VIAJE A LA SUPERFICIALIDAD DE LA NOCHE

Spiderman es algo más que un personaje de tebeo. Es un icono asimilado por la cultura popular, el símbolo de Marvel Comics y una imagen de marca reconocible por millones de personas en todo el mundo. Esa popularidad se asentó a mediados de los años sesenta, sobre los dibujos realizados por John Romita, el artista que llevó al trepamuros a sus mayores cotas de éxito y reconocimiento. Su aspecto limpio, optimista, luminoso, contrastaba con el que le había dado su creador gráfico, Steve Ditko, y tal vez por eso se asentó como el favorito de las masas… Hasta que llegó un nuevo artista, un joven canadiense de apenas veinticinco años que consiguió lo imposible. Su nombre era Todd McFarlane.

Alguien podría pensar que el hecho de que Todd McFarlane naciera el 16 de marzo de 1961, en Calgary (Canadá) reviste cierto simbolismo, ya que ése fue el mismo año en que se inauguró el Universo Marvel, con The Fantastic Four #1 USA. Pero lo cierto es que tal coincidencia no es sino el fruto de la casualidad, porque el nombre de uno de los niños prodigio de los noventa se asocia a La Casa de las Ideas como mera estación de paso, campo de pruebas en el que darse a conocer y desde el que saltar hacia nuevas metas. McFarlane entró en la industria del cómic estadounidense en un periodo de cambio, de viraje hacia una preponderancia absoluta de la imagen sobre la historia. Sería representante del mismo, junto a otros contemporáneos que acabarían por convertirse en sus compañeros de viaje, como Jim Lee, Rob Liefeld, Marc Silvestri o Erik Larsen, con los que compartía algunos rasgos característicos, tanto de estilo como de personalidad.

 

Su carrera propiamente dicha había comenzado en 1985, dentro de una serie llamada Coyote, que publicaba el sello Epic de Marvel. Ese mismo año, fichó por DC Comics para dibujar Infinity Inc., una cabecera eminentemente nostálgica, donde destacaría por arriesgadas composiciones de página que no eran habituales en una época donde la mayoría de los artistas se limitaban a colocar una viñeta tras otra hasta completar la plancha, mientras que McFarlane ya trataba de interpretarla como un todo. Su siguiente obra, tal vez por la relevancia del protagonista, tal vez porque el trazo ya evolucionó hacia un oscuro barroco, fue la que le señaló como un hombre a seguir. Batman Year Two le valió para descubrir cuánto le gustaban las capas de desproporcionado lirismo y para que Marvel le llamara. Le querían de vuelta. En 1987 dibujaría las aventuras del Increíble Hulk durante medio año, antes de que la serie se le quedara pequeña y el editor Jim Salicrup, responsable de las colecciones protagonizadas por el Hombre Araña, se empeñara en colocarlo al frente de la principal: The Amazing Spider-Man. Salicrup estaba convencido que McFarlane elevaría las ventas de la colección hasta situarla, al cabo de ocho años, en el primer puesto de las más vendidas. No sería necesario ni la mitad de ese tiempo.

 

La irrupción del canadiense en el mundo arácnido tuvo lugar apenas unos números después de la llegada de un nuevo guionista, David Michelinie, y de que Peter Parker se hubiera casado con Mary Jane, una situación con la que ningún autor en Marvel acababa de estar cómodo, pero con la que el nuevo equipo tendría que apechugar hasta hacerla suya. Michelinie desarrollaría historias muy ligeras, fundamentalmente aventureras, con una gota del romanticismo de un matrimonio imposible, de una relación amorosa que aparecía como idílica ante los ojos del lector, el mismo que siempre había soñado con encontrar una media naranja que además fuera top model. Todos esos elementos, sumados al espectáculo y la originalidad del dibujo de McFarlane, contribuirían a llamar la atención de nuevas hordas de aficionados que, hasta entonces, creían que el trepamuros era un héroe pasado de moda. Ocurría que aquel personaje en poco se parecía al Spiderman de sus padres. McFarlane lo dibujaba en posturas absurdas, propias de un cuerpo que se había roto, pero que funcionaban con apoteósica fascinación. Como sólo había pasado en los tiempos iniciales de Ditko, el Hombre Araña era ahora más Araña que Hombre. La huída de los convencionalismos, de las figuras anatómicamente perfectas, se completó con un agrandamiento de los ojos, hasta cubrir buena parte de la máscara, que hacían a Spidey expresivo, y con una telaraña llena de hebras, deshilachada y difícil de dibujar, que se ganó el apelativo de “telaraña spaguetti”. La revolución visual se extendió a la plana mayor de los personajes secundarios, con esa Mary Jane que, mientras huía del “canon Romita”, se mimetizaba con el catálogo de Victoria’s Secret, pero sobre todo con los villanos. Michelinie recuperó a muchos de los clásicos, que fueron reinterpretados por McFarlane como recién nacidos, a la par que introdujo una nueva amenaza, la de Veneno, que debutaría en la aventura especial de The Amazing Spider-Man #300 USA (1988). De inmediato se alzó como el reverso tenebroso del héroe, un mastodonte musculoso fusionado con el viejo simbionte de las Secret Wars, aquel traje negro que utilizara Peter Parker unos años atrás hasta descubrir que estaba vivo, y que ahora, con Eddie Brock como huésped, había desarrollado unas aterradoras fauces.

 

La del debut de Veneno fue una historia terrorífica, dolorosa y traumática, tanto para el héroe como para su bella esposa, y en definitiva diferente a las que luego escribiría Michelinie en la serie. Siendo la primera que dibujó McFarlane, se le quedaría grabada como el tipo de cómic que le gustaría contar. Confesaría entonces que, a esas alturas de su vida, hacía tiempo que ya no leía tebeos, que le habían dejado de interesar como algo que hacer en los ratos libres. Y quizás sería el dato más revelador que aportara en las muchas entrevistas que concedió tras convertirse en la estrella del momento. En ellas también se quejaba ya de muchas de las circunstancias que rodeaban al proceso editorial, de la calidad del papel, de las fechas de entrega o de que su arte quedara “tapado” por las prisas y el estilo del entintador. Esto último fue lo que le llevó a ocuparse él mismo de completar sus lápices, una toma de control sobre el producto final que pronto consideraría insuficiente.

