1984. BILL SIENKIEWICZ ROMPE LAS LEYES DE LA MUTACIÓN

ES 1984. Illyana es el primero de los cuatro personajes femeninos que, a lo largo de 1984, llegan a sufrir un cambio drástico. La segunda en pasar por caja es Danielle Moonstar. En su honor, se contrata a Bill Sienkiewicz para que dibuje los TNM 18 a 20 (VIII-X 84). Los habituales de la casa le recuerdan de dos años atrás, por la aventura en la que la Patrulla-X se enfrentaba a Drácula. Desde entonces, Sienkiewicz ha abandonado su serie mensual, Moon Knight, y ha rechazado convertirse en el dibujante regular de Uncanny. En Uncanny jamás podría llegar a donde desea. En Uncanny quieren al sosias de Neal Adams. No se dan cuenta de que ya no existe, nunca más. El renacido Sienkiewicz concentra ahora su trabajo en espectaculares portadas en las que emplea las más dispares técnicas pictóricas. Son cuadros, más que cubiertas. ¿Es ese trabajo exportable al interior de un cómic de superhéroes? Claremont confía en que la respuesta sea afirmativa. En The New Mutants espera que Sienkiewicz dibuje una aventura que no tenga nada que ver con lo que se ha visto en la colección hasta ahora. No importa la reacción de los lectores. Lo hablan y coinciden: pueden estar tirándose de cabeza al abismo. Menos mal que Weezie les guarda las espaldas ante Shooter, un Shooter tan satisfecho con las ventas de los títulos regulares, limitados u ocasionales protagonizados por mutantes, que no tiene inconveniente en ceder a un capricho de su Rey Midas particular. Al fin y al cabo, sólo van a ser tres números de excesos. Por otra parte, piensa Shooter, ésta es una forma de responder a la nueva DC, ésa que se ha llevado a Frank Miller de Marvel para que haga Ronin; una manera de responder a las minúsculas editoriales denominadas independientes que afloran como setas en el mercado de venta directa. No suponen ningún problema económico para Marvel, pero destilan un discurso, especialmente la Fantagraphics de Gary Groth, según el cual sólo ellas pueden hacer tebeos realmente adultos. Pues que se enteren, que se enteren todos esos comunistas del Comics Journal: Marvel puede hacer cómics adultos mejor que nadie. Sin pasar por la línea Epic, sin derechos de autor, con superhéroes como dios manda.

Cualquier expectativa de Claremont se queda corta nada más recibir las páginas del primer número. Cada una de ellas podrían exponerse en un museo. Si éste es un cómic de superhéroe, se parece muy poco. Es imposible definir la estética de Sienkiewicz; hace falta verla. ¿Cómo explicar la magia? Va directamente al alma, al sentimiento, sin pasar por el cerebro. Sienkiewicz no dibuja rostros, no dibuja cuerpos. Dibuja emociones, temores, anhelos. Sí, y el oso está desproporcionado (cuando en realidad, aterroriza con unas simples garras sobre una mancha negra); y ese entintado parece emborronar la página (cuando en realidad es pura precisión); y esos chicos… esos chicos no son los bebés-X. No son los adolescentes prefabricados de Bob McLeod. Ya no están allí. Quizás no han estado nunca.

Ahora, además de unos irreconocibles (y al mismo tiempo, tan familiares) Roberto, Sam, Dani, Illyana, Rahne, está una joven venida de un futuro que nunca será. Una Rachel Summers que vio como asesinaban a Charles Xavier. Está un extraterrestre de aspecto inclasificable, perseguido por su todavía más inclasificable padre. Y un oso, ese enorme oso que no puede existir y que sin embargo existe. El oso que deja a Dani en un charco de sangre en medio de la nieve. Y a los lectores con el corazón en un puño, con la boca abierta. Vaya mierda. Vaya maravilla. Entre las críticas y las alabanzas a semejante producto media un abismo insondable. Nada de medias tintas. O lo amas o lo odias, pero todos tienen algo apasionado que decir sobre el tipo que está dibujando The New Mutants. “¡No sabe dibujar, mi hermano pequeño lo haría mejor!”, dicen unos. “¡Es un genio, lo mejor que he leído en mi vida! ¿seguro que el guionista es el de la Patrulla-X?”, dicen los otros. Es lo que Claremont busca y consigue una primavera de 1984. “Estamos aquí para que la gente se preocupe, que deseen que pase el mes para comprar el siguiente número y ver qué sucede”, dice. La previsible estampida de aterrorizados lectores hacia títulos más cómodos de leer se compensa inmediatamente con la llegada de aquéllos que no se hubieran acercado a un cómic de superhéroes ni con guantes; de aquéllos que no quieren saber nada de la Patrulla-X tras la marcha Byrne. Desde entonces, la estrella, la indudable estrella, es Claremont. Ahora, el escritor ha pasado a un discreto segundo plano. No importa: la compenetración con Sienkiewicz es absoluta, semejante a la que encontró con Miller o, las veces que no discutían, con Byrne. ¿Quieres experimentar? ¡Pues experimenta! ¿Has leído lo que dicen de nosotros? ¡En los puestos de prensa han dejado de comprarnos, pero el mercado directo nos adora! ¿por qué dejarlo aquí? Veo tu arte y se me ocurren mil historias como ésta. Pero sólo tú puedes dibujarlas.

