Spider-Fan Superior, ¿cómo se mide a un fan?

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El fan. Ese ser que, según la RAE, es admirador y seguidor de alguien o entusiasta de algo. Todos somos fans de alguna cosa que nos gusta, nos apasiona y que, incluso, puede ser el impulso que necesitemos para levantarnos de la cama y aguantar un día más.

Si tenemos algo en común todos los que visitamos esta página es que somos fans de Spider-Man. Nuestro amistoso vecino puede presumir de tener un fandom muy variado. Mayores y pequeños disfrutan de sus aventuras, sin importar etnias ni sexos.

Durante este verano me he encontrado en dos casos que, como fans del lanzarredes que sois, quizás os podáis ver reflejados. He tenido rondando por mi cabeza estas experiencias y creo que puede ser interesante comentároslas, sobre todo para intentar dar con los elementos o características que se necesitan para evaluar la escala o grado en un fan, si algo así puede medirse.


De visita a casa de un familiar, tuve la oportunidad de conocer a su pareja. En cuanto nos presentaron tardaron segundos en colocarme la etiqueta de Spider-Fan, comentando que la persona que acababa de conocer era un gran seguidor del trepamuros. Había visto todas sus películas y también tenía comics del personaje. ¡Si hasta llevaba a Spidey tatuado! Claro, cuando Spider-Man forma parte de tu día a día, al conocer a otro compañero de fatigas arácnidas, tratas de conversar acerca de sus historias favoritas o qué tiene en su estantería.  Ignorante de mi, el hombre era fan del lanzarredes, sí, pero aparte de conservar en la casa de sus padres unos cuantos tebeos del traje negro (¡cómo no, en negro mola más!) lanzados por fórum y haberse tatuado al personaje en una zona muy atrevida que no se atrevía a enseñar, no había más. Así que tras intercambiar un par de frases sobre la última película, Spider-Man desapareció de la conversación.

Días más tarde, otro familiar vino a casa con sus hijos. Al niño ya le habían dicho algo en el coche: “Vas a ver cuántas cosas de Spider-Man tienen en casa”. Su madre, en cuanto me ve, me dice que su hijo es un “megalosuperfan de Spider” y que tiene todo lo que sale: pijamas, camisetas, juguetes, toallas, zapatillas, mochila, etc. Vamos todos a la habitación donde guardo mis cosas y tengo figuras de las películas colgando del techo, emulando alguna escena o portada. El niño flipa, lo toca todo y volvemos al salón. A parte de querer llevarse alguna de las figuras de la estantería a modo de recuerdo (ni de coña), no volvemos a mencionar al trepamuros.

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En estos dos casos se repiten ciertos detalles: tenemos a dos fans del personaje de distinta edad que tienen varios productos de su héroe; alguien que repite a bombo y platillo que aquellos que acabas de conocer son grandes fans y, lo más relevante/irritante, que creen que aquellos que te acaban de presentar son MÁS fans que tú.

Entramos en un territorio delicado para cualquier seguidor especializado de algo. Analicemos ambos casos por separado, pues factores como la edad son determinantes en las conclusiones.

El sujeto de la primera historia, un adulto que ronda la treintena, siente simpatía por el personaje, puede que hasta nostalgia; se lo ha tatuado, disfruta con sus películas y tiene en su poder algún que otro comic. Y nada más. Esa persona es tan seguidor de Spider-Man como de la pizza barbacoa. Sin pretensiones, simplemente le gusta. Es uno más del saco, solo que le tiene algo más de cariño. Puede que de niño sí fuera un gran seguidor de Spidey, pero ya hace mucho de eso.