 

Después de un par de años en The Amazing Spider-Man, McFarlane sintió que había dado el momento de dar el siguiente paso. No sólo quería dibujar y entintar, sino también que cuanto ocurriera en la viñeta fuera una decisión tomada personalmente por él. “Para decirte la verdad, no es que quiera ser un guionista; es que quiero tener el control de mi arte”, afirmaría entonces. Aspiraba a crear nuevos paradigmas al tiempo que tiraba a la basura los viejos. Por eso, ni John Byrne, ni Walter Simonson, ni Frank Miller, los tres grandes autores completos de la década de los ochenta, eran sus modelos a seguir. No tenía grandes ideas que no estuviera dejando de contar y ni siquiera guardaba demasiado respeto por el oficio de escribir. Simplemente, no quería trabajar al dictado de nadie. Con las cifras de venta de Amazing en las manos, Salicrup no sólo fue incapaz de decirle que no, sino que le daría una nueva serie, titulada simplemente Spider-Man, sin adjetivo alguno, como siempre habían tenido las cabeceras arácnidas, y que se alzaría como el cuarto del personaje.

 

El modelo a seguir para Spider-Man venía en realidad de un proyecto de DC Comics, hijo de la Batmanía. Legends of The Dark Knight había sido lanzado un año antes, al cobijo del éxito de la película de Tim Burton, y era la manera de ofrecer a los nuevos lectores una puerta al mundo de Batman libre de complicaciones, consistente en una sucesión de arcos argumentales de cinco números, independientes los unos de los otros, con distintos autores de prestigio y unas calidades de impresión superiores a las de los comic-book convencionales, lo que también se reflejaba en un precio mayor. Para demostrar que en Marvel no les importaba reconocer la influencia, la portada del primer número de Spider-Man indicaba “The Legend Of The Arachknight”, en alusión nada velada a la serie de Batman. Como había ocurrido con ésta, ese número de lanzamiento iría acompañado de una acción especial, que comenzaría a hacerse frecuente a partir de entonces. Marvel lanzaría cuatro versiones diferentes: la normal, para quioscos; la de librería especializada, cuya portada tenía tintas metálicas, y dos ediciones limitadas a 125.000 ejemplares, que se venderían embolsadas. Los especuladores las acogieron con los brazos abiertos, hasta hacerse con 2.350.000 unidades en las primeras horas de venta y dar pie a dos nuevas ediciones, que sumaban medio millón más. La fiesta de los noventa había comenzado.

 

“Tormento”, así se titulaba aquella primera historia de cinco episodios, en las que Todd McFarlane, la veterana estrella de Marvel, se encontraba con Todd McFarlane, el guionista novato de la compañía al que le habían dado una gran oportunidad por razones que nada tenían que ver con su talento literario. El relato era sencillo y contundente: sin tramas secundarias ni personajes de reparto, estaba contado en tiempo real, como si fuera una película, y venía a reflejar lo que su autor describía como “Una mala noche para Spiderman”. El tormento venía dado por El Lagarto, uno de los villanos habituales del héroe, al que el canadiense ya había tenido oportunidad de dibujar en Amazing, pero que para la ocasión sería redefinido. “Quiero que parezca un monstruo”, diría. “Es un personaje muy visual, con sus enormes colmillos. No quiero que se le vea como el Doctor Connors. Es un gran monstruo, en la línea de la criatura de Alien, y no dice ni una sola palabra durante los cinco números”. La excusa para que El Lagarto fuera tan peligroso estaban en una onomatopeya que inundaba muchas de las páginas, un DOOM DOOM DOOM repetitivo hasta la obsesión, detrás del que se ocultaba el verdadero villano del relato y la influencia oculta de McFarlane, que no era otra que “La última cacería de Kraven”, una saga, que J. M. DeMatteis y Mike Zeck hubieran realizado en 1987 y que había sido la primera en introducir de lleno a Spidey en terrenos oscuros. Probablemente Mac nunca la hubiera leído, ya que la sugerencia del villano misterioso vino de manos de Glenn Hardling, ayudante de edición de Salicrup. Y aunque sí la conociera, “Tormento” no tenía en realidad demasiado que ver con ella. El primer arco de Spider-Man sustituía la profundidad psicológica de “La última cacería” por la inmersión y la claustrofobia ambiental. Si el trepamuros estaba dentro de una terrible pesadilla, el lector debía sentirlo en cada página.

 

Frente a Batman, el personaje favorito de McFarlane, que es una criatura de la noche, Spiderman siempre se había caracterizado por su luminosidad. Consciente de ello, el artista le había dado un billete hacia territorios incómodos, donde el Hombre Araña sólo encajaría bien si era él quien conducía el tren. Los resultados comerciales cosechados por la nueva serie dejaban en evidencia que Spiderman viviría en lo profundo de la noche todo el tiempo que quisiera Todd McFarlane. En Marvel desconocían que, ni siquiera cuando le habían dado todo lo que había pedido, el artista iba a darse por satisfecho.

 

Prólogo del tomo Spiderman de Todd McFarlane nº 1

EMPUJADO HACIA LA OSCURIDAD

Desde que comenzó la trayectoria de Miles Morales como Spider-Man, uno de los elementos definitorios del personaje ha sido su temor a caer en lo que podríamos llamar “el lado oscuro”. El pasado criminal de su tío y de su padre pesaban sobre él como una losa. Por ese motivo se posicionó tan claramente en contra de la discriminación que suponían las visiones de Ulysses durante “Civil War II”, y por ese motivo teme que el conflicto con su madre le arrastre por una senda tan peligrosa como incierta. El incidente que tuviera lugar en el número anterior a éste, en el que una pelea contra un criminal terminaba con el joven superhéroe arrasando todo un local nocturno, ha provocado que se enciendan todas las alarmas. En el pasado, en circunstancias como ésta, Miles ha tirado de los amigos, pero… ¿qué pasa cuando alguno de esos amigos, como es el caso de Bomba, acaba en el hospital mientras lucha con un villano? A lo largo de toda la temporada, el trepamuros y Cabeza de Martillo se habían enfrentado en varias ocasiones, pero nunca en unas circunstancias tan extremas como las que acabamos de ver, con resultados por los que tendremos que esperar hasta el próximo número.

