SPIDER-MAN BACK IN BLACK: NEGRO COMO LA NOCHE, NEGRO COMO EL CARBÓN

Durante más de dos décadas, Spiderman vistió de rojo y azul. Su uniforme era tan icónico como el de otros grandes personajes del cómic universal, desde Superman hasta Asterix, desde el Fantasma Enmascarado al Capitán América. Pero nada dura para siempre, y en 1984 Marvel se atrevió a alterar radicalmente la vestimenta del trepamuros. El traje negro supuso una revolución estética que, contra todo pronóstico, agradó a la mayoría de lectores. Y aunque el personaje no tardó en volver a los orígenes, a partir de entonces se hizo cada vez más habitual que renovara su fondo de armario, con toda clase de variantes, que iban de lo absurdo a lo genial. En 2007, coincidiendo con la aparición del traje negro en Spider-Man 3, el trepamuros volvió también a vestirlo en los cómics… y tenía importantes razones para hacerlo.

 

“Civil War” había acabado de la peor manera posible para el Hombre Araña, con Tía May como víctima involuntaria de las decisiones que había tomado su sobrino en el curso de la Guerra Civil Superheroica. Fue él quien, siguiendo el consejo y los ruegos de Tony Stark, reveló su identidad secreta en público y se convirtió en la cara amable del registro. Fue él quien, después de comprender lo errado de su comportamiento, adjuró del mismo ante las cámaras de televisión y se pasó al bando a favor de las libertades, encabezado por el Capitán América. Ese bando había perdido, y sus cabecillas sufrirían las consecuencias.

 

El Universo Marvel se teñía de pesimismo y división tras “Civil War”, a imagen de lo que estaba ocurriendo en Estados Unidos como consecuencia de las políticas llevadas a cabo por el presidente George W. Bush. El Capitán América fue asesinado en las escaleras del tribunal que iba a juzgarlo por delitos de traición, lo que supondría el inicio de uno de los más celebrados arcos argumentales que hubiera conocido jamás la colección del Centinela de la Libertad. En cuanto a Spidey, en La Casa de las Ideas tenían unos planes muy definidos acerca de su futuro, siguiendo los dictados del Director Editorial, Joe Quesada. Éste llevaba un tiempo acariciando la idea de romper el statu quo del trepamuros como no había ocurrido en veinte años, mediante el regreso de su soltería. Era una vieja aspiración de muchos de los autores que habían pasado por la Franquicia Arácnida desde que se consumó el matrimonio con Mary Jane, ya que estimaban que con él se perdían una parte sustancial de las señas de identidad del personaje. Quesada no era el único a favor de borrar todo rastro de aquella unión, pero sí el más significativo y visible de los partidarios. Joe Michael Straczynski había compartido su intención de abandonar la serie principal del héroe, así que el otro Joe estimó que aquél sería el momento adecuado para acometer la operación.

 

Pero esa historia tendría todavía que esperar unos meses, porque en el camino apareció el siguiente blockbuster cinematográfico de Marvel. Spider-Man 3, cuyo estreno estaba programado en Estados Unidos para el 4 de mayo de 2007, venía a plantear el célebre arco argumental del traje negro. Aquella aventura se remontaba a los años ochenta, cuando un lector consiguió vender a la editorial la idea de que Spidey adoptara una nueva vestimenta. Después de un cúmulo de circunstancias que alteraron el plan inicial, el traje negro debutó con motivo de “Secret Wars”, la gran aventura que en 1984 reunió a los mayores héroes de la factoría, y supuso un inesperado éxito. Luego salió a la luz que el traje era, en realidad, un simbionte alienígena que trataba de asimilar a Peter Parker, pero gustaba tanto que los autores recurrieron a la tela convencional para seguir vistiéndolo de negro. El traje sólo fue abandonado después de que el simbionte diera lugar a Veneno, el nuevo y amenazante villano que irrumpió algunos años después. Desde entonces, Peter Parker lo había vuelto a vestir en contadísimas ocasiones, pero la película lo había puesto de nuevo de moda. Los cómics tenían que reflejar eso de alguna manera, y en la Oficina Arácnida decidieron que la mejor forma de hacerlo era montar un “landscape” que durase unos pocos meses y posibilitara aquella mimetización con el filme.

 

En la planificación de Joe Michael Straczynski no había nada en ese sentido. Su objetivo consistía en saltar a su historia de despedida tan pronto como terminarse “Civil War”, pero aceptó aguantar unos pocos meses más y formar parte del proyecto, que recibió el nombre de “De vuelta al negro”. Tal decisión no pudo beneficiar más a los lectores. El resto de colecciones de Spidey aprovecharon a su manera el cambio de uniforme, pero ninguna con tantísimo acierto como Amazing. JMS conjuró un gigantesco relato de un Spiderman desesperado y furioso, como pocas veces se había visto antes, a lo que se añadió una caracterización de Kingpin, el gran villano detrás de todo, equiparable a la que había hecho Frank Miller en “Daredevil: Born Again”. El Jefe del Crimen, que casi se había olvidado del Hombre Araña en los últimos veinte años de cómics, se mostró como nunca lo había hecho ante el lanzarredes: como la encarnación del mal absoluto, aquello capaz de corromperlo todo. La batalla con la que se coronaba el relato quedó como uno de los momentos más escalofriantes de toda la etapa de Straczynski, mientras que el dibujante Ron Garney, quien también se disponía a abandonar la franquicia, dejó el que podría calificarse como el mejor trabajo de su carrera, reflejando en cada viñeta el peso trágico de aquel Spiderman desesperado, al borde del abismo. En aquellas páginas de desesperación absoluta, casi se podía escuchar martilleando el “Paint It Black” de Rolling Stones.

 

“Miro en mi interior

y veo que mi corazón es negro

No es fácil plantar cara

cuando todo se ha vuelto negro”.

 

 

Artículo aparecido originalmente en Marvel Saga. El Asombroso Spiderman nº 12

UN HOMBRE ARAÑA EN TIEMPOS DE GUERRA: SPIDERMAN Y “CIVIL WAR”

La primera vez que se encontraron dos superhéroes de DC Comics, lo que hicieron fue darse la mano y hacerse amigos. La primera vez que dos superhéroes de Marvel cruzaron sus caminos, estalló una pelea entre ellos. Ha seguido siendo así durante toda la historia de la compañía. Mientras en la Distinguida Competencia disfrutan contando tierras alternativas, en La Casa de las Ideas la fuerza motora reside en el conflicto entre sus iconos. La máxima expresión de tal circunstancia llegó con “Civil War”, una macroaventura en la que el Universo Marvel se dividió en dos bandos irreconciliables… y a Spiderman le tocó estar en medio.

 

Decir que “Civil War” es el más ambicioso evento jamás publicado por Marvel no es algo en absoluto exagerado. La aventura se fraguó en unas circunstancias muy particulares, y quizás por eso mismo irrepetibles. Corría 2006, y el sorprendente éxito logrado por The New Avengers de Brian Michael Bendis animaba a Marvel a colocar esa cabecera en el epicentro de todo, un impulso que venía dado por el hecho de que en sus filas militaran, además de miembros clave de Los Héroes Más Poderosos de la Tierra, Lobezno y Spiderman. A su vez, “Dinastía de M”, evento publicado unos pocos meses atrás, había servido para deshacerse de la política de tolerancia cero frente a ese tipo de historias. Después de un largo periodo de hastío, los lectores volvían a pedir aventuras que implicaran a la totalidad del cosmos conectado de Marvel y se extendieran a través de decenas de colecciones.

 

Ante esa efervescencia, desde la editorial respondieron con “Civil War”, un complejo crossover, coordinado por el editor de las colecciones de Los Vengadores, Tom Brevoort, y cuyo título principal corría a cargo de Mark Millar y Steve McNiven. La propuesta apelaba a algo tan primario en el Universo Marvel como que los superhéroes se pelearan entre ellos, pero añadía una relevancia política a la disputa que arrastró las miradas no sólo del público ya convencido, sino de los medios de comunicación generalistas. En la Marvel de Joe Quesada habían aprendido muy bien a fabricar la clase de noticia que desde un simple medio de entretenimiento como era el de los cómics conseguía saltar la barrera y posicionarse en lo más alto de los informativos. “Civil War” obedecía al objetivo de volver a hacer del Universo Marvel un lugar cohesionado, pero sobre todo impredecible, en que podían ocurrir los más insospechados acontecimientos. Editores y guionistas miraban de soslayo hacia Perdidos, la teleserie de moda, alimentada con misterios, giros argumentales y continuarás constantes, y se dispusieron a trasplantar sus máximas.

