EL HIJO DEL DUENDE: CUANDO HARRY CONTINUÓ LA SAGA EN ULTIMATE SPIDERMAN

La figura de Harry Osborn siempre ha tenido un complejo engarce en los mitos de Spiderman, a causa de las muchas vueltas que ha dado este personaje y el terrible peso que recae sobre sus hombros. Ya sea en los cómics clásicos, en los dibujos animados de televisión o en las películas de la pantalla grande, todo empieza igual: Harry es el mejor amigo de Peter Parker, una de las pocas personas que le respeta y acepta como es, pese a que pertenezcan a estratos sociales diferentes… o tal vez por eso mismo. Pero enseguida se descubre que Harry es también el hijo del peor enemigo de Spiderman. ¡Harry Osborn es el hijo del Duende Verde!

 

En la vida, y en el cómic, es necesario dejarse sorprender, y eso es lo que le pasó a Peter, pero también a sus autores, con Harry Osborn. El debut de este personaje secundario se produjo en The Amazing Spider-Man #31 USA (1965), con Stan Lee a los guiones y todavía con Steve Ditko a los dibujos. Peter Parker acababa de pasar del instituto a la universidad y los autores estaban tratando de repetir los esquemas que tan buenos resultados les procuraran en la etapa anterior. Se trataba de cumplir con la máxima de Stan Lee de “la ilusión del cambio”: que se dieran alteraciones que a los ojos de los lectores parecieran revolucionarias, pero que a fin de cuentas se mantuviera intacta la esencia del concepto original. De esta manera, Harry no sería más que el repuesto para Flash Thompson, el tipo que se había dedicado a hacer la vida imposible de Peter durante la adolescencia, mientras que Gwen Stacy haría las veces de Liz Allan, la chica que se sentía atraída por Peter pero era demasiado orgullosa para confesarlo.

 

Quizás los derroteros de la serie hubieran ido en esa dirección prefijada, y de hecho las primeras apariciones de estos dos personajes así lo hacían entrever: Peter y Harry tuvieron encontronazos desde el primer momento en que se cruzaron el uno con el otro, y otro tanto sucedía con Gwen, pero lo imprevisto llegó entonces. Steve Ditko decidió dejar Spiderman, y lo hizo por una disputa alrededor de la identidad del Duende Verde. Mientras que Stan Lee estaba convencido de que debía ser alguien perteneciente al elenco de secundarios, Ditko consideraba que tal opción rompía la credibilidad de la serie. Ante la imposibilidad de convencer de lo contrario al que también era Director Editorial de Marvel, optó por marcharse.

 

La solución al misterio alrededor del Duende Verde marcaría un antes y un después en la historia del Hombre Araña. Se entraba en un periodo en el que sus aventuras contarían con cierto tono culebronesco, por el cual se entremezclarían sin pudor alguno la vida privada de Peter Parker y su actividad superheroica como Spiderman, como si Nueva York fuera un lugar pequeño, en el que todo el mundo se conociera y en el que todo el mundo que peleaba con el trepamuros era también amigo, familia, compañero de trabajo o mero conocido del muchacho bajo la máscara. Esta circunstancia coincidiría con la entrada en la serie de John Romita, un artista prodigioso, que además de dotar a las andanzas de Spiderman de una espectacularidad nunca antes vista concedió al mundo de Peter Parker un romanticismo que tampoco había tenido hasta entonces. Mientras que el protagonista adoptaba la fisionomía de un joven atractivo, las chicas que formaban parte de su vida se revestían de belleza sin parangón. Gwen, la mujer fatal que dibujara Ditko, pasó a ser una jovencita tierna e incapaz de romper un plato (la novia perfecta), al tiempo que descubríamos el rostro, el encanto y la alegría de Mary Jane, la despreocupada vecina de al lado, que irrumpía en la vida de Peter Parker para introducir un elemento de adorable imprevisibilidad. Ambas formarían parte de la pandilla de Pete, en la que también se integraría Flash, de vuelta a la serie, y Harry, ahora convertido en el mejor amigo de Peter.

 

¿Qué es lo que les había unido? El sentimiento de soledad. En The Amazing Spider-Man #39 USA (1966. Marvel Gold. El Asombroso Spiderman: Días de gloria). Harry confesaba a Peter que su madre había muerto cuando era un niño y que su padre, el acaudalado Norman Osborn, no le prestaba demasiada atención. Peter había perdido a sus padres, y también a la figura paterna de tío Ben, por lo que se producía la identificación de Harry como alma gemela. Por supuesto, Stan Lee ya lo tenía todo pensado, de manera que, en ese mismo número, el Duende Verde descubría la identidad secreta de Spiderman, y a su vez éste se desvelaba como Norman, el padre de Harry. En la pelea posterior, un accidente fortuito servía para que el villano perdiera la memoria, pero desde ese preciso momento, su destino, el de Harry y el de Peter quedaron unidos y sellados para siempre.

 

Harry siguió presente en la serie durante los años posteriores, llegando a convertirse en el compañero de piso de Peter y en el novio ocasional de Mary Jane, pero su creciente inestabilidad le arrastraría a las drogas. Después de que Norman, como Duende Verde, asesinara a Gwen y muriera como consecuencia de ello, Harry averiguaba la verdad y la interpretaría a su manera, para convertirse en el segundo Duende Verde, ya en los años setenta. Como luego sostendría el guionista Roger Stern, no era en realidad un villano, sino alguien pretendiendo serlo: pronto daría con sus huesos en un psiquiátrico, del que saldría en apariencia restablecido y para formar una nueva vida junto a Liz Allan, la que pronto sería su esposa. En años posteriores, Harry sufriría diversas recaídas y recuperaciones, e incluso estaría dado por muerto durante largo tiempo. Fue Stern quien, en los años ochenta, recogería la herencia dejada por el Duende Verde en un nuevo criminal, llamado simplemente el Duende, que daba con una guarida de Norman y aprovechaba su equipo (The Amazing Spider-Man #238 USA, 1983. Marvel Héroes. El Asombroso Spiderman de Roger Stern y John Romita Jr.). El traje de batalla sería similar al del Duende Verde original, aunque entre los cambios más destacables estuvo la elección del dorado como color básico.

 

Para Ultimate Spiderman, Brian Michael Bendis cogió la esencia de Harry Osborn: el niño rico amigo de Peter que resultaba ser hijo del Duende Verde. En el curso de esta serie, hemos visto como le manipulaba éste y le sometía a diversos tratamientos de cara a borrar el recuerdo de su identidad… Y también le hemos visto revelarse contra el Duende Verde, pasar a custodia de SHIELD y prometer que, algún día, mataría a Peter, al que culpa de todas las desgracias de su vida.

 

Este volumen retoma el complejo personaje de Harry y en él Bendis juega con las diversas maneras en las que, en la versión clásica de Spiderman, se dio continuidad a la figura del Duende Verde. El guionista conjura de nuevo y de manera consciente, un arco argumental de tono oscuro, acercándose de hecho al género terrorífico y al thriller. A su vez, aborda una cuestión que está sobre la mesa desde que Norman tratara de asesinar a Mary Jane: ¿Puede Peter mantenerla en su vida y protegerla?

 

Artículo aparecido originalmente en Coleccionable Ultimate. Ultimate Spiderman nº 15 

SPIDERMAN Y LA ANTORCHA HUMANA: EL ESTÚPIDO VIENE CONMIGO

En los inicios de sus respectivas carreras como justicieros, fueron los dos adolescentes más deslenguados y traviesos del Universo Marvel, siempre dispuestos a gastar una buena novatada a cualquiera que se le pusiera por delante. No es extraño que el Hombre Araña y la Antorcha se detestaran primero, se respetaran más tarde y se hicieran amigos al fin. El cabeza de red y la cerillita han cruzado su camino en decenas de ocasiones desde aquellas primeras escaramuzas, e incluso a punto estuvieron de compartir una colección, Marvel Team-Up, que finalmente se repartiría el lanzarredes con otros muchos colegas, aunque Johnny se dejara caer por allí de cuando en cuando, sacando muchas veces de apuros a su entrañable vecino arácnido, metiéndolo hasta las cejas en irresolubles problemas en otras tantas ocasiones, y divirtiendo al común de los aficionados siempre.

Ahora, más de cuatro décadas después del nacimiento de ambos personajes, Marvel lanza esta golosina, una miniserie muy especial, aquí reunida en un único tomo de Marvel Style, siguiendo la política de la editorial americana a la hora de utilizar este formato de cara a recopilar una historia que pretende llegar al máximo posible de fans. Otros proyectos en los que la Casa de las Ideas cruza a sus populares iconos están realizados por autores escasamente versados en la trayectoria de las criaturas con las que tratan, hasta el punto de cometer errores que provocan que los lectores se lleven las manos a la cabeza. En esta ocasión, por el contrario, el cuidado y el respeto hacia la biografía de los protagonistas es el aspecto más emblemático de la obra. Bueno, eso… ¡Y la diversión!

