Ya era, coño. Desde la época brillante de X-Men 2 y Spider-Man 2 no iba yo a ver una película de Marvel sin reservas... ¡Y salía más satisfecho todavía de lo que entré! Iron Man no es una obra maestra, vaya eso por delante, pero es un más que satisfactorio entretenimiento. Es una película que, para empezar, se toma en serio a sí misma, en el buen sentido de la palabra: nada de tonterías estilo Ghost Rider; y tampoco nada de edulcorar las cosas para intentar contentar a todo el mundo, aunque estoy convencido que van a alucinar desde los nenes hasta los papás. Y al mismo tiempo, no se toma en serio a si misma, con un humor elegante similar al que lucía X-Men, sin caer nunca en lo facilón.
Marvel necesitaba un producto así, que la primera vez que su logotipo habitual, ése por el que pasan las viñetas, añadiera la coletilla de "STUDIOS" fuera con un filme de primera. Y lo ha conseguido. He vuelto a recuperar la fe después de algún que otro fiasco. El mérito hay que concedérselo a Jon Favreau, que ha montado una película a contracorriente de lo que venían siendo las adaptaciones al cómic de Marvel, más próxima a X-Men que a Los 4 Fantásticos en cuanto a su orientación realista del personaje y su entorno. Pero mentiría si no dijera que la película se apoya, en gran medida, en las excelentes interpretaciones de sus actores. Todos brillan, incluso en papeles muy secundarios. Por ejemplo, el desconocido Shaun Toub (bueno, ha salido en algún episodio de Lost, pero ahora ni le recuerdo, y he visto la serie dos veces), borda un magnífico Yinsen, un personaje que en el tebeo es poco menos que una anécdota y aquí se hace humano y entrañable en apenas unos minutos. Está bien la Paltrow, está bien Terrence Howard y está que se sale Jeff Bridges. Qué diablos, hasta los terroristas están bien. Pero el que lo borda es Robert Downey Jr. Tony Stark es su Jack Sparrow, probablemente el papel por el que más se le vaya a recordar. Pero es que Robert Downey Jr. es a Tony Stark lo que Hugh Jackman a Lobezno o Christopher Reeve a Superman: ya no cabe pensar en otro actor interpretándolo. Está divertido, seductor, oscuro, lleno de matices y magnífico. De Oscar, si no fuera porque estas películas no los reciben en estos apartados. La película consigue conjugar un protagonista absoluto, un Howard Hughes o un Ciudadano Kane moderno, con un increíblemente abultado elenco de secundarios de manera perfecta: todos brillan y todos tienen su función, incluso Favreau, en su interpretación de Happy Hogan lo borda (a partir de tres escenas ya no es cameo, ¿verdad?), y la química que existe entre todos es la que sólo un director de altura consigue. Atentos a la escena de la metida de mano. Ya sabréis a qué me refiero
El guión está bien construido, con grandes diálogos y con una encomiable fidelidad al cómic hasta en los más mínimos detalles. La trama, con cierta complejidad pese a mantener la estructura de película veraniega, incluso permite encajar ciertas exigencias de Marvel, y doy por hecho que la inclusión de los agentes de esa organización que hasta los últimos cinco minutos no tiene nombre (aunque todos los que leemos tebeos ya lo sabemos) es una morcilla introducida por la productora, pero Favreau la hace suya y se monta un buen chiste a su costa. Y sí, los lectores de los tebeos tenemos guiños para aburrir. ¿El apartado técnico? La factura es impecable. Iron Man es tal y como debe ser, no puedo añadir más. Y lo sorprendente es que te crees que un tío puede montarse una armadura en una cueva. (Lo que es el origen del personaje, la primera media hora de la película, es absolutamente genial). El sonido también se sale, y Favreau ha renunciado premeditadamente a un sonido pop por algo más contundente: en el score abundan las guitarras eléctricas a tope, en una película en la que otro hubiera puesto sinfonías. Pero quedan de muerte.
La película, qué curioso, acaba como termina la primera Spider-Man (entenderéis esta afirmación cuando la veáis, chicos). Nos deja un filme completo, cerrado sobre sí mismo, y un personaje que se ha terminado de formar, que ha evolucionado de la primera escena a la última, siguiendo un camino de redención, pero sin perder su personalidad canalla. Porque, vaya por delante, esta película trata sobre la redención. Deja, ya lo digo, el personaje completo. Y listo para las secuelas, porque esta película se merece batir récords de taquilla y completar una buena trilogía. Por favor, con Favreau al frente. Menudo Hombre de Hierro.