LA OBAMANÍA ARÁCNIDA: EL ÉXITO INESPERADO DE THE AMAZING SPIDER-MAN #583

En las bases sobre las que se asentó “Un nuevo día” estaba la recuperación de las señas de identidad del personaje, el retorno a una era dorada que muchos identificaban con el arranque de los años ochenta, cuando Tom DeFalco coordinaba las tres colecciones arácnidas con exquisita perfección y autores como Roger Stern o Bill Mantlo contribuyeron a dar riqueza a la vida de Peter Parker y a las aventuras de Spiderman. Puesto a revivir esa exuberancia y dar mayor legitimidad a su proyecto, el editor Stephen Wacker se dispuso a traer a alguno de aquellos escritores que había hecho grande al trepamuros.

 

 

BAJO TIERRA

La llegada de Joe Kelly a la mesa de guionistas de Amazing aportó creatividad, pero no sería el último de los autores que Wacker ficharía en aquella fase expansiva de “Un nuevo día”. Durante sus tiempos como coordinador de 52, aclamada serie semanal publicada por DC Comics, había tenido la oportunidad de trabajar con Mark Waid, el que fuera el guionista de Kingdom Come o de Capitán América en tiempos de Heroes Return, y una auténtica leyenda del cómic estadounidense. Frente a los autores que atribuían a los justicieros enmascarados comportamientos tan violentos como los de sus enemigos o que se recreaban en las situaciones sádicas, Waid hizo en los noventa algo tan revolucionario como que los superhéroes volvieran a comportarse como tales. Su primera historia para el Amazing de “Un nuevo día” nació de una conversación con Wacker, en la que ambos trataban de encontrar el peor lugar en el que pudiera tener lugar una batalla arácnida. “Spiderman se maneja mejor en espacios abiertos, así que colocarle en un sitio en el que moverse entrañe dificultades, las acrobacias resulten imposibles y la fuerza bruta pueda ser un laste me pareció muy interesante. Ése era el camino que debíamos seguir”, afirmaba. Para el guionista, el poder más importante que tiene el Hombre Araña consiste en que nunca se rinde. A la hora de buscar el adversario apropiado en semejante contexto, Waid escogió a El Conmocionador: “Siempre me ha gustado, por las razones más equivocadas que puedas imaginar”, cuenta. “Me gusta su traje hortera, esa extraña combinación de colores, sus poderes y el hecho de que puedas introducirlo en una historia sin necesidad de explicar un montón de cosas de su pasado”.

 

La trama, de apenas dos entregas, se vio extraordinariamente reforzada por la aportación gráfica de Marcos Martín, que ya había destacado como uno de los mejores artistas de la etapa arácnida, por su sencillez de línea, elegancia conceptual y un diseño de página casi hipnótico, El costumbrismo y la viveza de las escenas de Peter moviéndose por el metro, la claustrofobia de los túneles subterráneos, o el toque melancólico de ese Nueva York bajo la lluvia demostraba la versatilidad del dibujante para moverse con soltura en cualquier territorio narrativo. Martín ya estaba entonces llamado a convertirse en una estrella del cómic y sólo faltaba que los aficionados se dieran cuenta, pero cada una de las historias que firmó para el trepamuros lo demostraba sobradamente. Otro elemento de importancia fue la incorporación de un nuevo personaje secundario llamado a quedarse y a remover el entorno de Peter Parker como hacía tiempo que no ocurría. La idea de introducir a ese personaje vino de Tom Peyer, un viejo colega de Waid, y el autor la incluyó en su primera reunión con Wacker y con el resto de guionistas. Volveremos a hablar de ello en próximos volúmenes.

 

EL REGRESO DE UN CLÁSICO

El fichaje legitimador que llevó a cabo Wacker por esta época fue nada menos que el de Roger Stern, el más significativo guionista de Spiderman en los años ochenta, y cabeza pensante detrás de la creación de El Duende, impulsor del romance entre Spidey y La Gata Negra o autor de historias como “Nada puede detener a Juggernaut” o “El chico que colecciona Spiderman”. Stern había tenido anteriormente ofertas de regresar a la serie, pero se negó a aceptarlas en tanto que durase el matrimonio entre Peter Parker y Mary Jane, de manera que durante décadas su acercamiento al personaje se limitó a la miniserie en la que desvelaba el verdadero rostro de El Duende y a algunas historias que sirvieron como secuela a ésta. Dentro del contexto de “Un nuevo día”, Stern irrumpió con un relato autoconclusivo para el que, siguiendo su tradición de los tiempos al frente de Amazing, hizo que Spidey se enfrentara contra un villano próximo a otros héroes con el que nunca antes se hubiera cruzado. En este caso, se trataba de La Nada, al que el propio Stern, junto a Bob Hall, hubiera presentado en West Coast Avengers #2 USA (1984. Marvel Gold. Los Vengadores Costa Oeste: Reunión) y que desde entonces apenas sí había vuelto a aparecer en algún otro cómic. El relato contaba con el talento gráfico de Lee Weeks, cuyo estilo recordaba bastante al de John Romita Jr. en los tiempos en que acompañara al guionista en Amazing. Weeks hacía un guiño hacia Stern, mediante la figura del Agente Ray Donovan, cuyo rostro recordaba al del escritor. Para más adelante, Stern preparaba ya una secuela de su mítica saga con Juggernaut.

 

PERO… ¿CÓMO VOLVIÓ HARRY?

Era una de las preguntas que muchos habían lanzado cuando se reencontraron con el viejo amigo de Peter en las páginas finales de “Un día más”, y el encargado de responderla sería Dan Slott, el más erudito de los guionistas arácnidos. En el planteamiento inicial de Joe Quesada para “Un día más”, no había realmente nada que explicar, pues todo era el resultado de la magia. Sin embargo, el equipo de guionistas de Wacker, siguiendo tanto las inconsistencias de ese planteamiento como los requerimientos del fandom, optó por acotar lo máximo posible la actuación de Mefisto, de tal manera que lo único que habría hecho éste sería el borrado del estado civil de Peter Parker y Mary Jane. Dentro de la continuidad, el resto se mantenía inalterable, mientras que cambios introducidos, como el regreso de Harry o que la identidad de Spiderman volviera a ser secreta, debían encontrar explicaciones exógenas a Mefisto. En el caso que nos ocupa, Slott tiró de continuidad, tomando como base tanto la muerte de Harry Osborn en The Spectacular Spider-Man #200 USA (1993) como el regreso de su padre, Norman Osborn, en Peter Parker: Spider-Man #75 USA (1997). Pese a todo, el guionista era consciente que en la intención de los autores de las historias originales nunca estaba el que nadie las desdijera luego. “Nunca vas a tener explicaciones de continuidad a prueba de bomba”, dijo al respecto. “Son necesarias muchas mentiras y mucha suspensión de la realidad. Si la gente no está dispuesta a aceptarlo y rellenar los huecos, no puedes hacer nada”.

 

 

UN FAN DE SPIDEY

Ningún detalle hacía imaginar que The Amazing Spider-Man #583 USA fuera a convertirse en un best-seller, por más que Marvel lo hubiera promocionado como la vuelta de Peter al ruedo sentimental, que el legendario John Romita se hubiera encargado de la portada o que el equipo creativo compuesto por Mark Waid y Barry Kitson, que anteriormente se hubiera encargado de narrar el origen de la Liga de la Justicia de América o de acometer proyectos en común como Empire, se descolgaran con una tierna historia que en realidad hablaba sobre la particular relación de Peter con su amiga y primer amor, Betty Brant. Pero aquel número del Hombre Araña también contenía una modesta historia de complemento, que Stephen Wacker orquestó sin imaginar la repercusión que luego tendría, porque en caso contrario hubiera sido mucho más ambiciosa. En ella, Spidey asistía a la toma de posesión de Barack Obama, que coincidió con el lanzamiento del cómic, en enero de 2008. El cuadragésimo cuarto presidente de Estados Unidos había comentado su afición por los cómics y que el trepamuros se encontraba entre sus personajes favoritos, así que… ¿por qué no? El movimiento se integraba en otras iniciativas que hubiera hecho Marvel en el pasado, por las que siempre se hacía eco de quién fuera el Comandante en Jefe de Estados Unidos en cada momento. Franklin Roosevelt había entregado su escudo al Capitán América; Richard Nixon se había descubierto como el Número Uno de una organización secreta destinada a hacerse con el poder del país; Jimmy Carter había sido salvado de sendos intentos de asesinato por Spiderman y Los 4 Fantásticos, respectivamente; Ronald Reagan entregó un perdón presidencial a Hulk; Bill Clinton fue uno de los que portó el ataúd del Capitán América cuando se dio a éste por muerto; y George Bush había saludado el regreso del Centinela de la Libertad en The Ultimates. Desde los años cuarenta, ningún presidente había faltado a su cita en las viñetas, y Obama no iba a ser distinto. De hecho, debido a su inmensa popularidad, se convirtió en uno de los más ubicuos de la historia del cómic.

 

Lo que en principio no era más que una simpática historia, en la que el nuevo inquilino de la Casa Blanca se encontraba con el personaje cuyas aventuras había seguido desde niño, alcanzó el grado de superventas en cuanto se corrió la voz sobre su temática. En plena Obamanía, The Amazing Spider-Man #583, con una portada alternativa a cargo de Phil Jimenez en la que el presidente posaba para Spidey, agotó varias tiradas en pocos días, hasta convertirse en el tebeo más vendido del año, con un total de 350.000 ejemplares puestos en la calle, y sin duda el más comentado en los medios de comunicación. En opinión del editor Steven Wacker, “Marvel siempre ha luchado por representar el mundo al otro lado de tu ventana, por lo que en cada época tenemos que mostrar al presidente que corresponda. Spidey es sin duda el personaje más reconocible de Marvel, por lo que es un gran embajador para la gente que no lee nuestros cómics. Pero no puedo dejar de lado el hecho de que Obama sea un aficionado a Spidey. Si él no lo hubiera admitido, probablemente no hubiéramos hecho esta historia en concreto, de manera que me alegro de que comentara el tema”.