 

El equipo de Brevoort diseñó “Civil War” para sembrar en su curso bombas de calculadísima relojería, que estallaran con tanta intensidad que fuera obligado hablar de ellas en los medios. La premisa en sí misma, de héroes peleados a causa de un Acta de Registro de Superhumanos que obligaba a desvelar sus identidades secretas, tambaleaba uno de los grandes tabús del género, aquel que la propia Marvel llevaba un tiempo poniendo en cuestión. La multipremiada andadura de Brian Michael Bendis en Daredevil se basaba en que el Daily Globe descubría al público el verdadero rostro del héroe ciego, un punto de partida con el que alimentó la colección durante cuatro años. A nadie pasó tampoco inadvertido el paralelismo del Acta de Registro de Superhumanos con las leyes restrictivas de la libertad que venía impulsando el Presidente George W. Bush. Fue inevitable señalar al Bando Pro-Registro, el que lideraba Iron Man, como el conservador, mientras que el opuesto, con el Capitán América a la cabeza, era el progresista y el de la defensa de las libertades. Los lectores iban a tener que decidir de qué lado estaban, y aunque ninguno de los autores se posicionó claramente al respecto y Quesada se cuidó mucho de contemporizar, la mayoría de las historias señalaban al Hombre de Hierro como el villano y al Capitán América como el héroe.

 

¿Y Spiderman? El golpe de gracia estuvo en situar al héroe con el que se identificaban los aficionados en una posición basculante y compleja de explicar, máxime si se tiene en cuenta que Millar y McNiven tenían que trabajar con decenas de personajes en la serie central, lo que apenas les dejaba unas pocas viñetas para explicitar la evolución del trepamuros a lo largo de la trama. En cambio, Joe Michael Straczynski disponía de todo el espacio que necesitara en las páginas de The Amazing Spider-Man. El de la Guerra Civil no era un argumento que hubiera diseñado él, y quizás el autor nunca hubiera conducido al personaje por esos caminos, pero una vez tomada la decisión editorial de que así fuera, Straczynski hizo suya la historia. La mayoría de las colecciones de Marvel estaban supeditadas a “Civil War”, seguían su desarrollo en paralelo y añadían valiosa información a la saga, pero pocas resultaron tan necesarias para entender la saga en su magnitud como The Amazing Spider-Man.

 

Así, cuando la Guerra Civil daba comienzo, Tony Stark pedía a su pupilo el mayor de los sacrificios, que iba a tener el mayor de los premios. Peter, un Peter que tomaba la decisión sin ser plenamente consciente de las consecuencias, se equivocaba y decía que sí. Efectivamente, Spiderman se encontraba del lado de los que pretendían que los superhéroes se inventariasen ante las autoridades como si de armas se tratara. Entre quienes conocían a Peter latía la completa certeza de que aquello no podía durar demasiado, de que tarde o temprano habría de llegar el momento en que Spidey cambiara de parecer. Y el precio a pagar sería, por fuerza, altísimo. La cuestión de fondo estaba en las circunstancias y en el momento en que tal cosa sucedería.

 

De no existir la cercanía de Peter Parker con Tony Stark, el lanzarredes con toda probabilidad hubiera elegido el bando a favor de la libertad y de las identidades secretas. Porque si había un héroe que, por encima de cualquier otro, hubiera tratado de mantener separada su vida personal de sus andanzas justicieras, ése era Spiderman. Uno de los grandes tabúes sobre los que siempre habían girado sus aventuras era el hecho de que nadie supiera quién se encontraba bajo la máscara. Eso, a causa de “Civil War”, estaba a punto de cambiar. Y cuando lo hiciera, el mundo del Hombre Araña cambiaría también como nunca lo había hecho.

 

Texto aparecido originalmente en Marvel Saga. El Asombroso Spiderman nº 11

LA METAMORFOSIS DE LAS ARAÑAS: UN SPIDERMAN PARA DESPUÉS DE “EL OTRO”

“Nada volverá a ser igual”. Esa frase, augurio del fin de una época que nunca volverá, ha sido utilizada por Marvel hasta la saciedad a lo largo de su historia, hasta convertirla en tópico recurrente, aunque la realidad constata que, en demasiadas ocasiones, los cambios que anuncia suelen verse diluidos hasta desaparecer al cabo de un tiempo. Con “El Otro”, el primer gran crossover arácnido del siglo XXI, se proclamaban alteraciones de amplio espectro para el trepamuros. En el transcurso de la historia, Peter Parker había muerto, y era entonces cuando las cosas se ponían interesantes…

Las últimas páginas del anterior volumen nos dejaban una sorpresa mayúscula: mientras Mary Jane y Tía May iniciaban los trámites funerarios, del cadáver de Peter emergía… algo… que dejaba atrás una ventana rota en la Torre de Los Vengadores y un cascarón vacío donde antes estaba el cuerpo del héroe. Aquello que había escapado formaba entonces una crisálida y se preparaba para el siguiente paso en la evolución del Hombre Araña. A lo largo de este tomo descubriremos las circunstancias de esa evolución, así como la aventura que sirvió de prólogo a la participación de Spiderman en la Guerra Civil Superheroica que estallaría a lo largo de 2006. En las próximas líneas entraremos en detalles al respecto, pero antes de hacerlo es conveniente avisar al respecto, puesto que ahondaremos en detalles argumentales de lo que ocurre en este volumen, por lo que aconsejamos postergar la lectura del mismo a todos los que no conozcan los hechos aquí descritos.

 

El Peter Parker que surgía de la crisálida no era muy distinto al que hasta entonces recordaban los lectores, salvo que añadía nuevas habilidades a los poderes arácnidos, en consonancia con el discurso totémico que había venido manteniendo Joe Michael Straczynski durante los años anteriores. Estas habilidades se sumaban además al cambio de los tradicionales lanzarredes mecánicos por los cinematográficos lanzarredes orgánicos que había puesto de moda la saga cinematográfica dirigida por Sam Raimi. La alteración de los lanzarredes había tenido lugar un par de años atrás, en las páginas de Spectacular Spider-Man vol. 2, #15-20 USA (2004), con Paul Jenkins como guionista, mientras que la que ahora tenía lugar había sido planificada por el propio Straczynski, con ayuda del comité de editores y guionistas que elaboraron “El Otro”. Durante los últimos capítulos de saga, las nuevas habilidades arácnidas eran presentadas en todo detalle, con la promesa de que formarían parte integral del personaje a partir de entonces. Sin embargo, en los meses siguientes, apenas iban a ser utilizadas. De entre todos los guionistas, curiosamente fue Peter David quien mejor las integró en sus historias, las consideró más interesantes y las defendió a capa y espada en cuanta discusión pública tuvo lugar al respecto. David escribía Friendly Neighborhood Spider-Man, la nueva cabecera lanzada junto con “El Otro” y que, una vez concluída la historia, seguiría adelante en paralelo con The Amazing Spider-Man, centrándose en las historias relacionadas con el instituto en el que trabajaba Peter, y donde se reencontraba nada menos que con Flash Thompson. La tercera serie en liza, Marvel Knights: Spider-Man, fue retitulada The Sensational Spider-Man tras el crossover. A tal efecto, cambió de equipo creativo y de orientación. El prestigioso dramaturgo Roberto Aguirre-Sacasa y el dibujante Ángel Medina la enfocaron como un revival de los tiempos en que Todd McFarlane escribía y dibujaba al trepamuros, con una preponderancia marcada de los villanos monstruosos.

 

Marvel Saga se concentra, no obstante, en la recuperación de The Amazing Spider-Man, como título central del trepamuros. Allí también hubo cambios: sus páginas acogieron un cambio creativo, de forma que Mike Deodato fue sustituido por Ron Garney, un valor sólido cuya llegada fue interrumpida por dos números en los que quien se encargó de los lápices fue Tyler Kirkham. Este autor pertenecía a la escudería de Top Cow, estudo de Marc Silvestri que en aquel entonces tenía un acuerdo firmado con Marvel por el que sus artistas desfilaban por algunas series de La Casa de las Ideas. La presencia de Kirkham vino a deslucir un tanto unos episodios en los que Stracyznki fue preparando el terreno para la Guerra Civil Superheroica que en aquellos momentos cocinaba Marvel. No hubo ni siquiera un respiro tras la conclusión de “El Otro”, de manera que, en la última página del evento, los lectores podían contemplar cómo Tony Stark preparaba a espaldas de Peter un nuevo uniforme arácnido con los colores de la armadura de Iron Man.

