1993. DE CUANDO LOBEZNO SE QUEDÓ SIN ADAMÁNTIUM

Es invierno de 1993. Bob Harras reúne a la legión de autores-X. Cada cierto tiempo es necesario juntar a todos alrededor de una mesa para discutir el desarrollo general de la franquicia, escuchar sus quejas, ideas y propuestas, y planear aquello que van a hacer durante los siguientes doce meses.

Lo más importante, claro, es el crossover anual. Lo que ocurre en cada una de las series mutantes está supeditado al dichoso crossover anual. Durante el resto del tiempo, cada guionista tendrá que confluir la trama de su serie hacia tal acontecimiento. Luego, si le queda algo de espacio, deberá incluir referencias a las otras colecciones. Ya, en última instancia, incluso pueden permitirse alguna historia propia.

El gran crossover de este año, Atracciones fatales, trae el retorno de Magneto en el treinta aniversario de la publicación del The X-Men 1 de Stan Lee y Jack Kirby. Bueno, según Claremont, Magneto murió en XM 3, pero, qué narices, sigue siendo el mejor villano susceptible de resurrección. Lo que quiere Harras es que no sea otra historia de Magneto vuelve.

 

-¿Se os ocurre algo?

 

Empieza a hablar Fabian Nicieza, guionista de X-Men y X-Force, quien tiene más o menos claro qué hacer con los Acólitos, y con el Coloso traidor. Poco a poco, los demás se van animando. También están Ben Raab, Suzanne Gaffney y Lisa Patrick, de la Oficina-X, Scott Lobdell por Uncanny, Larry Hama por Wolverine, y Peter David por X-Factor. David está callado y cómodo en su silla mientras todos los demás se interrumpen los unos a los otros. Entonces, se incorpora y, con voz tranquila, dice:

 

-Oye, No entiendo por qué Magneto va a pelearse con Lobezno. ¿Por qué no hacemos que le saque el adamántium de una puñetera vez?

 

Silencio.

Más Silencio.

 

-Ey, era un chiste. Podéis reíros. De verdad, a mí me parece una idea horrible.

 

Bob Harras pone su mano derecha sobre el mentón.

 

-Uhm-, dice.

 

XM 25 (X 93). La Patrulla-X con Xavier a la cabeza lucha contra Magneto y sus acólitos en Avalón, el nuevo cuartel general del Amo del Magnetismo. El desarrollo del cómic parece calcado del XM 3, hasta que surge un repentino giro argumental. Página treinta y una. Lobezno se arroja sobre el Amo del Magnetismo con la intención de destriparlo. Está fuera de control y puede incluso asesinarle. Página treinta y dos. Magneto responde utilizando su poder. “Nunca más, Logan. Ha terminado para nosotros. Nuestra larga asociación, mi más visceral enemigo, mi más respetado adversario ha terminado” dice. Página treinta y tres, viñeta cinco. Magneto extrae el adamántium del cuerpo de Lobezno. Página cuarenta y dos. Logan se retuerce de dolor y queda tendido en el suelo. “Somos actores de una tragedia más grande que todos nosotros. Una tragedia llamada vida, Logan. Pero hoy, para ti, y quizás también para mí, la cortina cae y el juego termina”. Páginas treinta y cinco y treinta seis. El Profesor-X desconecta de manera literal el cerebro de su enemigo. Página treinta y ocho. La Patrulla-X regresa a casa mientras el cuerpo del Amo del Magnetismo queda al cuidado de Coloso.

Atracciones fatales funciona como una historia cuyas partes pueden ser leídas de forma independiente. Cada episodio del crossover es doble y abarca, en orden cronológico, los XF 92 (VII 93), XFO 25 (VIII 93), UXM 304 (IX 93), XM 25 (X 93), WOL 75 (XI 93) y EX 71 (XI 93). A la base inicial de la saga, centrada en un primer momento en el regreso de Magneto, la traición de Coloso y el debut de Amelia Voght, una antigua amante de Xavier ahora afiliada a los Acólitos, se suma la tragedia particular de Lobezno. El XM 25 resulta impresionante por la escena antes mencionada, pero el WOL 75 adquiere mayor importancia. En un relato cargado de emoción que demuestra tanto su amor al personaje como una inmensa capacidad narrativa, Larry Hama explica las consecuencias inmediatas de que Logan pierda el adamántium. Si el preciado metal es prescindible, cosa distinta sucede con las garras. Sorpresa: siguen ahí, siempre han estado ahí, ya que forman parte de su cuerpo. “Son de hueso porque debo haber nacido con ellas”, concluye Lobezno, quien abandona la mansión en la última página del relato. “¡Voy a iniciar una nueva fase de mi vida! ¡Una nueva aventura!”, anuncia mientras se pierde en el horizonte a bordo de su Harley Davison. Esperan, efectivamente, nuevas aventuras con un tono apropiado de road movie en las que Logan se enfrenta a su nueva situación a la vez que crece su salvajismo.

