Las mejores historias de Spider-Man jamás publicadas: Si éste es mi destino...
Por Julián M. Clemente
Hay aventuras que suponen un salto de gigante y un punto de inflexión para los personajes que las viven. Son historias que sirven de modelo para autores posteriores y que están llamadas a ser objeto de homenaje, reinterpretación o incluso plagio. Así ocurre con, por ejemplo, La llegada de Galactus, en el caso de Los Cuatro Fantásticos, La saga de Fénix Oscura en el de La Patrulla-X… o ésta que nos ocupa, en el de Spider-Man.
Si éste es mi destino, uno de los títulos por el que se conoce a la historia englobada en The Amazing Spider-Man 31 a 33 (también la conocemos como La saga del Planeador Maestro, Capítulo final o Un hombre furioso), viene a cumplir ese propósito por múltiples razones. La primera de ellas es argumental. Estamos ante el momento en el que Peter Parker demuestra estar en continuo crecimiento. Mientras otros héroes, arropados por un éxito similar al que ya gozaba el trepamuros a mediados de los sesenta, se habían mantenido en un inmovilismo absoluto, Spider-Man se atrevía a algo tan valiente como evolucionar. Demostraba, en definitiva, que estaba vivo, y lo hacía con un detalle tan nimio, y al mismo tiempo tan trascendente, como su paso del instituto a la universidad. Stan Lee y Steve Ditko volvían a romper el molde. Ya lo habían hecho con la concepción del personaje, y ahora repetían la apuesta, poniendo encima de la mesa el elemento fundamental que ha de diferenciar al lanzarredes del resto de sus colegas, al tiempo de servir como modelo para futuros personajes. Uno llega a pensar que, por ejemplo, si Spider-Man no hubiera dado este salto, Buffy cazavampiros seguiría en el Instituto Sunnydale.
Pasar a la Universidad no sólo significaba cambiar el escenario en el que estudiaba Peter Parker; también conllevaba deshacerse del antiguo plantel de secundarios, arraigado durante casi tres años, para sustituirlo por un grupo de completos desconocidos. Ahora nos parece algo normal, pero no me cuesta imaginar la cara de asombro que debieron de poner los aficionados mientras contemplaban como Betty Brant, Liz Allan y Flash Thompson pasaban a la historia (por más que acabaran siendo recuperados, en algún momento u otro, de la cronología arácnida) para dar paso a unos desconocidos Harry Osborn y Gwen Stacy. Una vez más, Stan y Steve demostraban valentía: dejaban de lado una apuesta segura y optaban por la novedad.
Pero sin duda lo más destacable, por su épica y emoción, es la aventura en sí. Steve Ditko hacía meses que había tomado las riendas del título, dejando en las manos de Stan poco más que los diálogos. La compleja telaraña de relaciones y tramas cruzadas tejida en meses anteriores eclosionaba en todo su esplendor, con esa tía May a punto de morir ¡a causa de la sangre de su propio sobrino!, y ese villano misterioso que al final no lo fue tanto. Resulta curioso contemplar a Octopus ocultando su verdadera identidad, una manera de actuar habitual en otros criminales, pero inesperada por parte de Otto Octavius, que además estrenaba esbirros. Aquí cabe mencionar una pequeña anécdota. Los delincuentes disfrazados a las órdenes del Planeador Maestro habían aparecido por primera vez en la serie meses antes, concretamente en The Amazing Spider-Man 29, aunque a las órdenes del Gato Ladrón. En realidad, esta primera aparición era un error, tal y como justificaba Stan desde las páginas del correo de lectores.
El Ditko de estos episodios nada tiene que ver con el de los primeros. Estamos ante un artista en su mayor momento de gloria, como le ocurría a Kirby en La llegada de Galactus, y uno, contemplando una vez más la mítica escena en la que Spidey logra zafarse de la maquinaria, tiembla sólo de pensar qué hubiera pasado si Ditko hubiera permanecido al frente de la serie, en lugar de abandonarla pocos meses después. De hecho, parece evidente que las diferencias entre guionista y dibujante debían haberse vuelto irreconciliables a estas alturas de la colección. Los episodios que median entre esta saga y la salida de Ditko no alcanzan ni de lejos su calidad, como si el artista tuviera muy claro que sus días junto al trepamuros estaban contados. También por eso es tan importante Si éste es mi destino, porque ofrece un breve apunte de lo que pudo haber sido, pero nunca fue.