 

La miniserie de Spiderman y La Antorcha Humana publicada en 2005 repasa todos estos años de amistad y rivalidad entre Spiderman y la Antorcha Humana, tomando cuatro momentos concretos del pasado para rematar la faena en el presente. El timón del viaje lo lleva Dan Slott, quien, gracias a esta obra o su trabajo en Hulka, ha conseguido alzarse como el autor-revelación de la temporada. Este autor, unas veces escribe historias terriblemente ingeniosas, inteligentes y divertidas, mientras que otras se deja llevar por lo tétrico y la profundidad psicológica, pero siempre podemos encontrar un denominador común en su trabajo: Slott utiliza el pasado que cargan a cuestas sus personajes como un elemento con el que enriquecer el resultado final. Los lectores que no hayan seguido las aventuras pasadas a las que Slott se refiere se divertirán como el que más, pero el que lleve un tiempo en el mundillo probablemente no dará crédito a la capacidad del escritor para que todo encaje y todo tenga sentido. Es evidente, además, que a Slott le encanta Spiderman, cuyas bromas ganan muchos enteros cuando se las escribe un escriba con semejante bis cómica. Ya le utilizaría en un desternillante episodio de Hulka, y quizás por eso los editores de la Casa de las Ideas se fijaron en él a la hora de lanzar esta obra.

 

Al guionista le acompaña Ty Templeton, también su compañero en la maravillosa Batman Adventures, quien abandona su habitual estilo cartoon para atreverse a imitar a los artistas característicos del periodo histórico al que alude cada capítulo. Tan pronto emula a Steve Ditko, como a John Romita, Ross Andru o Ron Frenz, y eso sin renunciar a su propia huella. Puede que no resulte demasiado espectacular, pero Templeton cumple y se complementa a la perfección con la narración ágil de Slott.

 

Son, sin embargo, los pequeños detalles de este cómic los que hacen que servidor se quite el sombrero. La primera parte se ambienta en los años de instituto de Peter Parker, cuando Johnny salía con Dorrie Evans y ambos héroes, en sus identidades civiles, se habían cruzado apenas en un par de ocasiones: el Amazing Spider-Man 3, donde una conferencia del miembro más joven de los Cuatro Efe animaba a Peter Parker a continuar con su labor arácnida, después de estar a punto de colgar las redes a causa de una soberana paliza del Doctor Octopus, y en el Amazing 21, donde se veían cara a cara por primera vez. La trama que ahora nos ocupa retoma un cabo suelto, y absolutamente olvidado, perteneciente al Amazing Spider-Man 5, donde el Doctor Muerte ofrecía al lanzarredes una alianza contra los Cuatro Fantásticos. Además, Slott despeja una gran duda: ¿Por qué Pete Pote de Pasta, el más recurrente enemigo de la Antorcha en aquellos años, cambió de nombre por el mucho más respetable de “El Trampero”?

 

 

El segundo capítulo es el más romántico de todos, al trasladarnos a la época de Gwen Stacy, Crystal y el Café Bean como lugar de reunión de la panda de Peter Parker (Atentos a los carteles de las paredes, que son los mismos que dibujaba en su momento Jazzy Romita). Contrasta la alegría de esa historia, donde hasta los villanos son un poco inocentones, con la amargura de la siguiente, ambientada poco después de la muerte de Gwen y de la ruptura de Johnny con Crystal. Son los tiempos bizarros del Spider-Móvil, un utilitario de lo más ridículo diseñado por Johnny para uso y disfrute de un Hombre Araña que nunca se había sacado el carnet de conducir. El coche no escalaría paredes hasta un tiempo más tarde, después de que el Chapucero le hiciera ciertas modificaciones, pero aquí se estrena ya en tal prestación, aunque sólo momentáneamente (Slott se ha estudiado los tebeos a conciencia), gracias al genio de Reed Richards. Increíble, el cameo del joven Daniel Ketch, destinado a convertirse algún día en el segundo Motorista Fantasma, y que aquí aparece en homenaje a los lectores más avezados a la hora de pillar guiños, y de paso a Kurt Busiek y Alex Ross, quienes también lo mostraran, también de chavalín, al final de sus Marvels.

 

De ahí saltamos al cuarto capítulo, ya ambientado en los años ochenta, con Spidey luciendo su traje negro, antes de que supiera que se trataba de un simbionte alienígena, y ennoviado con la Gata Negra, algo que despertaba los celos de Johnny Storm, quien tampoco daba crédito a la llegada de cierto bellezón verde para sustituir a la adorable Cosa de los ojos azules dentro de la Primera Familia. Los tiempos estaban cambiando, e incluso el lanzarredes ya no se llevaba tan mal con la policía. No en vano anda por ahí la capitana Jean DeWolff, mirando a la Gata con muy malos ojos.

 

El final de la historia pasa por alto los noventa (aunque no falte una descacharrante alusión a La saga de Ben Reilly, en la que Spiderman era sustituido por su clon) y nos deja en el presente, un tiempo en el que Peter Parker ya no es un estudiante de secundaria, sino un respetable profesor; y en el que Johnny Storm ya no es un adolescente irresponsable, sino un adulto… irresponsable. No nos engañemos: el primero ha llegado a casarse con una supermodelo y fabrica ahora sus propias telarañas sin necesidad de ningún lanzarredes mecánico, mientras que el segundo se ha hecho cargo de algunas tareas empresariales dentro de los Cuatro Fantásticos, además de tener un par de sobrinos, pero básicamente siguen siendo los mismos personajes que nacieron hace cuarenta años.

 

Aquí es donde Slott aprovecha una excusa argumental para dar un salto cualitativo en la relación entre los dos héroes, haciendo que la miniserie se salde con un importante suceso a recordar en el futuro y a sumarse a la continuidad que han ido apuntalando los primeros cuatro episodios. El guionista matiza así todo lo leído en las páginas precedentes, pero también viene a hacer una reivindicación pública acerca de la necesidad de mantener cierto sentido en torno a las cosas que ocurren en el Universo Marvel. Probablemente, Slott andaba espantado al contemplar cómo todo el mundo parecía haber descubierto quién se ocultaba bajo la máscara de Spiderman, mientras que el superhéroe que más merecía conocer esa información continuaba, y nunca mejor dicho, a dos velas. Es de justicia ese gesto final que hace un guionista consciente de los personajes con los que está tratando, de su historia pasada, de su presente y su posible futuro. Ojalá ese futuro esté lleno de tebeos tan condenadamente buenos como éste. Dicen en la contraportada del recopilatorio americano que es la mejor aventura de Spiderman de los últimos diez años. De la Antorcha también, añado yo. Y en este caso no es una frase publicitaria.

 

 

 

Artículo aparecido originalmente en Marvel Style. Spiderman y La Antorcha Humana

EL PRÓLOGO DE UNIVERSO VENENO: UN SIMBIONTE COMBINA CON TODO

Las digresiones en el Universo Marvel no suelen durar mucho tiempo. Sabemos que Steve Rogers siempre volverá a ser el Capitán América, que Los 4 Fantásticos son los inquilinos naturales del Edificio Baxter, que Daredevil patrulla las calles de La Cocina del Infierno o que Lobezno es el mejor en lo que hace. Puede que durante una temporada esas circunstancias cambien, a favor de situaciones nunca antes vistas, que sirvan para alentar el interés de los lectores y animar el escenario, pero en La Casa de las Ideas rigen las leyes de la química por las que los elementos tienden recuperar su estructura natural, por mucho que se vean alterados durante un espacio acotado de tiempo.

 

¿Cuál es el estado natural de cada uno de los iconos que conforman el Universo Marvel? El que esté aceptado por la inmensa mayoría de público. No se puede luchar contra eso, así que no debería sorprenderte que Peter Parker vuelva a estar sin blanca, después de una temporada al frente de una multinacional tecnológica, que Tony Stark se prepara para volver a calzarse su armadura o que los mutantes vuelvan a ser perseguidos y odiados por el mundo al que prometieron proteger. Mientras tanto, todos ellos han pasado por momentos interesantes en sus vidas, como esa vez que hiciste aquello tan loco… que no podía durar demasiado.

 

El caso de Veneno no es diferente al de los demás. Porque nos dicen Veneno y nos viene, como un resorte, la imagen arquetípica que construyeran David Michelinie y Todd McFarlane para aliñar el The Amazing Spider-Man #300 USA (1988. Marvel Héroes. El Asombroso Spiderman: La leyenda empieza de nuevo). El impacto que tuvo el personaje en aquel momento fue tan enorme que los fans siempre desean recuperar el escalofrío que supuso darse de bruces con aquel enemigo imponente y aterrador. Por eso, y pese a que Veneno sea en su planteamiento una creación muy limitada, con una enorme descompensación entre lo carismático de la imagen y la simpleza de Eddie Brock, todo fanboy quiere recuperar aquella electrizante primera impresión que sintió al leer su debut. Los guionistas han intentado evolucionar sobre el punto de partida, y ahí están ante un concepto muy sencillo de alterar: basta que el simbionte alienígena pase a otras manos para encontrarnos a un Veneno diferente. Es así como hemos tenido desde versiones extremas del original, como es el Veneno que encarnara Mac Gargan, hasta interpretaciones benévolas, como fue la del Agente Veneno, pero una vez que el público lo ha probado todo, Marvel acaba volviendo a la casilla de salida: al Protector Letal.