 

JMS veía la relación entre Tony y Peter similar a la que pudiera darse entre un mentor y su discípulo. Tony Stark era un triunfador, el genio hecho a su medida en que podría haberse convertido Peter Parker de no haberse interpuesto el destino en forma de araña radiactiva. El guionista daba a entender que en el joven trepamuros había potencial para que algún día se alzara como un científico brillante que construyera artefactos con los que cambiar el mundo. La idea de profesor de instituto, de superhéroe ceñido a un mundo asequible y abarcable para el lector medio comenzaba a desdibujarse. En cuanto al nuevo traje de Spidey, Chris Bachalo presentó varias propuestas, con diferentes variaciones de los colores clásicos. Entre todas ellas, al Director Editorial Joe Quesada le llamó la atención un diseño en el que Spider-Man disponía de unos tentáculos similares a los del Doctor Octopus. Le pareció una gran idea, como si el héroe estuviera buscando nuevas maneras de luchar contra sus enemigos. Encajaba en la manera de pensar de Tony Stark, propenso a combatir el fuego con el fuego. El traje que finalmente delimitó el propio Quesada recordaba explícitamente a la armadura de Iron Man, al partir del rojo y el dorado como colores básicos; contaba con unas patas mecánicas que simulaban la forma de una araña y podían usarse como armas; permitía además que el trepamuros hiciera algo tan ajeno a él como volar y desde el comienzo tuvo fecha de caducidad, aunque no se anunciara tal cosa. Los lectores se dividieron nada más verlo. Les encantaba o lo odiaban en porcentajes equiparables, que era la clase de reacción que esperaba Joe Q. El nuevo traje estaba allí para un propósito argumental, no para vender muñecos, aunque desde luego que los acabó vendiendo.

 

Y así, de rojo y oro, el Hombre Araña emprendió, sin saberlo, el camino que le conduciría, a él y a todo el Universo Marvel, a la más ambiciosa saga superheroica jamás publicada.

Prólogo aparecido originalmente en Marvel Saga. El Asombroso Spiderman nº 10

EL OTRO: UN CROSSOVER PARA EL SIGLO XXI

Durante buena parte de los años noventa, las diferentes series mensuales protagonizadas por Spiderman fueron escenario de diversos cruces de estructura monumental, como “Matanza Máxima” o “El regreso del clon”. Las tramas se seguían de una serie a otra, lo que obligaba al lector a comprarlas todas para poder comprender lo que estaba ocurriendo, y a la editorial a establecer rigurosos sistemas de coordinación entre los autores y los editores. El abuso del recurso ocasionó que fuera abandonado a comienzos del siglo XXI, cuando ya arrastraba una sistemática mala fama entre los aficionados. Sin embargo, en 2005, y después de cinco años sin crossovers, el Director Editorial Joe Quesada, estimó que había llegado el momento de orquestar una gran historia que aglutinara a las tres cabeceras arácnidas. Así fue como nació “El Otro: Evoluciona o muere”.

 

El trepamuros de Marvel atravesaba, en 2005, uno de sus momentos más dulces, con Joe Michael Straczynski al frente de la principal de sus colecciones, The Amazing Spider-Man. Hasta ese momento y como se ha podido ver en anteriores volúmenes de Marvel Saga, JMS venía desarrollando una compleja subtrama, por la cual reexaminaba el origen de los poderes del héroe, planteando la posibilidad de que se debieran a una herencia de naturaleza totémica. Transcurridos varios años de permanencia en la serie, durante los que pudo trabajar sus argumentos sin verse envuelto en otros sucesos que tuvieran lugar en el Universo Marvel, Straczynski se veía obligado en ese punto a cambiar su forma de proceder. En unos pocos meses, Spidey sería una de las piezas fundamentales de un evento de naturaleza global en el que estaba trabajando Marvel. En ese contexto, quedaba poco espacio para dar cancha al hilo argumental de los poderes totémicos. La solución consistió en transformar su resolución en una aventura de doce capítulos que no sólo abarcara The Amazing Spider-Man, sino también los otros dos títulos del trepamuros.

 

Y es que, además del título escrito por JMS, en aquel momento estaba publicándose cada mes Marvel Knights: Spider-Man, una colección que había nacido algo más de un año atrás, con el objetivo de acoger un equipo creativo de gran empaque, el formado por Mark Millar, Terry Dodson y Frank Cho. Estos autores desarrollaron, en los doce primeros números, una gigantesca epopeya por la que Spidey se enfrentaba a la plana mayor de sus enemigos. El proyecto representó uno de los mayores éxitos de la historia reciente de la editorial, de tal manera que, una vez terminó, en el Bullpen se resistieron a poner punto y final. Muy al contrario: para seguir adelante recurrieron a Reginald Hudlin, otro guionista de menor empaque, pero que también había alcanzado interesantes logros con el relanzamiento de Pantera Negra, el héroe negro por excelencia de La Casa de las Ideas. Dado que el Marvel Knights de Hudlin no contaba con un dibujante fijo, de cara a los episodios de “El Otro”, el editor Axel Alonso se hizo con los servicios de Pat Lee, un canadiense con un estilo de intensa influencia oriental que había cosechado cierto éxito en Image o en franquicias como Transformers.

 

Para la ocasión, Marvel decidió lanzar una nueva cabecera arácnida, que sustituía a The Spectacular Spider-Man, de la que se había encargado Paul Jenkins durante los últimos años. En Friendly Neighborhood Spider-Man se recuperaba a dos autores que ya estaban familiarizados con el personaje. El guionista Peter David había debutado en la industria con diversas aventuras arácnidas publicadas en los años ochenta, entre las que figuraba un verdadero clásico: “La muerte de Jean DeWolf”. También era la mente visionaria que se había adelantado a los lanzarredes orgánicos del cine, con la creación de Spider-Man 2099. David era uno de esos nombres que siempre salían en las conversaciones de los lectores cuando se pensaba en buenos autores que podrían encargarse de las aventuras de Peter Parker. A su lado iba a estar Mike Wieringo, artista de estilo cartoon que hubiera dibujado al personaje durante una temporada de los años noventa, en la serie The Sensational Spider-Man. Entre sus mayores éxitos, estaba una simpática y divertida aventura, ocurrida en la Tierra Salvaje, que fue recopilada en tomo en Estados Unidos en una época en que tal cosa sólo ocurría en contadas ocasiones. La incorporación tanto de Pat Lee, en Marvel Knights, como de Mike Wieringo, en Friendly, unida al hecho de que Mike Deodato siguiera a los lápices de Amazing, confirmaba la idea base de la editorial de que el dibujo del crossover cambiara radicalmente en cada capítulo: de lo realista a lo desenfadado para luego saltar al amerimanga.

 

“El Otro” presentó además una sustancial diferencia con respecto a anteriores eventos de estas características. Se mantenía una estructura por la cual la historia saltaba de una serie a otra, lo que permitía a los lectores leer un nuevo episodio cada semana, pero en lugar de alternarse también los guionistas, estos escribieron tres episodios seguidos, para luego ceder el testigo al siguiente. Arrancaba Peter David, continuaba Hudlin y remataba Straczynski. Para los tres últimos episodios, cada uno de ellos regresaba a sus respectivas series, de cara a escribir otros tantos epílogos.

 

La editorial buscó muchos motivos para hacer atractiva la aventura. En primer lugar, iba a significar la vuelta de Morlun, el implacable villano creado por Straczynski al que se hubiera enfrentado Spidey en “Vuelta a casa”, en una batalla que se situaba ya entre las favoritas de todos los tiempos. A continuación, desde la editorial se mandó un mensaje que impactó de lleno en el ánimo del aficionado: en las primeras páginas, se descubriría que Peter Parker padecía una enfermedad incurable que le condenaba a muerte… y no habría escapatoria posible. Por último, Wieringo preparó doce portadas alternativas, en las que se repasaban los diversos trajes y personalidades que había tenido el Hombre Araña a lo largo de las décadas. Desde el traje negro de Secret Wars al “Hombre Bolsa” de unas pocas, pero muy recordadas viñetas; de Ben Reilly, el clon de Peter, a su versión del futuro. Todo tenía cabida en las variants de “El Otro”, y en algunos casos se trataba de personificaciones que llevaban décadas sin aparecer, por lo que para muchos lectores fue un verdadero descubrimiento. A poner la guinda vino el diseñador Rian Hughes, que además de producir el logotipo que acompañaba a los doce episodios, dibujó una figura en la que Spiderman tomaba el lugar de “El Hombre de Vitruvio”, el famoso dibujo de Leonardo Da Vinci, reconvertido en la representación icónica del trepamuros. Desde el título, Marvel mandaba el mensaje de que, muy pronto, aquel icono evolucionaría hasta transformarse en algo distinto. Pero, ¿en qué?

 

Artículo aparecido en Marvel Saga. El Asombroso Spiderman nº 9: El Otro, Primera Parte

SPIDER-MAN EN NUEVOS VENGADORES: EL FIN DEL TREPAMUROS SOLITARIO

Desde siempre, se nos ha transmitido la idea de que Spiderman actúa en solitario, que nunca se unirá a ningún grupo de superhéroes. En los años fundacionales del Hombre Araña, Stan Lee escribió unas cuantas historias en las que éste trataba de incorporarse a las filas de equipos como Los Vengadores o Los 4 Fantásticos y nunca llegaba a hacerlo, casi siempre por razones un tanto absurdas, que venían a expresar una impresión que estaba en el aire: que Spidey era demasiado distinto a los demás, demasiado independiente a la hora de hacer las cosas, demasiado mal visto por las autoridades, demasiado informal para pertenecer a cualquier club. Pero como todos los grandes tabúes del cómic, ese también terminó por romperse, y lo hizo a finales de 2004, cuando el trepamuros ingresó en la última alineación de Los Vengadores.