Sienkiewicz acepta seguir, al menos, un año más. La primera de esas historias tiene como protagonista a Warlock, el extraterrestre multiforme que se une al grupo en el TNM 21 (XI 84). No es mutante, pero ninguna regla prohíbe ser bebé-X a otro tipo de seres. En todo caso, reúne los requisitos apropiados: es un adolescente (el más raro que ha pasado por la colección, pero un adolescente al fin y al cabo), le persigue su padre Magus con la intención de eliminarlo y es un forastero en tierra extraña. Ejemplo perfecto del nuevo espíritu de la serie, Warlock llega para convertirse en uno de los bebés-X más populares.

Durante los meses siguientes, tomada como referencia la saga del Oso Místico, Claremont y Sienkiewicz desarrollan una serie de aventuras, miniseries dentro de la serie, que conforman el cuadro de la colección comercial más extraña, disfuncional y atrevida de la Marvel de Jim Shooter. En los TNM 22 a 25 (XII 84-III 85) Claremont y Sienkiewicz recurren a Capa y Puñal, dos fascinantes personajes nacidos en The Spectacular Spider-Man, para acometer un perverso cuento lleno de referencias oníricas en el que Caperucita Roja (Rahne) se convierte en el Lobo Feroz y el Príncipe Azul (Roberto) en el Señor de las Sombras. Aquellos que rechazan el planteamiento por excesivo se echan al monte con los TNM 26 a 28 (IV-VI 85), alucinante viaje al fondo de la mente del hijo autista del Profesor-X en el que Sienkiewicz emplea todo tipo de técnicas pictóricas apoyado, en gran medida, por los buenos oficios de la colorista Glynis Wein. Todavía le queda tiempo para dibujar una saga más, en la que se emprende la búsqueda de Karma (TNM 29 a 31, VII-IX 85), antes de decidir que ha dado a los bebés-X todo lo que podía darles. Es el momento de buscar nuevos proyectos, más alejados de los tradicionales superhéroes, a pesar de que con un artista de sus características ya no sean “tradicionales”.

 

1984. DE CÓMO TORMENTA SE QUEDA SIN PODERES PARA MOLAR MÁS QUE NUNCA

En 1984. En Uncanny reaparecen algunas de las líneas argumentales más interesantes esbozadas enThe New Mutants. En el UXM 183, Claremont desvela que Selene, la vampira psíquica de Nueva Roma, ha viajado a Nueva York, donde, en el número siguiente, se enfrenta contra Rachel Summers, la hija de Cíclope y Fénix escapada del apocalíptico destino de Días del pasado futuro. Rachel vence a Selene con la ayuda de la Patrulla-X, sólo para darse cuenta de que ha cometido un error: “He llegado al pasado equivocado y, por culpa de mi estupidez, el mundo está condenado”, dice. En el UXM 188 descubre que su madre ha muerto y su padre se ha casado con otra. Descubre, en definitiva que, en esta línea temporal, ella nunca nacerá. Poco después, se desvela que Rachel fue manipulada mentalmente en su oscuro futuro para que sirviera como rastreadora de mutantes (UXM 189, I 85). En ese mismo número, vuelve a luchar contra Selene, ahora convertida en Reina Negra del Club Fuego Infernal. Rachel visita por tanto el lugar en el que su madre se transformó en Fénix Oscura, e incluso llega a vestir con una variante del traje que usara ésta. Por último, en el UXM 191 (III 85) aparece por primera vez Nimrod, un Centinela procedente de la época de Rachel que llega hasta la nuestra con la intención de asesinarla. Tiene aquí lugar un interesante feedback. Si en la película Terminator (1984) de James Cameron es reconocible la lectura previa de Días del futuro pasado, con Nimrod la pelota vuelve al tejado de Cameron. La influencia del androide encarnado por Arnold Schwarzenegger se evidencia en este Centinela definitivo. Por lo demás, Rachel Summers es un rubicón viviente. Puede que los mutantes lo estén pasando mal pero todavía están lejos del desolador destino que les dibuja Rachel. Claremont, junto a Nocenti, persigue ese “más difícil todavía”. Se trata de dar a cada uno de los hombres-X un buen motivo para que sufra. Y sufra mucho. En la cabeza del autor impera un silogismo a la hora de trabajar con sus personajes: la esencia del melodrama es el conflicto. La esencia del conflicto es llevar al límite la vida de los personajes. Hay que pensar la peor de las situaciones en la que puedes ponerles, y, a continuación, empeorarla.