 

En el trigésimo aniversario del nacimiento de Veneno, y después de tantas variaciones como las que hemos conocido en lo que va de siglo, en el Bullpen han pulsado ya la tecla que conduce a los fundamentos. Ahora hay una nueva colección abierta con intenciones de evocar al Veneno de los tiempos de Michelinie y McFarlane, al tiempo que se preparan diversos encuentros con populares superhéroes. Toda esa efervescencia tiene lugar en el año en que se estrenará la primera película del personaje, un hito con el que ojalá se olvide el mal sabor de boca que dejó su encarnación en Spider-Man 3. Ante la cercanía del blockbuster, Marvel Comics ha propiciado un conjunto de celebraciones, y “Universo Veneno” representa la siguiente de ellas.

 

Esta saga, como ya se avanza en el título, busca representar para el Protector Letal lo mismo que significara “Universo Spiderman” para el trepamuros: una gran aventura con la que volver a colocar el foco sobre el personaje. El entusiasmo del editor Devin Lewis llega al punto de calificarla como “¡La aventura de Veneno más grande de todos los tiempos!”, y a establecer una curiosa analogía: “Si ‘Universo Spiderman’ era el Salvad al soldado Ryan de Spidey, ‘Universo Veneno’ será La jungla de cristal de Veneno”. Como en la saga arácnida previa, este microevento juega a la ópera coral y a poner sobre el papel las que bien podrían ser las ocurrencias delirantes de un apasionado fanboy. Después de todo, “Universo Spiderman” ya representaba el sueño de infancia de un true believer de pura cepa llamado Dan Slott. Allí el tema recurrente era el de las versiones del Hombre Araña y aquí la diversidad de individuos a los que se puede ver ligado el simbionte alienígena. En el fondo, el concepto es el mismo: montar una fiesta alrededor de un montón de variantes del mismo personaje famoso.

 

Como es evidente, el destino del Veneno original es el de encontrarse en el camino de ese infinito número de contrapartidas y que todos se unan para hacer frente a un enemigo común. Los Herederos ya no están disponibles, pero en su lugar tenemos a una nueva y misteriosa especie cuya ferocidad haría palidecer al clan de Morlum. Como ocurriera en “Universo Spiderman”, el prólogo de la aventura consiste en un puñado de especiales en los que se nos presenta a algunas de las más representativas encarnaciones. Como ya avanzábamos al comienzo de este artículo, la filosofía de la historia viene a decirnos que los simbiontes son la mejor prenda con la que vestir, porque todo el mundo consigue que le combinen bien, aunque los responsables de “Universo Veneno” han elegido fundamentalmente a personajes caracterizados por su amor por la violencia. Lobezna, Masacre-Gwen, el Piloto Fantasma, El Viejo Logan, Masacre… Los distintos especiales se lo reparten entre autores consagrados, tan interesantes como Matthew Rosenberg, Roland Boschi o Simon Spurrier, y algunos de los que no teníamos noticia hasta este proyecto. Todos ellos nos ayudan a calentar motores para el espectáculo que nos aguarda en la saga propiamente dicha. Ey, ¿te has fijado en ese pringue negro que ha empezado a salir por todas partes? No, no son hilillos de plastilina.

 

Artículo aparecido originalmente en 100 % Marvel. Universo Veneno. Prólogo

POTENCIAL PARA LA GRANDEZA: EL HULK DE JOHN BYRNE

Pocos autores de Marvel tocaron en los años ochenta a un número tan elevado de personajes de la editorial como fue el caso de John Byrne. Durante los primeros años de carrera, por las manos del popular artista pasaron héroes tan diversos como Spiderman, Puño de Hierro, Los Campeones o Los Vengadores; cuando alcanzó la consolidación, fue autor de épocas históricas para La Patrulla-X, Los 4 Fantásticos o el Capitán América, además de lanzar y permanecer durante más de dos años en la colección de un grupo de creación propia, Alpha Flight. Fue esta serie la que intercambió en 1985 con el equipo creativo que entonces estaba al frente de The Incredible Hulk, en una curiosa iniciativa que debería haber marcado el comienzo de otra larga y provechosa etapa más, aunque las circunstancias se aliarían para abortarla tras apenas medio año de su inicio. Ésta es la historia de lo que fue… y de lo que pudo haber sido.

 

 

La relación entre John Byrne y el Gigante Gamma había comenzado mucho tiempo atrás, cuando el canadiense apenas era un niño y el Universo Marvel echaba a andar. Como había hecho con Los 4 Fantásticos, el joven Byrne siguió las primeras aventuras de Hulk y se enganchó a ellas cuando la criatura de Stan Lee y Jack Kirby apenas daba sus primeros pasos y estaba todo por hacer. Era un Hulk que cambiaba de aspecto, de habilidades, de inteligencia y actitud casi en cada número, que muy pocos lectores reconocerían como el icónico, que fue cancelado tras apenas seis entregas y que todavía no encajaba en los tópicos posteriores de bestia perseguida y en el fondo pacífica, pero que a Byrne se le quedó grabado a fuego.

 

El autor había tenido, antes de 1985, escasas y muy breves oportunidades para acercarse a su figura, aunque fueron ocasiones de una importancia destacable. Hulk pasó por las manos de Byrne como invitado especial en Marvel Team-Up #53 USA (1977), con guión de Bill Mantlo. Apenas un año después, coescribió, con Roger Stern, y dibujó The Incredible Hulk Annual #7 USA (1978), un cómic que se convirtió en un clásico instantáneo. Y el mismo equipo literario repitió, doce meses más tarde, en The Incredible Hulk Annual #8 USA (1979), con Sal Buscema al dibujo. En todas esas historias, el Piel Verde que se mostraba era el que estaba arraigado en el imaginario colectivo de los lectores, un bruto bondadoso de escaso cerebro y verbo limitado, con inigualable capacidad destructora. Byrne sí tuvo un contacto más continuado con Hulka, un personaje muy próximo a Bruce Banner, a la que convirtió en integrante de Los 4 Fantásticos y el epítome de mujer con la que a cualquier lector le hubiera gustado salir, inteligente, divertida y sexy. No había en ella ningún rastro de la furia gamma de su primo, ni trazas que la relacionaran con él, al margen del parentesco y de la sangre irradiada que compartían.

El Hulk icónico ilustrado por Byrne a finales de los setenta

 

Llegados a 1985, Hulk no había hecho sino dar pasos que lo alejaban no sólo de su imagen primigenia, sino también de su iconicidad. Bill Mantlo llevaba escribiéndolo todo el último lustro, y en ese tiempo había jugado a que Bruce Banner mantuviera su inteligencia durante las transformaciones y, una vez que el público se había acostumbrado a esa situación, la había basculado hasta el extremo opuesto, anulando hasta la más mínima expresión de raciocinio en la bestia. Por si fuera poco, durante más de un año, el personaje había permanecido exiliado en La Encrucijada, un entorno de fantasía alejado de la Tierra. Sí, estaba claro que aquel Hulk no tenía nada que ver con el tradicional. Y Byrne lo echaba de menos como nunca le había pasado. “Sentía, y esto sorprenderá a todo el mundo, estoy seguro, que el personaje estaba demasiado alejado de sus orígenes, y una aproximación de vuelta a lo básico era necesaria”, explicaba años después en su página web oficial. “A tal fin, mencioné lo que pensaba que debía hacerse con Hulk al Director Editorial [Jim Shooter], y su respuesta fue ‘¡Eso es genial! ¡Debería hacerte cargo de la serie de Hulk!’. Bueno, en aquella época yo estaba hasta arriba de trabajo, así que asumir también Hulk parecía algo improbable… hasta que comprendí que ya había dicho todo lo que tenía que decir de Alpha Flight. Así que llamé a Bill Mantlo, que estaba escribiendo Hulk en aquella época, y le pregunté si le parecía bien hacer un cambio”. La decisión terminó por fraguarse entre Byrne y Shooter, cuando ambos se encontraban en un taxi. El autor explicó cuanto pensaba hacer en la serie y al editor le pareció lo suficientemente acertado como para darle luz verde.

 

Anuncio del intercambio de autores entre Alpha Flight y The Incredible Hulk, aparecido en Alpha Flight #28 USA (1985)

 

Mantlo aceptó también, de manera que Hulk regresaba de su exilio en La Encrucijada, y la herramienta argumental para hacerlo no era otra que Alpha Flight. El primer episodio del antiguo guionista de Hulk en esta serie mostraba la vuelta a la Tierra del Piel Verde y su enfrentamiento con el grupo canadiense. Al final de la historia, Hulk se perdía en el horizonte, dando saltos por las montañas nevadas. Fue ahí donde ya le retomaba Byrne, el primer mes por partida doble, con el que puede calificarse de manera oficial como el primer número de su etapa, el The Incredible Hulk #314 USA, y con un Annual dibujado por Sal Buscema, el artista que más tiempo había estado dibujando al monstruo. Volvía momentáneamente a hacerlo después de que, apenas unos meses antes, hubiera abandonado la cabecera por desavenencias con Mantlo. En cualquier caso, el cambio de autoría fue recibido con alborozo por los lectores, que vieron así reposicionada una colección que languidecía comercialmente. Byrne era, en aquel entonces, una de las mayores estrellas del cómic estadounidense, capaz de mover masas de aficionados allá donde fuera. Sus cómics tenían algo mágico; su habilidad para reinventar a los grandes iconos de Marvel desde una perspectiva clasicista acompañada de un acercamiento moderno estaba más que contrastada por su etapa en Fantastic Four, por lo que el fandom no podía estar menos que entusiasmado. A partir de este punto del artículo, entraremos en algunos detalles argumentales sobre el objeto de estudio, de manera que recomendamos postergar su lectura a aquellos que no conozcan el material previamente.