 

Artículo publicado originalmente en Marvel Saga. El Asombroso Spiderman nº 19

SPIDER-MAN: LA HISTORIA GRÁFICA, PARTE 13: ANN-MARGRET, LA INSPIRACIÓN PARA MARY JANE

“Un día, llevó a su hija al estudio donde trabajaba con Ross Andru en Wonder Woman, y allí ella cogió un número de Amazing de la época de Ditko y se lo puso a leer. “¿Te gusta?”, le preguntó Esposito. “Sí, me gusta, papi”, respondió ella. “Pero las cabezas son muy grandes y los dibujos están desproporcionados”, objetaba el artista, a lo que ella respondió: “Me gusta, papi. Está preocupado por sus tareas domésticas. Le preocupa que su Tía May se enfade y le esconda su traje de superhéroe”. Fue entonces cuando Esposito entendió que DC había perdido la batalla” (pp. 87).

 

Stan solía poner en el despacho de Romita un cartel de “No molestar”, y le decía que ese día se concentrara única y exclusivamente en Spidey, pero el primero que se saltaba la prohibición era él mismo, que aparecía a todas horas, diciendo que sólo le molestaría durante un minuto con algo sin importancia. Lo hacía con tanto entusiasmo, que Romita era incapaz de decirle que no” (pp. 88).

 

En los dos primeros años desde su vuelta a La Casa de las Ideas, echó tripa, le salieron canas y envejeció el equivalente a una década. Todo por el sueldo fijo de 275 dólares semanales y la seguridad que le ofrecía estar en nómina. Había vivido la vida del freelance, sabía que era muy dura y no quería volver a ella. En quince años como freelance, jamás había tenido una semana de vacaciones. Ahora, por fin pudo llegar a disfrutarla, sin dejar de cobrar su sueldo” (pp. 88).

 

Para la elaboración de las cubiertas, Romita hacía varios bocetos, a partir de los cuales Stan elegía uno. Las favoritas del artista eran las que él denominaba “portadas truco”, como la del Amazing #55 (diciembre de 1967), con Spidey reflejado en las gafas de Doc Ock. “Stan hizo que las portadas fueran muy importantes”, dijo. “Su actitud era que si el cómic no tenía una buena portada, nadie se daría cuenta de él” (pp. 90).

 

Situar a Peter sobre una motocicleta resquebrajaba la imagen de empollón de los tiempos de Ditko, y que se mudara a un bonito piso en el centro de Manhattan la rompía en mil pedazos. La araña había abrazado la independencia. (pp. 93).

 

“Una de las buenas cosas de que te hayas hecho cargo de la colección es que ahora podré introducir a Mary Jane en la historia”, le dijo The Man. El guionista quería que la vecinita de Peter Parker fuera preciosa, pero tenía la impresión de que su primer compañero en Amazing no era la persona más indicada para ofrecerle eso (pp. 93).

 

“Como guía, usó fotos de la actriz Ann-Margret, una sueca escultural que bailaba, cantaba, actuaba y se estaba haciendo una carrera en Hollywood, con películas como Bye Bye Birdie (1963). De ésta, se había hecho especialmente popular su tema, que cantaba Margret tras un fondo azul chillón mientras la cámara se acercaba y alejaba espasmódicamente, en el comienzo del filme. Tenía una impresionante melena pelirroja, una sonrisa seductora y unos ojos hambrientos, que devoraban la cámara (pp. 94).

 

Pese a que los aficionados señalaron la viñeta como una de sus favoritas, Romita no estaba del todo contento. De hecho, manifestó en varias ocasiones que, de poder dibujarla de nuevo, la cuidaría todavía más, para que fuera una imagen que golpeara al lector sólo con verla. ¡Como si no fuera exactamente eso lo que provocaba! (pp. 94).

 

Textos procedentes de Spider-Man: La historia jamás contada

SPIDER-MAN: LA HISTORIA GRÁFICA, PARTE 12: CUANDO PETER PARKER SE VOLVIÓ GUAPO

“En Amazing, me sentía obligado a copiar a Steve Ditko, porque, y esto puede parecer ingenuo, yo estaba convencido de que volvería al cabo de dos o tres números”, dijo John Romita. “No sabía que Stan y él llevaban meses sin hablarse. Me dije a mí mismo que no estaría demasiado tiempo fuera. Yo no conocía a Ditko. Asumí que él haría lo mismo que hubiera hecho yo de estar en su situación: pensaría acerca de la manera en que había dejado a un personaje tan importante y volvería. Empecé a contar los días hasta mi regreso a Daredevil” (pp. 83).

 

“El mayor problema que tuve con Amazing fue que estaba haciendo a Peter Parker demasiado autosuficiente”, dijo Jazzy. “Cuando hago un héroe, trato de hacerlo tan guapo como puedo. Yo no veía al personaje como un chico delgaducho y encorvado. Le veía de otra forma. Durante semanas y durante meses, Stan me decía que lo hacía demasiado musculoso, demasiado ancho de espaldas y que su ropa estaba demasiado pulcra, que debía hacerlo más parecido a un adolescente” (pp. 84).

 

A juicio de John Romita, la diferencia fundamental que existía entre él y Ditko es que Ditko había creado su propio mundo, con sus propios edificios, su propia ropa y sus propios coches, mientras que él trataba de llevar el mundo real al papel: que los edificios que aparecieran en las aventuras, la ropa que vistieran sus protagonistas y los coches que circularan por las calles fueran lo más parecidos posibles a la realidad (pp. 85).

 

Para la realización de cada nuevo número, Stan Lee y John Romita mantenían una conversación en las oficinas de Marvel, que podía durar entre quince minutos y una hora. Esas reuniones solían tener lugar en el momento en que el artista entregaba los lápices de la historia anterior. Era habitual que, para terminarlos, hubiera pasado toda la noche en vela. Ante cualquier otro interlocutor, Romita se hubiera dormido, presa del cansancio, pero con Stan era diferente (pp. 85).

 

A partir del Amazing #45 (febrero de 1967), ambos autores dejaron de figurar en los títulos de crédito por separado, para pasar a hacerlo de manera conjunta, dando a entender que se trataba de un equipo, no solamente de alguien que escribía y alguien que dibujaba. “¡Una aventura de agonizante acción por Stan (The Man) Lee y John (Ring-A-Ding) Romita!”, se leía en aquel número (pp. 86).

 

“Es imposible saber qué hubiera pasado si Ditko se hubiera quedado en la serie”, dijo Jazzy, al echar la vista atrás. “Pero, pasado el tiempo, la apariencia que le di a Spider-Man se convirtió en LA apariencia de Spider-Man. Estoy muy orgulloso de eso” (pp. 86).

 

Romita estaba cuidando detalles que hasta entonces no habían sido tenidos en cuenta. Spider-Man empezó a llevar en la espalda una pequeña mochila de telaraña. Stan Lee se sorprendió de encontrarse algo así y no tardó en preguntarle cuál era la razón de ser de aquella mochila. El dibujante lo tenía claro: el héroe tenía que llevar la ropa en algún sitio (pp. 86).

 

“Peter Parker tenía que sacarse los zapatos para trepar por una pared porque los lectores escribían y preguntaban por qué sus suelas se pegaban a las paredes. Así que, lo creas o no, durante un tiempo hice que Peter se atara los zapatos al cuello, sobre todo porque Stan me dijo: ‘Ya que te has puesto técnico con lo de la ropa, ahora me lo has contagiado a mí’. De modo que sí, era algo fanático” (pp. 87).

 

 

Textos procedentes de Spider-Man: La historia jamás contada

JESSICA JONES: LA PALABRA QUE EMPIEZA POR J Y TODO LO DEMÁS

El cómic de superhéroes nació como un entretenimiento para niños, jóvenes y preadolescentes. En la época dorada del género, cuando se dejaban atrás los pantalones cortos, se abandonaba su lectura. Eso cambió cuando Stan Lee dio vida al Universo Marvel, con sus personajes imperfectos y plagados de humanidad, y se acentuó aún más a partir de mediados de los años ochenta, con la llegada de obras clave como La Patrulla-X de Chris Claremont, Watchmen o el Daredevil y el Dark Knight de Frank Miller. Al acabar la década, DC Comics se animó con su propio sello para lectores adultos, Vertigo, que ofreció desde entonces los títulos más interesantes de la Distinguida Competencia. Y en 2001, Marvel lanzó por fin un equivalente. Así fue como nació MAX.

 

 

“Sabes que lo quieres”. Decía una sobria publicidad aparecida en los cómics de la época, con un fondo de rojo intenso y el logotipo de MAX a tamaño gigante. La Casa de las Ideas atravesaba un momento delicado, lo que sirvió para agudizar el ingenio. El entonces presidente de La Casa de las Ideas, Bill Jemas, tenía como máxima la producción de cómics legibles, que escaparan a la intrincada continuidad de más de cuatro décadas de publicaciones, y de esas premisas nacieron estimulantes iniciativas. En la línea Ultimate, el contador fue puesto a cero, para que las historias de Spiderman, La Patrulla-X o Los Vengadores, ahora rebautizados Ultimates, pudieran contarse para las nuevas generaciones; autores de renombre, como Joe M. Straczynki y Grant Morrison, fueron atraídos a las cuadras de Marvel, mientras que el Director Editorial Joe Quesada rastreaba en terrenos indies a la caza de talentos frescos y sin el amaneramiento de años de contar exclusivamente las vivencias de tipos en mallas.