 

-Ideas, quiero ideas.

-Que alguien consiga romper los huesos de Lobezno.

-No está mal. Más.

-Uhm. Que alguien robe a Tormenta sus poderes y luego se enamore de ella.

-Ésa me gusta.

 

En este caso, Claremont opera sobre un personaje terminado de definir. Tal vez por ello, el proceso sufrido por la diosa africana sea el más radical de todos. Meses antes, avisa en múltiples entrevistas de los extraordinarios acontecimientos que tendrán lugar enel UXM 185 (X 84) sin concretar de qué se trata exactamente. Simplemente, explica que las consecuencias se expondrán un especial con dibujos del preciosistaBarry Smith.

Lleva meses planeándolo. Los nuevos personajes secundarios que han sido introducidos en los últimos números sin motivo claro cobran ahora su valor. Está Henry Peter Gyrich, antiguo azote gubernamental de los Vengadores y actual perseguidor de mutantes; está Valerie Cooper, la ayudante del Consejo de Seguridad Nacional encargada de vigilar, desde el Gobierno de los Estados Unidos, las actividades mutantes; está Raven Darkholme, colega de la primera y, en realidad, Mística disfrazada e infiltrada en el Pentágono (un argumento que Claremont arrastra desde los últimos números de Ms. Marvel); está Forja, el misterioso mutante de origen cheyenne capaz de fabricar artilugios mecánicos con una facilidad sólo comparable a la de Reed Richards. Forja crea un arma que neutraliza el poder de cualquier superhombre, sea o no mutante. Pretende utilizarla contra los Fantasmas Espaciales, unos alienígenas que, desde las páginas de Rom, planean invadir la Tierra. Valerie Cooper en cambio quiere que sirva para capturar a Pícara… Es entonces cuando Claremont mete en la partida de ajedrez a Tormenta, quien, en un fuego cruzado, se convierte en la primera víctima del neutralizador de Forja.