 

Aquélla era otra de las consecuencias de que los chicos que habían dado la campanada con la creación del Universo Ultimate, Mark Millar y Brian Michael Bendis, llevaran algún tiempo construyendo también sus historias dentro del Universo Marvel clásico. Empezó en un retiro editorial multitudinario, con más de cincuenta autores y editores en la sala. Bill Jemas, el entonces presidente de la compañía, planteó un tema para que su gente profundizara: ¿Cuáles eran las raíces de cada título? ¿Cuál era la esencia, la naturaleza verdadera de cada serie? Bendis estaba sentado al lado de Millar, y hablaban entre ellos con la inconsciente convicción de los que creen saberlo todo. Entonces, la disquisición editorial llegó hasta Los Vengadores. En la formación del momento, militaban personajes secundarios como Hulka y La Sota de Corazones y la serie no arrojaba ventas destacables. “¿Son de verdad esos Los Héroes Más Grandes de la Tierra?”, planteó Bendis, inquisitivo. “¿Por qué no están ahí gente como Spiderman, Lobezno y el Capitán América?”. Y la habitación estalló en una discusión a gritos, con la gente proclamando, como la verdad absoluta que había sido siempre, que “¡Spider-Man no es un vengador!”.

 

Tom Brevoort, el editor de la Oficina Vengadora y una de las personas más implicadas en la coordinación del Universo Marvel, miró a Bendis como si fuera a asesinarle. Ni él ni Millar se habían llegado a plantear escribir la colección de Los Vengadores. Aquello no era más que un hablar por hablar. Pero Joe Quesada, el Director Editorial de la compañía, se dirigió entonces hacia los chicos Ultimate y les dijo: “Muy bien, pues uno de vosotros va a escribir eso. ¿Quién va a ser?”. BMB trató de escabullirse. Se había retirado de Ultimate X-Men antes de terminar ni un número porque no se le daba bien escribir grupos, le asustaban. Millar alegó que ya estaba haciendo, de hecho, Los Vengadores, sólo que en el Universo Ultimate se llamaban The Ultimates. “Entonces, comprendí que había dicho, literalmente, que me asustaba algo”, rememoraría luego Bendis, “y eso es malo para un escritor. Si algo te asusta, inmediatamente tienes que decir que vas a escribirlo. Así que me acerqué a Joe esa misma noche, cuando estábamos de copas, y le dije que quería hacerlo, si no era demasiado tarde. Me dijo que el trabajo era mío”.

 

Antes de que la nueva colección de Vengadores de Bendis, editada por Tom Brevoort, estuviera en marcha, se produjo el relevo en la Presidencia de Marvel. El polémico Jemas salió por la puerta de atrás, después de acumular diversos conflictos con autores, editores y ejecutivos, y en su lugar entro el pacífico e integrador Dan Buckley, el ejecutivo con el que Marvel iba a recuperar muchas de sus señas de identidad y el que enterró definitivamente los experimentos de la época que se había dado en llamar Neomarvel. Buckley dio carta libre a Bendis para sus Héroes Más Poderosos de la Tierra, con la condición de que en el equipo estuvieran Spiderman, Lobezno, Capitán América y Iron Man. Podía completar con quien quisiera, así que BMB optó por Luke Cage, que era otra manera de traerse también a Jessica Jones; por Spiderwoman y quizás por Daredevil. Junto a David Finch, un tipo de Top Cow con un estilo muy derivado de los de Jim Lee y Marc Silvestri, entró en la serie en Avengers #500 (septiembre de 2004) y lo primero que hizo fue dinamitar la mansión. En el curso de una saga apropiadamente titulada “Vengadores Desunidos”, murieron El Hombre Hormiga, La Sota de Corazones y La Visión. La responsable era La Bruja Escarlata, que se había vuelto loca a causa de la pérdida de sus hijos, un acontecimiento que había tenido lugar hacía tantos lustros que pocos lo recordaban. Bendis tocaba de oídas en cuanto a continuidad, con pequeños errores que exageró el fandom veterano, pero la saga fue un éxito absoluto de ventas. Al cabo de cuatro entregas, la colección llegaba a su final. Y un mes más tarde, The New Avengers #1 (enero de 2005), irrumpió en las librerías.

 

Spiderman no podía ser vengador, decían algunos, apoyados en la tradición, en que siempre había sido un solitario y que todos sus intentos de unirse a cualquier grupo habían salido mal. Pero allí estaba Spiderman. Vendió por encima de cualquier previsión optimista, hasta desbancar a los mutantes o la línea Ultimate, algo insólito que nunca había pasado con Los Vengadores. Desde ese momento, tal vez porque los personajes pertenecían a cada franquicia destacable, se situaron en el centro del Universo Marvel, y éste recuperó la interconexión previa a la Administración Quesada.

 

Spidey, como pronto se puso de manifiesto, era el alivio cómico de Los Nuevos Vengadores. Junto a Luke Cage parecía protagonizar una buddy movie sin fin. Bendis, que hasta entonces había escrito el Peter Parker adolescente de Ultimate Spider-Man, tuvo que meterse en la piel de uno que tenía treinta y tantos, casado y superhéroe con experiencia, que había vivido casi todas las situaciones imaginables y que se reía de ellas. De las muchas cosas que los tradicionalistas detestaron de The New Avengers, la caracterización del Hombre Araña estuvo entre las primeras.

 

Un acontecimiento de semejantes características tenía que tener, por fuerza, impacto en las colecciones protagonizadas por el personaje, y la que lideró el cambio fue, precisamente, The Amazing Spider-Man, el título principal de la franquicia. Joe Michael Straczynski aprovechó la trama de “A flor de piel” para, al final de dicha historia, prender fuego a la casa de Tía May. Ya tenía la excusa perfecta para que tanto ella, como Peter y Mary Jane se mudaran a vivir a la Torre Stark. El truco de JMS para integrar sus historias en el nuevo statu quo estaba en la comedia, en sacar punta a la inclusión de una familia convencional, como la de los Parker, en un entorno que les resultaba alienígena, como el de Los Vengadores. El resultado fue una trepidante saga, la incluida en este tomo, en la que el cabeza de red se enfrentaba contra la clase de enemigo con la que no solía encontrarse de manera habitual, a la vez que trataba de aclimatarse a su nuevo mundo. Esta vez, aquello de que “nada volvería a ser igual”, sería completamente cierto.

 

Artículo aparecido en Marvel Saga. El Asombroso Spiderman nº 8: Nuevos Vengadores

STRACYZNKI EN AMAZING: LA MIRADA ATRÁS, EL IMPULSO HACIA DELANTE

Los primeros meses de 2005 fueron de transición para los cómics de Spiderman, de un modelo en que la independencia de la franquicia había sido uno de sus principales valores desde el comienzo de la década, a un nuevo paradigma en que el trepamuros se vería sujeto a decisiones editoriales que afectaban al conjunto del Universo Marvel. La transición había empezado con “Pecados del pasado”, la saga en la que Mike Deodato se incorporó a The Amazing Spider-Man, y finalizó con las dos historias contenidas en este tomo: la secuela de “Pecados…”, donde se daba a conocer el destino de los mellizos Gabriel y Sarah, y “A flor de piel”, una aventura sin excesivas pretensiones, que abordaba el recuerdo de los años de instituto de Peter Parker, y que paradójicamente Joe Michael Straczynski utilizó como resorte argumental para lanzar al personaje a la siguiente etapa que venía marcada por la editorial.

 

Probablemente JMS nunca imaginó el revuelo que iba a levantar “Pecados del pasado”, la historia en que se revelaba que, antes de morir, Gwen Stacy tuvo relaciones sexuales con Norman Osborn, fruto de las cuáles nacieron dos mellizos, Gabriel y Sarah, que, tras un proceso de crecimiento acelerado, regresaban para atormentar la vida de Peter y Mary Jane. La Neomarvel de Joe Quesada había sufrido otras polémicas en el lustro que llevaba en marcha, pero ninguna hasta ese momento se vio tan descompensada entre el abundante número de detractores y la escasa cantidad de partidarios. Straczynski defendió su historia con ardor, pero lo cierto es que la secuela de la trama, en la que se descubriría cual iba a ser el destino de los gemelos, fue descartada de las páginas de The Amazing Spider-Man para ver la luz en The Spectacular Spider-Man #23-26 (2005). La segunda serie arácnida venía hasta entonces acogiendo las historias divertidas, ligeras e intimistas de Paul Jenkins, pero éste se ausentó durante esos cuatro meses para que Samm Barnes, una colaboradora cercana a JMS, desarrollara esta secuela lejos de los focos escrutadores que suponía Amazing. Para Marvel, fue otra manera de zanjar la polémica y enterrar en el olvido el asunto, al que a partir de entonces no volvería a aludirse más que en contadísimas ocasiones, y siempre de manera muy indirecta. Parecía que el hasta entonces inconfesable e inconfesado pasado de Gwen Stacy, tan fuera de personaje con respecto a la imagen que los lectores tenían del angelical amor perdido de Peter Parker, hubiera sido sepultado bajo toneladas de olvido, como ocurrió a mediados de los años noventa con Ben Reilly y “El regreso del clon”. En la factoría de Stan Lee, siempre habían preferido ignorar sus decisiones fallidas y dejarlas sin efectos prácticos, en lugar de dedicar tiempo y esfuerzos a deshacerlas. Una década después, todavía habría dos supuestos gemelos adultos, hijos de Gwen Stacy, sueltos por el Universo Marvel, pero sin que se notara su presencia ni afectara lo más mínimo a su funcionamiento.