 

El plan de Byrne para The Incredible Hulk, esa vuelta a los orígenes de la que hablábamos antes, debía llevarse a cabo en el primer medio año que permaneciera al frente de la nave, hasta alcanzar el statu quo en que se movería el personaje en lo sucesivo. Venía a ser un espejo de aquellos seis primeros números de la colección original, junto a The Avengers #1 USA (1963), lo que el autor consideraba como el “Hulk definitivo”: un Hulk más salvaje, que reaccionaba siempre con furia y brutalidad, frente al “buen salvaje” en que se había transformado posteriormente.

 

Sus primeros números estarían preñados de grandes sorpresas y acontecimientos inesperados que dejaban con la boca abierta a quienes los leyeran. Todo ello se entremezclaba no tanto con una repetición de los detalles característicos de Hulk en sus años iniciales, sino de aquellos aspectos que, como lector fervoroso reconvertido luego en autor, Byrne encontraba más significativos. El The Incredible Hulk #314 USA se abría con una declaración de intenciones: la muerte inintencionada de un pobre ciervo que tomaba la mala decisión de enfrentarse con el monstruo. Éste respondía con todo su poder sin pensárselo dos veces y luego se limitaba a constatar sus resultados. En otros tiempos, los hubiera lamentado hasta dejar incluso escapar unas lágrimas, un comportamiento que Byrne identificaba con las historias que Len Wein había narrado en los años setenta, y que en las que, a su juicio, Hulk recordaba a Goofy, el personaje tontorrón y bondadoso de Disney. “No es Goofy: es el Pato Donald”, vino a concluir al repasar los trabajos de Stan Lee y Jack Kirby. La búsqueda de los instintos primitivos se reflejó en lo estético. Este remozado Hulk se diferenciaba del que hubiera dibujado el propio Byrne una década antes en un aspecto casi simiesco, de troglodita: cejas gruesas y largas, brazos colganderos que se balanceaban como si el monstruo cargara con ellos, figura encorvada… el poder se redujo hasta un nivel más manejable, pero también más bestial. No era, como decía el autor, un Arnold Schwarzenegger aumentado de tamaño: era un auténtico monstruo destructor y debía diferenciarse como tal. Toda esa filosofía estaba condensada en la imagen de Hulk que Byrne realizó para The Official Handbook of the Marvel Universe Deluxe Edition #5 USA, publicado en 1985, meses antes de que el canadiense irrumpiera en la serie gamma.

 

El Hulk de Byrne en el Official Handbook

 

También en ese primer número, Byrne enfrentaba al Piel Verde contra sus enemigos más icónicos mientras en paralelo recontaba el origen, un tópico que repetía en cualquier serie por la que pasara. Los contrincantes eran nada menos que Juggernaut, MODOK, El Rino y La Abominación. La utilización de todos ellos de una tacada obedecía a la intención de satisfacer cuanto antes a los lectores habituales. El autor pretendía ignorar a todos esos enemigos en lo sucesivo, salvo quizás a La Abominación. Entendía que se había abusado demasiado de ellos y que además se trataba de personajes que se habían tomado prestados de otras series. Hulk, a juicio de Byrne, presentaba una necesidad acuciante de encontrar nuevas amenazas. En realidad, en este episodio el verdadero rival era Doc Samson, un viejo secundario de la franquicia, que regresaba a casa encarnado en herramienta necesaria para acometer la maniobra que tenía planeada Byrne. Como elemento novedoso, el autor introdujo una justificación acerca del motivo por el que tantas aventuras de Hulk tenían lugar en el desierto en que había tenido lugar su “nacimiento”. Era una de esas explicaciones racionales que el autor siempre intentaba dar a circunstancias tópicas que rodeaban a cuanto personaje pasaba por sus manos.

 

En esa línea, pronto recordó, después de mucho tiempo sin que se hubiera vuelto a mencionar el asunto, que Hulk en su primera aparición había tenido una pigmentación gris, para luego pasar al verde característico. El motivo en su momento había sido puramente industrial, dado que el gris no se imprimía con la calidad suficiente en el papel de los añejos comic-books, pero Byrne quiso dar una justificación verosímil dentro del contexto de la serie. Por primera vez, las generaciones más jóvenes contemplaron al Monstruo Gamma tal y como había sido en su nacimiento.

 

Siguiendo con la reivindicación, a su manera, de esos elementos característicos, el segundo número se abría con una ensoñación ambientada en la cámara subacuática en la que, con ayuda de Rick Jones, Bruce Banner se ocultaba para contener el poder de su alter ego. La primera página, de hecho, era un homenaje a la que Jack Kirby hubiera dibujado para el tercer número de la colección, casi veinticinco años atrás. En las últimas páginas, regresaba a la serie Betty Ross, la eterna novia de Banner, que jugaría un papel fundamental en los siguientes números y a la que Byrne imaginaba sustituyendo a Rick Jones en el papel de carcelero del Piel Verde. Jones, el joven imprudente al que había salvado Banner de la bomba gamma, también estaba de vuelta, para The Incredible Hulk #319 USA, así como el padre de Betty, el iracundo “Trueno” Ross, lo que completaba el rescate del elenco original de Stan y Jack. Por supuesto, también figuraba Hulka, porque el personaje fetiche de Byrne no podía faltar. En recuerdo de aquel The Avengers #1 USA, donde Loki confundía a los protagonistas para que se enfrentaran con Hulk, Los Vengadores también saltaban a escena, aunque esta vez sus motivos para enfrentarse a la bestia estaban más que justificados. Y lejos de quedarse en los secundarios ya conocidos, Byrne introdujo un nuevo grupo de Cazahulks, compuesto por cinco variopintos individuos con potencial suficiente para aderezar años de historias… y sin embargo…

 

El monstruo atrapado, según Jack Kirby

 

…Sin embargo, el The Incredible Hulk #319 USA, publicado apenas seis meses después del arranque de la etapa y en el que culminaba la batería de cambios cataclísmicos que alumbraban el escenario sobre el que debía haberse movido Byrne en lo sucesivo, fue también el último que realizó. En aquel momento, la gran estrella de Marvel no hacía sino chocar con el estamento editorial allá donde se encontraba. Las disputas le llevaron a abandonar tanto Fantastic Four como The Incredible Hulk. En este caso en concreto, muchos de los cambios que había llevado a cabo, y que explicara a Shooter en aquel viaje en taxi mencionado antes, no despertaron el entusiasmo de éste una vez empezó a aplicarlos, y así se lo transmitió el editor de la serie, Dennis O’Neil. La gota que colmó el vaso estuvo en el rechazo de todo un número. En aquel entonces, Byrne estaba llevando a cabo muchos experimentos gráficos que se reflejaron en esos pocos episodios que había llegado a firmar para Hulk. Pero componer toda una entrega con viñetas a toda página parecía excesivo para los cánones de la época. El episodio sólo vio la luz algunos meses después, dentro de la cabecera antológica Marvel Fanfare, cuando su autor ya había volado de la colección gamma. Algunas de las muchas ideas que se quedaron en el tintero pasaban por crear un ejército de Abominaciones, a partir de la resurrección de la original; dar una mayor importancia de Bruce Banner y que éste y Hulk volvieran a verse como la cara y la cruz de la serie, aunque desde la nueva perspectiva que daba el cambio revolucionario con el que Byrne había abierto la etapa; presentar a El General, un nuevo villano cuyo poder rivalizaría con el del protagonista, y, en el colmo del revisionismo de los primeros sesenta, recuperar a El Amo del Metal, el que fuera enemigo del último número de la serie original y del que nadie se acordaba ya. Para dar lustre a esta rentrée, Byrne quería servirse de una estatua de Hulk fabricada en adamántium que había sido utilizada por Bill Mantlo.

 

El Amo del Metal, el villano que Byrne no tuvo tiempo de recuperar

 

La primera época de Byrne en La Casa de las Ideas, una auténtica edad dorada dentro de la carrera del autor, llegaba a su fin y, a juicio de muchos, no se repetiría jamás. Saltó entonces a DC Comics, para acometer otro particular “back to the basics” sobre el primero de los superhéroes, Superman. Sólo regresó a Marvel cuando Jim Shooter ya no estaba en la editorial, y, al cabo de varios lustros más, ya en 1999, tuvo la oportunidad de volver a acercarse al Piel Verde, en una etapa igualmente breve, pero que en absoluto despertó el entusiasmo y la expectación lograda con aquella primera estancia. Ya no era el genio de los tiempos pasados, sino una vieja gloria venida a menos. Contemplada en la actualidad su breve estancia de mitad de los ochenta, compuesta por seis entregas de la serie abierta, un Annual y el episodio “rescatado” en Marvel Fanfare, sigue apreciándose la extraordinaria energía puesta en aquel puñado de números. Algunos de los cambios introducidos por Byrne fueron enseguida desechos, mientras que unos pocos perduraron durante años, en especial los relativos a Betty. Pero cuesta mucho imaginar hasta dónde podría haber llegado la etapa de haberla podido continuar su autor: se aprecia un diamante en bruto, sin llegar a vislumbrarse la pieza a la que podría haber dado lugar. Fue, como llegó a decir el autor en alguna ocasión, un menú degustación de ocho platos del que sólo llegamos a disfrutar del primero de ellos. Un enorme disfrute, no obstante.