Por otro lado, el niño de la segunda situación ronda los 8 años. Sus padres le compran y el pide de manera compulsiva todos los productos del personaje, tiene la tele todo el día llena de telarañas y juega en los patios del colegio a ser su héroe. Está claro que a esas edades uno se enamora de las cosas con mucha intensidad, es un fan puro y lo vive, pero también salta de flor en flor con gran facilidad. De todos modos, al niño le fascina el personaje y disfruta poder tenerlo en todos lados, pero un gran porcentaje de esos niños se olvidan o pierden interés por aquello que idolatraban al crecer y adquieren otros gustos más acordes con su edad, a menudo dictados por su entorno. Algunos se redimen, sí, pero muy pocos (seguramente estos redimidos fueran seguidores hasta la médula en su infancia y retoman al personaje con más fuerza). De hecho, los sujetos de ambas historias podrían ser la misma persona: un niño muy fan del lanzarredes que crece y deja de seguir a su héroe, que pasa a ser un personaje que recuerda con cariño y le inspira otros tiempos más sencillos.

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Ya analizados ambos sujetos, que se los considere FANS (en mayúsculas) por encima de aquel que sigue desde bien temprano al personaje, crece con/junto a él y sigue queriéndolo como el primer día o más, es difícil de aceptar. Nos encontramos con dos casos peculiares, porque a los parientes del niño y el adulto les une un grado afectivo, así que siempre irán por delante de ti. También hay que tener en cuenta su nivel cultural (en estos casos, el justo), pero, en fin, que no vas a molar tú más que su marido o hijo…  Puede que sea mi propia paranoia, pero este tema me produce lanzar un grito de rabia que me sale de las tripas. No hablamos de venerar a una divinidad, pero sí de cierto culto a un personaje. De seguir su trayectoria a través del tiempo, en los buenos y malos momentos. De identificarte hasta tal punto que cuando él padece, te duele y celebras sus victorias como si fueran tuyas. Luego vienen cosas más materiales, como tener a tu ídolo plasmado en tu entorno. Yo soy de los que tienen colecciones de camisetas de sus personajes favoritos (hasta algunas hechas por un servidor), y camino orgulloso por la calle llevando estampado a mi héroe, como lo puede estar un seguidor del Atleti de portar su camiseta de barras blancas y rojas con el escudo en el pecho.

Pero claro, ¿es eso lo que me hace más fan que otro? Porque todo tiene un grado, una escala. Está claro que soy más fan que aquel que acaba de comprar la misma camiseta que yo, porque se ve a leguas que le da igual el personaje, simplemente está de moda y vale cuatro duros en la tienda de turno. El tema del dinero es otra cosa a tener en cuenta, porque la de fans que no podrán aventurarse a la compra de una de esas maravillas fabricadas por SideShow, Kotobukiya o Hot Toys. ¿Son menos fans? Lo dudo. Luego están aquellos que realizan un sistema clasista de seguidores respecto a la fuente o material que se emplea para disfrutar de las aventuras del personaje. ¿Es fan de más categoría, o más puro, aquel que acude a la fuente, al tebeo, que aquellos que aman las películas o las series de televisión? Seguro que muchos opinan que sí. Puede darse por hecho que si tanta atención le produce el personaje a alguien, este acuda a la fuente para disfrutar de sus aventuras, tanto las primeras como las actuales. Que esa es otra, existen esos fans extremistas que desprecian a los seguidores de ciertas etapas o de aquellos que siguen al personaje en la actualidad, argumentando que las historias han perdido la esencia y originalidad de sus i
nicios
. Luego están aquellos que hacen el vacio a los que disfrutan de otras plataformas, como la televisión o el cine, dejándolas por debajo del comic, tachándolas de poco dignas, cuando son estos medios los que mayor alcance tienen para el público. Incluso hay quien descubra o redescubra al personaje gracias a las pantallas de cine y TV. ¿Puede sentir un adulto, que acaba de descubrir al personajes, una conexión más intensa que alguien que lo sigue desde su niñez? Puede. Hay un sinfín de preguntas por formular y responder.

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Posiblemente,  la conclusión más objetiva a la que he llegado tras reflexionar sobre el tema es que no considero que el fan se mida por las posesiones que tiene, ni a la plataforma a la que se recurra para disfrutar del personaje o al tiempo que se le lleve siguiendo. La conclusión a la que he llegado es que se debe a una mezcla, con proporción variable, de la pasión e interés que despierta en ti y la fidelidad/constancia que le rindes (hay mucho veleta suelto…). Paralelamente me gustaría añadir el culto al objeto, no como valor determinante, pero si algo a tener en cuenta, otorgando al fan de puntos extra (¡si lleva telarañas me lo pido!).