 

Detrás de la decisión de que “Pecados recordados”, como se llamó a la secuela de “Pecados del pasado” pasara de Amazing a Spectacular latía también una cuestión de calendario. Y es que, mientras todo esto ocurría, otro tabú alrededor del trepamuros saltaba por los aires. Brian Michael Bendis, el principal guionista de la escudería Quesada, puso punto y final a la historia de Los Vengadores clásicos, para relanzarlos bajo el nombre de Los Nuevos Vengadores e integrar en sus filas, entre otros héroes, a Lobezno y Spiderman, lo que suponía redimensionar a Los Héroes Más Poderosos de la Tierra dentro del ordenamiento editorial. Pasaban a un primer plano del que no gozaban en décadas.

 

La pertenencia de Spiderman a Los Vengadores iba a tener consecuencias para su vida personal y la de aquéllos que lo rodeaban. Probablemente no entraba en los planes de Straczynski, pero, con la mayor de las profesionalidades, el guionista encaminó la serie hacia ese escenario, y lo hizo de manera natural, sin que pareciera forzado por las circunstancias editoriales. Esa fue la verdadera función de “A flor de piel”, la segunda de las aventuras contenidas en este tomo. Al igual que “Pecados…”, esta saga abordaba el pasado de Peter Parker desde los ojos del presente, pero en este caso la época a observar no era su juventud universitaria, sino los duros años de instituto, como estudiante nerd, incomprendido y que nunca había terminado de cicatrizar sus heridas de entonces. Algo así le ocurría al propio JMS y latía en el trasfondo de sus historias de Spidey.

 

Todo empezaba cuando Peter se cruzaba en el camino de un viejo compañero de aquellos años… que sin embargo nunca había aparecido en los cómics. La manera de introducirlo fue, una vez más, la retrocontinuidad, por la cual se añadían nuevos elementos a la cronología establecida décadas atrás. Para ello, se recurrió a una serie de flashbacks intercalados a lo largo de la saga de los que se encargó Mark Brooks, un artista de estilo radicalmente distinto al de Mike Deodato, cartoon en lugar de realista, que precisamente firmara las primeras entregas de Marvel Age: Spider-Man. Este título había nacido el año anterior con el objetivo de llevar a las nuevas generaciones las historias clásicas de Stan Lee y Steve Ditko bajo un estilo actual, con pequeñas influencias manga. En la Oficina Arácnida les pareció apropiado que fuera Brooks también quien se encargara de los flashbacks de “A flor de piel”, ya que acudían a la misma época que Marvel Age. El guiño al auténtico sabor de la era Lee-Ditko pervivió en una portada, la de The Amazing Spider-Man #516 USA, en la que Deodato recurrió a la característica representación de Peter Parker con el rostro partido, entre la identidad civil y la máscara de Spiderman, mientras vibraba su sentido arácnido. Era un rasgo muy característico de Ditko, que aunque había sido utilizado por otros dibujantes posteriores seguía relacionándose con el creador gráfico de Spidey. Además, los poderes que adquiría el viejo compañero de clase de Peter recordaban poderosamente a los de El Hombre Ígneo, uno de los villanos clásicos de aquel entonces.

 

Sólo en la conclusión de la historia los lectores podían entender la manera en que aquel encuentro iba a conducir a la nueva situación vital de Spiderman y su familia en el entorno de Los Vengadores, pero ése es un detalle que analizaremos una vez abierta la puerta, en el próximo volumen. Resta advertir, antes de pasar a la lectura, de un detalle de coordinación entre las dos historias que nos disponemos a ofrecer: “Pecados recordados” tiene lugar entre medias de “A flor de piel”, que a su vez continúa directamente en el siguiente número de las aventuras arácnidas. Para facilitar la lectura, hemos optado por colocar primero la secuela de la historia de los hijos de Gwen y, a continuación, la aventura que nos lanzará hacia el futuro.

 

Artículo aparecido originalmente en Marvel Saga. El Asombroso Spiderman nº 7: A flor de piel

SECRETOS DE CONFESIÓN: DETRÁS DE “PECADOS DEL PASADO”

Cuando John Romita Jr. fue requerido, en 2004, para encargarse del relanzamiento de Pantera Negra, esto supuso su salida de la serie que estaba dibujando desde muchos años atrás: The Amazing Spider-Man. El éxito del proyecto escrito por Joe Michael Straczynski estaba tan asentado que en Marvel bien podían permitirse la salida del dibujante que había contribuido al mismo. En su lugar, el editor Axel Alonso requirió los servicios de Mike Deodato, un dibujante de origen brasileño que había escapado de la tendencia clonificadora de los años noventa para renovar por completo su estilo en el siglo XXI y hacerlo por tanto equiparable a los cánones de la nueva época. Coincidiendo con la integración de Deodato, JMS acometió un cambio radical de rumbo que se tradujo en una aventura polémica como pocas que hubiera vivido el trepamuros.

 

Deodato había formado parte de la generación que irrumpió en el cómic estadounidense siguiendo la ola arrasadora de Jim Lee, con todos los excesos que eso significaba: viñetas rotas, posados artificiosos de los héroes, cosificación de la mujer y escasa atención a la narrativa. Tras una larga temporada desaparecido del mapa, Deodato había regresado coincidiendo con los primeros tiempos de la Neomarvel. Axel Alonso vio que todo eso había quedado atrás. El Deodato de los 2000 se apoyaba más sobre el juego de luces y sombras, la referencia fotográfica y una sobriedad en las escenas cotidianas que se compensaba con momentos de acción que se apoyaban más en la estructura de la página que en la pose de revista. Tras unos meses en The Incredible Hulk que sirvieron para señalarlo como autor hot ante el fandom, su incorporación a Amazing fue visto por la audiencia de manera neutra, cuando no favorable. El Spidey de Deodato no se parecía en nada al de Romita Jr, e incluso recuperaba cierta retorcimiento propio de la Era McFarlane, pero el tipo de historias que estaba planificando Straczynski ponían más el acento en la relación de pareja de Peter y Mary Jane, con lo que el artista podría hacer valer una habilidad que ya había demostrado en su paso por el mundo Gamma: la de que una pareja conversando en una habitación resultara algo atractivo.

 

En el primer número de Deodato, The Amazing Spider-Man #509 USA (2004), comenzaba “Pecados del pasado”, una saga en la que JMS iba a contracorriente de todo lo que él mismo venía haciendo. Si hasta ese momento había eludido tratar temas del pasado del héroe, ahora se revolcaba sobre ellos con la excitación de un colegial. La trama partía de un descubrimiento inquietante, tanto que, si algún lector de esta edición desconociera de qué se trata, recomendamos que retrase la lectura del resto del artículo hasta haber llegado a la última página de cómic.

 

Sí, porque Gwen Stacy, a la que Straczynski sólo había aludido en un par de ocasiones, y siempre para glorificarla de alguna manera, Gwen, a la que Straczynski sólo había aludido de pasada en un par de viñetas en los tres años que llevaba allí, había tenido dos hijos en secreto, en algún punto de la continuidad que el guionista trató de fijar a martillazos. Descubrir quién era el padre de esos mellizos que de alguna inexplicable manera ya eran adultos estaba entre los reclamos de la saga. La intención del autor consistía en que se tratase del propio Peter, pero los tiempos en los que en Marvel no le discutían ni una coma habían terminado ya. Joe Quesada, el Director Editorial, se opuso firmemente a la historia y como el comienzo estaba en marcha, solicitó a JMS que buscara un progenitor alternativo y sugirió que este fuera… Norman Osborn. En el curso de un tiempo en el que Gwen no estaba saliendo con Peter, o ambos estaban distanciados, había sido seducida por éste y, como consecuencia de ello, habían nacido Gabriel y Sarah. Éstos, afectados por la Fórmula Duende, habían experimentado un crecimiento acelerado, y de ahí que ahora fueran adultos.