 

David Mack, un autor con el que Quesada había trabajado en Daredevil, le hizo llegar la obra que había firmado un amigo suyo. Era un voluminoso cómic en blanco y negro, sobre un asesino en serie que mataba niños. Se titulaba Torso y estaba escrito y dibujado por alguien de quien pocos habían oído hablar: Brian Michael Bendis. Éste había hecho otros libros de temática noir y orientación similar a la de Torso, todos ellos en la independiente Caliber Comics, y en un terreno más comercial acababa de lanzar Powers, una serie de detectives enmarcada en un cosmos superheroico, que publicaba Image y pronto se situaría entre las favoritas de la crítica. En Marvel quedaron hechizados con su habilidad narrativa, su naturalismo en la construcción de historias y su espontaneidad con los diálogos. Le asignaron la reinvención del Hombre Araña, en Ultimate Spider-Man, y fue uno de los mayores éxitos editoriales del momento. Realizó también varias historias cortas de Daredevil, antes de ser elegido como su guionista fijo.

 

En paralelo, Bendis planteó a Marvel su más arriesgada propuesta. Tenía por título Marvel Inc., o algo parecido que el autor no termina de recordar, y llevaría a los superhéroes al terreno de la serie negra en el que el guionista se movía con tanta facilidad. Estaba protagonizada por Jessica Drew, la que había sido Spiderwoman, que ahora estaba retirada del superheroismo pero no lo había dejado del todo. Se dedicaba a investigar casos relacionados con su antigua profesión, de manera que por allí estarían los grandes iconos de la editorial… desde una perspectiva inesperada. “Tengo este concepto, y es un poco como una película de calificación R”, dijo Bendis a Bill Jemas. “El tema es adulto. No me la puedo imaginar sin palabrotas. Y vosotros no publicáis cosas así”. El presidente de Marvel respondió con otra pregunta: “¿Y por qué no hacemos cosas así?”. Pero Bendis no sabía explicárselo. Le envió las once primeras páginas de aquel proyecto adulto, en lugar de la típica propuesta técnica. A las dos horas, Jemas le llamó y le dijo que tenía razón. En Marvel no estaban haciendo nada parecido. Pero empezarían a hacerlo. Iban a lanzar toda una línea destinada a lectores adultos y el título de lanzamiento sería ése.

 

MAX arrancó en otoño de 2001. La colección insignia era la que había propuesto Bendis, aunque ya no se titulaba Marvel Inc, sino Alias, y tampoco estaba protagonizada por Jessica Drew, sino por un nuevo personaje llamado Jessica Jones, imbricado en el pasado del Universo Marvel de una manera que los lectores irían descubriendo sobre la marcha. Por supuesto, la palabra que empieza por J estaba por todas partes. A mitad de primer número, Luke Cage mantenía sexo anal con Jessica después de que ella se lo hubiera pedido. Aunque la escena no fuera explícita, provocó que el dueño de la imprenta de la republicana Alabama, en que debía tirarse el tebeo, se negara a hacerlo, lo que obligó a irse a otro sitio. El incidente supuso para Marvel una impagable publicidad gratuita. Pero el sexo no era lo verdaderamente relevante en un cómic que invitaba a mirar al Universo Marvel como nunca antes se había visto y a una mujer derrotada por la vida que necesitaba encontrar su camino. “Es como Sam Spade”, dijo Bendis. “Bebe y se odia a sí misma”. Michael Gaydos, un viejo amigo del escritor de los tiempos del independentismo en Caliber, con el que incluso había coincidido en el Instituto de Arte de Cleveland, dibujaba las páginas interiores, que recordaban en estructura y diálogos a Powers, sólo que el encanto del dibujo de ésta había sido sustituido por un trazo adusto. Además, frente a los misterios detectivescos, Alias ponía el acento en el intimismo bañado en alcohol. David Mack se ocuparía de las portadas, con su estilo pictórico característico, así que en el fondo todo quedaba un poco en casa: era un cómic familiar bajo el paraguas de Marvel.

 

Stuart Moore, hombre de confianza de Quesada y editor de MAX, encargó proyectos como Fury, US War Machine, Night Nurse, Howard The Duck, Black Widow o Cage. Alias brillaría por encima de sus coetáneos, sería la única cabecera abierta que tendría MAX en su primera fase, devolvió su popularidad de antaño a Luke Cage y lanzaría al estrellato a Jessica Jones, que se alzó como uno de los más importantes personajes que surgieron en la primera década del siglo XXI. Su camino no había hecho más que comenzar…

 

Texto aparecido originalmente en Marvel Saga. Jessica Jones nº 1

EL DAREDEVIL DE KEVIN SMITH Y JOE QUESADA: ACTO DE FE

Es extraño lo que sucede con Daredevil. No puede decirse que sea uno de los personajes principales del Universo Marvel, como Spiderman, Lobezno o Iron Man, pero sí es uno de los más queridos por los lectores. Nacido en 1964 de la mano de Stan Lee y Bill Everett como una especie de remedo del trepamuros con algunas características diferenciadoras, como pudieran ser su edad adulta o su ceguera, Daredevil no alcanzó pleno potencial hasta que en los ochenta se cruzó en el camino de un joven artista llamado Frank Miller. Éste realizó una larga etapa definitoria a comienzos de los ochenta, así como la que se podría considerar su mejor aventura, “Born Again”. Después de Miller, el Hombre Sin Miedo volvió a gozar de interesantes momentos, pero ninguno del impacto conseguido por éste. Y entonces llegaron los caballeros del ático.

 

Joe Quesada y Jimmy Palmiotti eran dos de los tipos más interesantes de la Nueva York comiquera. El primero de ellos había gozado del favor de los lectores a comienzos de la década, cuando le señalaron como uno de los hot artist del momento. Pero, en lugar de hacer lo que todos sus compañeros estaban haciendo, marcharse a la independiente Image y crear una serie de éxito que le reportara inmensas cantidades de dinero, optó por una vía alternativa: fundar estudio propio, al lado de su amigo Palmiotti, que le entintaría habitualmente los lápices. Event Comics estaba poniendo en las librerías títulos atractivos, como Ash, Painkiller Jane o 22 Brides, mientras que sus mayores artífices se posicionaban al margen de las guerras editoriales que libraban Marvel, DC e Image. Preferían dedicar su tiempo libre a trazar amistades y contacto con cineastas, actores y los más interesantes miembros del comic indie.

 

En Marvel las cosas no iban demasiado bien. La burbuja especulativa de los noventa, fruto de la guerra con Image, les había explotado en la cara y necesitaban soluciones de urgencia, que se empezaron a buscar fuera del entorno de La Casa de las ideas. El presidente de la compañía, Joe Calamari, fichó a los chicos de Event, con el objetivo de que relanzaran algunos de sus personajes. Anteriormente, un proyecto similar, acometido por estrellas de Image y llamado “Heroes Reborn”, había supuesto un pequeño fiasco, pero el planteamiento de Quesada y Palmiotti era distinto: prometieron hacer buenos cómics, no enfadar a los lectores veteranos y recrear el espíritu de cuando Marvel era atractiva, nueva y distinta. Calamari liberó para ellos el ático del edificio de oficinas en que se encontraba la editorial, el único piso que estaba por encima de su despacho. Marvel Knights, se llamaría la nueva línea, y en ella tendrían nueva vida Los Inhumanos, Pantera Negra, El Castigador, El Doctor Extraño… o Daredevil. De todos ellos, era el más destacado personaje, y por lo tanto también se alzó como el buque insignia del proyecto. Quesada y Palmiotti se implicaron al máximo en conseguir que fuera un auténtico éxito, no sólo de ventas, sino también de ilusión. Ellos se encargarían de dibujar y entintar, respectivamente, y para escribir se hicieron con los servicios del hombre por el que la industria del cómic suspiraba en aquel entonces: Kevin Smith.

 

Director de pequeñas, pero lucrativas películas como Clerks, Mallrats o Chasing Amy, Smith había sabido retratar a los chavales de la época con una inmensa autenticidad. A su vez, era un voraz consumidor de cómics y todo cuanto rodeaba a los cómics, hasta llegar a hacer de Stan Lee el personaje real que señalaba el camino a seguir en la vida al protagonista de Mallrats. Smith había escrito algunos cómics, fundamentalmente extensiones de sus películas, pero todo el mundo daba por hecho que acabaría haciendo algo para las grandes. Sólo faltaba saber qué. Fueron Quesada y Palmiotti, y por lo tanto Marvel, quienes le convencieron para subirse a bordo. El fichaje no podía ser más importante: Hollywood miraba por primera vez a los cómics como un ámbito de creación al que merecía la pena dedicarse. Detrás de él llegarían otros muchos: Ben Affleck, uno de los amigos de Smith, manifestó que nada le gustaría más que encarnar a Daredevil en los cines (y acabaría cumpliendo su sueño, pero ésa es otra historia); Joe M. Straczynski, el showrunner de Babylon 5, aceptó la misión de revitalizar a Spiderman; Joss Whedon, el hombre detrás de Buffy Cazavampiros, haría lo propio por La Patrulla-X, y a su vez las películas basadas en los superhéroes de Marvel pronto alcanzaron una popularidad como nadie podría haber imaginado.