 

Artículo aparecido originalmente en 100 % Marvel HC. El Increíble Hulk de John Byrne

SPIDER-MAN: LA HISTORIA GRÁFICA, PARTE 11: DETRÁS DE LA LLEGADA DE JOHN ROMITA

En 1949, John Romita comenzó a dibujar en secreto para Lester Zakarin, un entintador que necesitaba hacerse pasar por dibujante para conseguir trabajo en Timely. Era una práctica habitual en aquel entonces, de manera que Romita hizo sus primeras historias para Stan Lee sin que éste lo supiera. Cuando el artista le confesó la verdad, ni siquiera pestañeó: le dio el guión de un relato de cuatro páginas, sobre un alienígena que se hacía pasar por un bebé, que debía dibujar y entintar (pp. 79).

 

Cualquier intento de pasar al género superheroico dentro de la editorial de Superman y Batman chocaba con lo que definió como un muro de cristal. Los departamentos estaban acotados y un artista que dibujara historias románticas no podía hacerlas de tipos en mallas. “Era agotador. Fueron ocho años de tortura. Las historias eran estúpidas”, afirmaba (pp. 80).

 

A los postres, y después de tres horas abrumado por la palabrería de Stan, Romita ya había cambiado de idea, especialmente una vez que el editor le prometiera que allí ganaría 275 pavos a la semana, lo que superaba la oferta de la agencia de publicidad y era también el mayor sueldo dentro de Marvel, aunque, para justificar aquella cifra ante el puño cerrado de Martin Goodman, tendría un estatus un tanto diferente al de otros artistas. Su primer trabajo fue entintar The Avengers #23 (pp. 81).

 

Romita le hizo un dibujo del personaje a vuela pluma, sin sospechar las razones por las que le preguntaba, y al editor se le desencajó la mandíbula. Era perfecto para hacerlo, pero todavía tenía que acostumbrarse al estilo Marvel (pp. 82).

 

Stan Lee tenía ya perfectamente claro que quería a John Romita para sustituir a Steve Ditko en Amazing: no sólo era excelente a la hora de abordar un aventurero con traje ajustado que se moviera por Nueva York, sino que también era el mejor artista que podía imaginar para plasmar chicas guapas. Era capaz de dibujar cualquier cosa. Con él en la serie, podía acometer los cambios que venía pidiendo Martin Goodman y conducir las historias hacia un tono más amable, romántico y culebronesco que el que ofrecía Ditko (pp. 82).

 

La aventura con Daredevil era, en realidad, una prueba. No se lo dijo, porque no quería condicionarle o que hubiera algún problema en caso de que los resultados no fueran tan buenos como esperaba. El dibujante no sospechó lo más mínimo. Sencillamente, daba por hecho que Stan utilizaba la presencia de Spidey para mejorar las ventas de Daredevil. Por eso, la sorpresa cuando le pidió que se encargara de la serie del trepamuros fue mayúscula. “¿Quieres encargarte de Spider-Man durante un tiempo?”, le preguntó The Man (pp. 82).

 

El mismo Bullpen Bulletin del Amazing #38 en que se anunciaba la marcha de Ditko saludaba la llegada de su sustituto (pp. 83).

 

En el correo de los lectores se volvía a insistir sobre el cambio, pero también se adelantaba lo que los lectores encontrarían en la siguiente entrega “¡El más esperado evento de la era arácnida! ¡El regreso de El Duende Verde!!” (pp. 83).

 

Textos procedentes de Spider-Man: La historia jamás contada

SLOTT Y ROMITA JR. EN “UN NUEVO DÍA”: NUEVAS FORMAS DE EPATAR

2008 fue un año relativamente tranquilo para el trepamuros. No había película a la vista y la recién estrenada estructura de publicación de los cómics estaba en periodo de consolidación. Mientras, el Universo Marvel vivía un momento de impasse, consecuencia del final de la Guerra Civil Superheroica. Los héroes que se habían negado a firmar el Acta de Registro seguían en la clandestinidad, mientras que villanos como Norman Osborn habían pasado a trabajar para el gobierno, algo que no parecía incidir demasiado en el mundo de Spidey. El periodo de aventuras de “Un nuevo día” estaba tan desconectado de la actualidad que hubo lectores que incluso dudaron de que aquellas historias tuvieran lugar en una realidad alternativa. Eso cambió con una espectacular saga orquestada para reconectar al personaje con el resto de La Casa de las Ideas: “Nuevas formas de morir”

 

Stephen Wacker, el coordinador de los títulos arácnidos, sabía que los aficionados necesitaban un blockbuster arácnido, y ya que el cine no estaba dispuesto a dárselo esa temporada, tendrían que ser él y los suyos quienes lo procuraran. El equipo de Amazing había demostrado que estaba bien engrasado: cumpliendo las fechas de entrega, sin problemas de coordinación y con unas ventas consistentes, pese a que el coro de plañideras que seguían sin superar “Un día más” cargasen una y otra vez contra ellos. Con todo, faltaba una historia verdaderamente carismática y excepcional, que atrajera la atención más allá del día a día, y esa historia fue “Nuevas formas de morir”.

 

No bastaba con un título que parecía sacado de las películas de James Bond, y quizás tampoco fuera suficiente con que Dan Slott, el que se estaba alzando como la estrella literaria del braintrust arácnido, se encargara de escribir. Para esos seis episodios en los que se desarrollaría la acción, Wacker consiguió que se cumpliera una promesa hecha a los lectores largo tiempo atrás. Que John Romita Jr., el hombre que había nacido para dibujar a Spiderman, la leyenda viviente que había tenido que dejar Amazing de manera abrupta, a mitad de la época escrita por Joe Michael Straczynski, regresara a casa y lo hiciera por la puerta grande. Ya lo había hecho, en cierta forma, meses atrás, en la presentación de “Un nuevo día”, cuando fue requerido para ilustrar la doble página en que se presentaba la situación que tendría Peter Parker a partir de ese momento, pero no era en absoluto suficiente, y los lectores por fin tendrían la opinión de resarcirse.

 

Entre esos fanboys se encontraba el propio Dan Slott. “Necesito que Romita Jr. cuente el origen de Spidey”, fue lo primero que pensó en cuando supo del regreso del artista. No importó que su colega de mesa de guionistas, Bob Gale, protestara enérgicamente, aduciendo que ya habíamos visto muchas veces eso. Era un sueño de fan que debía hacerse realidad, pero la escena, con la que comenzó la aventura, era mucho más que eso: buscaba conectar el pasado con la actualidad. La tercera página contextualizaba el mundo de Peter Parker tal y como se había establecido durante “Un nuevo día”. Eran muchos los lectores que volverían junto a Romita Jr. y era necesario ponerlos al día con rapidez.

 

“Nuevas formas de morir” tenía también como objetivo recordar a todos que Spiderman formaba parte del Universo Marvel. A ese respecto, resultaba sangrante la escasa incidencia que para el trepamuros había tenido la ascensión de Norman Osborn, y que además hubiera elegido a otro de sus peores enemigos, Veneno, entre sus colaboradores más cercanos. Lo cierto es que a Norman le sentaba bien alejarse del entorno arácnido, donde la fórmula de batalla decisiva entre El Duende Verde y Spiderman había alcanzado su apoteosis con el Marvel Knights: Spider-Man de Mark Millar, Terry Dodson y Frank Cho, a partir de lo que sólo restaba la repetición agotadora de tópicos. La ruptura se había producido cuando Warren Ellis lo reclamó para dirigir una nueva fase de los Thunderbolts. Su etapa, junto a Mike Deodato Jr., apenas abarcó doce números, pero representó una verdadera hecatombe dentro de Marvel, que acabaría por producir, meses más tarde, un cambio de escenario como hacía mucho tiempo que no tenía lugar. Ellis nunca llegó a considerar la posibilidad de que su escuadrón de villanos al servicio del poder establecido se cruzara en el camino de aquel con el que tanto habían batallado algunos de los integrantes, pero Slott supo ver la incoherencia y convertirla en motor de su relato. Por debajo del choque, latía además una cuestión. Aquello que había hecho Peter Parker para que su identidad volviera a ser secreta, ¿afectaba también a Norman Osborn, el hombre que primero había descubierto el verdadero rostro de Spiderman? El braintrust arácnido todavía no iba a aclarar todas las dudas al respecto, puesto que era una cuestión a resolver en profundidad más adelante, aunque sí aportaría importantes pistas con las que dejar al fan haciendo conjeturas.

 

Veneno figuraba de manera destacada en las filas de los Thunderbolts, aunque desde los tiempos de Marvel Knights: Spider-Man no era Eddie Brock quien vestía el simbionte, sino Mac Gargan, en antiguo Escorpión, lo que había llevado a que el personaje diera rienda suelta a su salvajismo, con toques abiertamente gores. Mientras tanto, Eddie llevaba a cuestas un cáncer terminal, pero todavía estaba vivo. Coincidió que, en aquel momento, Activision se disponía a lanzar un videojuego arácnido, titulado Spider-Man: Web Of Shadows (Spiderman: El reino de la oscuridad en España), en el que se presentaba una nueva especie de simbiontes, con un diseño en que el color negro y el blanco intercambiaban su lugar. Slott encontró una imaginativa manera de incorporar a la aventura aquel detalle. Así nació Anti-Veneno, el hallazgo que, una vez asentado el polvo, quedó para la posteridad.