 

Cuando el argumento completo salió a la luz, la comunidad de seguidores arácnidos cayó encima de Straczynski con una furia demoledora, como no había ocurrido desde los tiempos de “El regreso del clon”, en los aciagos noventa, sólo que ahora Internet ya era una máquina generadora de insultos y de demagogia al alcance de cualquiera. JMS cometió el error de bajar al barrizal. Se peleó con los fans y dio explicaciones de cómo todo tenía mucho sentido y lo había encajado de manera incuestionable dentro de los cómics clásicos, pero su lógica sólo funcionaba si se forzaban demasiado las cosas; si se aceptaban afirmaciones tan inexactas como que The Amazing Spider-Man #116-118 USA (1973. Marvel Gold. El Asombroso Spiderman nº 6) eran una mera reedición de The Spectacular Spider-Man #1 USA (1973. Marvel Gold. El Asombroso Spiderman nº 3), en cuyo impasse había dado tiempo a que Gwen se ausentara y diera a luz. Quien conocía esos cómics sabía que Straczynski o no los había visto realmente o se apoyaba en la ignorancia de los aficionados más jóvenes para retorcer la realidad: las modificaciones llevadas a cabo en su momento sobre el Spectacular #1 USA lo habían integrado en la continuidad actual, así que la explicación del guionista no servía. Esa historia no era ya una reedición sin más, sino una aventura que de hecho estaba contextualizada con sumo detalle en ese momento preciso y en la que podía verse a Gwen con su esbelta figura.

 

Mayor peso tuvieron los argumentos contra los comentarios machistas que enjuiciaban el comportamiento de ella. “Muchas de las críticas estaban fuera de lugar porque dirigían su furia no contra mí, sino contra Gwen”, se defendía JMS. “Haz una búsqueda en Google de Gwen junto a las palabras zorra, puta y golfa. Algunos, que insisten en que ella es un personaje importante, alguien de quien se preocupaban, fueron los primeros en llamarla puta, porque había tenido relaciones sexuales con Norman Osborn. Llamar a alguien puta porque tiene sexo con otra persona demuestra algunos problemas psicológicos subyacentes que deben ser abordados, que nada tienen que ver con lo que cuenta el cómic, sino con la mente de esos lectores”.

 

En el curso de “Pecados del pasado” se ponía de manifiesto que Gwen, tras descubrir su embarazo, se había enfrentado con Norman para proteger a sus hijos: en último término, éste había sido el motivo real detrás de su asesinato a manos de El Duende Verde. Por si no hubiera suficiente reescritura en la trama, Mary Jane no sólo conocía los hechos, sino que se los había ocultado a Peter durante años. “Todos cometemos errores… Esa es una parte esencial del núcleo de ‘Pecados del pasado’. La cuestión consiste en cómo afrontamos nuestros errores, en cómo Gwen afrontó honorablemente y con fortaleza los suyos, y en cómo otros afrontan nuestros errores, en cómo Peter nunca deja de preocuparse por Gwen, aunque sepa lo que ha ocurrido”, esgrimía JMS. “¿No es un buen mensaje que enviar a la gente? ¿Que podemos superar nuestros errores, hacernos responsables e intentar hacer las cosas mejor? Aquéllos que nos quieren, ¿no pueden ver nuestros errores y seguir preocupándose por nosotros?”.

 

El guionista presumió de que las ventas de Amazing se habían disparado gracias a la saga y de que muchos aficionados le habían felicitado por ella, aunque pocos se atrevieran a contarlo en los foros. Lo que no llegó a manifestar entonces es que no había quedado satisfecho con el remiendo que había tenido que hacer a causa de la intervención editorial, de la que tampoco se supo nada hasta unos años después. El destino de los gemelos, con Gabriel erigido como la enésima variante de El Duende Verde, lo dejó en manos de su amiga Fiona Avery, en una continuación en cuatro partes que apareció en The Spectacular Spider-Man #23-26 USA (2005) y que se ofrece en el siguiente volumen de Marvel Saga. El Asombroso Spiderman.

 

Una vez terminada de publicar esa aventura, el olvido cayó sobre los mellizos, los comportamientos sexuales de Gwen y Norman, el silencio de Mary Jane o cualquier otro detalle que pudiera recordar el incidente. Algunos aficionados continuaron paseando su furia en la red, pero los ánimos se apaciguaron conforme pasaban los meses y surgían otras polémicas que enmudecían a las anteriores. El mecanismo perfecto por el que la industria generaba historias controvertidas, los foros de Internet las magnificaban hasta el agotamiento y el círculo volvía a empezar, estaba en marcha y ya nunca iba a parar. Siempre había alguien dispuesto a enfadarse por algo y a proclamar su opinión particular como general, mientras que en los cómics siempre había algo lo suficientemente llamativo o absurdo como para producir reacciones airadas.

 

La saga de los pecados de Gwen estaba escrita con tanta profesionalidad y buen hacer como otras aventuras arácnidas de Straczynski. Tenía momentos emocionantes, caracterizaba muy bien a los personajes y creaba un suspense intenso en cada viñeta. Pero el fondo de la historia no se sostenía. Straczynski, un autor que había basado su éxito en Amazing en dejar el pasado atrás y mirar hacia el futuro, se regodeaba ahora en fabular unas situaciones que habrían tenido lugar hacía más de tres décadas, en despojar de su magia a la época dorada de Stan Lee y John Romita para envolverla de una sordidez que era impropia del cabeza de red. Cuando le echaron en cara la transformación acometida en la personalidad de Gwen, se justificó, diciendo que no quería que se mantuviera intocable, como una mosca en el ámbar, que quería hacerla de nuevo relevante. Detrás de sus palabras, latía el reconocimiento de que aquella época dorada de los sesenta y los setenta era tan irrepetible que se hacía necesario volver una y otra vez sobre ella, aunque fuera para deconstruirla y demolerla. Viniendo del guionista que había sabido sacar a Spiderman del pozo insondable de los noventa, se antojaba como un discurso descorazonador. Pero “Pecados del pasado” también marcó una ruptura con la independencia del resto del Universo Marvel que hasta entonces atesoraba Straczynski. Muy pronto, Spidey se vería envuelto en la órbita de Los Vengadores, y aunque esto no dejara espacio para que JMS desarrollara muchas de las tramas que mantenía abiertas en los tiempos de Romita Jr., su trabajo alcanzó tal excelencia bajo las nuevas circunstancias que “Pecados del pasado” quedó para muchos como un mero paréntesis que olvidar.

 

Texto aparecido originalmente en Marvel Saga. El Asombroso Spiderman nº 6: Pecados del pasado

EL SPIDER-MAN DE STRACZYNSKI: EL FIN DE LA INDEPENDENCIA

En el arranque de la etapa de Joe Michael Straczynski y John Romita Jr. en The Amazing Spider-Man, el guionista introdujo a Ezequiel Sims, un misterioso personaje con habilidades arácnidas similares a las de Peter Parker que le hizo saber acerca de la herencia totémica que conllevaban sus poderes. La saga de Ezequiel se desarrolló durante los dos años siguientes, hasta alcanzar su final, quizás un tanto prematuro, pero que coincidió con dos hechos que cambiarían radicalmente la configuración de las aventuras del trepamuros hasta entonces: la marcha de John Romita Jr. a otra serie y la decisión de integrar a Spidey en Los Vengadores y, de esa manera, hacerle partícipe de las grandes decisiones que se tomaran en el corazón del Universo Marvel. Hasta entonces, JMS había desarrollado las historias sin tener en cuenta otros parámetros que los de su imaginación, pero ese tiempo se agotaba…

Afirman los eruditos de la Biblia que El Libro de Ezequiel se diferencia de otros pasajes en que apela a la responsabilidad individual de cada persona, lo que marca una distinción significativa con respecto a la culpa y los castigos colectivos que pueblan las versiones más primitivas del judaísmo y el cristianismo. No es extraño que Joe Michael Straczynski recurriera al profeta para nombrar su más significativa aportación al mito de Spiderman. Porque la responsabilidad es el tema central que rodea al trepamuros, sobre el que pivota toda la etapa del escritor.

 

Al respecto, conviene hacer una importante acotación. Cuando JMS se convirtió en el guionista del trepamuros, allá por el año 2000, Marvel en general y la Franquicia Arácnida en particular arrastraban una merecida fama de abuso de la injerencia editorial. Abundaban los casos en que para escribir personajes de elevada importancia se escogía un guionista de perfil bajo. Así el editor podía moldear a su antojo el rumbo de la serie, llegando incluso a reescribir los guiones. Las consecuencias de esta política fue la desbandada de todas las firmas de calidad con las que pudiera contar la compañía, un importante bajón en la calidad de esos cómics “escritos al dictado” y el abandono de los propios lectores, en un círculo vicioso que no parecía tener fin.

 

La revolución de Joe Quesada consistía en romper con las inercias del pasado y recuperar el prestigio que nunca debería haber perdido La Casa de las Ideas, de ahí que se buscaran los autores más punteros del medio, pero también que se les diera carta blanca para acometer su trabajo, puesto que esos grandes nombres se hubieran negado a trabajar bajo las condiciones de la anterior administración.