 

SEMEJANZAS MÁS QUE CASUALES

A estas alturas, seguro que ya has visto Spider-Man: Homecoming, la primera película protagonizada por el trepamuros dentro del Universo Cinemático Marvel. En su viaje desde las versiones apócrifas que se estrenaran en los últimos quince años, Peter Parker se ha dejado algunos de sus rasgos distintivos, que ahora guardan ciertas semejanzas con los de Miles Morales, por más que éste no sea el protagonista ni nos encontremos ante un Peter de color. Una Tía May tan joven como Rio Morales, un amiguete que Peter nunca tuvo en los cómics y que ahora es un Ned Leeds calcado de Ganke o incluso la presencia de Donald Glover, el actor que inspirara a Miles, y que aquí asume el papel de nada menos que Aaron Davis, el tío de nuestro héroe, hacen pensar que en Marvel Studios y en Sony se han estado leyendo con lupa los cómics del lanzarredes del siglo XXI.

EL RASTRO DE MILES Donald Glover, en Spider-Man: Homecoming

 

¿Podría haber llegado el parecido más lejos? Ahora sabemos por Ryan Meinerding que sí. El diseñador de personajes y creador del concepto visual de La Casa de las Ideas en el cine hizo muchísimas pruebas antes de dar con el traje definitivo. Uno de esos diseños está inspirado por el del Spiderman Superior, tal y como reconoce el propio autor, pero también recuerda poderosamente al de Miles. El diseño es tan increíble que no nos extrañaría que se reaprovechara para la película de animación que estrenará Sony el año que viene y que, ya con toda seguridad, estará protagonizada por Miles.

 

LO QUE PODRÍA HABER SIDO ¡Pedazo traje, desde luego!

 

Y EN PARALELO…

Máxima atención, porque el mes que viene comienza en España, y en formato grapa, Spidermen II, la secuela por la que llevamos cinco años esperando. Era 2012, y en aquel entonces la miniserie original supuso el primer cruce oficial entre el Universo Ultimate y el Universo Marvel de toda la vida. Mucho ha llovido desde entonces, tanto que el primero de los mundos ha dejado de existir, pero una pregunta continúa flotando en el ambiente. ¿Quién es el “otro” Miles Morales? En treinta días por fin resolveremos esa duda.

Spot On originalmente aparecido en Spider-Man nº 17

Y AHORA, VENENO

Hay que reconocer a Gerry Conway que le tiene tomada la medida al concepto de comercialidad. Estrena una serie con un concepto tan potente como el que tiene Renueva tus votos y ya sólo con eso tiene asegurado el éxito del primer arco argumental. ¿Y luego? ¡Bumba! La Patrulla-X de Jim Lee. Consecuencia: se mantiene el efecto positivo. ¿Y a continuación? ¡Bumba! El Veneno que le mola a todos los chavales de los años noventa: el de toda la vida, el de McFarlane. Y además tiene sentido argumental. ¿Qué más se puede pedir? ¿Te hemos contado que esta serie nos tiene alucinados y que no hacemos más que recomendársela a todo el mundo? ¡No dejes de hacerlo tú!

 

¿DÓNDE HABÍAMOS VISTO ESTO? Ah, sí: en la saga original del traje negro

 

LOS PROBLEMAS CON MARY JANE

Conseguir que la esposa de Peter Parker se hiciera con poderes arácnidos era algo que se podía hacer de muchas maneras. Todo se pega, menos la belleza, y estar tanto tiempo en contacto con Spiderman alguna consecuencia tenía que tener. Conway y Stegman tiraron por el camino fácil, que no era otro que mantener aquello que ya le había ofrecido la miniserie original de “Secret Wars”: la tecnología de Regente para drenar los poderes de otros superhumanos allí tenía un componente negativo, pero ellos podían darle uno positivo. ¿Y si en vez de tomar todas las habilidades del trepamuros, sirvieran sólo para tomar un poquito y así conferírselo a su santa esposa? Check. Pero claro, reducir los poderes de Peter podía poner en peligro a éste, lo que da pie a buscar soluciones alternativas… y de ahí pasamos al simbionte. Nos reconocerás que la justificación no sólo es buena, sino que además se ha hecho de manera muy orgánica con respecto a la trama de la cabecera. El único punto flaco, del que esperamos pronta explicación, está en el hecho de que a Mary Jane le aterraba Veneno: Peter incluso tuvo que volver al traje clásico a causa del trauma que le dejó a su esposa su primer encuentro con Eddie Brock. ¿Lo ha superado hasta el punto de vestirse de negro, aunque no sepa todavía de qué va la cosa? Por cierto, la trama recuerda en cierta manera a aquella vez, en los años ochenta, en que La Gata Negra compartía aventuras con Spidey, pero su falta de superpoderes hacía que se metieran en problemas. Como consecuencia de ello, Felicia buscó desesperadamente la ayuda de Kingpin… y bueno, si no sabes cómo acabó la cosa, te recomiendo que le eches un vistazo al Marvel Héroes. Peter Parker, El Espectacular Spiderman: punto de ruptura, cuyo título es más que ilustrativo.

¿A QUIÉN YA LE HABÍA PASADO ESTO? Ah, sí: a la pobre Felicia

 

NARRADORES

Así se definen a partir de este momento Conway y Stegman en los créditos de la colección. Es algo que nos viene heredado de la edición americana, así que con toda seguridad lo habrán pedido ellos mismos. Se trata de una manera de glosar a los autores que suele usarse en muy pocas ocasiones, y siempre en casos en que la compenetración del guionista y del dibujante es tan profunda que el primero suele hacer recomendaciones y comentarios sobre la labor del segundo y el segundo se mete hasta la cocina a la hora de elaborar la historia. Por ejemplo, era algo que solían hacer Stan Lee y John Romita, y también es muy frecuente con los trabajos de Tom DeFalco y Ron Frenz, en ambos casos equipos clásicos de la franquicia arácnida. Atención, porque la cosa no se va a quedar ahí. Desde Marvel, los siguientes números que se anuncian de Renueva tus votos están escritos y dibujados, en su totalidad, por Ryan Stegman, sin que haya rastro alguno de Conway. ¿Acaso se acerca su salida de la colección, o se trata solamente de una medida provisional, de cara a una aventura aislada en la que su colega pudiera desplegar a fondo las habilidades literarias? No lo sabemos todavía, pero a buen seguro que nos enteraremos y te lo contaremos.