 

Al contrario de lo que había sido “Heroes Reborn”, el Daredevil de Marvel Knights no pretendía reimaginar el personaje, ni poner el contador de sus aventuras a cero, ni romper con el pasado. Todo lo contrario, aunque la norma que venía siendo habitual en Marvel era renumerar cada colección a cuenta de la llegada de nuevos autores de empaque, Quesada sentía que estaban construyendo sobre una rica tradición, así que al lado de su firma de portada situó siempre una enigmática cifra de tres dígitos que avanzaba mes a mes, y que no hacía sino señalar cuál sería la numeración correcta en caso de que no se hubiera lanzado un nuevo número uno; la historia construida por Smith invitaba a que lectores que nunca se hubieran acercado al personaje lo hicieran a partir de ahora, pero estaba cimentada en las líneas maestras de la que había sido su trayectoria anterior, con especial atención a las relaciones personales de Matt Murdock, el alter ego del héroe, y también a sus lazos con otros personajes del Universo Marvel, como La Viuda Negra o Spiderman. Smith devolvió una gravitas y un tono al personaje similar al que tuviera en tiempos de Frank Miller, cimentado sobre unos diálogos ágiles y de naturalidad brutal, situaciones siempre al límite y una vuelta a la iconografía católica en la que hubiera sumergido Miller a DD. Por su parte, Quesada y Palmiotti se entregaron a fondo a conseguir que el arte fuera sobresaliente, barroco, acorde con la densidad, el dramatismo, la épica y la espontaneidad que ofrecía el guión.

 

Kevin Smith cumplió su compromiso de permanecer en la serie durante los ocho primeros números, de manera que concedió al Hombre Sin Miedo una entrada de lujo en la modernidad. Marvel Knights: Daredevil, cuyo fracaso hubiera enterrado cualquier riesgo que se atreviera a tomar La Casa de las Ideas, fue un inmenso éxito que impulsó al resto del sello coordinado por Quesada y Palmiotti, abrió una nueva edad de oro para Daredevil y sirvió de acicate de cara a los cambios audaces que convertirían a Marvel en el mayor gigantes del entretenimiento del siglo XXI. Era posible, venían a indicar sus artífices. Hacía falta talento, hacía falta valentía y, quizás, hacía falta un poco de fe en aquello que hacía verdaderamente grande a ese cosmos de ficción y sus habitantes.

 

Artículo aparecido originalmente en Marvel Saga. Daredevil nº 1

UN NUEVO DÍA: MODELO EN PERFECCIONAMIENTO

Los estertores de 2008 marcaron la conclusión del primer año de “Un nuevo día”, el landscape tanto editorial como argumental que había marcado el mayor cambio en la vida de Spiderman en décadas. Stephen Wacker afinaba al máximo los equipos creativos de los que disponía, introduciendo algunos pequeños cambios que iban en la buena dirección. La salida de Zeb Wells, uno de los cerebros que se sentaban cada mes en la mesa de redacción, fue inmejorablemente suplida con la incorporación de nada menos que Joe Kelly, guionista soñado por muchos aficionados arácnidos desde hacía años. Mientras, Marc Guggenheim demostraba que no había que perder de vista los trabajos que estaba realizando, como demostró con una conmovedora y dramática historia protagonizada por Flash, el viejo abusón de Peter Parker en el instituto.

 

 

LA SOLUCIÓN DEL MISTERIO

Jackpot fue una de las sorpresas que trajo “Un nuevo día” desde su comienzo, ya que fue introducida en el especial que dio paso a la iniciativa. ¿Una pelirroja escultural que se hacía llamar con el mismo término que había utilizado Mary Jane cuando conoció a Peter? De inmediato, una gran mayoría de los lectores, espoleados desde los mentideros online, dieron por hecho que la que acababa de dejar de ser la esposa del trepamuros seguía presente en la serie, de la manera más inesperada que cabía imaginar. Pero poco después, en el arco argumental de Muñeca de Papel, Dan Slott confirmaba lo contrario. Había sido él quien sugiriera la posibilidad de jugar con la identidad de la justiciera, pero el objetivo primordial de los guionistas no era otro que introducir una vigilante callejera en la línea de El Merodeador o de La Gata Negra. Fue Marc Guggenheim quien más partido sacó al personaje y, en buena lógica, tenía que ser Guggenheim el encargado de descubrir la verdad sobre Jackpot. El autor aprovechó además para recuperar a Walter Declun, el ejecutivo corrupto de Control de Daños que aparentemente muriera en los cruces de Lobezno con “Civil War”, pero también a la olvidadísima Commanda, una villana de la que no sabíamos nada desde los tiempos de Spiderman: Las historias jamás contadas. El relato de Jackpot, con el que se inicia este tomo, conformaba el Amazing Spider-Man Annual #1 USA, publicado en 2008. En realidad, aquel especial hacía la entrega treinta y cinco en los Annuals que había recibido la principal colección arácnida, un detalle que podía descubrirse mediante la doble numeración que Marvel incluyó en la cubierta.

 

LLAMADLE FLASH

Era el tipo sonriente, despreocupado y presuntuoso que estaba en primer plano y se burlaba del apocado Peter Parker en aquella viñeta del origen de Spiderman (Amazing Fantasy #15 USA. 1962. Marvel Gold. El Asombroso Spiderman nº 1). Desde entonces, Flash Thompson se había quedado en la memoria colectiva de los fans como la bestia parda de Pete en el instituto, a la par que el mayor fan de Spidey. Pero el Midtown High School había quedado atrás, antes incluso de que Steve Ditko dejara de dibujar la serie, y luego serían diversos los papeles que asumiera Eugene Thompson. Ya en la época dorada de John Romita, cuando se vistió de uniforme y viajó para luchar en la guerra del Vietnam (referencia histórica que, forzosamente habrá que dejar de lado), creció de caricatura a personaje con cara y ojos. En sus intermitentes apariciones en la serie, se convertiría en uno de los mejores amigos de Peter, al tiempo que quedaba al descubierto una infancia difícil, llena de abusos. Años más tarde, algunos guionistas reincidirían en el Flash abusón y descerebrado. ¿Y después? El viento, y el inicio de “Un Nuevo Día”, se llevaron a Flash de regreso al olvido, hasta que llegó la hora de saber de él. Ocurrió en un número autoconclusivo de Amazing, también escrito por Guggenheim, que lo situaba como combatiente en Irak y para el que el guionista se documentó con la ayuda de soldados que habían estado sobre el terreno. Era algo a lo que el comité de guionistas llevaba dando vueltas desde el comienzo, devolver a Flash al ejército y allí hacer algo radical con él. La historia, que cambió de manera radical la vida de Flash, llegaría a ser objeto de polémica dentro del correo de lectores de la edición americana. Hubo soldados que se identificaron con la historia y dieron las gracias por ella mientras que otros aficionados se escandalizaron por el tomo militarista de la misma o que se abordara exclusivamente desde el punto de vista de los estadounidenses. Guggenheim se defendió afirmando que él se había opuesto a la invasión de Irak y criticado la guerra de Afganistán, pero igual que no estaba de acuerdo con cada afirmación que hacían sus personajes, tampoco tenía por qué estarlo con las declaraciones políticas de éstos. Y añadía: “Para ese número, hice una meticulosa investigación que me permitiera mostrar las acciones de americanos e iraquíes de la manera más realista posible. Sin embargo, no hubo la oportunidad de contar la historia desde la perspectiva iraquí. Tampoco para expresar mi opinión de que, aunque apoyo a las tropas americanas, no creo que sus vidas deban desperdiciarse en una guerra más o menos bien planificada. Como escritor, a veces sólo puedes contar la historia que te han contado”. Wacker por su parte dijo al guionista que era el mejor número que había escrito.

 

NACIDO PARA ESCRIBIR SPIDERMAN

En la segunda parte del volumen, damos la bienvenida a un escritor que recordarán con inmenso cariño muchos fans. Se trata de Joe Kelly, excelente guionista de diálogos chispeantes y tramas densas y complejas que empezara su carrera profesional en Marvel durante la segunda mitad de los años noventa, en series como La Patrulla-X y Masacre, y que luego saltaría a DC para realizar, entre otras cosas una más que estimable etapa de Action Comics, una de las colecciones de Superman. Kelly volvió a La Casa de las Ideas de la mano de su antiguo editor en DC Stephen Wacker, para unirse al equipo de guionistas del Hombre Araña, personaje que parece fabricado a su medida, como ya demostrara en aquel inolvidable episodio de Masacre en el que Wade retrocedía en el tiempo para introducirse en la trama de un Amazing de la época Romita. En aquel entonces también desarrolló un pequeño arco de Webspinners, una serie compuesta por aventuras cerradas del trepamuros, pero no tuvo ocasión de abordar el personaje desde sus colecciones principales.

 

LA DESPEDIDA DE ZEB WELLS

La incorporación de Joe Kelly coincidió en el tiempo con la marcha de Zeb Wells, uno de los fundadores del concepto que latía detrás de “Un nuevo día”. Wells se marchaba con la que quizás fuera su mejor intervención: una aventura larga que Spiderman compartía con El Castigador y que destacó especialmente por la labor del dibujante Paolo Rivera, un extraordinario artista que también sería el encargado de revisar el origen del trepamuros, dentro de una iniciativa titulada Mithos. Rivera volvería más adelante a figurar en Amazing, con nada menos que la segunda parte de “Un día más”, pero eso es historia para otra ocasión.