 

“Nuevas formas de morir” matizó el modo de estructurar las historias dentro de la Franquicia Arácnida, en el contexto de un Amazing como hilo conductor de todas las aventuras del personaje. Aunque el seguimiento de las tramas fuera más lineal que nunca, a partir de ese momento algunas sagas en concreto tendrían una importancia superior a las del resto. En el Universo Marvel, estaban teniendo lugar eventos que requerían de serie principal, serie complementaria e innumerables tie-ins. Stephen Wacker y su equipo demostró en The Amazing Spider-Man que, para montar un gran espectáculo, que a ellos les bastaba con disponer de la historia y los autores apropiados.

 

Artículo publicado originalmente en Marvel Saga. El Asombroso Spiderman nº 17

INTERCAMBIO DE MENTES: EL TEMOR AL SALTO DEL TIBURÓN DE ULTIMATE SPIDER-MAN

La muerte de Gwen Stacy, ocurrida en Ultimate Spiderman: Matanza, sumergió la serie en una oscuridad que ya venía creciendo desde varias aventuras atrás, con la aparición de Veneno y la ruptura temporal entre Peter y Mary Jane. Las aventuras de Spiderman siempre han sido característicamente agridulces, por lo que una excesiva carga negativa podía alejar demasiado al personaje de su espíritu fundacional. Brian Michael Bendis necesitaba romper la inercia en la que parecía haber caído su encarnación del Hombre Araña y para hacerlo optó por una idea que había tenido su editor Nick Lowe y que le pareció fundamentalmente estúpida. Al menos la primera vez que la escuchó.

 

¿Has visto cualquiera de esas películas en que un adulto se mete en la cabeza de un niño y viceversa? Causaron sensación en los años ochenta, hasta casi convertirse en un género en sí mismas. Todo empezó con De tal astilla, tal palo (1987), con la entonces estrella adolescente Kirk Cameron en el papel de un chaval que intercambiaba el cuerpo con su padre, encarnado por Dudley Moore. El filme estaba ligeramente inspirado por Viernes loco (1975), largometraje en el que también se producía un embrollo similar, aunque en este caso era con madre e hija. Fue precisamente esta última película la que usó Nick Lowe, el coordinador de la edición americana de Ultimate Spiderman, para comentarle a Brian Michael Bendis que, de cara a dejar atrás la tristeza imperante tras la muerte de Gwen, no estaría mal hacer algo similar entre el trepamuros… y Lobezno. El guionista, al que nunca antes le había propuesto una trama ningún editor, tuvo palabras amables con Nick, de quien estaba convencido que algún día llegaría incluso a ocupar el puesto de Joe Quesada… Pero la idea le parecía horrible.

 

Solo que en aquel entonces, una de sus hijas pasaba por el periodo que suelen atravesar en algún momento todos los niños, cuando se obsesionan por alguna película y no dejan de verla una vez tras otra. Lo más divertido es que la cinta que tanto le gustaba a la pequeña no era otra que Viernes loco. La ponía constantemente, y en muchas ocasiones estaba su padre junto a él. Tras repasar el filme hasta la extenuación, Bendis tuvo que dar su brazo a torcer y reconocer que la ocurrencia de Lowe no era tan mala, después de todo, y que incluso podría dar para unas cuantas situaciones bastante alocadas y divertidas. Sería la manera adecuada de poner de nuevo el tren sobre los raíles.

 

Los lectores necesitaban y anhelaban un giro inmediato. La muerte de Gwen, que había cogido con la guardia baja, les disgustó tanto que muchos no dudaron en enviar sus quejas a la editorial, tal y como había ocurrido con la historia clásica en que el Duende Verde asesinaba a la entonces novia de Peter Parker. Al contrario que lo sucedido en el cómic que escribiera Gerry Conway y dibujara Gil Kane en 1973, la tragedia carecía de cualquier rasgo de épica o de cualquier posibilidad de desquite. A la Gwen original la asesinaba el Duende Verde, que quería así dañar al trepamuros, y tenía como consecuencia, en último término, el fallecimiento de éste. La historia, por triste y difícil de aceptar que fuera, se orquestaba como una fábula moral. La muerte de la Gwen de Ultimate Spiderman, en cambio, tenía una aleatoriedad total que la hacía mucho más cruda. Gwen había encontrado la parca porque estaba en el lugar y en el momento equivocados. Matanza tampoco era un villano convencional que llevara a cabo una acción consciente: tan sólo era una criatura amorfa que deseaba convertirse en humana. Más allá de que el método respondiera a las herramientas del buen escritor naturalista que es, Bendis tenía sus razones para que el fin de Gwen fuera así de cruel y sin sentido. Lo necesitaba para llevar la colección y la vida de Peter por la dirección que se disponía a tomar, pero muchos lectores, sin la visión de conjunto, no quisieron tener en cuenta nada de todo eso. Perdieron parte de la confianza que habían depositado en la que, hasta ese momento, era una serie muy especialmente querida por ellos. Algunos identificaron la muerte de Gwen como “el salto del tiburón”, una expresión propia del medio televisivo que se usa para señalar el momento en que una serie que entusiasma a multitud de seguidores pierde su esencia y comienza su decadencia, en muchos casos hasta finalizar con la cancelación.

 

Como demostraría el paso del tiempo, Ultimate Spiderman no sólo había evitado el salto del tiburón, sino que nunca lo llegaría a conocer. Brian Michael Bendis reivindicaría el producto una y otra vez, de las más imaginativas maneras, y la irreverente aventura de Spidey y Lobezno sería el detonante de uno de esos cambios inesperados. La historia, de apenas dos episodios, no sólo insuflaría nueva vida a la cabecera, sino que sería recibida con alborozo por los aficionados, que no esperaban nada similar. Joe Quesada se acercó para felicitar a Bendis, que no acababa de creerse la reacción, proponiéndole que cada año repitieran la broma, hasta convertirla en una tradición, a lo que el guionista respondió con una sonora negativa: ¡jamás repetiría aquello!

 

Se equivocaba: ocho años después, el relato sería adaptado por el propio Bendis, para materializarse como el décimo episodio en la primera temporada de la teleserie de dibujos animados de Ultimate Spider-Man. Ésta a su vez estaba influida por el tono absurdo y endiablado de aquel intercambio de cuerpos entre Spidey y Lobezno. Apenas fueron dos números, pero quedaron grabados en el recuerdo de los lectores como algo muy especial.

 

En los siguientes episodios, siguiendo con la recepción de invitados especiales, y después de que la saga con Lobezno hubiera dado también pie a la aparición de La Patrulla-X, entraba en juego La Antorcha Humana. En los cómics clásicos, Spidey y el más joven de Los 4 Fantásticos siempre han mantenido una profunda amistad que ha ido creciendo con el paso de las décadas. Bendis trasladaba la relación hasta el Universo Ultimate, pero poniendo el acento en las identidades civiles de los héroes. A renglón seguido, La Antorcha cedería el testigo al Doctor Extraño, otro personaje con fuertes lazos con Spidey no siempre explorados en profundidad. Por debajo de todas esas historias, latía el sentimiento de Peter, Mary Jane y todos los demás secundarios, tratando de superar la pérdida de Gwen, cada uno a su manera. Estaban creciendo y, en palabras de Bendis, comprendiendo que las cosas cada vez serían más duras.

 

Artículo aparecido originalmente en Coleccionable Ultimate. Ultimate Spiderman nº 14

DETRÁS DE LA SERIE DE IMAGEN REAL DE SPIDER-MAN EN LOS AÑOS SETENTA

En La Casa de las Ideas tenían un especial cuidado con lo que pudiera ocurrir con sus licencias en otros medios. En un ambiente en que el destino de la industria seguía siendo incierto, la incansable búsqueda de acuerdos con terceros por parte de Stan Lee empezaba a dar sus frutos. En 1977, había concluido la participación del trepamuros en The Electric Company, lo que facilitaba la venta de los derechos televisivos para la realización de una serie de imagen real. El canal CBS, propiedad de Columbia, se quedó con un paquete que, además del trepamuros, incluía al Doctor Extraño, Capitán América y Hulk. Todos ellos llegaron a la parrilla televisiva en forma de backdoor pilots, una denominación que se empleaba para aquellos pilotos que podían ser emitidos como si de un telefilme se tratase, incluso si luego no llegaba a desarrollarse la serie propiamente dicha.