Spot On Aparecido originalmente en El Asombroso Spiderman: Renueva tus votos nº 8

UN VEINTICINCO GIGANTE

Número conmemorativo tan grande, tan grande, tan grande, que nos ha ocupado todo el tomo de este mes, lo cual, qué quieres que te contemos, nos ha venido la mar de bien para cuadrar nuestra planificación de aquí a final de año. Para los impacientes y pese a lo dicho anteriormente: en 2017 ya sólo tendremos Amazing, mientras que el arranque de la nueva Peter Parker lo dejamos ya para comienzos de 2018. Y ahora, algunos comentarios sobre el cómic que nos ocupa.

 

LA INSPIRACIÓN ARTÍSTICA El cómic en que se ha fijado Alex Ross

 

PASIÓN XXL

De la última flipada de Marvel te hablaremos un poco más adelante, vamos ahora con la penúltima: grapas enormes, de alrededor de 100 páginas, con varias historias en su interior, alguna con relevancia especial, que en Estados Unidos salen a la venta con un precio de 9,99 pavos y consiguen alzarse como superventas, no sólo porque es cierto que venden mucho, sino también porque cuestan también mucho más que un cómic convencional. La fiesta empezó con Masacre, de lo que ya hemos tenido alguna muestra en España, y lo que nos queda, y ahora sigue con Spidey. ¿Nuestra sospecha? Que este será el formato que nos encontremos en las grandes celebraciones de los próximos tiempos, cuando, por ejemplo, lleguemos al Amazing #800 USA, lo que nos lleva a…

 

CUANDO 25 TIENDE A INFINITO

Sí, porque nuestra siguiente frontera de festejo será el mencionado Amazing #800 USA y llegará antes de que nos demos cuenta. Marvel Legacy, el siguiente landscape de Marvel, consiste en la recuperación de los elementos clásicos, lo que significa también la vuelta de la numeración original de cada serie. Eso significa que, en realidad, el que tienes en tus manos es el Amazing #781 USA y no queda nada para un nuevo 00, escrito por Dan Slott al igual que los dos anteriores. En su momento, ya te contaremos cómo han hecho la suma con el trepamuros, porque, aunque tiene su miga, también ofrece bastante coherencia. ¿Que si nos gusta el planteamiento? Nos encanta. La mejor decisión que ha tomado Marvel en mucho tiempo. Y sólo lamentamos que durante estos últimos años se abandonara la auténtica numeración de las series para liarnos con un nuevo número uno cada poco tiempo.

LA INSPIRACIÓN LITERARIA La peli en la que se ha fijado Dan Slott

 

JUNTOS DE NUEVO POR PRIMERA VEZ

Pero quizás el mayor motivo de alegría que nos deja este cómic sea la incorporación del que muchos lectores y profesionales del cómic coinciden en calificar como el mejor dibujante de superhéroes que existe actualmente. Stuart Immonen es un genio con todas las letras, una bestia parda del lápiz, que anteriormente pasara por La Nueva Patrulla-X, Los Nuevos Vengadores, Ultimate X-Men, Ultimate Fantastic Four… o Ultimate Spider-Man, donde tuvo ocasión de dibujar al adolescente Peter Parker durante un montón de números. Al de toda la vida lo había dibujado en Los Nuevos Vengadores, pero nunca en su serie principal de manera continuada. En la Franquicia Ultimate también coincidió con Nick Lowe, el actual editor de Amazing, lo que ha facilitado su incorporación sin que hubiera necesidad de ningún nuevo número uno, aunque ahora han dejado de estar de moda, o de ningún evento de los que atraen los focos. ¡Stuart Immonen! ¡Spiderman! ¿Hace falta decir más para que un cómic sea imprescindible?

Spot On aparecido originalmente en El Asombroso Spiderman nº 132

LA MARCA DEL DESTINO

Sorprende que la vida de uno de los personajes Marvel que más se prestan al humor esté tan salpicada por la tragedia. Es uno de los elementos que articulan la grandeza y complejidad de Spiderman, cuya existencia, desde su nacimiento, va de la mano, y encuentra sentido, en la muerte de un ser querido. El tío Ben fue asesinado por la inacción del imprudente Peter Parker, que pudo haber detenido al ladrón que luego perpetraría el crimen, pero no lo hizo. Lección moral, casualidad aparentemente simple, pero que encierra la fatalidad del destino: un destino al que el Hombre Araña, a partir de entonces, nunca ha conseguido escapar.

De manera periódica, la parca volvería a cebarse con diversos integrantes del elenco de personajes que aparecían en las aventuras de Spiderman, siempre envueltos tanto en las andanzas del trepamuros como en las de su alter ego. En Amazing Spider-Man #10 (1964), Bennet Brant, el hermano de Betty, la entonces novia del joven héroe, moría en el marco de una batalla entre el trepamuros y los delincuentes con quienes Bennet tenía cuentas por saldar. La ocasión se repetiría unos pocos años más tarde, con Frederick Foswell, periodista del Daily Bugle y criminal arrepentido, que fallecía en un fuego abierto contra Spidey por los subalternos de Kingpin, el Rey del Crimen de Nueva York (Amazing Spider-Man #52. 1967).

