Amazing Spider-Man 500

Marvel Comics
Guion:J. Michael Straczynski
Dibujo:John Romita Jr. y Sr.
Tinta: Scott Hanna
John Romita Sr.
Portada:J. Scott Campbell
52 págs. $3.50
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Por Julián M. Clemente
Este año que ahora se cierra nos deja algunos regalitos de mano de Marvel. Ahí tenemos series clásicas que atraviesan sus momentos más dulces en muchos años: Daredevil, Fantastic Four (¡Se quedan! ¡Waid y Wieringo se quedan!), Uncanny X-Men… Proyectos tan alucinantes como el largamente anunciado JLA Avengers (impulsado definitivamente gracias a Joe Quesada) o dos pedazo de obras maestras de la mano de los Marvel Studios: X-Men 2 y Hulk. Pero reconozco que el que siento como un obsequio personal ha sido la re-re-numeración, o lo que es lo mismo: la vuelta a la numeración clásica y, por tanto, el cerrojazo definitivo a la crisis padecida por la compañía durante los años noventa.


En la práctica, eso ha significado que se haga realidad un sueño que ya consideraba imposible: llegar a leer el #500 de Los Cuatro Fantásticos, de Los Vengadores (todavía por caer, pero caerá)… o de Amazing Spider-Man. Y es que a un servidor le dolía hasta lo más hondo que la colección señera del Hombre Araña mostrara en portada un número tan bajito que hasta Spawn le superaba. Volver a la numeración clásica, más allá de la operación de marketing que representa, supone recordar orgullosamente que estamos ante personajes con cuatro décadas de historia a sus espaldas. Pilares absolutos de la cultura popular moderna.
Aunque me ha gustado más la continuación del #500 de los Cuatro Efe que el mismo número especial en sí, reconozco que el Amazing #500 lo he esperado con una ilusión que no tenía desde los catorce años. Y la espera ha valido la pena, de verdad.
Para empezar, estamos ante la que es, a mi juicio, la colección perfecta que está publicando ahora mismo Marvel. Puede que el Daredevil de Bendis sea más absorbente, puede que los Ultimates de Millar y Hitch sean más espectaculares… Pero el Amazing de Joe Michael Straczynski y John Romita Jr. es el que más relevancia ha aportado al lanzarredes desde la época de Roger Stern, y eso es mucho más de lo que uno podría esperar a estas alturas de la película. Puede decirse que, hasta esa época en concreto, los lectores siguieron las andanzas de Peter Parker como si se tratara de ese viejo amigo que conocemos en el instituto y vemos madurar con nosotros, pasando a la Universidad, y de ahí a los estudios de post-grado, y de ahí a un trabajo más o menos basura; pasando de la casa de su tía a un apartamento compartido, de ahí a un piso alquilado; pasando de una relación sentimental fallida a otra, y luego a periodos de sequía amorosa… En definitiva, Peter cumplía años.
Y entonces, dejó de cumplirlos. Lo casaron y descubrieron que era un personaje aburrido. Y en esas estuvo, con editores empeñados en que guionistas del montón lo hicieran parecer joven, siempre joven, en unos veintipocos imposibles, mientras el lector de toda la vida no podía dar crédito a semejante pantomima. Puede que hubiera buenas etapas en todos esos años pero lo cierto es que Spider-Man había perdido el pulso por completo hasta que llegó Straczynski y éste no sólo encontró ese pulso, sino que le insufló nueva vida por el procedimiento más sencillo: el de recordarnos que Peter sigue creciendo, madurando y cumpliendo años con nosotros. Convertirle en profesor de instituto, el síntoma de madurez definitiva, le ponía en el camino que había abandonado tanto tiempo atrás, y en ese camino se encontraba cuando le llegó la hora de redefinir su relación con quienes le rodean y con el mundo entero. Ahí tenemos el punto fuerte de un Joe que no le ha temblado el pulso a la hora de dar la vuelta y reparar los lazos de Peter con Mary Jane o la tía May, primero, y con su posición como héroe, después.