El UXM 186 (XI 84) es el especial que dibuja Barry Smith, una historia de sentimientos entre Tormenta y Forja. Tormenta es uno de los pocos superhéroes con los que Smith puede identificarse remotamente. Vuela, tiene poderes, pero la entiende de forma distinta que los otros dibujantes. Quiere plasmar en ella su visión de lo que debe ser una diosa, mezcla de rasgos griegos y africanos. La participación del dibujante queda patente también en el guión. Claremont añade varias de sus sugerencias, lo que le vale ser incluido como coargumentista. En las páginas de Muerte viva, expresivo título que recibe el especial, se analiza por qué la mutante africana jamás ha tenido un romance. La Tormenta serena de los primeros tiempos, explica el Patriarca Mutante, es una diosa impasible, que renuncia a sus emociones porque sabe que la intensidad de éstas es paralela al control que tiene de sus poderes. En estos años, tiene posibilidad de enamorarse pero nunca llega a hacerlo. Así, una historia corta publicada en Marvel Team-Up 100 señala una breve aventura con Pantera Negra, relación a la que Claremont renuncia por no tener control operativo sobre el Rey de Wakanda. Por esas fechas, todavía en compañía de John Byrne, baraja unirla sentimentalmente a Cíclope, en lo que hubiera constituido la primera pareja multirracial de la historia del cómic. La idea nunca fructifica, ya que ambos autores deciden emplearla con Puño de Hierro y Misty Knight. Durante los años siguientes, Claremont opina que nadie en el Universo Marvel está a la altura de Ororo. “Vivo sola porque lo he elegido, y porque no he encontrado a ninguno que haga latir mi corazón”, llega a decir a Arkón (UXM Annual 5, 1981). Entonces surge la Tormenta punk del último año, que ha decidido romper las barreras, su “celibato espiritual autoimpuesto”, lo que supone el mayor conflicto interno que haya conocido la mutante. La Tormenta que tras el UXM 185 aparece, ya no tiene ese problema. Puede ahora ser dueña de sus sentimientos. Ése es el punto de partida de Muerte viva. En la primera página, Tormenta aparece desnuda, caída en una cama, más que tendida. “Érase una vez una mujer que podía volar”, indica el texto de apoyo. Ororo no quiere comer del plato que le ofrece Forja, prefiere morir. “Esto no es vida, Forja, sólo existencia… una sombra de lo que fue. Créeme, es el más cruel de los engaños”. Él afirma entenderla. Perdió su pierna y su mano en el Vietnam, sólo su habilidad de crear tecnología le ha permitido sustituirlas por prótesis cibernéticas. “Mientras vivas, siempre tendrás opciones, posibilidades… Esperanzas. Nunca sabes lo que sucederá a continuación”, sostiene Forja. Inevitablemente, se enamoran. Pero Ororo descubre que fue él quien inventó el arma que la ha desposeído de sus poderes, lo que le impulsa a abandonarlo, furiosa. La figura masculina que representa el cheyenne queda, una vez más en un relato de Claremont, por debajo. “Somos muy parecidos, Forja. En ti veo la persona que yo podía haber sido”, dice ella. “Pero escogí otro camino. Quizás mis pies nunca dejen de pisar la tierra, pero, algún día, volveré a volar”

 

Pese a los buenos resultados, esta primera colaboración con Barry Smith no deja de estar plagada de problemas y egos encontrados. Por un lado, Jim Shooter rechaza una de las viñetas de las primeras páginas, por considerarla en exceso provocativa; por el otro, las variaciones que el dibujante introduce en el guión de Claremont, imprimiendo un ritmo diferente al inicialmente contemplado, enfurecen al guionista, que pese a todo se muestra dispuesto a seguir colaborando con Smith en el futuro.

1984. PARA KITTY PRYDE, MADURAR IMPLICA EMPALAR A LOBEZNO

Es 1984. El mismo mes que Tormenta pierde los poderes aparece el primer número de la prometida miniserie dedicada a Kitty. Claremont analiza, al igual que con Muerte viva, la nueva forma que tiene el personaje de relacionarse con un mundo que se le ha hecho pedazos. A la ruptura con Coloso se añade el descubrimiento de que su padre tenga problemas con la mafia japonesa, lo que hace que viaje a Japón para intentar ayudarle. Ogun, el mismo ronin que entrenara a Lobezno, lava su cerebro y la convierte en una asesina ninja. Lo importante para Kitty no es borrar su influencia, cosa que puede conseguir con la ayuda de Xavier, sino enfrentarse a él y, sobre todo, al miedo. Para Claremont, lo que le pasa a Kitty es una enfermedad repentina. Ha sucedido tan rápido y con tanta intensidad que, cuando termina, apenas ha dejado algo dañado. A la postre, la resistencia es uno de los aspectos fundamentales del personaje, como bien lo demuestra la viñeta que cierra el relato, con ella devorando un enorme helado (Kitty Pryde and Wolverine 6, IV 85). Que la acción transcurra en Japón sirve para justificar la aparición de Lobezno, cuyo nombre se añade al título de la miniserie en un truco comercial que acaba traicionando a su autor. Inicialmente, la protagonista es Kitty, mientras que Lobezno encarna el papel de gran maestro, un referente ético para una muchacha que ha visto como sus modelos masculinos-Coloso, su padre- se han quedado obsoletos. La premisa se cumple en los dos primeros números pero, al empezar a escribir el tercero, el guionista descubre que se ha equivocado. No porque no sepa planificar la historia -esta historia en concreto es un prodigio de planificación- sino porque, como de costumbre, sus criaturas son las que deciden a dónde quieren llegar. Hasta tal punto cambia el curso de la aventura que se ve obligado a ampliarla de los cuatro números anunciados a los seis finalmente publicados. Lobezno también se enfrenta a su mayor demonio y lo destruye, pero el proceso resulta mucho más duro para él, obligado a asesinar a Ogun para salvar la vida de su compañera.