 

Pero las aventuras del lanzarredes están presididas por el contrapeso y el equilibrio de elementos. Las muchas meteduras de pata del protagonista, la mala suerte que le persigue allá donde se dirige, los conflictos, en definitiva, que inundan su vida privada al chocar con su vida de superhéroe, se contrarrestan gracias a otras circunstancias de cariz positivo y enriquecedor. El Peter Parker al que las chicas rechazaban en su adolescencia encuentra, llegada la edad adulta, al gran amor de su vida, una belleza cargada de dulzura y comprensión llamada Gwen Stacy. A su vez, el Peter Parker que había perdido a una figura paterna con la muerte de tío Ben haya un cierto equivalente en el veterano capitán de policía George Stacy, padre de Gwen y el único dentro de los adultos que aparecen en la serie que confía en la condición heroica de Spiderman.

 

Aunque Gwen ya había aparecido en la recta final de la etapa dibujada por Steve Ditko, el creador gráfico del personaje, sería tras su sustitución por John Romita cuando ella adquiriría un papel preponderante, momento en que su progenitor también se sumaría a los secundarios. De una época dominada por lo extraño y por una alegoría del aislamiento del adolescente, las aventuras de Spiderman pasarían a convertirse en una suerte de comedia romántica, en la que el peso recaía sobre las posibilidades amorosas que se presentaban ante un protagonista que debía elegir entre la ardiente y dispuesta Mary Jane, estupenda vecinita de al lado con la que cualquier mortal le hubiera gustado acostarse, y la encantadora y angelical Gwen, la novia que todos los jóvenes que leían las aventuras del lanzarredes hubieran querido tener, y por la que finalmente acabaría decidiéndose Peter.

 

¿Llegaba entonces la plenitud para el atormentado superhéroe? No, nunca llega, porque toda serie necesita de conflictos para seguir adelante, y la de Spiderman los concentra en cuanto sucede alrededor del hombre bajo la máscara. El noviazgo con Gwen estaría impregnado de ellos: de escapadas de Peter en momentos de peligro en que debía dar paso a Spiderman, pero que le dejaban como un cobarde ante su amada; de circunstancias comprometidas para las que no podía dar ninguna explicación sin revelar su identidad secreta. Y mientras tanto, ahí estaba el capitán Stacy, ya retirado, demasiado inteligente para estarse quieto, que llenaba su tiempo libre con deducciones acerca de quién era Spiderman y por qué se comportaba como lo hacía. Stacy era, junto con Robbie Robertson, el amable redactor jefe del Daily Bugle, un hombre bueno en un mundo lleno de oportunistas en quien no se puede confiar. Era un héroe esperando a mostrarse como tal, y esa oportunidad le llegaría, en la primera de las aventuras recogidas en este volumen, aquella que, una vez más, y con mayor intensidad que nunca antes, tiñó de negro la trayectoria de Spiderman.

 

La vida sigue en ausencia de los que no están, y los lazos establecidos entre los que han de continuar adelante se hacen más fuertes, si cabe. Fue lo que ocurrió entre Peter y Gwen, cuya relación se volvía más seria, más estable, más abocada a donde acababan todas las relaciones en una época en la que no había, al menos no en los cómics, alternativas. Ella se había convertido en la novia eterna del héroe, y de ahí al matrimonio sólo había un paso. Pero tal alteración en el escenario del Hombre Araña hubiera certificado, en cierta forma, su final. Sus aventuras tratan, en cierta forma, de un chaval al que el destino ha señalado con el dedo, que no puede llevar el tipo de vida que llevaría cualquier otra persona, porque cualquier intento de hacerlo siempre choca con la responsabilidad que supone ser Spiderman.

 

Stan Lee había cumplido las cien entregas publicadas como guionista del trepamuros, para ceder el testigo a un joven llamado Gerry Conway, que con apenas diecinueve años conectaba con el personaje mejor todavía de lo que lo hubiera hecho su creador. Conway comprendió que Peter Parker estaba en la encrucijada. Podría casarse con Gwen Stacy, pero tal opción le empujaba a un callejón sin salida. Había otra opción, a la que nadie se atrevía, pero que había sido propuesta por John Romita, que ya no dibujaba las aventuras arácnidas, ahora en manos del virtuoso Gil Kane, pero que seguía presente en la toma de decisiones, desde el cargo de Director Artístico de Marvel.

 

Y entonces, dieron un paso hacia delante, y decidieron romper las reglas del juego. La decisión fue tomada, a iniciativa de Romita, con la aquiescencia de Roy Thomas, segundo al mando de la editorial, y la aceptación de Stan Lee, al que se le presentó la idea con suficiente convicción. Conway y Kane serían los responsables de llevarla a cabo, en Amazing Spider-Man #122 y 123 (1973), y consiguieron producir un relato irrepetible, que señaló el fin de una época y marcó para siempre a cuantos la leyeron. Porque el héroe siempre está ahí para rescatar a su novia. Porque Superman nunca deja caer a Lois Lane… Pero Superman no es un personaje Marvel, y Marvel es el lugar donde ocurren las cosas que no suceden en ninguna otra parte.

 

Los ecos de aquella historia todavía resuenan en la actualidad, y muchos elementos se han venido a sumar a los hechos narrados entonces. También a los que supusieron la despedida del Capitán Stacy. De todos ellos destaca, en especial, una miniserie acometida por el guionista y dibujante Lee Weeks en el año 2000, en la que se profundizaba en las consecuencias de lo ocurrido, completando el relato, aumentando aún más si cabe el insondable pozo de oscuridad.

 

Ambos relatos originales, así como Muerte y destino, la mencionada historia posterior, componen este volumen de Marvel Héroes. Son las aventuras que terminaron de definir al Hombre Araña, aquellas sobre las que siempre se vuelve, porque, después de ellas, nada puede ser más demoledor ni terrible. Son también las historias que cerraron las ventanas de la inocencia y abrieron la puerta de la oscuridad en el cómic de superhéroes. Nada volvió a ser igual. Ni para Spiderman, ni para el mundo de las viñetas, pero tampoco sus seguidores.

 

Artículo aparecido originalmente en Marvel Héroes. Spiderman: La muerte de los Stacy

LA REINVENCIÓN DE UN MITO UNIVERSAL

El mundo del cómic está plagado de sorpresas. Nadie hubiera apostado que un personaje extraño, que rompía con la estética a la que todos los lectores estaban acostumbrados y que había debutado en el último número de un título marginal se alzaría como uno de los más representativos iconos de nuestro tiempo. Y sin embargo, así fue.