 

 

Ni el Maestro de las artes Místicas, con estreno en septiembre de 1978, ni el Centinela de la Libertad, con dos películas, en enero y en noviembre de 1979, encontraron fortuna al respecto, pero el Hombre Araña y el Piel Verde sí corrieron mejor suerte. The Incredible Hulk contó no sólo con el respaldo de la cadena, sino también de Universal Pictures, lo que permitió que la apuesta fuera lo suficientemente ambiciosa y su presupuesto todo lo decente que se podía permitir el medio. La teleserie alcanzó la categoría de fenómeno mundial, con cinco temporadas emitidas entre 1978 y 1982, a las que siguieron unos cuantos telefilmes. El productor Kenneth Johnson optó por alejarse de los cómics, que despreciaba abiertamente, para poner el acento sobre el drama de un hombre en su incansable huida de sí mismo y de las autoridades, lo que le emparentaba más con otro clásico televisivo, El Fugitivo, que con ninguna viñeta que se hubiera dibujado nunca. La interpretación sobria de Bill Bixby como David Banner y la presencia imponente de Lou Ferrigno en su papel de Hulk conquistaron a las audiencias de todo el planeta, que encumbraron al monstruo de Marvel a una categoría de icono de la cultura popular que se mantuvo durante décadas y que a su vez dejó huella en los cómics.

Stan Lee con Nicholas Hammond

 

Spidey, que fue el primero de todos en colarse en los salones de los estadounidenses, se quedó a medio camino entre el fracaso rotundo de Doctor Extraño y Capitán América y el éxito atronador de Hulk, aunque Stan Lee no tuvo empacho en calificar la experiencia como una absoluta pesadilla. Bajo el paraguas de Columbia Pictures Television, Charles W. Fries, un veterano profesional que se había especializado en la realización de TV movies, se alió con el productor ejecutivo Daniel R. Goodman, pero dejó de lado al creador literario del personaje. A Stan no le quedó otra salida que la de la pataleta: acudía a las reuniones con la cadena y los guionistas para quejarse de lo poco que se parecía aquello a los cómics o de que no hubiera villanos con superpoderes ni tampoco efectos especiales caros. Un día, desesperado, llamó a Nueva York a Romita para contarle que iban a usar un traje negro y rojo. A Romita no le preocupó demasiado, pero preguntó a The Man los motivos. Éste le explicó que se trataba de una cuestión técnica. Algunas escenas debían rodarse con un croma azul, lo que tenía como consecuencia que el azul del propio traje se volviera luego invisible. El artista tuvo entonces un golpe de genialidad, al sugerir que en lugar de un croma azul recurrieran a un croma verde. Y gracias a eso el traje de Spider-Man pudo parecerse al de los cómics.

 

Nicholas Hammond, al que se le conocía por haber sido uno de los niños de Sonrisas y lágrimas, se quedó con el papel de Peter Parker, por más que a sus veintiocho años se le considerara excesivamente mayor para interpretar a un estudiante de Doctorado que sacaba unos dólares haciendo fotos para el Daily Bugle. En el piloto aparecían también Tía May (Jeff Donnell), J. Jonah Jameson (David White) y Robbie (Hilly Hicks), del que no se volvía a saber luego. El reparto se completaba con secundarios creados para la ocasión: el Capitán Barbera (Michael Pataki), un policía que compartía con Jameson el desprecio hacia el trepamuros, y Judy Tyler (Lisa Eilbacher), una reportera del Bugle, convertida en novieta del protagonista. Ya en la serie propiamente dicha, Robertson fue sustituido por una secretaria. También era de raza negra y podía haberse llamado Glory Grant, pero las concesiones a las viñetas parecían haber terminado: recibió el nombre de Rita Conway (Chip Fields). Robert F Simon heredó el papel de Jameson, mientras que Tía May sólo volvió en un único episodio, y también con una actriz diferente a la primera, Irene Tedrow.

 

 

El largometraje de debut, emitido el 14 de septiembre de 1977 bajo el título de Spider-Man, estaba consagrado a narrar la manera en la que Spidey obtenía sus poderes. La indispensable araña se colaba por accidente en un experimento con radiación dentro de un laboratorio universitario con nulas medidas de seguridad, para luego picar a Peter fuera de cámara y dotarle de sus habilidades arácnidas. Sin que llegara a verse cómo lo había confeccionado, el protagonista se probaba ante el espejo su traje de batalla, en un plano que parecía calcado de la segunda edición de Reflections Of A Superhero. El Spider-Man de carne y hueso disparaba telarañas, porque de otra manera se hubiera hurtado un rasgo fundamental del icono, aunque se dejaban ver en escasas ocasiones y siempre con poca dignidad, y tampoco se entró en detalles acerca de su fabricación. De una red con aspecto realista, que se utilizó en el piloto, se pasó a una muy diferente, que venía a ser una cuerda blanca. Romita había conseguido que se mantuviera el rojo y el azul del traje original, pero los resultados tampoco fueron los mejores posibles. Los ojos consistían en una superficie plateada reflectante, en consonancia con el diseño original, pero hicieron un montón de pequeños agujeros, de cara a que Hammond o el especialista y antiguo artista del trapecio Fred Waugh pudieran ver. El efecto secundario fue que Spidey, en los primeros planos, parecía tener dos coladores en la cara.

 

 

Curiosamente, el piloto sí mostraba la manufactura de los lanzarredes, con una apariencia tosca, pero similar a los de las viñetas, pero luego la red parecía salir sin más del antebrazo del héroe, como si no fuera necesario accionar ningún mecanismo. Tras el piloto, el lanzarredes pasó a estar por encima del guante… ¡un único lanzarredes, en la mano derecha! Era una aparatosa cartuchera de tonos plateados, igual que el cinturón multiusos, que ya se mostraba en las escenas finales del piloto. Más allá de lo mencionado, no había demasiados parecidos más con los cómics. La trama del largometraje alternaba la génesis del superhéroe con la amenaza de un charlatán encorbatado que ponía en jaque a la ciudad mediante la extorsión y el control mental. La caracterización de personajes quedaba en lo superficial, con flagrantes contradicciones, como que Peter viviera en una gigantesca mansión pero al mismo tiempo tuviera problemas monetarios, mientras que los efectos visuales iban parejos a la precariedad de la época. Había algunas escenas que se grabaron en lo alto de los rascacielos de Nueva York, pese a que el grueso de la producción tuvo lugar en Los Ángeles. Waugh figuraba colgado de cables supuestamente invisibles y hacía algunas acrobacias llamativas mientras le sujetaban siete operarios. Se alternaban con planos compuestos mediante reserva de material del trepamuros reptando, que luego se superponía sobre la imagen de la fachada de un edificio. Las batallas eran propias de filmes de artes marciales de Serie B, con golpes, puñetazos, esquives y violencia soft. En la mayoría de las ocasiones, el trepamuros de la tele aparecía representado, básicamente, como un mimo con un disfraz de Halloween correteando por las azoteas, moviéndose con precaución por tejados inclinados, no fuera a caerse, y peleándose con tipos con una sospechosa movilidad reducida, mientras que Peter Parker era un protagonista como cualquier otro, sin los problemas, la inteligencia, la vis cómica o la amargura del verdadero.

 

 

El piloto gozó de una notable audiencia de más de dieciséis millones de espectadores, pero su continuidad tuvo un apoyo errático por parte de la cadena, que cuando se puso a mirar con lupa lo números se percató de que la audiencia se concentraba sobre todo en niños y jóvenes, lo que complicaba la venta de los paquetes publicitarios más lucrativos. CBS optó por conceder al trepamuros una segunda oportunidad, en forma de miniserie de cinco episodios, de cuyo éxito dependía la continuidad del show. Fue ya bajo el título de The Amazing Spider-Man. El plano más voluntarioso que llegó a rodar Fred Waugh, en el que pendía con la telaraña de un helicóptero en marcha, impresionó de tal manera que aparecía en el opening, en el preciso momento de sobreimprimirse el nombre de la teleserie en pantalla. Puro relleno de midseason, su puesta de largo tuvo que esperar a los miércoles de la primavera del año siguiente, 1978. Además de incorporarse las rastreadoras araña como gadget tomado de las viñetas, la anécdota para los conocedores de éstas la trajo el cuarto capítulo, titulado “La noche de los clones”, en que Spider-Man se enfrentaba contra un clon diabólico fabricado por un científico loco. Otras amenazas de la temporada fueron un traficante de armas, una secta con un líder dotado de poderes telekinéticos o un secuestrador.

 

 

La segunda temporada, para la que el título volvió a ser, simplemente, Spider-Man, trajo la incorporación de Lionel E. Siegel, el ejecutivo detrás del éxito de El hombre de los seis millones de dólares, que acometió algunos cambios destinados a atraer a un público de mayor edad. Eso se tradujo en cambios en los argumentos, con amenazas más creíbles, y también en una reformulación del elenco de secundarios: salió el Capitán Barbera para dar entrada a Julie Masters (Ellen Bry), una nueva novia para Peter, fotógrafa como él, que además servía de alivio cómico. También limitó aún más los poderes del personaje, preocupado por la utilización indiscriminada del sentido arácnido, y llevó a cabo esfuerzos tan innecesarios como utilizar el verdadero sonido de una auténtica araña: “Ya tenemos a los chavales en el bolsillo, debido a la popularidad del cómic y a la acción de la serie. Lo que ahora queremos son adultos. Las historias serán más adultas en general “, dijo. “Estamos intentando hacer historias creíbles con un personaje que está en el límite de lo creíble”.