 

Joe Michael Straczynski en The Amazing Spiderman y Grant Morrison en New X-Men fueron los pesos pesados con cuyos servicios se hizo Quesada. El Director Editorial les prometió que nadie tocaría una coma de lo que escribieran. En el caso del trepamuros, esa promesa se extendió durante cuatro largos y fructíferos años, quizás los mejores de los que gozó Spiderman durante la primera década del siglo XXI, lo que coincidió con la presencia como dibujante de John Romita Jr. y con la desvinculación del lanzarredes del resto del Universo Marvel. Bien es cierto que Straczynski recurrió durante ese tiempo a un buen número de invitados especiales, desde el Capitán América a su favorito, el Doctor Extraño; que Spidey siguió gozando de otras series paralelas a Amazing, aunque fueran a remolque de lo que se cociera en ésta; y que el héroe continuó visitando multitud de títulos… Pero JMS gozó de una autonomía tal que nada de eso importaba: sus historias seguían un camino al margen del resto.

 

En 2004 se decidió recuperar la intensa estructura de universo compartido que hubiera sido moneda común durante buena parte de la historia de Marvel. Se trataba de que el lector fuera consciente de que todos esos héroes viven en el mismo escenario y en la misma época. Para ello, resultó fundamental la creación de Los Nuevos Vengadores, una formación en la que, junto a miembros clásicos del equipo, como Iron Man y Capitán América, también estarían algunos héroes olvidados (Spiderwoman, Luke Cage, El Vigía…), así como los dos iconos más comerciales de Marvel: Lobezno y, por supuesto, Spiderman. La consecuencia de esto último es que sus aventuras cada vez estarían más imbricadas en las de estos.

 

El cambio de rumbo coincidiría además con una destacable circunstancia artística: John Romita Jr. abandonaría Amazing Spider-Man, para acometer otros proyectos que la editorial estimara oportunos. Con todos esos condicionantes encima de la mesa, Joe Michael Straczynski decidió que estaba lo suficientemente satisfecho como para continuar al frente del barco. Sabía que todo iba a cambiar, que ya no sería él quien eligiera el rumbo a seguir, pero aceptó el reto, hasta el punto que todavía escribiría la serie durante tres largos años en los que mantuvo un inmenso nivel de calidad.

 

No obstante, antes de dar ese giro a su manera de abordar al trepamuros y de decir adiós a Romita Jr, Straczynski quiso cerrar la trama de Ezequiel Sims. Fue este misterioso Hombre Araña quien apuntó que las habilidades de Peter no son el resultado de la picadura de la araña radiactiva, sino que proceden de una herencia totémica que se transmite desde tiempo inmemorial: habría habido otros Hombres Araña a lo largo de la historia y otros más que tendrían que venir algún día. ¿Es esto cierto y hasta qué punto debe hacer que Peter reconsidere su posición en el mundo? En todo este tiempo, Ezequiel ha ejercido la posición de mentor: un maestro sabio que ofrece al trepamuros nuevas revelaciones, toda vez que le ayuda a vencer a los enemigos que se encuentra en su camino y que están, precisamente, ligados a los poderes totémicos, como Morlum y Shathra. Mientras tanto, el mayor misterio no es otro que el propio Ezequiel Sims. ¿Quién es realmente? ¿Por qué ha permanecido fuera de la vida de Peter hasta ahora? ¿Cuáles son sus auténticos objetivos?

 

La gran diferencia entre un Hombre Araña y el otro radica en la manera en que encaran la existencia. Spiderman asumió la culpa por la muerte de tío Ben y se convirtió en un gran superhéroe; Ezequiel ha usado sus poderes para el bien personal, para amasar una enorme fortuna, en lugar de para el bien general. Cuando contempla a Peter, ve al hombre en que podría haberse convertido de seguir otro camino. A la hora de abordar la historia definitiva alrededor de Ezequiel Sims, la pregunta que lanza JMS es qué camino elegirá éste, si abrazará la responsabilidad individual proclamada por el libro del profeta o continuará adelante con la vida que ha llevado hasta ahora. En la respuesta, claro está, se encontraba implícito el destino de Peter Parker y el final de una época de excelencia irrepetible y, a día de hoy, insuperable.

 

Texto aparecido originalmente en Marvel Saga. El Asombroso Spiderman nº 5: El libro de Ezequiel.

 

EL CHICO QUE (A VECES) CUMPLÍA AÑOS

Hasta que llegó el Universo Marvel, y con él una de las mayores revoluciones de la historia del medio, los superhéroes vivían suspendidos en el tiempo, como moscas en ámbar, sin un antes ni un después en sus vidas, más allá de la mera numeración de sus historietas. Las aventuras ocurrían sin que tuvieran impacto unas en otras y sin alterar lo más mínimo a los protagonistas, que se mantenían siempre intocables. Carecían del elemento que se ha dado en llamar “continuidad”, y que viene a significar que todo personaje acumula un pasado y una trayectoria, en la que cada cómic es una pieza que forma parte de una compleja biografía.

 

Con Marvel y con Stan Lee llegó el tiempo como unidad de medida. En el amanecer de La Casa de las Ideas, Spiderman era uno de los personajes más indicados para percibirlo, ya que avanzaba cursos, o pasaba a hacer una carrera, algo que ocurrió a petición de lectores que se preguntaban cómo era posible que un chico tan listo como Peter Parker necesitara tantos años para terminar la educación secundaria. ¡Poco imaginarían que el héroe iba a precisar de más de una década para graduarse como bioquímico! Este detalle ya da una pista acerca de que, por mucho que el tiempo transcurra en el contexto del Universo Marvel, lo hace de manera ralentizada y en absoluto real, a veces incluso con retrocesos que se justifican por la necesidad de mantener frescos a los protagonistas.

 

Los Cuatro Fantásticos, Los Vengadores, La Patrulla-X o Spiderman deben permanecer accesibles para todas las generaciones de lectores, de manera que el envejecimiento nunca debe hacer mella en ellos. Cuando por ejemplo Los Cuatro Fantásticos recuerdan en la actualidad el momento en que consiguieron sus poderes, suelen referirse a que tal cosa ocurrió hace algo más de diez años, cuando la historia se publicó en 1961. De hecho, Reed Richards parece mantenerse siempre en la misma edad, e incluso hay quien diría que ha rejuvenecido con respecto a su debut. Stan Lee hablaba de ” ilusión del cambio”, en lugar de cambio real, porque descubrió que los lectores aplaudían el que sus personajes experimentaran circunstancias que parecieran definitivas o rupturistas, pero se sentían reacios a que esas mismas vicisitudes acabaran arrastrando al héroe hasta un punto en que se alejara demasiado de la imagen que tenían del mismo.

 

The Man aplicó este procedimiento con especial sabiduría durante el centenar de episodios que escribió para Spiderman, uno de sus personajes favoritos. El que Peter Parker fuera un adolescente cuando comenzó su andadura facilitó aún más las cosas: en un momento determinado, Peter terminó el instituto para acudir a la universidad; más adelante finalizó la carrera y comenzó sus estudios de posgrado. En todo ese tiempo, podían cambiar los personajes secundarios, podía cambiar el entorno académico… Pero siempre nos encontrábamos con un Peter Parker estudiante (sin importar qué estudiara), dividido entre dos chicas (primero Liz Allan y Betty Brant; luego Mary Jane y Gwen Stacy, etc) y con los eternos problemas para compatibilizar su vida cotidiana con su actividad de superhéroe. En esencia, era el mismo personaje en que todos sus lectores podían reconocerse.

 

Algunos guionistas, como fue el caso de Marv Wolfman o Len Wein, que escribieron las historias de Spidey a mediados de los setenta, pretendían que el avance se detuviera en los años de doctorado, mientras que Roger Stern, que llegaría poco después, optó por sacarle de ahí, precisamente para que la situación no se eternizara. Fue entonces cuando el trepamuros entró en el periodo en que la indefinición acerca de su edad fue la norma adoptada. Una cláusula de los postulados de Stan Lee consiste en que los adolescentes en el Universo Marvel siguen una maduración más o menos evidente hasta que superan la veintena. En ese punto, al igual que ocurre con personajes más maduros, ellos también acaban perdidos en una nebulosa que se mueve entre los veintitantos y, en pocas ocasiones, los treintaytantos. No sólo puede decirse de Spiderman, sino también de La Patrulla-X, cuyos integrantes originales tenían una edad similar a la de Peter cuando se formó el grupo. Como él, alcanzaron la graduación sin problemas… Y ahí se quedaron.