Spiderman nació en Amazing Fantasy #15 USA (agosto de 1962), de la imaginación de Stan Lee y Steve Ditko, con el objetivo de que cualquier chaval que leyera aquellas historias pudiera identificarse con su protagonista, un Peter Parker no muy distinto de tantos otros adolescentes estudiosos, aislados del resto de sus compañeros y que creían que la mala suerte les acompañaría siempre. La picadura de una araña radiactiva había conferido a Peter increíbles habilidades, mientras que la trágica muerte de su tío Ben, a manos del mismo ladrón al que se había negado a detener días atrás, le había enseñado que un gran poder conlleva una gran responsabilidad. Como El Asombroso Spiderman, consagraría su existencia a luchar contra el crimen, mientras que como Peter Parker trataría de llevar una vida normal, que siempre se complicaría y siempre entraría en conflicto con su actividad como justiciero.

 

La leyenda de Spiderman no ha hecho sino crecer en todo este tiempo, y al tiempo que el personaje acumulaba aventuras y vivencias en las viñetas publicadas por Marvel Comics, el cine, la televisión, los videojuegos y toda clase de productos de mercadotecnia reflejarían su inmensa popularidad. Spidey llega a todo el mundo: le puede fascinar a un chaval que quiere disfrazarse como él en Halloween, a una chica que le encantan sus películas o a un adulto que no se pierde ni uno de los tebeos en los que aparece.

 

Pero, con el paso de los años, en Marvel Comics detectaron que había un gran número de aficionados que se sentían abrumados ante las cuatro décadas ininterrumpidas de aventuras vividas por el Hombre Araña, quien había dejado atrás su adolescencia para alcanzar la edad adulta, casarse y sentar la cabeza. El presidente de la compañía, un tipo con muy buen ojo comercial llamado Bill Jemas, empezó a dar vueltas a una idea tan revolucionaria como provocadora: la de crear una nueva línea editorial en que, primero Spiderman y luego otros personajes populares de la compañía, como La Patrulla-X, comenzaran su historia de nuevo, como si nunca antes se hubiera contado: Partiendo desde cero. Corría el año 2000, estaba a punto de estrenarse la primera película de X-Men y el debut cinematográfico del trepamuros se encontraba a apenas dos años vista, por lo que Jemas estimaba necesario ofrecer “algo diferente”, que atrajera a las nuevas audiencias con las que se encontrara Marvel.

 

Tan ambicioso proyecto recibía, en aquel momento embrionario, el nombre de Ground Zero (Zona cero), pero Jemas no encontraba la resonancia necesaria dentro de la editorial como para llevarlo a cabo. Era algo que ya se había intentado anteriormente, sin que acabara de funcionar: apenas unos meses antes había terminado de publicarse Spider-Man: Chapter One, un torpe intento de John Byrne, un autor de la vieja guardia en horas bajas, por modernizar las primeras historias de Spidey en el que simplemente había cambios estéticos. Por ejemplo, donde antes te encontrabas un microscopio, ahora se ponía un ordenador, pero el contexto, el ritmo, la caracterización y las relaciones de los personajes sabían a viejas, muy viejas, sin ni siquiera el encanto de las historias originales. Un refrito sin sustancia alguna que fue vapuleado por lectores y críticos.

 

Muchos, fijándose en los pésimos resultados del Chapter One, ya enterraban la nueva línea antes siquiera de que hubiera nacido, e incluso Bob Harras, el Director Editorial con el que contaba la compañía, no hacía sino proponer autores mediocres para hacerse cargo de Ground Zero. Por aquel entonces, el propio Jemas había escrito un borrador de lo que sería el tomo de lanzamiento, con el origen de Spiderman. Uno de los escritores de confianza de Harras lo desarrolló hasta convertirlo en guión. Cuando Jemas lo pudo leer, supo que tenía un problema: era otro Chapter One, demasiado parecido a la historia primigenia. Tanto, que se confundía con la misma, hasta copiarla, punto por punto. No había el menor asomo de talento ni originalidad en aquel trabajo.

 

Por suerte para todos, el destino jugó sus cartas: Harras fue despedido, ante su incapacidad manifiesta para devolver a Marvel el prestigio que merecía, y sustituido por Joe Quesada, un tipo inteligente, entusiasta y visionario que capitanearía el viaje de La Casa de las Ideas hacia el siglo XXI. Fue Quesada quien puso encima de la mesa el nombre de Brian Michael Bendis, autor casi desconocido en aquel entonces, que había destacado por cómics de género policiaco publicados en editoriales independientes, en los que brillaba una narrativa cinematográfica, diálogos espontáneos y tramas sofisticadas. Después de leerse todas sus obras, Jemas decidió que Bendis era el candidato perfecto para Spiderman Ground Zero… Aunque el cómic pronto cambiaría de nombre por el de Ultimate Spiderman.

 

Cuando en la editorial empezaron a recibir los primeros borradores de guión firmados por Bendis se dieron cuenta que tenían algo verdaderamente grande entre manos. El guionista había hecho suyos los presupuestos de Jemas, para construir una historia cargada de emoción e intensidad en la que se tomaba su tiempo para contar las cosas. “Que no se ponga el traje de superhéroe hasta que pasen varios números”, insistía el presidente de Marvel, a lo que todo el mundo contestaba que aquello era una aberración, que condenaría el proyecto desde el primer número. Pero se equivocaron. Los detalles circunstanciales no eran lo verdaderamente importante, como muy bien había comprendido Bendis, sino el que Peter Parker fuera alguien de carne y hueso, alguien que el lector sintiera como real y cercano. Para ello, no dudó en acercarse a los institutos de su localidad, Cleveland, donde se fijó en cómo vestían, cómo eran, cómo hablaban y cómo se comportaban sus alumnos; repasó multitud de revistas y libros científicos, de cara a que la explicación de los poderes arácnidos fuera lo más verosímil posible y ni siquiera dudó en romper con algunas de las recomendaciones que hizo Jemas, con tal de lograr el resultado buscado. El presidente de la compañía insistía en que cada número fuera autoconclusivo, pero las escasas 22 páginas de un cómic mensual se quedaban muy cortas para la narrativa descomprimida de Bendis. Ultimate Spiderman se ordenaría mediante amplios arcos argumentales de cinco, seis o siete entregas, de manera que luego pudiera recopilarse en forma de libros.