Artículo aparecido originalmente en Biblioteca Marvel: Spiderman 4.
Pasar a la Universidad no sólo significaba cambiar el escenario en el que estudiaba Peter Parker; también conllevaba deshacerse del antiguo plantel de secundarios, arraigado durante casi tres años, para sustituirlo por un grupo de completos desconocidos. Ahora nos parece algo normal, pero no me cuesta imaginar la cara de asombro que debieron de poner los aficionados mientras contemplaban como Betty Brant, Liz Allan y Flash Thompson pasaban a la historia (por más que acabaran siendo recuperados, en algún momento u otro, de la cronología arácnida) para dar paso a unos desconocidos Harry Osborn y Gwen Stacy. Una vez más, Stan y Steve demostraban valentía: dejaban de lado una apuesta segura y optaban por la novedad.
Pero sin duda lo más destacable, por su épica y emoción, es la aventura en sí. Steve Ditko hacía meses que había tomado las riendas del título, dejando en las manos de Stan poco más que los diálogos. La compleja telaraña de relaciones y tramas cruzadas tejida en meses anteriores eclosionaba en todo su esplendor, con esa tía May a punto de morir ¡a causa de la sangre de su propio sobrino!, y ese villano misterioso que al final no lo fue tanto. Resulta curioso contemplar a Octopus ocultando su verdadera identidad, una manera de actuar habitual en otros criminales, pero inesperada por parte de Otto Octavius, que además estrenaba esbirros. Aquí cabe mencionar una pequeña anécdota. Los delincuentes disfrazados a las órdenes del Planeador Maestro habían aparecido por primera vez en la serie meses antes, concretamente en The Amazing Spider-Man 29, aunque a las órdenes del Gato Ladrón. En realidad, esta primera aparición era un error, tal y como justificaba Stan desde las páginas del correo de lectores.
El Ditko de estos episodios nada tiene que ver con el de los primeros. Estamos ante un artista en su mayor momento de gloria, como le ocurría a Kirby en La llegada de Galactus, y uno, contemplando una vez más la mítica escena en la que Spidey logra zafarse de la maquinaria, tiembla sólo de pensar qué hubiera pasado si Ditko hubiera permanecido al frente de la serie, en lugar de abandonarla pocos meses después. De hecho, parece evidente que las diferencias entre guionista y dibujante debían haberse vuelto irreconciliables a estas alturas de la colección. Los episodios que median entre esta saga y la salida de Ditko no alcanzan ni de lejos su calidad, como si el artista tuviera muy claro que sus días junto al trepamuros estaban contados. También por eso es tan importante Si éste es mi destino, porque ofrece un breve apunte de lo que pudo haber sido, pero nunca fue.
Artículo aparecido originalmente en Biblioteca Marvel: Spiderman 4.
















Comentarios
Ese si que sería un What If...? digno de ver publicado.
¿Y Sí Steve Ditko hubiese continuado en Spider-man?
Por Steve Ditko.
Posted by: rorschach | 3 de Abril 2006 a las 07:23 PM
"antiguo plantel de secundarios, arraigado durante casi tres décadas"
¿¿¿???
..Pero si Ditko se hubiese quedado no habríamos visto a Gwen y Mary Jane dibujadas por Romita..excelsior!
Posted by: Bruce | 3 de Abril 2006 a las 08:50 PM
ya pero aun asi hubiera preferido k ditko se hubiera kedado tanto como jack kirby en los 4f. joo ojala se hubiera kedao:(
Posted by: Anonymous | 3 de Abril 2006 a las 09:20 PM
En lo de las 3 decadas para mi que se refiere a 3 años xDD
Posted by: Ulin | 3 de Abril 2006 a las 10:47 PM
aunque la historia en que se desvela quien es el duende verde es magnifica, la idea de desvelar su identidad es bastante tontorrona. Opino que ditko tenia razon.