 

EL CANDIDATO MARVEL

Todas estas historias se publicaban originalmente en 2008, coincidiendo con el enfrentamiento por La Casa Blanca entre Barack Obama y John McCain. En Marvel, tuvieron la ocurrencia de introducir un tercer candidato en liza: Stephen Colbert. Se trata de un humorista que cuenta con su propio programa de televisión en el canal Comedy Central, por el que ha ganado multitud de premios. La candidatura a la Presidencia de los Estados Unidos fue impulsada desde la pequeña pantalla en octubre de 2007. Aunque nunca pasó de ser una pequeña broma, en Marvel decidieron reflejarla dentro de su propio mundo de ficción, a través de carteles, pegatinas y anuncios que pudieron encontrarse en las viñetas a lo largo de varios meses. Incluso siguieron adelante con ella una vez que, en nuestra realidad, quedó certificado que Colbert nunca optaría a la Casa Blanca. El mayor acto de esta campaña imaginaria tendría lugar en la pequeña historia con la que se cierra este tomo, aparecida como complemento del Amazing Spider-Man #573 USA, que incluso contaría con una portada alternativa dibujada por Joe Quesada con Colbert como protagonista. Por fin, el 5 de noviembre, el Daily Bugle proclamó que, al menos en el Universo Marvel, Colbert había ganado en votos populares, mientras Obama había alcanzado el mayor número de votos electorales. Meses después, La Casa de las Ideas pondría corolario a tan divertida ocurrencia, con la asistencia de Spiderman a la toma de posesión de Obama, la cual también podremos leer en esta misma colección.

 

 

Artículo publicado originalmente en Marvel Saga. El Asombroso Spiderman nº 18

EL HIJO DEL DUENDE: CUANDO HARRY CONTINUÓ LA SAGA EN ULTIMATE SPIDERMAN

La figura de Harry Osborn siempre ha tenido un complejo engarce en los mitos de Spiderman, a causa de las muchas vueltas que ha dado este personaje y el terrible peso que recae sobre sus hombros. Ya sea en los cómics clásicos, en los dibujos animados de televisión o en las películas de la pantalla grande, todo empieza igual: Harry es el mejor amigo de Peter Parker, una de las pocas personas que le respeta y acepta como es, pese a que pertenezcan a estratos sociales diferentes… o tal vez por eso mismo. Pero enseguida se descubre que Harry es también el hijo del peor enemigo de Spiderman. ¡Harry Osborn es el hijo del Duende Verde!

 

En la vida, y en el cómic, es necesario dejarse sorprender, y eso es lo que le pasó a Peter, pero también a sus autores, con Harry Osborn. El debut de este personaje secundario se produjo en The Amazing Spider-Man #31 USA (1965), con Stan Lee a los guiones y todavía con Steve Ditko a los dibujos. Peter Parker acababa de pasar del instituto a la universidad y los autores estaban tratando de repetir los esquemas que tan buenos resultados les procuraran en la etapa anterior. Se trataba de cumplir con la máxima de Stan Lee de “la ilusión del cambio”: que se dieran alteraciones que a los ojos de los lectores parecieran revolucionarias, pero que a fin de cuentas se mantuviera intacta la esencia del concepto original. De esta manera, Harry no sería más que el repuesto para Flash Thompson, el tipo que se había dedicado a hacer la vida imposible de Peter durante la adolescencia, mientras que Gwen Stacy haría las veces de Liz Allan, la chica que se sentía atraída por Peter pero era demasiado orgullosa para confesarlo.

 

Quizás los derroteros de la serie hubieran ido en esa dirección prefijada, y de hecho las primeras apariciones de estos dos personajes así lo hacían entrever: Peter y Harry tuvieron encontronazos desde el primer momento en que se cruzaron el uno con el otro, y otro tanto sucedía con Gwen, pero lo imprevisto llegó entonces. Steve Ditko decidió dejar Spiderman, y lo hizo por una disputa alrededor de la identidad del Duende Verde. Mientras que Stan Lee estaba convencido de que debía ser alguien perteneciente al elenco de secundarios, Ditko consideraba que tal opción rompía la credibilidad de la serie. Ante la imposibilidad de convencer de lo contrario al que también era Director Editorial de Marvel, optó por marcharse.

 

La solución al misterio alrededor del Duende Verde marcaría un antes y un después en la historia del Hombre Araña. Se entraba en un periodo en el que sus aventuras contarían con cierto tono culebronesco, por el cual se entremezclarían sin pudor alguno la vida privada de Peter Parker y su actividad superheroica como Spiderman, como si Nueva York fuera un lugar pequeño, en el que todo el mundo se conociera y en el que todo el mundo que peleaba con el trepamuros era también amigo, familia, compañero de trabajo o mero conocido del muchacho bajo la máscara. Esta circunstancia coincidiría con la entrada en la serie de John Romita, un artista prodigioso, que además de dotar a las andanzas de Spiderman de una espectacularidad nunca antes vista concedió al mundo de Peter Parker un romanticismo que tampoco había tenido hasta entonces. Mientras que el protagonista adoptaba la fisionomía de un joven atractivo, las chicas que formaban parte de su vida se revestían de belleza sin parangón. Gwen, la mujer fatal que dibujara Ditko, pasó a ser una jovencita tierna e incapaz de romper un plato (la novia perfecta), al tiempo que descubríamos el rostro, el encanto y la alegría de Mary Jane, la despreocupada vecina de al lado, que irrumpía en la vida de Peter Parker para introducir un elemento de adorable imprevisibilidad. Ambas formarían parte de la pandilla de Pete, en la que también se integraría Flash, de vuelta a la serie, y Harry, ahora convertido en el mejor amigo de Peter.

 

¿Qué es lo que les había unido? El sentimiento de soledad. En The Amazing Spider-Man #39 USA (1966. Marvel Gold. El Asombroso Spiderman: Días de gloria). Harry confesaba a Peter que su madre había muerto cuando era un niño y que su padre, el acaudalado Norman Osborn, no le prestaba demasiada atención. Peter había perdido a sus padres, y también a la figura paterna de tío Ben, por lo que se producía la identificación de Harry como alma gemela. Por supuesto, Stan Lee ya lo tenía todo pensado, de manera que, en ese mismo número, el Duende Verde descubría la identidad secreta de Spiderman, y a su vez éste se desvelaba como Norman, el padre de Harry. En la pelea posterior, un accidente fortuito servía para que el villano perdiera la memoria, pero desde ese preciso momento, su destino, el de Harry y el de Peter quedaron unidos y sellados para siempre.

 

Harry siguió presente en la serie durante los años posteriores, llegando a convertirse en el compañero de piso de Peter y en el novio ocasional de Mary Jane, pero su creciente inestabilidad le arrastraría a las drogas. Después de que Norman, como Duende Verde, asesinara a Gwen y muriera como consecuencia de ello, Harry averiguaba la verdad y la interpretaría a su manera, para convertirse en el segundo Duende Verde, ya en los años setenta. Como luego sostendría el guionista Roger Stern, no era en realidad un villano, sino alguien pretendiendo serlo: pronto daría con sus huesos en un psiquiátrico, del que saldría en apariencia restablecido y para formar una nueva vida junto a Liz Allan, la que pronto sería su esposa. En años posteriores, Harry sufriría diversas recaídas y recuperaciones, e incluso estaría dado por muerto durante largo tiempo. Fue Stern quien, en los años ochenta, recogería la herencia dejada por el Duende Verde en un nuevo criminal, llamado simplemente el Duende, que daba con una guarida de Norman y aprovechaba su equipo (The Amazing Spider-Man #238 USA, 1983. Marvel Héroes. El Asombroso Spiderman de Roger Stern y John Romita Jr.). El traje de batalla sería similar al del Duende Verde original, aunque entre los cambios más destacables estuvo la elección del dorado como color básico.

 

Para Ultimate Spiderman, Brian Michael Bendis cogió la esencia de Harry Osborn: el niño rico amigo de Peter que resultaba ser hijo del Duende Verde. En el curso de esta serie, hemos visto como le manipulaba éste y le sometía a diversos tratamientos de cara a borrar el recuerdo de su identidad… Y también le hemos visto revelarse contra el Duende Verde, pasar a custodia de SHIELD y prometer que, algún día, mataría a Peter, al que culpa de todas las desgracias de su vida.

 

Este volumen retoma el complejo personaje de Harry y en él Bendis juega con las diversas maneras en las que, en la versión clásica de Spiderman, se dio continuidad a la figura del Duende Verde. El guionista conjura de nuevo y de manera consciente, un arco argumental de tono oscuro, acercándose de hecho al género terrorífico y al thriller. A su vez, aborda una cuestión que está sobre la mesa desde que Norman tratara de asesinar a Mary Jane: ¿Puede Peter mantenerla en su vida y protegerla?

 

Artículo aparecido originalmente en Coleccionable Ultimate. Ultimate Spiderman nº 15 

SPIDERMAN Y LA ANTORCHA HUMANA: EL ESTÚPIDO VIENE CONMIGO

En los inicios de sus respectivas carreras como justicieros, fueron los dos adolescentes más deslenguados y traviesos del Universo Marvel, siempre dispuestos a gastar una buena novatada a cualquiera que se le pusiera por delante. No es extraño que el Hombre Araña y la Antorcha se detestaran primero, se respetaran más tarde y se hicieran amigos al fin. El cabeza de red y la cerillita han cruzado su camino en decenas de ocasiones desde aquellas primeras escaramuzas, e incluso a punto estuvieron de compartir una colección, Marvel Team-Up, que finalmente se repartiría el lanzarredes con otros muchos colegas, aunque Johnny se dejara caer por allí de cuando en cuando, sacando muchas veces de apuros a su entrañable vecino arácnido, metiéndolo hasta las cejas en irresolubles problemas en otras tantas ocasiones, y divirtiendo al común de los aficionados siempre.