 

Tanto empeño importó poco, después de que la CBS optara por programar los episodios con una terrible aleatoriedad que parecía delatar que la finalidad del producto no era sino la de cubrir huecos: se emitieron dos capítulos en septiembre de 1978, otro a final de noviembre, el quinto y el sexto en febrero… La séptima entrega, de doble duración, no llegó hasta el 6 de julio de 1979 y fue también la última. En un desesperado intento por sobrevivir, Siegel se llevó parte de la trama y del rodaje hasta Hong Kong, envolviendo la aventura en la moda de las artes marciales y otorgándole el título de “La red china”. Además de Spider-Man, The Incredible Hulk y los telefilmes de Capitán América y Doctor Extraño, CBS también emitía Wonder Woman así como reposiciones de Batman y Shazam! Todo ello hizo que fuera señalada como “la cadena de los superhéroes”, una imagen que sus ejecutivos quisieron deshacer cuanto antes. Spidey y la Mujer Maravilla salieron perdiendo.

 

Pese a sus carencias, la teleserie arácnida tuvo una segunda vida en el floreciente circuito del vídeo doméstico, para el que se recicló el producto, uniendo episodios de dos en dos mediante transiciones de unos cinco minutos rodadas para la ocasión con el Daily Bugle como escenario, lo que sirvió para conseguir la duración aproximada de un largometraje. En el circuito internacional, el piloto (bajo el título de The Amazing Spider-Man), los dos episodios iniciales de la primera temporada (como Spider-Man Strikes Back), y el capítulo doble final, también de larga duración (renombrado como Spider-Man: The Dragon’s Challenge), fueron estrenados en salas cinematográficas, con notables resultados. Más allá de esos réditos, la teleserie de imagen real del Hombre Araña era un subproducto ya superado en sus propios tiempos. El espectador convencional, que en 1977 había aprendido lo que era una superproducción de efectos especiales gracias a Star Wars, la descartó de plano, mientras que los lectores de cómics la despreciaban, por su nula conexión con el personaje que tanto amaban. Para ellos, era una oportunidad perdida. El discreto letrero de “¡La sensación televisiva de Marvel!” desapareció pronto de las portadas de los cómics. Ya en 1978 el estreno de Superman, el primer filme de superhéroes verdaderamente ambicioso y adulto, dejó a la producción televisiva del trepamuros en ridículo. Spider-Man estaba muy lejos de poder mirar siquiera de soslayo hacia el Hombre de Acero.

 

 

Textos procedentes de Spider-Man: La historia jamás contada

Imágenes propiedad de CBS/Getty Images

SPIDERMAN Y “UN NUEVO DÍA”: LOS DÍAS QUE VINIERON DESPUÉS

Los cuatro primeros arcos argumentales que se plantearon en el Amazing Spider-Man de “Un nuevo día” sirvieron de carta de presentación a los diferentes autores que había fichado Stephen Wacker para que narraran la vida del trepamuros en esa fase trascendental. Una vez puestas las cartas encima de la mesa, y todavía con la furia desatada por “Un día más” resonando entre los fans, llegaba el momento mirar hacia delante y desarrollar la fórmula elegida. Wacker era el director de orquesta de un puñado de guionistas y dibujantes con los que enseguida tocó hacer permutaciones. Aunque en muchas ocasiones éstas fueran consecuencia de las circunstancias, darían lugar a interesantes resultados.

 

 

LA MAGIA DE LA CÁMARA

La presencia de Steve McNiven y Salvador Larroca, dos de los artistas con los que se puso en marcha “Un nuevo día”, estaba sólo contemplada para esos sendos arcos argumentales, de manera que Wacker se vio en la necesidad de cubrir sus huecos. A tal efecto, había contratado tanto a Marcos Martín como a Barry Kitson, dos profesionales que, pese a su excelencia, no gozaban de la categoría de estrella que se merecían. Fue el español Martín, de trazo limpio, narrativa elegante y con una tendencia a establecer interesantes juegos de composición en cada página, quien acompañó a Dan Slott en su segunda intervención en “Un nuevo día”. Si bien haber sido el responsable de trazar las líneas maestras del escenario y el que para ello contara con alguien de la relevancia de McNiven a su lado ya habían colocado a Slott como el más destacado de los autores de la serie, la lectura de “Peter Parker, paparazzi” vino a confirmarlo. La base del relato se encontraba en la deriva amarillista que había tomado el Daily Bugle, ahora DB, tras la salida de Jonah J. Jameson y su sustitución por el poco escrupuloso Dexter Bennet. En esas circunstancias, Peter debía reciclarse laboralmente, y pasar de hacer fotos a su alter ego arácnido a perseguir famosos, como ya adelantaba el título. Slott abordaba los límites éticos de ese oficio de rapiña, lo cual no dejaba de ser interesante ante un personaje con tendencia a caer en el error para luego rectificar, como es el caso de Spidey, pero los verdaderos atractivos de la historia estaban en el regreso de un importante secundario, en cuyos diálogos el guionista deslizaba llamativas indirectas acerca no sólo de la polémica surgida alrededor de “Un día más”, sino de la manera en que la editorial, en especial Joe Quesada, había manejado el asunto. El segundo punto de interés estaba en la villana, Muñeca de Papel. De todos los nuevos enemigos arácnidos surgidos durante “Un nuevo día”, quizás fuera la más original, con un toque escalofriante muy bien representado por Martín.

 

ESPERANDO A LOS CLONES

El relevo de Slott y Martín lo tomaban Bob Gale y el mencionado Barry Kitson, con una trama centrada en el bar de apuestas frecuentado por villanos de segunda categoría que ya venía apareciendo en números anteriores y que ahora saltaba a primer plano. A priori, se presentaba como una oportunidad para dar algo de brío a viejas caras, como las de Los Forzadores, que tenían pocas ocasiones de brillar. Spidey se había nutrido en muchas ocasiones de esa clase de amenazas a pie de suelo, que no significarían ningún problema para otros héroes, pero que a él podían darle dificultades. Frente a la trascendencia de tipos como Morlum o El Duende Verde, esos villanos aportaban una ligereza propia del mundo arácnido. Desde la portada, además, se jugaba al despiste, planteando la posibilidad de que los clones volvieran a entrar en la vida del Hombre Araña, como ya había ocurrido en los años noventa. ¿Qué opciones reales había de que tal cosa ocurriera? Muy pocas, pero aquí Wacker y los suyos jugaron por primera vez con la idea. No sería la última.

 

AHORA TODOS JUNTOS

El Amazing Spider-Man #564 USA (2008) fue la prueba de que las estructuras de “Un nuevo día” eran moldeables y Wacker jugaría con ellas siempre que tuviera oportunidad. “¡Colisión a tres bandas!” permitía a Guggenheim, Gale y Slott, tres de los cuatro guionistas de la writer’s room arácnida, tejer a seis manos una frenética historia, en la que Spidey perseguía a Turbo, otra de las incorporaciones criminales a la franquicia, durante todo el cómic. El editor estaba ensayando fórmulas por el sistema de prueba y error. Ésta, por las razones que fueran, no cuajó más allá del episodio en concreto y nunca volvería a repetirse, pese al ambiente cordial que se respiraba en la oficina. Así lo contaba Slott en aquel entonces: “Estamos trabajando juntos con una especie de mentalidad de colmena, y eso supone mucho esfuerzo. Hay muchas reuniones, muchas cadenas de correos electrónicos. Vamos y volvemos sobre muchas cosas. Es emocionante. Me gustan especialmente las sesiones en que estamos todos juntos en la misma habitación. Planeamos cosas a largo plazo para Spidey y es emocionante. Stephen Wacker es quien se asegura que el tren no descarrile. Eso es brutal. ¡Tres veces al mes! ¡Es una locura! Trabajas y trabajas y trabajas y escribes tres números. Normalmente eso son tres meses de trabajo, pero entones bang bang bang, tres disparos seguidos y pasamos a lo siguiente. Tengo mis tres primeros guiones terminados. El primer número de mi siguiente arco ya lo está dibujando alguien. ¡Y esta semana entrego la primera parte del siguiente que hago después de ése! No va a salir hasta verano del año que viene. Nos estamos dejando los cuernos para asegurarnos de que funciona”.

 

Y ENTONCES, LLEGARON LOS KRAVEN

La aventura que da título a este volumen es la que lo cierra, y tuvo una importancia determinante, más de lo que podría imaginarse con su mera lectura. Desde el título “La primera cacería de Kraven” evocaba a la que muchos consideraban como la mejor historia de Spiderman de todos los tiempos, “La última cacería de Kraven”, con la que J. M. DeMatteis y Mike Zeck habían llenado de oscuridad el mundo del trepamuros a finales de los años noventa. La mítica historia había supuesto también la muerte del villano, pero desde entonces, de cuanto en cuanto, ya fuera el propio DeMatteis, ya fueran otros autores, habían recurrido a la familia de Sergei Kravinoff como sustituta del difunto. En esta historia en concreto, se presentaba a Ana, la más joven del clan, que trataba de repetir la hazaña del patriarca. Daredevil también se veía envuelto en la refriega, lo que permitía a los fans continuar con su especulación alrededor de en qué consistía exactamente que la identidad de Spidey volviera a ser secreta. “La primera cacería” podía haberse quedado en anécdota, pero en realidad fue la primera semilla de la más importante saga que llegaría a narrarse durante “Un nuevo día”.

Artículo publicado originalmente en Marvel Saga. El Asombroso Spiderman nº 16

DIEZ AÑOS DE UNIVERSO CINEMÁTICO MARVEL: DETRÁS DE LAS CÁMARAS

Fuente: Marvel Entertainment

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