Cuando lei la biblioteca marvel me lleve una desilusion cuando se fue ditko y llego romita. Curiosamente esperaba a que otro dibujante mas oscuro le sustituyese pronto. Cuando le sustituyo ross andru le eche de menos por primera vez.
Posted by: mr zzax | 3 de Abril 2006 a las 11:23 PM
Sí, las tres décadas es un patinazo. Ya está corregido.
Si lees todo Spider-Man de Ditko seguido, llegas a la conclusión hacia el número 30 de que es una obra maestra que puede alcanzar cualquier cota.
Cuando luego llega Romita, es cierto que hace historia, pero ya es otro cómic, con otra magia. Muy diferente. Sinceramente creo que lo mejor estaba por llegar.
Posted by: Julián M. Clemente | 3 de Abril 2006 a las 11:57 PM
Seguramente, pero ¿de qué sirve pensar en lo que hubiera podido ser?
No cambiaría la etapa de Romita sr. por nada, ni tampoco los recuerdos que me traen esos comics
Posted by: Bruce | 4 de Abril 2006 a las 12:16 AM
Por cierto ,me encantan estos artículos sobre el spidey de los buenos tiempos; y hablando de la saga del Planeador Maestro, coincido con RM: como Gwen, ninguna. M.J. estuvo bien hasta qué cortó con Peter después de la primera proposición de matrimonio y lo de la Gata Negra siempre me pareció una tontería,además de ser un personaje bastante insoportable
Posted by: Bruce | 4 de Abril 2006 a las 12:33 AM
En los años 60 el mundo había cambiado, las modas, los jóvenes habían cambiado, y Ditko no supo darse cuenta. Seguía dibujando a sus chicas como a las de los años 50, como a Natalie Wood en Rebelde sin causa. Como las que conoció y recordaba de cuando era joven. Si hubiese seguido en la serie, habría sido terrible, espantoso. Una burbuja temporal ajena a lo que ocurría en la realidad a su alrededor. Y no hubiese conectado con los jovenes de su tiempo, habrían terminado cancelando la serie.
Posted by: jaimito | 4 de Abril 2006 a las 02:08 AM
Es cierto que si el duende verde hubiese sido un desconocido habría sido más realista, pero entonces no habría llegado a ser un personaje tan importante como es.Creo que al final el tiempo ha dado la razón a Stan Lee.
Posted by: Bruce | 4 de Abril 2006 a las 09:41 AM
Es cierto que Ditko no conectaba con la calle, pero por eso su Peter Parker es brillante: un verdadero marginado y un perdedor. Con Romita, con toda la angustia a lo Stan Lee que llevaba encima la serie, Peter empieza a ser guapo, y querido por las chicas y la angustia se convierte en una estupenda comedia romántica. A mí me encanta esa comedia romántica, pero siempre me sentiré más fascinado por la base del personaje, la que estableció Ditko.
Posted by: Julián M. Clemente | 4 de Abril 2006 a las 10:31 AM
Estoy totalmente de acuerdo contigo Julián.Siempre me acordaré de mis primeros comics de spidey,los publicados por Vértice, cuando era un chaval ,(con eso me delato de que soy un "veterano" ,je,je)y me traen unos inolvidables recuerdos. Esos dibujos del maestro Ditko y esas historias de "The Man" Stan Lee marcaron una época, y creo que son la base del personaje.Después con Romita Sr., se produjo un cambio en la estética, y en el contenido,no se si comedia romántica,pero que para mí, hizo crecer aún más, si cabe,la afición hacia nuestro amistoso trepamuros, hasta hoy. Y que dure...
Posted by: Carles | 4 de Abril 2006 a las 04:42 PM
no creo que debamos realizar distingos entre una etapa y otra para desmerecer a Ditko o a Romita, según el gusto. Me parecen épocas geniales del personaje que los autores más recientes no han podido o sabido siquiera igualar. No obstante, sí debería decirse que la etapa de Romita no es tan homogénea como la de Ditko, en la que sí se aprecia nítidamente la evolución del personaje (y del autor).
Posted by: manolo betis | 5 de Abril 2006 a las 05:07 PM