Y esta es mi reflexión. Podéis estar más o menos de acuerdo, de hecho os invito a compartir vuestras experiencias y opiniones.  ¿Os habéis visto en alguna de estas situaciones? ¿Cuál es vuestra opinión sobre la catalogación del fan?

10 comentarios

  • La verdad es que entiendo lo que dices, a mi me ha pasado a veces. Supongo que Spiderman se ha convertido (hace años, de hecho) en un producto pop, por lo que muchos ya casi ni lo identifican con cómics.
    Muchos lo consideran una franquicia de cine y de tv. y son súper modernos porque han visto todas las pelis.
    En fin.
    PD. Gran artículo!

  • Me aventuro a comentar en este post porque alguna que otra vez he despreciado comentarios de niños (y no tan niños) que ponían en un altar a SpiderMan sólo por la serie Ultimate o por sus productos (pijamas, muñecos), llegando a idolotrarle no por nada en especial, sino por su estética. Mi ahijado de sólo 2 años, al entrar en mi habitación, ya reconoció a SpiderMan sólo por un peluche, sin fijarse en los cómics o reconocer a otros muñecos como Venom o Rhino…
    En fin, un fan debe apreciar que otros fans admiren a su ídolo, pero si lo hacen por simple postureo o porque lo han descubierto a través de medios que no dan una correcta versión de él (Ultimate), es de esperar que no les muestre simpatía alguna…

  • P.D. Por cierto JM, gracias por poner esa foto de Sideshow; ya sé lo que voy a pedir por mi cumpleaños…

  • ¡Cuántas veces me ha pasado esto mismo! En cuanto dices que eres fan, te sueltan que su hijo de cuatro años también y te lo presentan como con la intención de que habléis sobre ello. No es cuestión de minusvalorar el grado de afición, pero es que no es lo mismo.

  • Yo creo que no te tiene que doler que otros se llamen a si mismos fans. Tu disfruta del personaje en la profundidad que te parezca y que los otros se queden solo en la superficie, allá ellos.

  • Cada cual con sus cosas, a mí no me parece de recibo despreciar o minusvalorar la afición de la gente, que al fin y al cabo cada cual siente y se identifica con el personaje de la manera que a uno le apetece.
    En los tiempos que corren es raro ver a niños pequeños leer cómics de superhéroes, más que nada porque los tebeos arácnidos que se hacen ahora, no son para críos, y porque ahora hay millones de productos que a ojos de los pequeños, son más accesibles para ellos.
    Es sólo cuestión de tiempo el ver si uno termina por mostrar interés por el personaje de una forma “auténtica” y se aproxima a los tebeos de Lee y Ditko. Vamos, que yo empecé a partir de los videojuegos y aquí me tenéis.
    También es posible en esto juegue un pequeño papel el ego que sale a flote… Es decir, ¿Cómo va a ser alguien más fan que yo?
    Saludos 😉

  • Gracias Isra!
    Y de nada, BlacKingler. Quiero foto para ver que tal queda la escultura en tu casa. 😉

  • yo personalmente soy fan de spider man desde que tengo uso de memoria por que crecí con la serie de los 90

  • La pregunta sería, ¿de qué Spiderman eres fan?
    En el caso que comenta el autor de este magnífico artículo, aunque sin mojarse, sobre los visitantes de este blog / página, serían los fans del personaje nacido en el cómic Amazing Fantasy #15 del 62, en muchos casos.
    Es que ahora hay… los de universos alternativos, series de TV, películas, merchan, reinicios,…
    Hay varios Spidermans. Yo sólo soy fan del Spiderman 616. Los otros, también me pueden entretener, pero fan sólo de uno.

  • Me identifico con mucho de vuestros comentarios porque al igual que vosotros me crié viendo la serie de spiderman de los 90

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