 

Mientras que un innovador como Bendis se había hecho con las tareas literarias, las artísticas recaerían en un valor seguro de la empresa. Mark Bagley llevaba en Marvel desde principios de los noventa. Había participado en el lanzamiento de Los Nuevos Guerreros, un grupo de adolescente que tuviera gran éxito en aquella época, para saltar luego a Amazing Spider-Man, la cabecera principal del trepamuros de toda la vida. En el momento de recibir el encargo de realizar el Hombre Araña Definitivo, llevaba varios años ocupándose de Thunderbolts, por lo que estaba abierto a un cambio de aires. Su estilo, espectacular y muy, muy comercial, así como su rapidez y seriedad a la hora de cumplir las fechas de entrega, le señalaban como el artista apropiado para equilibrar la procedencia y la sensibilidad independiente de Bendis. Lo divertido es que, en un primer momento, Bagley sólo se comprometería a realizar los seis números iniciales de la serie. Pero, cuando estaba acometiendo las páginas del segundo episodio, se sintió tan enganchado como comprometido con el proyecto. Aquello era mágico. Quería seguir allí todo el tiempo que le dejaran. Y desde luego que lo haría.

 

Hacia verano de 2000 llegó a las tiendas el primer número de Ultimate Spiderman. Contra todas las previsiones de los agoreros, fue un éxito monumental de crítica y público, que señalaría el camino a seguir no sólo por la Línea Ultimate, sino por la industria del cómic en general. Un mito, el de Spiderman, había renacido para el siglo XXI. Un mito, el de Ultimate Spiderman, no había hecho más que comenzar.

 

Artículo aparecido originalmente en Coleccionable Ultimate. Ultimate Spiderman nº 1

EL PRIMER PASO DE UN LARGO CAMINO

Durante buena parte de los años noventa, Marvel Comics buscó la manera de devolver la gloria perdida a Spiderman. El trepamuros siempre había sido el más popular icono de La Casa de las Ideas, pero desde finales de la década anterior, coincidiendo con la decisión de casar al personaje, había ido perdiendo impulso, junto con buena parte del favor del público. Tras muchas decisiones equivocadas, la factoría de Stan Lee acertó cuando dio con la fórmula maestra: un extraordinario equipo creativo con pasión por el Hombre Araña, conocimiento de los mecanismos que lo hacían funcionar y libertad suficiente para ejecutar historias formidables.

Todo empezó con la llegada de Joe Quesada a la dirección de Marvel. Su misión prioritaria, en aquel verano de 2000, fue la de “arreglar a Spiderman”, un objetivo que en aquel entonces parecía poco menos que imposible. Para hacerlo, puso al frente de la franquicia arácnida al mejor editor del momento, Axel Alonso, quien había logrado en el sello Vertigo de DC Comics poner en las librerías algunos títulos revolucionarios, desafiantes e imprescindibles. Alonso concentró sus esfuerzos en la serie fundamental del trepamuros, The Amazing Spider-Man, donde mantuvo al que venía siendo el dibujante principal durante largos años, e introdujo un refuerzo literario titánico, el de Joe Michael Straczynski, creador de la teleserie Babylon 5.

Straczynski, que se había posicionado como un fan favorite mediante los cómics de creación propia Rising Stars y Midnight Nation, servía como ejemplo de la clase de autores que hasta entonces resultaba inalcanzable para Marvel. Y es que la factoría arrastraba una merecida fama de interferencias literarias, de excesivo control desde el estamento editorial y de adicción a los cómics intrincados e ilegibles. Por eso fue necesario que el propio Quesada se comprometiera con JMS en que no tocaría ni una sola línea de sus libretos y que aceptaría cada decisión que tomase al frente de la cabecera. El escritor recordaba a Spidey como uno de los grandes héroes de su adolescencia y etapa universitaria, en los años dorados de Stan Lee, John Romita, Gerry Conway, Gil Kane… autores que eran conscientes de la importancia del mito, que elaboraban aventuras con una resonancia más allá del mero entretenimiento y que apoyaban sus historias sobre sólidas tramas e ingeniosos diálogos. Straczynski consideraba que el paso de los años había llenado de herrumbre las andanzas del trepamuros, mediante conceptos que escogían la espectacularidad sobre la conexión emocional. Detestaba con particular inquina la amenaza de Veneno, que no podía considerar más hueca: un traje que se alza como el peor enemigo del héroe, sin otro sustrato psicológico que no fuera el odio.

Quizás para olvidar los malos tiempos pasados, quizás para establecer un nuevo punto de partida, la manera que tuvo JMS de aproximarse a Peter Parker fue la de alguien que lleva largo tiempo sin ver a un viejo amigo del Instituto y se reencuentra con él cuando ya es un adulto. Él ha cambiado, pero tú también has cambiado, y sin embargo basta con estar un rato charlando para redescubrir a aquella persona que fue tan importante para ti y con la que compartiste tantas cosas. El primer paso hacia el renacimiento del trepamuros pasaba por admitir que Peter había crecido, que ya no era aquel universitario preocupado de llegar a tiempo a clase mientras peleaba contra el Doctor Octopus. Nada más empezar la historia, el protagonista tomaba una decisión con la que afirmarse de manera inequívoca como adulto, pero que al mismo tiempo le ligaba con la persona que fuera. A su vez, conocía a alguien que podía mirar como un maestro, alguien misterioso con muchas cosas que enseñarle, y que en cierta forma era el hombre en el que se podría haber convertido… de seguir un camino distinto al que decidió tomar. Por último, surgía una terrible amenaza, un enemigo invencible que le obligaba a agudizar al máximo sus habilidades, arácnidas e intelectuales, para sobrevivir.

