Biblioteca Marvel Age 01: La saga del clon que Roger Stern no escribirí

Marvel Age fue una maravillosa publicación de la Cada de las Ideas que alcanzó las 140 entregas, publicadas entre 1983 y 1994. Además de ofrecer un listado completo de las novedades de cada mes, aportaba artículos y entrevistas sobre la actualidad de la editorial. Por su staff pasaron redactores que luego se convertirían en guionistas, como Peter David o Kurt Busiek y muchos veteranos lectores la recuerdan como la mejor publicación oficial con la que haya contado jamás Marvel, Con este artículo se abre una sección cuyo objetivo es recuperar material interesante publicado en su momento en Marvel Age, fundamentalmente el relacionado con Spider-Man.
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En Marvel Age #3 (junio de 1983), Roger Stern escribía acerca de las historias que alguna vez se le habían ocurrido, pero que era consciente que no debía escribir. Cita algunas sobre Los Invasores, Los Vengadores, el Capitán América (ésta relacionada sobre Bucky, que hubiera sobrevivido a la Segunda Guerra Mundial para reencontrarse, ya anciano, con el Capi. No creo que Mark Millar leyera este artículo, pero está claro que no hay nada por inventar).

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Y en esto que llegamos a Spider-Man. Poco después de empezar a escribir Amazing, empezó a recibir un montón de cartas, desde diferentes direcciones y con distintos nombres, con la misma sugerencia: recuperar el clon de Gwen Stacy que se había visto por última vez en Amazing Spider-Man #149 USA. "Por supuesto, eramos conscientes en el Bullpen de que las historias de clones de Gwen, junto con cualquier intento de resucitarla, no estaban exactamente entre las mejores de Marvel. Traer de vuelta al clon probablemente sería una mala idea todavía peor".

Lo cierto es que, quizás por jugar a qué podría salir de ahí, Stern empezó a maquinar una historia en la que Gwen recibía una carta desde la Costa Oeste en la que le pedían ayuda y estaba firmada, simplemente, por "Gwen". Peter viaja a California, y allí descubre que la carta ha sido mandada desde un convento, donde no hay nadie que se llame Gwen, pero sí han ocurrido unos misteriosos robos. Peter resolvía el caso y salvaba al convento de la bancarrota. Cuando se va a marchar, la hermana Mary Elizabeth, una monja de unos sesenta años, le da las gracias. Peter se da cuenta entonces que esa monja es el clon de Gwen, cuyo proceso de envejecimiento acelerado nunca se detuvo. Cercana a la muerte, parece haber aceptado su destino, y le dice: "Cuando empecé mi vida y descubrí que no era la auténtica Gwen Stacy, no estaba segura qué hacer. Me sentía de alguna manera elegida. Pero no descubrí para qué hasta que vine aquí. Aquí es donde pertenezco y aquí es donde he encontrado la paz, Peter".
 

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"Muy raro todo, ¿verdad?", comenta Stern. "Sin embargo, había partes de la historia que me parecían increíblemente plausibles. El clon regresó de la muerte, en cierta forma, y eso se podría calificar como una experiencia religiosa. Le conté esta historia a Tom DeFalco, mi amistoso vecino editor arácnido, y me aseguró que nunca me obligaría a escribir nada sobre un clon. Por fortuna, dejé la historia sin utilizar".

El clon de Gwen Stacy volvería finalmente a aparecer, como se puede ver en su ficha. Y efectivamente, traerlo de vuelta no fue una buena idea. No lo era en 1983 y tampoco lo sería años después

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