTRUCCIÓN DE UN TRIBUTO

A lo largo de su historia, Marvel ha intentado en varias ocasiones recontar el origen de sus personajes clásicos, sin que los resultados fueran especialmente alentadores. Ante los precedentes conocidos, la llegada de la línea Ultimate produjo algunos ataques por parte de aficionados que ni siquiera habían leído el producto, pero que temían por la posibilidad de que la nueva versión terminara por sustituir a la ya conocida.

Ajenos a esas críticas, los artífices del nuevo sello no querían ni barrer a unos personajes que habían seguido desde niños ni repetir sus andanzas al pie de la letra. Su objetivo auténtico consistía en reimplantar en el siglo XXI conceptos que tenían ya a sus espaldas cuatro décadas de existencia, y para ello se podía partir del original, pero tomando la perspectiva del tiempo transcurrido desde su publicación y teniendo en cuenta las inconsistencias surgidas durante tantos años de aventuras. En el caso de Ultimate Spider-Man, el objetivo prioritario de Brian Michael Bendis consistía en hacer un tributo a Stan Lee y Steve Ditko (los creadores del personaje), y, sobre todo, a John Romita, con cuya llegada la franquicia arácnida adquirió un tono romántico indudable. Se trataba de reinterpretar el sabor de aquellos cómics y que los fans neófitos degustaran el resultado como si acabara de cocinarse.

 

¿En qué cambia el nuevo Peter Parker en relación al antiguo? La diferencia fundamental es que, si Pete en sus orígenes era un ratón de biblioteca, un tipo introvertido y poco dado a relacionarse con las chicas, el Definitivo, sin alcanzar el calificativo de popular, se desenvuelve mucho mejor en su entorno. No es un nerd, no pasa su vida encerrado en un laboratorio ni es incapaz de acercarse al sexo opuesto. Al nuevo Pete le gustan las ciencias, sí, pero no tiene problemas a la hora de tener vida social propia.

 

Como consecuencia de esa búsqueda del “chico corriente”, este Pete carece de la inteligencia superior de la que siempre ha hecho gala el Spiderman tradicional. Es tan listo, estudioso y brillante como pueda serlo alguien de su edad, pero no es un superdotado. De hecho, suele ir a remolque de lo que ocurre, y rara vez demuestra cierta iniciativa ante sus enemigos, que en ocasiones se burlan de él y le manipulan. Hay quien pudiera pensar que tal situación no es propia de un héroe, pero ahí radica uno de los detalles más coherentes del planteamiento de Bendis. Su Spiderman está aprendiendo y comete errores. Está construyendo su vida y, como puede pasar a cualquiera, se equivocará mil veces antes de tomar las decisiones correctas.

 

Desde el punto de vista argumental, Bendis parte de muchos de los elementos que se estaban utilizando en el guión de la película de Sam Raimi, por entonces en periodo de producción. Coincide con él a la hora de utilizar desde el primer momento tanto a Mary Jane como al Duende Verde. En la versión tradicional, Mary Jane no apareció hasta que Peter ya estaba en la Universidad, para mucho más tarde convertirse primero en su novia y más tarde en su esposa. En los años noventa, la serie de animación de Spidey la entronizó como el gran amor de Peter también en sus inicios como superhéroe, circunstancia adoptada luego en el cine y que Bendis hace suya. El guionista ha desnudado a la Mary Jane clásica de gran parte de su exuberancia, para hacer lo mismo que con Pete: mostrarla como “la chica de la puerta de al lado”. En cuanto al Duende Verde, el guionista une su destino al del héroe desde el primer momento, toda vez que prescinde del misterio que rodeara a su identidad durante largo tiempo, para pasar directamente al duelo personal. Para el segundo arco argumental, el recogido en este tomo, Bendis opta por Kingpin, uno de los villanos clave de la época de Romita, a la par que añade a Los Forzadores, esbirros de la etapa fundacional dibujada por Steve Ditko en los primeros años sesenta. Una anécdota graciosa es que, apenas unos pocos años antes, cuando John Byrne trató de actualizar las historias de Ditko en su Spiderman: Chapter One, renunció expresamente a utilizar a Los Forzadores porque los consideraba “demasiado antiguos”. Bendis no tiene inconveniente en recurrir a ellos e integrarlos en su visión del trepamuros, que pulveriza a la de Byrne en todos los aspectos, pero sobre todo en el de la batalla por la modernidad.

 

En el terreno estético, Mark Bagley se merece una medalla. Dibujó a Spiderman a lo largo de los años noventa, hasta convertirse en uno de sus artistas fundamentales. Luego abandonó al personaje, para retomarlo algún tiempo después, pero en su nueva versión. En lugar de remedar éxitos pasados, Bagley cambia de arriba abajo la manera de abordar al icono. Su Peter es delgado en extremo, con un cuerpecillo propio del chaval que todavía no ha terminado de formarse, y lo mismo puede decirse de Mary Jane. Echando un vistazo alrededor, nos encontramos con que tía May es más joven y más fuerte, igual que tío Ben, quien lucía una coleta que revelaba su pasado beatnick. El hecho de que Bendis dotara al patriarca Parker de un carisma inédito hasta entonces, produjo que muchos lectores llegaran a pensar que quien moriría sería May, en lugar de Ben. Tal cosa no ocurrió, desde luego, pero es un detalle que ilustra el talento de los autores de Ultimate Spiderman para presentar como nueva una saga contada mil veces en el pasado.

 

No ya para burlarse amistosamente de los aficionados que esperan que tal cosa ocurra en un sentido o en otro, sino para ser consecuente con el personaje que está construyendo, Bendis tomó una importante decisión nada más concluir el primer año de la serie, en una historia autoconclusiva con la que el guionista daba un giro radical a la relación entre el héroe y la chica. No era nada que se hubiera hecho antes en los cómics clásicos, pero sí era lo natural que debía ocurrir en Ultimate Spiderman tal y como se venían desarrollando las tramas. Aquel cómic, incluido en este tomo, se ganó el aplauso unánime de los lectores y multitud de premios.

 

Ha cambios más superficiales, como el trabajo que consigue Peter en el Daily Bugle: un chaval no va por ahí vendiendo a un periódico fotografías que ninguna persona consigue, estima Bendis, quien opta por algo mucho más sencillo, como una beca en la página web del periódico. La decisión tampoco supone una ruptura radical con la imagen que tenemos del héroe. Propicia además una escena memorable, la de J. Jonah Jameson enjuiciando como basura cada una de las fotos que le muestra Peter, y que los guionistas de la película no tuvieron inconveniente en calcar, para orgullo y sorpresa de Bendis y Bagley.

 

Y por mucho que éste sea un universo nuevo y brillante destinado a la captación de adeptos, los guiños al pasado campan a sus anchas, certificando un cariño y un respeto absoluto hacia los que estuvieron antes. Atención a la ropa que viste Peter (una de sus camisetas muestra el símbolo de los Thunderbolts, el supergrupo que dibujara Bagley durante años), a los personajes que aparecen en segundo plano (están desde los agentes Mulder y Scully hasta el protagonista de Powers, otra gran serie de Bendis), a la mención de otros héroes (con los cuales Spidey se cruzará dentro de muy, muy poco tiempo), al nick que utiliza Peter cuando navega por Internet y al de aquél que le responde (son los nombres de los rotulistas que trabajaron en el cómic original: Artie Simek y Sam Rosen). Y es que los tesoros escondidos en estas páginas se cuentas por decenas.

Artículo aparecido originalmente en Coleccionable Ultimate. Ultimate Spiderman nº 2: Curva de aprendizaje

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