Ahora, más de cuatro décadas después del nacimiento de ambos personajes, Marvel lanza esta golosina, una miniserie muy especial, aquí reunida en un único tomo de Marvel Style, siguiendo la política de la editorial americana a la hora de utilizar este formato de cara a recopilar una historia que pretende llegar al máximo posible de fans. Otros proyectos en los que la Casa de las Ideas cruza a sus populares iconos están realizados por autores escasamente versados en la trayectoria de las criaturas con las que tratan, hasta el punto de cometer errores que provocan que los lectores se lleven las manos a la cabeza. En esta ocasión, por el contrario, el cuidado y el respeto hacia la biografía de los protagonistas es el aspecto más emblemático de la obra. Bueno, eso… ¡Y la diversión!

 

La miniserie de Spiderman y La Antorcha Humana publicada en 2005 repasa todos estos años de amistad y rivalidad entre Spiderman y la Antorcha Humana, tomando cuatro momentos concretos del pasado para rematar la faena en el presente. El timón del viaje lo lleva Dan Slott, quien, gracias a esta obra o su trabajo en Hulka, ha conseguido alzarse como el autor-revelación de la temporada. Este autor, unas veces escribe historias terriblemente ingeniosas, inteligentes y divertidas, mientras que otras se deja llevar por lo tétrico y la profundidad psicológica, pero siempre podemos encontrar un denominador común en su trabajo: Slott utiliza el pasado que cargan a cuestas sus personajes como un elemento con el que enriquecer el resultado final. Los lectores que no hayan seguido las aventuras pasadas a las que Slott se refiere se divertirán como el que más, pero el que lleve un tiempo en el mundillo probablemente no dará crédito a la capacidad del escritor para que todo encaje y todo tenga sentido. Es evidente, además, que a Slott le encanta Spiderman, cuyas bromas ganan muchos enteros cuando se las escribe un escriba con semejante bis cómica. Ya le utilizaría en un desternillante episodio de Hulka, y quizás por eso los editores de la Casa de las Ideas se fijaron en él a la hora de lanzar esta obra.

 

Al guionista le acompaña Ty Templeton, también su compañero en la maravillosa Batman Adventures, quien abandona su habitual estilo cartoon para atreverse a imitar a los artistas característicos del periodo histórico al que alude cada capítulo. Tan pronto emula a Steve Ditko, como a John Romita, Ross Andru o Ron Frenz, y eso sin renunciar a su propia huella. Puede que no resulte demasiado espectacular, pero Templeton cumple y se complementa a la perfección con la narración ágil de Slott.

 

Son, sin embargo, los pequeños detalles de este cómic los que hacen que servidor se quite el sombrero. La primera parte se ambienta en los años de instituto de Peter Parker, cuando Johnny salía con Dorrie Evans y ambos héroes, en sus identidades civiles, se habían cruzado apenas en un par de ocasiones: el Amazing Spider-Man 3, donde una conferencia del miembro más joven de los Cuatro Efe animaba a Peter Parker a continuar con su labor arácnida, después de estar a punto de colgar las redes a causa de una soberana paliza del Doctor Octopus, y en el Amazing 21, donde se veían cara a cara por primera vez. La trama que ahora nos ocupa retoma un cabo suelto, y absolutamente olvidado, perteneciente al Amazing Spider-Man 5, donde el Doctor Muerte ofrecía al lanzarredes una alianza contra los Cuatro Fantásticos. Además, Slott despeja una gran duda: ¿Por qué Pete Pote de Pasta, el más recurrente enemigo de la Antorcha en aquellos años, cambió de nombre por el mucho más respetable de “El Trampero”?

 

 

El segundo capítulo es el más romántico de todos, al trasladarnos a la época de Gwen Stacy, Crystal y el Café Bean como lugar de reunión de la panda de Peter Parker (Atentos a los carteles de las paredes, que son los mismos que dibujaba en su momento Jazzy Romita). Contrasta la alegría de esa historia, donde hasta los villanos son un poco inocentones, con la amargura de la siguiente, ambientada poco después de la muerte de Gwen y de la ruptura de Johnny con Crystal. Son los tiempos bizarros del Spider-Móvil, un utilitario de lo más ridículo diseñado por Johnny para uso y disfrute de un Hombre Araña que nunca se había sacado el carnet de conducir. El coche no escalaría paredes hasta un tiempo más tarde, después de que el Chapucero le hiciera ciertas modificaciones, pero aquí se estrena ya en tal prestación, aunque sólo momentáneamente (Slott se ha estudiado los tebeos a conciencia), gracias al genio de Reed Richards. Increíble, el cameo del joven Daniel Ketch, destinado a convertirse algún día en el segundo Motorista Fantasma, y que aquí aparece en homenaje a los lectores más avezados a la hora de pillar guiños, y de paso a Kurt Busiek y Alex Ross, quienes también lo mostraran, también de chavalín, al final de sus Marvels.

 

De ahí saltamos al cuarto capítulo, ya ambientado en los años ochenta, con Spidey luciendo su traje negro, antes de que supiera que se trataba de un simbionte alienígena, y ennoviado con la Gata Negra, algo que despertaba los celos de Johnny Storm, quien tampoco daba crédito a la llegada de cierto bellezón verde para sustituir a la adorable Cosa de los ojos azules dentro de la Primera Familia. Los tiempos estaban cambiando, e incluso el lanzarredes ya no se llevaba tan mal con la policía. No en vano anda por ahí la capitana Jean DeWolff, mirando a la Gata con muy malos ojos.

 

El final de la historia pasa por alto los noventa (aunque no falte una descacharrante alusión a La saga de Ben Reilly, en la que Spiderman era sustituido por su clon) y nos deja en el presente, un tiempo en el que Peter Parker ya no es un estudiante de secundaria, sino un respetable profesor; y en el que Johnny Storm ya no es un adolescente irresponsable, sino un adulto… irresponsable. No nos engañemos: el primero ha llegado a casarse con una supermodelo y fabrica ahora sus propias telarañas sin necesidad de ningún lanzarredes mecánico, mientras que el segundo se ha hecho cargo de algunas tareas empresariales dentro de los Cuatro Fantásticos, además de tener un par de sobrinos, pero básicamente siguen siendo los mismos personajes que nacieron hace cuarenta años.

 

Aquí es donde Slott aprovecha una excusa argumental para dar un salto cualitativo en la relación entre los dos héroes, haciendo que la miniserie se salde con un importante suceso a recordar en el futuro y a sumarse a la continuidad que han ido apuntalando los primeros cuatro episodios. El guionista matiza así todo lo leído en las páginas precedentes, pero también viene a hacer una reivindicación pública acerca de la necesidad de mantener cierto sentido en torno a las cosas que ocurren en el Universo Marvel. Probablemente, Slott andaba espantado al contemplar cómo todo el mundo parecía haber descubierto quién se ocultaba bajo la máscara de Spiderman, mientras que el superhéroe que más merecía conocer esa información continuaba, y nunca mejor dicho, a dos velas. Es de justicia ese gesto final que hace un guionista consciente de los personajes con los que está tratando, de su historia pasada, de su presente y su posible futuro. Ojalá ese futuro esté lleno de tebeos tan condenadamente buenos como éste. Dicen en la contraportada del recopilatorio americano que es la mejor aventura de Spiderman de los últimos diez años. De la Antorcha también, añado yo. Y en este caso no es una frase publicitaria.

 

 

 

Artículo aparecido originalmente en Marvel Style. Spiderman y La Antorcha Humana

EL PRÓLOGO DE UNIVERSO VENENO: UN SIMBIONTE COMBINA CON TODO

Las digresiones en el Universo Marvel no suelen durar mucho tiempo. Sabemos que Steve Rogers siempre volverá a ser el Capitán América, que Los 4 Fantásticos son los inquilinos naturales del Edificio Baxter, que Daredevil patrulla las calles de La Cocina del Infierno o que Lobezno es el mejor en lo que hace. Puede que durante una temporada esas circunstancias cambien, a favor de situaciones nunca antes vistas, que sirvan para alentar el interés de los lectores y animar el escenario, pero en La Casa de las Ideas rigen las leyes de la química por las que los elementos tienden recuperar su estructura natural, por mucho que se vean alterados durante un espacio acotado de tiempo.

 

¿Cuál es el estado natural de cada uno de los iconos que conforman el Universo Marvel? El que esté aceptado por la inmensa mayoría de público. No se puede luchar contra eso, así que no debería sorprenderte que Peter Parker vuelva a estar sin blanca, después de una temporada al frente de una multinacional tecnológica, que Tony Stark se prepara para volver a calzarse su armadura o que los mutantes vuelvan a ser perseguidos y odiados por el mundo al que prometieron proteger. Mientras tanto, todos ellos han pasado por momentos interesantes en sus vidas, como esa vez que hiciste aquello tan loco… que no podía durar demasiado.

 

El caso de Veneno no es diferente al de los demás. Porque nos dicen Veneno y nos viene, como un resorte, la imagen arquetípica que construyeran David Michelinie y Todd McFarlane para aliñar el The Amazing Spider-Man #300 USA (1988. Marvel Héroes. El Asombroso Spiderman: La leyenda empieza de nuevo). El impacto que tuvo el personaje en aquel momento fue tan enorme que los fans siempre desean recuperar el escalofrío que supuso darse de bruces con aquel enemigo imponente y aterrador. Por eso, y pese a que Veneno sea en su planteamiento una creación muy limitada, con una enorme descompensación entre lo carismático de la imagen y la simpleza de Eddie Brock, todo fanboy quiere recuperar aquella electrizante primera impresión que sintió al leer su debut. Los guionistas han intentado evolucionar sobre el punto de partida, y ahí están ante un concepto muy sencillo de alterar: basta que el simbionte alienígena pase a otras manos para encontrarnos a un Veneno diferente. Es así como hemos tenido desde versiones extremas del original, como es el Veneno que encarnara Mac Gargan, hasta interpretaciones benévolas, como fue la del Agente Veneno, pero una vez que el público lo ha probado todo, Marvel acaba volviendo a la casilla de salida: al Protector Letal.