En esto que se le planta ante las narices a Joe la oportunidad de escribir un número tan señalado como el #500. Echando la vista atrás, nos encontramos con que los cambios de dígito siempre han coincidido con importantes momentos en la historia del lanzarredes: en el #100 nos estaba en un callejón sin salida, decidido a abandonar para siempre su papel como superhéroe, hasta que el destino le indicaba lo contrario de la forma más drástica posible: regalándole cuatro brazos suplementarios. El # 200 trajo la reaparición de tía May, muerta unos pocos números antes, y el encuentro final con el asesino del tío Ben. Paradójicamente, la historia empezaba con un Spidey de nuevo sin poderes, esta vez en contra de su voluntad, y terminaba con el héroe dirigiéndose hacia el horizonte y decidido a quedarse entre nosotros. La última página del #300 repetía la escena final con mirada hacia el futuro prometedor que venía de la mano de la explosión gráfica de Todd McFarlane, la llegada de un villano tan rotundo como Veneno y una vuelta a los orígenes evidente con el regreso del traje rojiazul. El #400 nos pilló en medio de La saga de Ben Reilly. De hecho, en el punto en que las circunstancias editoriales comenzaban a torcerse y se abría un periodo de inestabilidad del que el protagonista no saldría hasta la llegada de Straczynski. Con todo, J. M. DeMatteis y Mark Bagley realizaron un emotivo trabajo en el que tía May por fin moría, dejándonos a los mismos lectores con la sensación de haber perdido a alguien importante. May volvería para estafa de todos, pero incluso ese fiasco ha sabido aprovecharlo Joe. Con dos narices.
Ante el #500 y fijándose en lo que habían hecho otros en el pasado, Joe tenía varias opciones: la primera consistía en utilizar la celebración para comenzar una gran saga (como en el #100); la segunda, hubiera sido dar carpetazo a alguna línea argumental importante (#200); la tercera conllevaría escribir una aventura que destacara, sin más, por su espectacularidad (#300); la última podría haber sido escribir un capítulo decisivo que diera la vuelta al status quo de la serie (#400). Sin embargo, Straczynski no ha hecho nada de eso. Es cierto que, como pasaba en anteriores ocasiones (el #100 y el #200), el #500 rememora puntos clave de la trayectoria del Hombre Araña, e incluso da un paso más allá y obliga a Pete a repetir al completo su accidentada carrera superheroica, pero estamos, antes que nada, ante una celebración. Más aun: ante un cumpleaños. Aquí está el único punto negro del tebeo y, por extensión, de los ya casi tres años que lleva Joe al frente de Amazing. ¿Una fiesta de cumpleaños sólo con tía May y M.J.? ¿Dónde están los del Bugle, donde está Liz, Glory, Anna Watson, Flash (bueno, éste está en el hospital)? Puede que los anteriores escribas del trepamuros tampoco los utilizasen (y cuando lo hacían, sin inspiración alguna), pero no hubiera estado de más una gradual recuperación de los viejos amigos, y que éstos compartieran viñetas con los nuevos que han ido surgiendo, que no son pocos.
El #500 culmina una saga de tres números en la que Spidey se ve acompañado del Doctor Extraño. Su presencia no es sólo importante porque Joe planee hacerse cargo del Señor de las Artes Místicas en cuanto tenga un hueco, sino porque fue Stephen Strange el personaje con el que Spider-Man compartiera creador gráfico y fuerza impulsora durante sus primeros años: la de Steve Ditko. En realidad, si el papel del Doc podía ser importante en los dos primeros números de la saga, en el último, el #500, el mago hace simplemente las veces de guía en un largo viaje en el que el trepamuros ha de saltar hacia atrás y hacia delante en el tiempo para revivir todas y cada una de sus batallas (después de ver a Romita Jr. dibujar lo que ha dibujado aquí, tengo claro que por mucho que le paguen, le pagan menos de los que se merece). Una vez terminado el viaje, Strange le obsequiará con el mejor regalo de aniversario posible, envuelto por Romita padre, en las únicas páginas de Amazing no dibujadas por Junior desde que Straczynski aterrizara en la serie y en las que consigue arrancar las lágrimas a toda la audiencia, a un servidor el primero.
En esta mirada atrás sin ira, Spider-Man tiene la oportunidad que tantas otras veces ha pedido: la de deshacer sus errores, empezando por el momento en que el destino le agarró por el cuello y le convirtió en algo más que un ser humano, pero continuando con escenas clave de estos cuarenta años de tebeos, incansables, agotadores tantas veces, como la batalla sin fin que ha afrontado Peter Parker desde aquel lejano Amazing Fantasy #15. Es una batalla que está llamado a continuar durante largos años, seguramente más de los que ninguno de nosotros llegaremos a presenciar. Pero en este episodio tan especial, en este #500 que viene a recordarnos cuál es el más grande personaje de ficción jamás creado, tiene ocasión para tomarse un respiro y prepararse para los próximos 500. Y además puede hacerlo con una convicción: que es un hombre feliz y ha ayudado a que muchos lo seamos. ¿Y alguien dirá que Peter Parker no es real?
Reseña aparecida originalmente en la revista Dolmen

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