Joe Michael Straczynski se incorporó a The Amazing Spider-Man en el año 2001, a apenas unos meses de que el trepamuros estuviera en el centro de todo a causa del estreno de su película, y en lo que fue el comienzo de una larga y extraordinaria etapa que se extendió durante casi siete años. El guionista estaba acostumbrado a erigir extensas construcciones argumentales que funcionaban como mecanismos de relojería, pero con Spidey optó por andar un camino sin destino prefijado, aunque con las ideas muy claras acerca de lo que quería hacer. Antes de su llegada, en La Casa de las Ideas habían dejado limpio el escenario, de manera que se encontró con un Peter Parker que acababa de romper con su esposa, Mary Jane Watson, y que por lo tanto necesitaba reencontrarse consigo mismo. Estaba dispuesto a manejar un rico elenco de secundarios, como pronto apuntaría el entorno laboral del protagonista, pero en esos primeros pasos prefería concentrarse en Peter, para luego ir ampliando el círculo, con Tía May en lugar preferente, una Tía May que no tenía nada que ver con la anciana despistada de antaño, sino que pronto figuró como el personaje de reparto favorito de los seguidores.

 

Por su parte, John Romita Jr. se tomó el trabajo como un auténtico reto que le obligaba a llevar sus habilidades gráficas al límite. Reformuló la manera de narrar la historia, utilizando para ello gran número de viñetas; alteró las claves gráficas a las que venía acudiendo para plasmar al trepamuros, que de un aspecto robusto e hipermusculado pasó a recuperar la delgadez y fibrosidad de otros tiempos, e incluso replanteó la manera de escenificar las batallas, optando por fórmulas experimentales, como la de concentrar toda la coreografía en un dibujo completo, sin separación en viñetas, un truco que aumentaba la intensidad del momento. El lector se quedaba con la impresión de que estaba presenciando a un Spiderman en el pináculo de su excelencia, tal y como debía haber sido siempre.

Este volumen de apertura de Marvel Saga: El Asombroso Spiderman recoge el primer arco argumental desarrollado por JMS, una impresionante aventura que lanzó al personaje a la modernidad y señaló su rumbo por el siglo XXI. Los superhéroes, iconos que viven una interminable cadena de aventuras sin fin, precisan de puntos de enganche que permita incorporar a nuevas generaciones y reafirmar a las que ya están. En lo que a Spiderman se refiere, no hay ningún punto de enganche tan potente como este tomo que tienes en tus manos. Aquí empieza todo.

Artículo aparecido originalmente en Marvel Saga. El Asombroso Spiderman nº 1

Spider-Man: La historia jamás contada, ¿de qué va esto?

Por fin podré dejar de morderme la lengua en público. Panini ha anunciado el lanzamiento de mi nuevo libro, Spider-Man: La historia jamás contada. Aquí están los detalles.

SMHJC

Y ahora, algunas confidencias. El libro empezó con el ánimo de convertirse en una puesta al día de Spider-Man: Bajo la máscara, más de una década después de su lanzamiento. Me puse a recopilar toda la información que había estado apareciendo desde entonces, a preguntar a autores y editores del trepamuros, a releer cómics, a rebuscar en los correos de los lectores de la edición americana… Cuatro meses después ya tenía todo el material que necesitaba, perteneciente a los cincuenta años de historia del trepamuros. Era MUCHO material, más del que pensaba que realmente tenía. Sin embargo, todavía me sentía optimista, iluso de mí, con la idea de que fuera un paseo, de que en dos o a lo sumo tres meses completara el libro.

He tardado once meses en terminar de escribirlo.

Y es que, nada más empezar, me di cuenta que no me gustaba casi nada de lo que había escrito en Spider-Man: Bajo la máscara, y nada de lo que escribí en Spider-Man: Biografía no autorizada. Primero miraba de vez en cuando hacia aquellos textos, y reaproveché algún párrafo, corrigiéndolo mucho y añadiendo más cosas… pero al cabo de un tiempo, me olvidé. Estaba escribiendo un libro totalmente distinto, mucho más completo de lo que me había atrevido a imaginar, y cuyo objetivo, en un momento dado, fue el de agotar el tema, en lo que a narración periodística se refiere. Sé que habrá autores que se aproximen al trepamuros desde el punto de vista crítico, analítico, social, político o lo que se tercie. Bienvenidos sean y estaré el primero en la cola para leerles. Yo no sé hacer esas cosas. Lo que creo que sé hacer, dentro de mis posibilidades, es contar lo que ha pasado, así que en este libro lo que he contado ha sido la historia de Spider-Man, con todo el detalle y la minuciosidad de la que he sido humanamente posible.

Al final, en los últimos, agónicos meses, cuando el libro había casi consumido mis fuerzas, me empecé a asustar. BJLM tenía unos 500.000 caracteres con espacios. Marvel: La historia jamás contada de Sean Howe rondaba el millón. Y Spider-Man: La historia jamás contada crecía y crecía, sin que pareciera que se fuera a acabar nunca. Cuando superé el millón y medio de caracteres, me puse a hacer cuentas con el diseñador del libro. Me dijo: no escribas mucho más, porque no cabrá en 600 páginas. Pero tenía una historia que terminar de contar… y lo hice. Al final, el libro tiene algo más 1.800.000 caracteres. Lo sé: es largo, muy largo, pero necesitaba todo eso para contarlo todo y no dejarme nada. Quería agotar el tema, y no me había dado cuenta que el tema, después de cincuenta años de existencia de Spider-Man, estaba al borde de lo inabarcable.

Menos mal que he escrito el libro ahora, no dentro de otros quince años.

En un par de semanas, volveré sobre el libro, y empezaré a enseñar aquí y en la página web de Panini algunos capítulos del mismo, para que cualquiera que tenga interés pueda hacerse una idea de lo que se va a encontrar y si le apetece leerlo.

Mientras tanto, quiero agradecer a todo el mundo el interés que ha demostrado por el libro, cuando sólo era algo que conocían unos pocos, y ahora, que se ha hecho público y no me han dejado de preguntar en las últimas horas. Durante todos estos meses, ésta ha sido una apasionante aventura en solitario, pero ahora por fin puedo compartirla, y eso es verdaderamente mágico y lo que hace a esto único. Gracias por estar ahí.

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