 

En el trigésimo aniversario del nacimiento de Veneno, y después de tantas variaciones como las que hemos conocido en lo que va de siglo, en el Bullpen han pulsado ya la tecla que conduce a los fundamentos. Ahora hay una nueva colección abierta con intenciones de evocar al Veneno de los tiempos de Michelinie y McFarlane, al tiempo que se preparan diversos encuentros con populares superhéroes. Toda esa efervescencia tiene lugar en el año en que se estrenará la primera película del personaje, un hito con el que ojalá se olvide el mal sabor de boca que dejó su encarnación en Spider-Man 3. Ante la cercanía del blockbuster, Marvel Comics ha propiciado un conjunto de celebraciones, y “Universo Veneno” representa la siguiente de ellas.

 

Esta saga, como ya se avanza en el título, busca representar para el Protector Letal lo mismo que significara “Universo Spiderman” para el trepamuros: una gran aventura con la que volver a colocar el foco sobre el personaje. El entusiasmo del editor Devin Lewis llega al punto de calificarla como “¡La aventura de Veneno más grande de todos los tiempos!”, y a establecer una curiosa analogía: “Si ‘Universo Spiderman’ era el Salvad al soldado Ryan de Spidey, ‘Universo Veneno’ será La jungla de cristal de Veneno”. Como en la saga arácnida previa, este microevento juega a la ópera coral y a poner sobre el papel las que bien podrían ser las ocurrencias delirantes de un apasionado fanboy. Después de todo, “Universo Spiderman” ya representaba el sueño de infancia de un true believer de pura cepa llamado Dan Slott. Allí el tema recurrente era el de las versiones del Hombre Araña y aquí la diversidad de individuos a los que se puede ver ligado el simbionte alienígena. En el fondo, el concepto es el mismo: montar una fiesta alrededor de un montón de variantes del mismo personaje famoso.

 

Como es evidente, el destino del Veneno original es el de encontrarse en el camino de ese infinito número de contrapartidas y que todos se unan para hacer frente a un enemigo común. Los Herederos ya no están disponibles, pero en su lugar tenemos a una nueva y misteriosa especie cuya ferocidad haría palidecer al clan de Morlum. Como ocurriera en “Universo Spiderman”, el prólogo de la aventura consiste en un puñado de especiales en los que se nos presenta a algunas de las más representativas encarnaciones. Como ya avanzábamos al comienzo de este artículo, la filosofía de la historia viene a decirnos que los simbiontes son la mejor prenda con la que vestir, porque todo el mundo consigue que le combinen bien, aunque los responsables de “Universo Veneno” han elegido fundamentalmente a personajes caracterizados por su amor por la violencia. Lobezna, Masacre-Gwen, el Piloto Fantasma, El Viejo Logan, Masacre… Los distintos especiales se lo reparten entre autores consagrados, tan interesantes como Matthew Rosenberg, Roland Boschi o Simon Spurrier, y algunos de los que no teníamos noticia hasta este proyecto. Todos ellos nos ayudan a calentar motores para el espectáculo que nos aguarda en la saga propiamente dicha. Ey, ¿te has fijado en ese pringue negro que ha empezado a salir por todas partes? No, no son hilillos de plastilina.

 

Artículo aparecido originalmente en 100 % Marvel. Universo Veneno. Prólogo

POTENCIAL PARA LA GRANDEZA: EL HULK DE JOHN BYRNE

Pocos autores de Marvel tocaron en los años ochenta a un número tan elevado de personajes de la editorial como fue el caso de John Byrne. Durante los primeros años de carrera, por las manos del popular artista pasaron héroes tan diversos como Spiderman, Puño de Hierro, Los Campeones o Los Vengadores; cuando alcanzó la consolidación, fue autor de épocas históricas para La Patrulla-X, Los 4 Fantásticos o el Capitán América, además de lanzar y permanecer durante más de dos años en la colección de un grupo de creación propia, Alpha Flight. Fue esta serie la que intercambió en 1985 con el equipo creativo que entonces estaba al frente de The Incredible Hulk, en una curiosa iniciativa que debería haber marcado el comienzo de otra larga y provechosa etapa más, aunque las circunstancias se aliarían para abortarla tras apenas medio año de su inicio. Ésta es la historia de lo que fue… y de lo que pudo haber sido.

 

 

La relación entre John Byrne y el Gigante Gamma había comenzado mucho tiempo atrás, cuando el canadiense apenas era un niño y el Universo Marvel echaba a andar. Como había hecho con Los 4 Fantásticos, el joven Byrne siguió las primeras aventuras de Hulk y se enganchó a ellas cuando la criatura de Stan Lee y Jack Kirby apenas daba sus primeros pasos y estaba todo por hacer. Era un Hulk que cambiaba de aspecto, de habilidades, de inteligencia y actitud casi en cada número, que muy pocos lectores reconocerían como el icónico, que fue cancelado tras apenas seis entregas y que todavía no encajaba en los tópicos posteriores de bestia perseguida y en el fondo pacífica, pero que a Byrne se le quedó grabado a fuego.

 

El autor había tenido, antes de 1985, escasas y muy breves oportunidades para acercarse a su figura, aunque fueron ocasiones de una importancia destacable. Hulk pasó por las manos de Byrne como invitado especial en Marvel Team-Up #53 USA (1977), con guión de Bill Mantlo. Apenas un año después, coescribió, con Roger Stern, y dibujó The Incredible Hulk Annual #7 USA (1978), un cómic que se convirtió en un clásico instantáneo. Y el mismo equipo literario repitió, doce meses más tarde, en The Incredible Hulk Annual #8 USA (1979), con Sal Buscema al dibujo. En todas esas historias, el Piel Verde que se mostraba era el que estaba arraigado en el imaginario colectivo de los lectores, un bruto bondadoso de escaso cerebro y verbo limitado, con inigualable capacidad destructora. Byrne sí tuvo un contacto más continuado con Hulka, un personaje muy próximo a Bruce Banner, a la que convirtió en integrante de Los 4 Fantásticos y el epítome de mujer con la que a cualquier lector le hubiera gustado salir, inteligente, divertida y sexy. No había en ella ningún rastro de la furia gamma de su primo, ni trazas que la relacionaran con él, al margen del parentesco y de la sangre irradiada que compartían.

El Hulk icónico ilustrado por Byrne a finales de los setenta

 

Llegados a 1985, Hulk no había hecho sino dar pasos que lo alejaban no sólo de su imagen primigenia, sino también de su iconicidad. Bill Mantlo llevaba escribiéndolo todo el último lustro, y en ese tiempo había jugado a que Bruce Banner mantuviera su inteligencia durante las transformaciones y, una vez que el público se había acostumbrado a esa situación, la había basculado hasta el extremo opuesto, anulando hasta la más mínima expresión de raciocinio en la bestia. Por si fuera poco, durante más de un año, el personaje había permanecido exiliado en La Encrucijada, un entorno de fantasía alejado de la Tierra. Sí, estaba claro que aquel Hulk no tenía nada que ver con el tradicional. Y Byrne lo echaba de menos como nunca le había pasado. “Sentía, y esto sorprenderá a todo el mundo, estoy seguro, que el personaje estaba demasiado alejado de sus orígenes, y una aproximación de vuelta a lo básico era necesaria”, explicaba años después en su página web oficial. “A tal fin, mencioné lo que pensaba que debía hacerse con Hulk al Director Editorial [Jim Shooter], y su respuesta fue ‘¡Eso es genial! ¡Debería hacerte cargo de la serie de Hulk!’. Bueno, en aquella época yo estaba hasta arriba de trabajo, así que asumir también Hulk parecía algo improbable… hasta que comprendí que ya había dicho todo lo que tenía que decir de Alpha Flight. Así que llamé a Bill Mantlo, que estaba escribiendo Hulk en aquella época, y le pregunté si le parecía bien hacer un cambio”. La decisión terminó por fraguarse entre Byrne y Shooter, cuando ambos se encontraban en un taxi. El autor explicó cuanto pensaba hacer en la serie y al editor le pareció lo suficientemente acertado como para darle luz verde.

 

Anuncio del intercambio de autores entre Alpha Flight y The Incredible Hulk, aparecido en Alpha Flight #28 USA (1985)

 

Mantlo aceptó también, de manera que Hulk regresaba de su exilio en La Encrucijada, y la herramienta argumental para hacerlo no era otra que Alpha Flight. El primer episodio del antiguo guionista de Hulk en esta serie mostraba la vuelta a la Tierra del Piel Verde y su enfrentamiento con el grupo canadiense. Al final de la historia, Hulk se perdía en el horizonte, dando saltos por las montañas nevadas. Fue ahí donde ya le retomaba Byrne, el primer mes por partida doble, con el que puede calificarse de manera oficial como el primer número de su etapa, el The Incredible Hulk #314 USA, y con un Annual dibujado por Sal Buscema, el artista que más tiempo había estado dibujando al monstruo. Volvía momentáneamente a hacerlo después de que, apenas unos meses antes, hubiera abandonado la cabecera por desavenencias con Mantlo. En cualquier caso, el cambio de autoría fue recibido con alborozo por los lectores, que vieron así reposicionada una colección que languidecía comercialmente. Byrne era, en aquel entonces, una de las mayores estrellas del cómic estadounidense, capaz de mover masas de aficionados allá donde fuera. Sus cómics tenían algo mágico; su habilidad para reinventar a los grandes iconos de Marvel desde una perspectiva clasicista acompañada de un acercamiento moderno estaba más que contrastada por su etapa en Fantastic Four, por lo que el fandom no podía estar menos que entusiasmado. A partir de este punto del artículo, entraremos en algunos detalles argumentales sobre el objeto de estudio, de manera que recomendamos postergar su lectura a aquellos que no conozcan el material previamente.