 

Resulta paradójico que el hombre que sugiere la idea central de Atracciones fatales dimita un par de meses antes del comienzo del crossover. Peter David abandona la Franquicia Mutante por razones similares a las esgrimidas por Alan Davis. El guionista de X-Factor, como hiciera el autor de Excalibur, denuncia presiones por parte del equipo de Bob Harras encaminadas a torpedear su labor en la colección. David se queja del exceso de dibujantes de segunda fila con los que tiene que trabajar por el mero hecho de que Harras necesite probarlos de cara a posibles sustituciones en las otras series. Por otra parte, el guionista arrastra viejos reproches surgidos durante la realización de La canción del Verdugo y aparcados ante la promesa por parte de Harras de no obligarle de nuevo a dejar de lado las tramas argumentales de X-Factor en beneficio de futuros crossovers. La gota que colma el vaso es una saga que David ha de terminar un mes antes de lo previsto para evitar que se solape con el episodio de X-Factor dedicado a Atracciones fatales. “Quieren que corte mi historia y escriba la suya”, se queja. “Estoy muy apenado, pero sencillamente no puedo seguir bajo estas condiciones. Valoro demasiado el apoyo de los lectores como para hacer historias cuyo resultado va a ser inferior al habitual”. El guionista siente que si participa de la situación estará diciendo a sus seguidores: “Vale, de acuerdo. Pasemos de un dibujante regular. Pasemos de historias coherentes. Pasemos de los lectores. Da igual. X-Factor es un cómic de mutantes. Lo comprarán de todas maneras”

Scott Lobdell, siempre al rescate de su jefe, termina la saga comenzada por David (XF 91, VI 93) y escribe la parte de Atracciones fatales correspondiente a X-Factor. A partir del XF 93 (VIII 93), J. M. DeMatteis se hace cargo de los guiones, aunque tampoco dura demasiado (XF 106, IV 94). El momento exige hombres como Lobdell, un fiel a la causa que no tiene inconveniente en denunciar a cada uno de los insurrectos que se desvíen un milímetro de la doctrina oficial impartida por el amado líder. Como recompensa, Harras le premia con una miniserie sobre la infancia de Cable en el siglo XXXVIII (The adventures of Cyclops and Phoenix, V-VIII 94). La historia de esa miniserie difiere de los esquemas de Nicieza, que no entiende qué diablos hace Lobdell escribiendo sobre un personaje del que no tiene ni idea y por el que ni siquiera se molesta en preguntarle. Por otra parte, a la hora de asignar dibujante, la miniserie se lleva al estupendo Gene Ha, mientras que la colección regular de Cable malvive de artistas de segunda fila cuya calidad oscila entre lo mediocre y lo lamentable. Nicieza se siente ignorado primero y ninguneado luego. Cuando tiene oportunidad de comentarlo con Harras, éste le responde: “Trabajas demasiado, Fabian, y el resultado se resiente”. Al día siguiente, Nicieza entrega el guión del CB 9 (III 94). “Tienes toda la razón del mundo, Bob. Trabajo demasiado. Por eso este es mi último guión para Cable. Dejo la serie ahora mismo”. Pensando en su hija recién nacida, Nicieza se queda, no obstante, tanto en X-Men como en X-Force, colecciones que le aseguran dinero de sobra para pagar las facturas. Al final ha comprendido que en la Oficina-X no te contratan para escribir, sino para juntar piezas de un puzzle. Una pequeña parte de esas piezas están en tus manos, el resto en las de otros. Por encima de cualquier baile de autores, una cosa queda clara. Scott Lobdell es el chico favorito de Bob Harras, a quien escucha y pregunta, a quien asigna el trabajo sucio porque sabe que va a resolverlo sin problemas. Por eso se gana el derecho a preparar su propia colección mutante con personajes propios por los que cobrar royalties. Harras sólo pone una condición, que se titule The New Mutants, para que así Marvel pueda mantener el copyright sobre el anterior nombre de X-Force. Sin embargo, a Lobdell no le interesa recuperar el concepto de los bebés-X.

 

-Ok, Bob. Escribiré el nuevo título, pero quiero que se llame Generation-X. Es mucho mejor que The New Mutants. Suena como X-Men: the next generation. Acuérdate de cuando salió el libro de Douglas Coupland. A todas horas había debates en televisión sobre “la generación x”.

-De acuerdo. Me has convencido. Que se llame como te apetezca.

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