Deudas pendientes: Daredevil, Spider-Man… Y Frank Miller

Por Julián M. Clemente
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El diablo y la araña
ésta es la historia de dos amigos. No importa que, en realidad, esos dos amigos sean personajes de ficción. Su relación ha durado más de cuarenta años. Cuatro décadas en las que ambos han pasado por una inicial colaboración y una posterior desconfianza que acabaría por convertirse en amistad. Es un relato que implica a terceras personas, y aquí está la magia del cómic, porque esas personas sí son reales, son algunos de los autores que dieron forma a dos mitos, dos iconos del siglo XX. Y es que, por compartir, estos Spider-Man y Daredevil han compartido hasta diseñador de vestuario en sus sendas películas. Pero me estoy adelantando a los acontecimientos, porque nuestra historia comienza mucho, mucho antes.

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El final de la inocencia

Por Julián M. Clemente
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Invierno de 1973. Desde su semi-retiro como guionista, Stan Lee contempla los progresos de sus sustitutos, en especial los de Gerry Conway, quien le ha sucedido en una de las series más emblemáticas con las que cuenta Marvel, la protagonizada por Spider-Man. Conway apenas tiene diecinueve años, pero Lee está convencido de que es justo lo que necesita la colección, que alguien de esa edad comprenderá mejor que nadie lo que pasa por la cabeza del universitario Peter Parker. Para apoyarle y vigilarle, cuenta además con la inestimable ayuda de John Romita.

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Las mujeres de Spider-Man

Por Julián M. Clemente
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“Enamorarse, el odio al trabajo y otros éxitos del pop”. Así se presenta una de las novelas capitales de la década de los noventa: Alta fidelidad (Ediciones B, Barcelona, 1995), firmada por el genial Nick Hornby, con una adaptación cinematográfica a la altura del original. En ella, un loco por la música con el que podría identificarse cualquiera de nosotros, utiliza las típicas listas de los más vendidos para ordenar sus prioridades en la vida, ya sean trabajos, amigos o incluso mujeres. Al fin y al cabo, ¿quién no ha entrado alguna vez en el juego de elegir los mejores libros, o los mejores momentos, o las mejores novias/os? Es un juego que, en el caso de Peter Parker y en el caso de una miniserie centrada en su relación con la más explosiva de sus ex, no nos resistimos a poner en marcha y hacemos extensible a todas las mujeres de su vida. No en vano, las aventuras de Spider-Man siempre han podido calificarse de gran comedia romántica. Allá van quince buenos motivos.

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Dolor

Por Julián M. Clemente dolor.jpg Hay quien nace con un brillante futuro por delante. Hay quien está destinado a ser guapo, tener dinero, éxito con las mujeres, y todo lo que dicen que hace feliz a una persona. Pero también existe el lado opuesto. Hay personas que nacen para perder. Y tú eres uno de esos, Parker. Lo supiste desde siempre. Por mucho que lucharas contra ello. Estaba ahí, cada día de tu vida, como si fuera un pitido agudo en el fondo de tu cerebro que, con el paso de los años, has terminado por ignorar la mayor parte del tiempo. Por desgracia, una o dos veces al día, algo o alguien te recordaba lo que eras, lo que siempre has sido en tu larga y terrible existencia de quince años de sufrimiento y dolor: un perdedor. Peter Parker, el gran perdedor.

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Spider-Man: Te podría pasar a ti

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El héroe más popular de los publicados por Marvel Comics estuvo a punto de no llegar a ver la luz. Spiderman debutó en el último número de una agonizante colección que hasta entonces había contenido relatos cortos de monstruos, misterio y terror. Stan Lee había incluido en el Amazing Fantasy 15 (agosto de 1962) las once páginas del origen del Hombre Araña porque su jefe Martin Goodman desconfiaba de la capacidad del lanzarredes para convocar lectores. Lee por el contrario tenía la intuición de que volvería a triunfar con su nueva criatura. La idea básica de Spiderman surgió de un momento de distracción en el que el genial guionista se había quedado mirando cómo una araña trepaba por la pared de su oficina. El aspecto verdaderamente revolucionario del personaje tendría más que ver con su identidad pública que con sus poderes. Hasta ese momento, era moneda común que un joven adolescente acompañara al héroe principal. Los guionistas podían mantener así al protagonista hablando con alguien en cada viñeta, y los lectores podían identificarse con estos sidekicks. Stan Lee no estaba de acuerdo con tal planteamiento. Le aburrían profundamente los ayudantes, como demostraría el hecho de que prescindiera de Bucky Barnes al traer de vuelta al Capitán América. ¿Qué ocurriría si el adolescente fuera quien protagonizara la serie? Stan deseaba emprender ese camino, hasta entonces inexplorado. El alter ego de Spiderman se llamaría Peter Parker, y sería un chaval inteligente, marginado de sus compañeros de estudios y de las chicas, y un tanto inocente, retrato robot de muchos de los compradores habituales de los cómics Marvel. El hecho de ser picado por una araña radiactiva que le transferiría sus habilidades y su fuerza proporcional no mejoraría la popularidad de Peter Parker. Muy al contrario. Disfrazarse como Spiderman tan sólo le acarrearía problemas, pero no podría jamás renunciar a su carrera de justiciero, porque el destino, y la muerte de tío Ben a manos del ladrón que se negó a detener, le enseñarían que “un gran poder conlleva una gran responsabilidad”.
Jack Kirby, como en tantas otras ocasiones, sería el dibujante de la nueva colección, pero al ver las primeras páginas que hizo El Rey, Stan comprendió que se había equivocado. Jack había seguido el mismo canon que utilizaba para el resto de sus héroes, y no era esa la visión que Stan tenía de Spiderman. El trabajo pasó entonces a Steve Ditko, un artista opuesto en todo a Kirby. Ditko hizo que el trepamuros fuera delgado y se moviera de forma inhumana. Diseñó un innovador traje con máscara completa y ojos enormes y reflectantes, tan sobrecogedor que continúa siendo uno de los mejores uniformes de superhéroe de todos los tiempos.

Artículo aparecido originalmente en el libro Marvel 100 % Clásicos, publicado por Cómics Forum

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