 

Resulta llamativo que, después de que se prescindiera del recurso que nos permitía determinar la edad del trepamruos (los cursos académicos) sólo hayan existido dos ocasiones en que los autores se atrevieran a celebrar su cumpleaños. La primera de ellas, tuvo lugar en Spider-Man #23 USA, un cómic escrito y dibujado por Erik Larsen en 1992 y al final del cual Peter soplaba 25 velitas. La segunda se daría con motivo del Amazing Spider-Man #500 USA, aparecido en 2003 e incluido en este volumen. En este caso, aunque no llega a indicarse en ningún momento el cumpleaños que celebra el trepamuros, no sería atrevido aventurar que se trata de la treintena, por múltiples motivos.

 

 

Nos encontramos en el epicentro de la etapa escrita por Joe M. Straczynski y dibujada por John Romita Jr. La idea central de JMS a la hora de abordar al personaje se encontraba en la necesidad de maduración del mismo, deseo explicitado en su nuevo trabajo como profesor, en la confesión a tía May de su doble vida o en el cambio de su relación con Mary Jane, que pasaba a estar sostenida por la sinceridad y la complicidad. Peter, a fin de cuentas y aunque fuera de manera implícita, estaba aceptando que ya no era un crío, sino un adulto responsable y coherente con la edad que había alcanzado. Su siguiente cumpleaños, por tanto, no podía ser más especial y significado… Lo que se tradujo en una espectacular aventura, en la que se veía obligado a revivir los combates contra todos y cada uno de los enemigos con los que se haya enfrentado alguna vez… Sólo para encontrarse con un espectacular regalo al final del camino.

 

Y si Peter recibía ese obsequio maravilloso, no era de menor importancia el que llegaba hasta los lectores. Marvel quiso que para ellos también la ocasión fuera única, no sólo por la mayor longitud de la historia, por la participación del Doctor Extraño o porque se recuperara la numeración histórica de la serie, sino porque pidió a uno de los más significados autores que han pasado por ella que regresara durante unas pocas páginas. Se trataba del mismísimo John Romita, quien dibujara a Spidey durante sus años dorados en la década de los sesenta y que aquí compartía cartel con su propio hijo, John Romita Jr.

 

El resultado final es el que quizás sea el mejor número “redondo” con el que jamás haya contado Spiderman. Un glorioso recordatorio del camino recorrido, pero también una cima desde la que contemplar un prometedor futuro. Este es quizás también el cómic que marcço a fuego el límite al que se atreve a llegar Marvel con respecto a la madurez de su personaje insignia. Y, aunque hay quien le gustaría conocer a un Peter Parker cincuentón o jubilado, otros preferimos que siga en la brecha durante mucho, mucho tiempo, por más que nosotros envejezcamos mientras él continúa tan joven como siempre.

 

Texto aparecido originalmente en Marvel Saga. El Asombroso Spiderman nº 4: Feliz cumpleaños

EL DILEMA DE PETER Y MARY JANE

En el momento en que Joe Michael Straczynski comenzó su etapa como guionista de El Asombroso Spider-Man, Marvel había dejado despejado el terreno de juego. No había tramas colgadas de épocas anteriores y el asunto que más había complicado la Franquicia Arácnida durante años estaba más o menos resuelto. Ese asunto era la relación de Peter Parker con Mary Jane Watson. Se trataba de un matrimonio forzado por las circunstancias editoriales que nunca había funcionado bien en el día a día de las viñetas: o bien suponía un lastre para los autores o bien anulaba buena parte de la tensión romántica que siempre habían ofrecido las aventuras del trepamuros. Fue así como JMS se hizo cargo de un Peter separado. Faltaba por dilucidar si esa circunstancia se mantendría en el tiempo o si bien la pareja volvería a estar unida.

El primer año largo de Joe en The Amazing Spider-Man estuvo consagrado a la caracterización del protagonista y la reconstrucción de su entorno, a partir de dos circunstancias determinantes: la aparición de Ezequiel Sims, el hombre que le revelaba que sus poderes y su destino estaba unido a un tótem arácnido del que nunca había oído hablar, y el descubrimiento por parte de Tía May de su identidad secreta. Ambas circunstancias obligaron a Peter a crecer, tanto como persona como superhéroe. Había aceptado un trabajo como profesor en su viejo instituto, se había enfrentado, y vencido, a la primera de las amenazas que Ezequiel le anunciara que tratarían de acabar con él y se había sincerado con la mujer que le criara como una madre, desvelándole toda la verdad acerca de su actividad como superhéroe.

 

¿Cuál era el siguiente paso? El escritor lo tenía muy claro: era necesario despejar la duda acerca de Mary Jane. Una separación no era equivalente a un divorcio, sino un estado intermedio, a partir del cual se podía avanzar o se podía retroceder. Con esa idea en mente, ya desde The Amazing Spider-Man vol. 2, #39 (2002) JMS mostró la solitaria vida de ella en Los Ángeles, y cómo era incapaz de dejar de pensar en Peter. Apenas unos números después, empezó a jugar con la posibilidad de que la pelirroja regresara a primer plano, recurriendo para ello a los mejores instrumentos de comedia romántica que estaban al alcance de un guionista televisivo tan brillante como él. Un viaje de Peter y Tía May hasta la Costa Oeste, al encuentro de la pelirroja, además de una ácida mirada al Hollywood comercial, certificó que Peter podía estar separado de su esposa, pero la seguía amando. La amaría, como decía el título del tomo anterior a éste, hasta que las estrellas se congelaran.

 

Straczynski anunció en público que la solución al dilema llegaría con un número redondo, The Amazing Spider-Man #50 (2003), y se negó a posicionarse al respecto de lo que ocurriría en sus páginas, para que nadie intuyera en qué sentido se decantaría la historia. Unos meses antes, se había estrenado al fin la ansiada película del lanzarredes, en la que la Mary Jane encarnada por Kirsten Dunst quedaba entronizada como la pareja por excelencia de Peter. Marvel había hecho seguidismo del largometraje en algunos aspectos, como la vuelta a primer término del Duende Verde, pero JMS continuaba gozando de carta blanca, por lo que cualquier opción estaba sobre la mesa. Tampoco era necesario que la pareja volviera a estar unida: como se venía demostrando en números anteriores, Mary Jane podía formar parte del elenco de secundarios sin necesidad de unir el destino al de su todavía marido.

 

Las circunstancias fueron propiciadas por la llegada de un segundo enemigo de los tótems arácnidos, que trataba de vencer allí donde Morlum había fracasado. La saga de dicho villano había sido tan apabullante que el guionista difícilmente podría ofrecer algo que estuviera a la misma altura emocional y dramática. En lugar de buscar la superación de unos parámetros que se antojaban inmejorables, decidió irse al extremo opuesto: Shathra, la nueva amenaza que sustituía al vampiresco individuo, atacaba en una esfera distinta de la vida de Spiderman, al tiempo que Ezequiel reaparecía en escena para ofrecer más detalles sobre la naturaleza totémica de los poderes arácnidos y desmentía que entrasen en contradicción con el origen establecido del superhéroe, una queja que habían lanzado algunos aficionados. Shathra no llegó en absoluto a epatar a la audiencia de la manera que lo hiciera Morlum, pero supuso una interesante vuelta de tuerca, además de aportar uno de los escasos villanos femeninos del protagonista. Por si fuera poco, sirvió de catalizador para el regreso de Mary Jane. El episodio estaba en su mayor parte compuesto por una larga conversación entre ella y Peter. “Traté de imaginar cómo sería si yo estuviera en su lugar”, explicó el guionista al respecto de cómo había desarrollado la historia. “Luego hice que Peter fuera más listo que yo, porque siempre estropeo las cosas cuando estoy en ese lugar”.

 

Sin duda era necesario reexaminar la relación. ¿En qué había fallado? Por mucho que ambos se quisieran, ¿había alguna manera de hacer funcionar el día a día? Todos los anteriores guionistas del trepamuros se negaban a abordar el verdadero problema: que la relación no estaba cimentada sobre base real alguna, sino que era el resultado de una operación de marketing editorial que había tenido cierto sentido en el momento de llevarse a cabo, pero que no estaba pensada para seguir adelante más allá de ese trance. La que fuera una chica imprevisible, seductora y alocada en los gloriosos años sesenta, una vez firmados los papeles, había quedado como una esposa antipática y aguafiestas, que se mostraba disconforme con que su marido fuera Spiderman y que le había rogado en multitud de ocasiones que colgara las redes. Su presencia era un lastre de negatividad para las historias, que anulaba además cualquier ingrediente romántico, un elemento clave en la trayectoria del lanzarredes. La cuestión resultaba realmente endiablada y muy difícil de abordar.

 

Por suerte, JMS encontró una brillante solución para todo ello, que encajaba como un guante en cuanto venía construyendo desde su llegada. ¿En qué consistía? Y sobre todo, ¿de qué lado se decantaría, a favor del regreso o la marcha de Mary Jane? La respuesta se encuentra en las siguientes páginas.

 

Artículo aparecido originalmente en Marvel Saga. El Asombroso Spiderman nº 3

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