1990-91. DEL DESESTIMIENTO DE LOUISE SIMONSON A LA IRRUPCIÓN DE X-FORCE

Es primavera de 1990. En los meses previos a la llegada de Jim Lee, Claremont recupera a los hombres-X perdidos en el Lugar Peligroso al tiempo que desarrolla una irregular aventura protagonizada por secundarios como Forja, la Bestia o Jean Grey. Tal vez sean las horas más bajas de toda su carrera como guionista, un problema que se ve agravado por unos infames dibujos de impresentables como Kieron Dwyer, Bill Jaaska o Mike Collins. Mientras tanto, trabaja junto a Lee en el diseño de un nuevo hombre-X. Remy Lebeau, alias Gambito, repite el esquema del tipo duro de oscuro pasado en la línea de Lobezno. “Es un renegado perteneciente a un clan de ladrones de Nueva Orleans. Tiene acento francés y va por la vida rompiendo corazones. Muy carismático, con un estilo parecido al de John Malkovih”, describe Claremont. Lee lo viste con una gabardina, le coloca un cigarro en la comisura de los labios y una baraja de cartas en la mano. “Este es su poder. Carga las cartas con energía y las arroja”, explica el dibujante. “La gabardina es para que parezca más real, aunque cuando se mueve hace las veces de capa”. Gambito aparece por primera vez en el UXM 266 (VIII 90). Un mes más tarde une su destino al de Tormenta en el mismo número en el que Jim Lee se incorpora como dibujante regular, con el considerable alivio de los lectores. Las palabras finales de Ororo presagian la ansiada reunión del grupo: “Dime, Gambito… ¿Has oído hablar de un equipo de héroes mutantes llamado la Patrulla-X?”

Ha decidido dejarse el pellejo en la serie. Jim Lee comprende que es la oportunidad de su vida. Mes a mes ensaya innovadoras fórmulas narrativas, que van desde la superposición de viñetas a la abundancia de dibujos a sangre, de los flashbacks rodeados con orlas negras a los encuadres arriesgados o al predominio de las escenas en scope. El detallismo de su trazo alcanza niveles hiperrealistas. Es el sueño dorado de todo lector de tebeos hecho realidad. Jim Lee te sujeta en la portada y no te suelta hasta la última página. Entonces, respiras. Antes, contienes el aliento. Es un dibujante en la plenitud de sus dotes artísticas que sin embargo crece página a página, número a número. ¿Cuantas horas diarias pasa delante del tablero de dibujo? ¿Diez, doce? Las que sean necesarias. De repente, el público vuelve a mirar de otra forma a la Patrulla-X. Lobezno vive exóticas aventuras junto al Capitán América y la Viuda Negra (UXM 268, IX 90) y Pícara aparece ante los fans como un modelo de lencería (UXM 269, X 90). La colección cobra vida. Las ventas suben como la espuma. Jim Lee es el Chico Midas. Todo lo que dibuja se convierte en oro. Claremont sin embargo empieza a sentirse desplazado. Le vienen a la cabeza palabras de John Byrne pronunciadas diez años atrás.

 

-¿Sabes cual es el problema, Chris? No sé si la gente mira a la Patrulla-X o nos mira a nosotros. Pero pienso averiguarlo. Si tú te quedas, nunca lo sabrás.

Byrne se equivocaba. Durante todos estos años, han mirado a la Patrulla-X. Y Chris Claremont ES la Patrulla-X. No hay Patrulla-X sin Chris Claremont. Todos lo saben. ¿Todos?

Es verano de 1990. Chris Claremont y Weezie Simonson planean el crossover mutante anual. Mucho más modesta que Inferno, esta nueva saga va a constar de nueve capítulos repartidos entre las tres series principales (UXM 270-272, TNM 95-97 y XF 60-62, XI 90-I 91).

 

-Es la última que vamos a hacer, Chris.

-Ya me gustaría.

-No entiendes lo que te estoy diciendo. Me voy.

-¿Qué?

-Que estoy cansada. Me voy.

 

