
Hay muchas cosas que se pueden criticar a la trilogía de Sam Raimi. Tanto el abuso de secuesto por parte de Mary Jane, los múltiples desenmascaramientos del trepamuros -donde TODOS los supervillanos acaban sabiendo su identidad o viendo su rostro- o simplemente algunos cambios en la historia que a los fans les pudieron saber a cuerno quemado (caso de meter con calzador al Hombre de Arena en el asesinato de tío Ben). Es evidente que si hablamos de una trilogía habrá cosas que gustarán de una entrega y cosas que no, pero yo siempre he tenido claro, BIEN CLARO, que lo peor de la primera película fué el aspecto físico del mayor enemigo de Spider-Man. En aquellos años no tenía internet y fué un pequeñísimo avance lo que ví en la televisión. Precisamente ésa escena en la que se enfrentan por primera vez y donde Spidey corría para esquivar los disparos que le propagaba Norman Osborn. Me convenció el traje del trepamuros -que ya lo había visto con anterioridad en algún que otro sitio-, pero desde luego ver lo que habían hecho con el Duende Verde es algo que jamás perdonaré.
Como sucede con Batman y su traje, se buscó una solución lógica. No que Osborn se confeccionase su traje en sus ratos libres y una máscara de duendecillo. Si no más bien un traje que se estaba desarrollando en su empresa. Es decir, que una vez que se le iba la pinza el traje no salía de la nada, sino que estaba ahí.
Ejem, pues se lo podían haber ahorrado. Arriba podemos ver una imagen del vídeo que podéis ver más abajo, en el cual el estudio ADI había trabajado con maquillaje, latex o lo que es más coherente, provocar pavor, terror o miedo cuando vieses a este personaje. Algo que ni de lejos me ha provocado nunca lo que ví en la película de Raimi.
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