Peligro o amenaza

Por Julián M. Clemente
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Cuando empezaste a trabajar como periodista, el mundo era más sencillo. Un chaval de tu edad sabía lo que quería. Y tú lo tenías más claro que ninguno. Tus amigos querían ser como Woodward y Bernstein, los reporteros del Washington Post que habían destapado el escándalo Watergate. Pero tú no. Tú comprendías que Woodward y Bernstein jamás hubieran publicado una línea de no contar con el apoyo de su director, con el apoyo de Ben Bradlee. Sí, tú querías ser como Bradlee, pero sabías que no era un camino fácil.


Tus padres no tenían ni fama ni dinero. Por eso, sí tenías que llegar a lo más alto en el mundo del periodismo, debías empezar desde abajo. Y lo hiciste. Más que patear las calles en busca de la noticia, las barriste. Más que contar lo que sucedía, lo viviste. Más que pelear contra la máquina de escribir, la dominaste. Semana tras semana, mes tras mes, sin parar un minuto, sin descansar un instante. Con un único pensamiento en tu cabeza. Ver tu nombre en la mancheta del periódico. Eso pronto lo conseguiste. J. Jonah Jameson: Asistente de redacción. No era suficiente. Luego subiste un escalón. J. Jonah Jameson: Redactor local. Tampoco valía. Ni redactor nacional. Ni redactor jefe. Hasta que por fin leíste tu nombre donde debía estar. J. Jonah Jameson: Director.
Desde entonces, has convertido el Daily Bugle en el mejor periódico de Nueva York. Aparquemos la modestia por un momento. Que se mueran de envidia los mediocres del Globe. Las cifras cantan. Cuando te nombraron director, el Bugle era el tercer rotativo de la ciudad. Hoy le saca cien mil ejemplares al segundo. Y eso a diario, porque los fines de semana no hay quien tosa a tu periódico. Es tú periódico aunque no seas el dueño de todas las acciones. Es tu periódico porque te pertenece moralmente. La televisión puede ser espectacular, y la radio divertida, pero un periódico…. Jamás trabajarías en otra cosa, porque sabes que este es el mejor oficio del mundo. Es un arma que puede derrotar presidentes, hundir alcaldes. Es el arma más poderosa sobre la tierra. Es un mecanismo de relojería que nunca se detiene, ni siquiera después del cierre de edición. Siempre hay alguien en rotativas, en las oficinas, al teléfono. Porque la noticia puede surgir en cualquier momento. Porque la noticia nunca espera, y menos en un mundo que parece haberse vuelto loco.
¿Qué clase de paranoia recorre el país? Primero fueron esas estupideces sobre un tipo grande y verde que lo destroza todo a su paso. Luego los rumores sobre un grupo de terroristas paranormales que van vestidos de negro. Un indeseable en busca de notoriedad aseguraba que les había visto, y que uno de ellos arrojaba rayos por los ojos. No le darías la menor importancia a tanta estupidez humana si no fuera porque tu mejor reportero, Ben Urich, está empeñado en convertir semejante atajo de cuentos y leyendas urbanas en el artículo del siglo.
Y si no fuera suficiente, ahora aparece el payaso de las telarañas. Todo el mundo habla de él. Que si peleó contra un bicho verde (¡otro más!) en Queens. Que si salvó a esa mujer del incendio. Que si detuvo al atracador de los vibradores. “Es un héroe”, dice Robertson. Pero tú sabes la verdad. Nada engaña a tu instinto periodístico, y mucho menos un cretino con mallas ajustadas. ¡Es un fraude! ¡Es un peligro! ¡Es una amenaza! Siempre que aparece hay problemas. Puede que detuviera al energúmeno verde, pero primero le ayudó a destrozar un instituto de enseñanza secundaria. Puede que salvara a la mujer, pero antes debió de provocar el incendio. ¿Y el tipo de los vibradores? Cualquiera puede darse cuenta que debe ser su cómplice. Si pretende ser un héroe, ¿por qué esconde su cara detrás de una máscara? Este Hombre Araña es un peligro social, y el Bugle no cejará hasta contar toda la verdad sobre él. Además, vende periódicos. Tres ediciones agotadas. Y todavía no tenemos una foto decente.
Debe creerse muy listo el chaval que vino esta mañana con un carrete completo. ¿A quién trata de engañar? No debe llegar a los dieciséis años, pero ya pretende ser un fotógrafo. Dice que va al mismo instituto en el que apareció esa amenaza enmascarada, pero eso no quiere decir nada. Cualquier adolescente con un ordenador puede trucar esas fotos. Y éste sabe mucho de informática. Que se desfogue con la Internet de las narices que ha vuelto loca a Brant en las últimas semanas. Necesitas a tu secretaria a pleno rendimiento. De los ordenadores que se ocupe este Parker. ¿Cómo tuvo el valor de ponerte al teléfono con tu tía? Es un desvergonzado.
Pero ya aprenderá…
Artículo aparecido originalmente Ultimate Spider-Man 7 publicado por Cómics Forum.

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