El problema no es Liefeld, sino que Harras se haya puesto de su parte. Weezie ha decidido que no está dispuesta a ser la dialoguista de un niñato que no sabe hacer un dibujo a derechas pero al que el editor se niega a cuestionar nada. En los últimos meses, Liefeld ha ido afianzando posiciones en The New Mutants. La chavalería le adora, la colección escala posiciones mes a mes, pero es imposible trabajar con él. Ella escribe sus guiones para que Liefeld los modifique a su antojo. Ha convertido a sus bebés-X en una horda de psicópatas sedientos de sangre, y todavía dice que quiere hacer más cambios. No le gustan personajes como Rhane o Warlock. Dice que son unos mariquitas. Rob quiere soldados, pero Weezie está harta de pelear en primera línea de fuego. Después de una década en Marvel, ha decidido aceptar una oferta de la competencia. DC le ha pedido que escriba una de las series de Superman. En ella podrá colaborar junto a Jon Bogdanove, uno de sus mejores amigos. Solo lamenta dejar de trabajar con Claremont, pero hace tiempo que las colecciones mutantes han dejado de ser cosa de dos. “Ya no me necesitas”, le dice. Y se equivoca. La necesita más que nunca. Weezie Simonson es la última amiga que le queda a Chris Claremont en Marvel. Se siente solo, rodeado por los indios y sin la esperanza de que venga la caballería a rescatarle. Ha terminado una época. Lo saben los dos. Empieza un nuevo tiempo en el que no tienen cabida personajes como Warlock. El extraterrestre divertido y adorable que fuera uno de los bebés-X favorito de ambos muere heroicamente durante el nuevo crossover (TNM 95, XI 90). Proyecto Exterminio, se titula, y supone la consagración definitiva de Jim Lee y Rob Liefeld. Las constantes del cambio se reiteran en cada uno de sus episodios. Los tres grupos mutantes actúan como un ejército que arrasa Genosha mientras combate a Cameron Hodge, viejo conocido de X-Factor ahora transformado en un ciborg de aspecto repugnante. Ya no hay tiempo para el tratamiento de personajes, para la tortura existencialista que fuera la marca de la casa.

Weezie Simonson abandona Marvel sin que nadie mueva un dedo para evitarlo. Muy al contrario, a la vez que Rob Liefeld queda como autor único de The New Mutants, Harras ficha a Whilce Portacio, el mejor amigo de Jim Lee, para que dibuje X-Factor, y al mismo Lee para que la escriba. “Seguro que puedes, Jim”, afirma Harras. Seguro que no. Lee llama inmediatamente a Claremont. “Socorro”, dice. “¿Puedes escribir tú los diálogos?”. Y Claremont, que echa de menos trabajar con Cíclope, que siente como sus niños se le escapan de las manos por momentos, accede. Lee y Portacio tienen en mente el combate definitivo entre X-Factor y Apocalipsis, una aventura de proporciones épicas cuyo final recupere el sabor de la saga de Fénix Oscura. El acontecimiento que se convierta en un nuevo clásico del noveno arte no va a ser esta vez la muerte de un personaje importante. ¡Va a ser una boda! La boda de Jean Grey y Scott Summers.

Los profetas están equivocados. La historia nunca se repite, pero lo disimula muy bien. Claremont, Lee y Portacio preparan El manifiesto Apocalipsis, un arco argumental de cuatro números (XF 65-68, IV-VII 91). Tienen previsto que durante la saga Jean y Scott se casen, Apocalipsis interrumpa la boda y aparezcan los Askani, un clan religioso procedente del futuro cuya misión es proteger a Nathan Summers, el hijo de Scott. Harras cree que un acontecimiento de esa magnitud merece que Marvel se vuelque en promocionarlo. Cuando Tom DeFalco conoce sus planes, le frena en seco. “Estás confundido, Bob”, asevera. “Un acontecimiento de esa magnitud lo que merece es que ocurra en Uncanny X-Men, no en X-Factor”. Pero en Uncanny no puede celebrarse la boda. Al menos no de momento. Ni Scott ni Jean pertenecen a la Patrulla-X. Claremont, Lee y Portacio se quedan compuestos y sin novia. En su lugar, improvisan algo diferente. No hay boda, pero Apocalipsis ataca al grupo y secuestra a Nathan. Si el niño es valioso para Mister Siniestro, también lo puede ser para Apocalipsis. La batalla se traslada a la Luna, como en el último capítulo de la Saga de Fénix Oscura. X-Factor rescata a Nathan, pero ya es demasiado tarde. Apocalipsis lo ha infectado con un virus tecnológico que lo está matando. Entonces aparece una sacerdotisa Askani con la solución: llevarse al bebé al futuro, “donde será amado, porque se le necesita desesperadamente”. Al parecer, Nathan crecerá para convertirse en una especie de Mesías. La viajera del tiempo se refiere a él como “el elegido”. Cíclope sabe que nunca volverá a ver a su hijo, pero acepta el sacrificio. El XF 68 termina con un discurso del Vigilante similar al que hiciera en la última página del UXM 137: “Pase lo que pase estaré presente para maravillarme con esta extraña, salvaje y fascinante raza de seres cuyo nombre es la suma de sus mejores atributos y más nobles aspiraciones. Raza humana”

 