 

El plan de Byrne para The Incredible Hulk, esa vuelta a los orígenes de la que hablábamos antes, debía llevarse a cabo en el primer medio año que permaneciera al frente de la nave, hasta alcanzar el statu quo en que se movería el personaje en lo sucesivo. Venía a ser un espejo de aquellos seis primeros números de la colección original, junto a The Avengers #1 USA (1963), lo que el autor consideraba como el “Hulk definitivo”: un Hulk más salvaje, que reaccionaba siempre con furia y brutalidad, frente al “buen salvaje” en que se había transformado posteriormente.

 

Sus primeros números estarían preñados de grandes sorpresas y acontecimientos inesperados que dejaban con la boca abierta a quienes los leyeran. Todo ello se entremezclaba no tanto con una repetición de los detalles característicos de Hulk en sus años iniciales, sino de aquellos aspectos que, como lector fervoroso reconvertido luego en autor, Byrne encontraba más significativos. El The Incredible Hulk #314 USA se abría con una declaración de intenciones: la muerte inintencionada de un pobre ciervo que tomaba la mala decisión de enfrentarse con el monstruo. Éste respondía con todo su poder sin pensárselo dos veces y luego se limitaba a constatar sus resultados. En otros tiempos, los hubiera lamentado hasta dejar incluso escapar unas lágrimas, un comportamiento que Byrne identificaba con las historias que Len Wein había narrado en los años setenta, y que en las que, a su juicio, Hulk recordaba a Goofy, el personaje tontorrón y bondadoso de Disney. “No es Goofy: es el Pato Donald”, vino a concluir al repasar los trabajos de Stan Lee y Jack Kirby. La búsqueda de los instintos primitivos se reflejó en lo estético. Este remozado Hulk se diferenciaba del que hubiera dibujado el propio Byrne una década antes en un aspecto casi simiesco, de troglodita: cejas gruesas y largas, brazos colganderos que se balanceaban como si el monstruo cargara con ellos, figura encorvada… el poder se redujo hasta un nivel más manejable, pero también más bestial. No era, como decía el autor, un Arnold Schwarzenegger aumentado de tamaño: era un auténtico monstruo destructor y debía diferenciarse como tal. Toda esa filosofía estaba condensada en la imagen de Hulk que Byrne realizó para The Official Handbook of the Marvel Universe Deluxe Edition #5 USA, publicado en 1985, meses antes de que el canadiense irrumpiera en la serie gamma.

 

El Hulk de Byrne en el Official Handbook

 

También en ese primer número, Byrne enfrentaba al Piel Verde contra sus enemigos más icónicos mientras en paralelo recontaba el origen, un tópico que repetía en cualquier serie por la que pasara. Los contrincantes eran nada menos que Juggernaut, MODOK, El Rino y La Abominación. La utilización de todos ellos de una tacada obedecía a la intención de satisfacer cuanto antes a los lectores habituales. El autor pretendía ignorar a todos esos enemigos en lo sucesivo, salvo quizás a La Abominación. Entendía que se había abusado demasiado de ellos y que además se trataba de personajes que se habían tomado prestados de otras series. Hulk, a juicio de Byrne, presentaba una necesidad acuciante de encontrar nuevas amenazas. En realidad, en este episodio el verdadero rival era Doc Samson, un viejo secundario de la franquicia, que regresaba a casa encarnado en herramienta necesaria para acometer la maniobra que tenía planeada Byrne. Como elemento novedoso, el autor introdujo una justificación acerca del motivo por el que tantas aventuras de Hulk tenían lugar en el desierto en que había tenido lugar su “nacimiento”. Era una de esas explicaciones racionales que el autor siempre intentaba dar a circunstancias tópicas que rodeaban a cuanto personaje pasaba por sus manos.

 

En esa línea, pronto recordó, después de mucho tiempo sin que se hubiera vuelto a mencionar el asunto, que Hulk en su primera aparición había tenido una pigmentación gris, para luego pasar al verde característico. El motivo en su momento había sido puramente industrial, dado que el gris no se imprimía con la calidad suficiente en el papel de los añejos comic-books, pero Byrne quiso dar una justificación verosímil dentro del contexto de la serie. Por primera vez, las generaciones más jóvenes contemplaron al Monstruo Gamma tal y como había sido en su nacimiento.

 

Siguiendo con la reivindicación, a su manera, de esos elementos característicos, el segundo número se abría con una ensoñación ambientada en la cámara subacuática en la que, con ayuda de Rick Jones, Bruce Banner se ocultaba para contener el poder de su alter ego. La primera página, de hecho, era un homenaje a la que Jack Kirby hubiera dibujado para el tercer número de la colección, casi veinticinco años atrás. En las últimas páginas, regresaba a la serie Betty Ross, la eterna novia de Banner, que jugaría un papel fundamental en los siguientes números y a la que Byrne imaginaba sustituyendo a Rick Jones en el papel de carcelero del Piel Verde. Jones, el joven imprudente al que había salvado Banner de la bomba gamma, también estaba de vuelta, para The Incredible Hulk #319 USA, así como el padre de Betty, el iracundo “Trueno” Ross, lo que completaba el rescate del elenco original de Stan y Jack. Por supuesto, también figuraba Hulka, porque el personaje fetiche de Byrne no podía faltar. En recuerdo de aquel The Avengers #1 USA, donde Loki confundía a los protagonistas para que se enfrentaran con Hulk, Los Vengadores también saltaban a escena, aunque esta vez sus motivos para enfrentarse a la bestia estaban más que justificados. Y lejos de quedarse en los secundarios ya conocidos, Byrne introdujo un nuevo grupo de Cazahulks, compuesto por cinco variopintos individuos con potencial suficiente para aderezar años de historias… y sin embargo…

 

El monstruo atrapado, según Jack Kirby

 

…Sin embargo, el The Incredible Hulk #319 USA, publicado apenas seis meses después del arranque de la etapa y en el que culminaba la batería de cambios cataclísmicos que alumbraban el escenario sobre el que debía haberse movido Byrne en lo sucesivo, fue también el último que realizó. En aquel momento, la gran estrella de Marvel no hacía sino chocar con el estamento editorial allá donde se encontraba. Las disputas le llevaron a abandonar tanto Fantastic Four como The Incredible Hulk. En este caso en concreto, muchos de los cambios que había llevado a cabo, y que explicara a Shooter en aquel viaje en taxi mencionado antes, no despertaron el entusiasmo de éste una vez empezó a aplicarlos, y así se lo transmitió el editor de la serie, Dennis O’Neil. La gota que colmó el vaso estuvo en el rechazo de todo un número. En aquel entonces, Byrne estaba llevando a cabo muchos experimentos gráficos que se reflejaron en esos pocos episodios que había llegado a firmar para Hulk. Pero componer toda una entrega con viñetas a toda página parecía excesivo para los cánones de la época. El episodio sólo vio la luz algunos meses después, dentro de la cabecera antológica Marvel Fanfare, cuando su autor ya había volado de la colección gamma. Algunas de las muchas ideas que se quedaron en el tintero pasaban por crear un ejército de Abominaciones, a partir de la resurrección de la original; dar una mayor importancia de Bruce Banner y que éste y Hulk volvieran a verse como la cara y la cruz de la serie, aunque desde la nueva perspectiva que daba el cambio revolucionario con el que Byrne había abierto la etapa; presentar a El General, un nuevo villano cuyo poder rivalizaría con el del protagonista, y, en el colmo del revisionismo de los primeros sesenta, recuperar a El Amo del Metal, el que fuera enemigo del último número de la serie original y del que nadie se acordaba ya. Para dar lustre a esta rentrée, Byrne quería servirse de una estatua de Hulk fabricada en adamántium que había sido utilizada por Bill Mantlo.

 

El Amo del Metal, el villano que Byrne no tuvo tiempo de recuperar

 

La primera época de Byrne en La Casa de las Ideas, una auténtica edad dorada dentro de la carrera del autor, llegaba a su fin y, a juicio de muchos, no se repetiría jamás. Saltó entonces a DC Comics, para acometer otro particular “back to the basics” sobre el primero de los superhéroes, Superman. Sólo regresó a Marvel cuando Jim Shooter ya no estaba en la editorial, y, al cabo de varios lustros más, ya en 1999, tuvo la oportunidad de volver a acercarse al Piel Verde, en una etapa igualmente breve, pero que en absoluto despertó el entusiasmo y la expectación lograda con aquella primera estancia. Ya no era el genio de los tiempos pasados, sino una vieja gloria venida a menos. Contemplada en la actualidad su breve estancia de mitad de los ochenta, compuesta por seis entregas de la serie abierta, un Annual y el episodio “rescatado” en Marvel Fanfare, sigue apreciándose la extraordinaria energía puesta en aquel puñado de números. Algunos de los cambios introducidos por Byrne fueron enseguida desechos, mientras que unos pocos perduraron durante años, en especial los relativos a Betty. Pero cuesta mucho imaginar hasta dónde podría haber llegado la etapa de haberla podido continuar su autor: se aprecia un diamante en bruto, sin llegar a vislumbrarse la pieza a la que podría haber dado lugar. Fue, como llegó a decir el autor en alguna ocasión, un menú degustación de ocho platos del que sólo llegamos a disfrutar del primero de ellos. Un enorme disfrute, no obstante.

 

Artículo aparecido originalmente en 100 % Marvel HC. El Increíble Hulk de John Byrne

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