Es verano de 1990. Rob Liefeld telefonea a su viejo amigo Fabian Nicieza, guionista de The New Warriors, la gran serie de la temporada. Rob tiene un problema y una idea. Primero explica cuál es su problema. Tras la marcha de Weezie Simonson, él mismo va a encargarse de escribir las aventuras de Cable y los bebés-X. Va a ocuparse tanto de los argumentos como de los dibujos. “Sé que puedo tener más ideas en un solo número que un guionista en doce”, presume. Sin embargo, necesita que alguien escriba los diálogos. Él no se siente capaz. Cree que Nicieza es la persona indicada. Nicieza está saturado de trabajo, pero acepta. Puede ser divertido. Los bebés-X forman un grupo muy diferente a los Nuevos Guerreros. A continuación, Rob le explica cuál es su idea. Pretende que la colección cierre en el TNM 100 para a continuación ser relanzada con nueva numeración, nuevo nombre, nuevo planteamiento y nuevos personajes. Nicieza no está de acuerdo. “Es un error cerrar uno de los títulos Marvel mejor vendidos”, dice. Pero Rob insiste hasta convencerle. Ya son dos. Juntos convencen a Sven Larsen, director de Marketing. Ya son tres. Juntos convencen a Bob Harras, editor de las series mutantes. Ya son cuatro. Juntos convencen a Tom DeFalco, director editorial de Marvel.

 

-De acuerdo, pero vamos a hacerlo a lo grande.

“A lo grande” quiere decir que el número uno de la nueva colección se venda precintado junto con un cromo. Que haya cinco cromos diferentes, para que el lector que quiera conseguir todos deba comprarse otros tantos ejemplares. Que haya además una versión sin cromo, pero con tintas metálicas en la portada. El objetivo es repetir la Operación Todd McFarlane. El Spider-Man 1 (VIII 90), con guión y dibujos de Todd McFarlane, ha vendido tres millones de ejemplares. La industria del cómic jamás ha conocido cifras similares. Especuladores y Marvel zombies han hecho de este tebeo su más preciado tesoro. La fuente de tanta felicidad tiene cinco portadas diferentes, enormes viñetas redundantes, escaso diálogo, nulo argumento, un Lagarto aterrador y una espectacular Mary Jane Parker. Reconocida la fórmula magistral, en Marvel llevan meses buscando el siguiente crack. El entusiasmo crece en la Oficina-X ante el proyecto que lidera Rob Liefeld. X-Force, así se llamará. Suena potente, tiene garra y una X muy grande al principio. Pronto, el lanzamiento de la nueva serie ocupa casi todas las horas laborales de Bob Harras.

Liefeld utiliza los últimos números de The New Mutants para reordenar el grupo a su antojo. En el TNM 98 (II 91) debuta Dominó, una vieja novia de Cable. “Si Cable fuera Clyde, Dominó sería Bonnie”, explica Nicieza. En el siguiente número llegan Feroz, una Loba Venenosa sin la dulzura de Rhane, y Estrella Rota, una copia de Longshot con el añadido de dos espadas y muy mala leche. Ese mismo mes, Mancha Solar abandona el equipo ante sus diferencias con Cable. El nuevo grupo se completa con Sendero de Guerra, el hermano de Ave de Trueno, quien hasta ese momento formaba parte de los Infernales de Emma Frost. También surgen nuevos villanos, como Masacre, un mercenario bocazas fruto de colocar dos pistolones a una copia de Spider-Man. Cuando perpetra la última página del TNM 100 (IV 91), Liefeld ha eliminado a casi todos los personajes que escribiera Weezie Simonson. Sólo quedan dos, Bala de Cañón y Bum-Bum. Nadie recuerda ya a aquellos críos que aprendían a vivir mientras peleaban contra el simpático villano del día. El ejército bien engrasado por Cable les ha sustituido. Por si alguien no se ha enterado del nuevo estilo del grupo, Cable asesina a un villano desarmado en la página dieciocho del TNM 100. “Vinisteis aquí traídos por un hombre que tenía un sueño. El sueño ha muerto. Es hora de enfrentarse a la realidad. Ha llegado la hora de convertirse en una fuerza que cambie el mundo. Una fuerza… legal o no, que luche por lo que es correcto”, sermonea Cable.

“He leído en Time unos cuantos artículos sobre los Niños de la Guerra”, explica Nicieza. “Son críos de catorce y quince años obligados a participar en un conflicto bélico. Se vuelven muy duros y cínicos. En eso se han convertido los X-Force, en Niños de la Guerra. Los Nuevos Guerreros se divierten cuando hablan entre ellos. Los de X-Force no. No me los imagino sentados en un sofá mientras ven Magnum, como solían hacer. Eso se ha terminado”. Marvel anuncia la salida de la serie, momento en el que los malos pronósticos de Nicieza se caen por su propio peso. Al departamento de ventas llegan unos pedidos iniciales que superan los tres millones de ejemplares. “Creo que voy a ganar dinero suficiente para pagar mi hipoteca… y todavía me quedará un poco para irme a cenar”, bromea Nicieza.

Es 1989. Un periodista pregunta a Bob Harras:

 

-¿Qué harías si Chris dejara la serie?

-Ésa es una pregunta irreal. No puedo imaginarme a Chris haciendo eso. Creo que me daría un ataque al corazón.

-A ti y al departamento de ventas.

-Sí, seguro. Honestamente, creo que le pediría a Weezie Simonson que le sustituyera.

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