-Yo le respetaba, Kitty -confiesa Lobezno-. Le quería como a un padre. Le debo mucho de lo que soy. ¿Cómo pude estar tan ciego antes para no ver lo que era en realidad?

-Cuando os conocisteis eras joven. Tu has cambiado. Has Madurado. Ogun no. Esa es la diferencia.

Al Milgrom, que ya trabajara con Claremont en Captain Marvel 46 (IX 76), es elegido para ocuparse de Kitty Pryde and Wolverine. Es un artista de trazo duro, casi feísta. La solución apropiada ante la incapacidad de contratar a un Frank Miller encumbrado al estrellato y recién fugado a DC. Además, Milgrom hace aquí los mejores lápices de toda su carrera, una obra que supone un carpetazo a la época clásica de los dos protagonistas. Atrás queda la “chica normal” que creara John Byrne. “Ir a la universidad. Casarse. Tener muchos hijos. Es lo que hacen todas las mujeres. ¿Por qué yo no? Porque ellas no bailan en el cielo. Y a mi me gusta”, piensa Kitty. “Hasta sin superpoderes, no podría ser lo que mis padres o la sociedad esperan de mí” (L:KW 5, III 85). El resultado más palpable es el abandono de gran parte de su inocencia, gesto que se traduce en un nuevo nombre de guerra, Gata Sombra. Otro tanto ocurre con un Lobezno que sigue debatiéndose entre su lado salvaje y su humanidad pero que ahora está dispuesto a asumir responsabilidades impensables en el pasado. “Siempre he sido un solitario”, concluye, “y de repente tengo una familia. Tardaré en acostumbrarme”

            De vuelta a la serie regular, los UXM 190 y 191 (II-III 85) componen uno de los experimentos más extraños de la colección, dada la ruptura temática que acarrean. Durante estos dos números, Claremont recupera a Kulan-Gath, un enemigo de Red Sonja que ya utilizara años atrás en el Marvel Team-Up79 (III 79), y que convierte Nueva York en una ciudad sacada de un relato de Robert E- Howard. La aventura cuenta con el aliciente de poder ver las versiones medievales de la Patrulla-X, los Nuevos Mutantes o los Vengadores, curiosos diseños de un Romita que se divierte como pocas veces desde su llegada. Claremont se permite someter a la mayoría de los héroes de la Gran Manzana a las más refinadas torturas (llega a matar a Spider-Man o a fusionar los cuerpos de Xavier y Calibán), un lujo imposible de no ser porque todo queda olvidado cuando termina la historia. “Como siempre, la Patrulla-X ayuda a salvar a la humanidad y nadie lo sabrá”, se lamenta Tormenta.

Nada satisfecho con el resultado de la historia de Kulan-Gath, el Padre Mutante vuelve enseguida por sus fueros habituales. Son aventuras centradas en los personajes más que en la sucesión de villanos, aunque haya una buena ración de ellos. Magus, el padre de Warlock (UXM 192, IV 85), los Infernales (UXM 193, V 85), Juggernaut y Nimrod (UXM 194, VI 85) o Arcade (UXM 197, IX 85) se suceden uno tras otro sin ninguna función aparente que no sea la de mera excusa que haga recordar a los lectores que están leyendo un cómic de superhéroes. Son en cambio las relaciones y conflictos personales, más allá de cualquier otro motivo, los que sostienen el desarrollo argumental de la strip. Nada nuevo en Marvel, pero nunca antes de forma tan angustiosa. Todos y cada uno de los hombres-X tienen alguna buena razón para lamentarse. Tormenta ha perdido sus poderes; Pícara no puede tocar a nadie, pero conserva todas las emociones de Carol Danvers; Rondador, el alegre elfo de piel azulada, padece una crisis de fe a causa del Todopoderoso (“He visto el rostro de Dios y he descubierto que es un monstruo”, afirma); Rachel no puede olvidar su apocalíptico futuro alternativo; Kitty sufre por Coloso; Coloso no quiere hacer daño a Kitty, y por eso también sufre… De fondo, el racismo hacia los mutantes, encarnado en el enemigo definitivo de la Patrulla-X. Un enemigo que utiliza tantas e insospechadas modalidades como a Claremont se le ocurren. El sentimiento anti-mutante surge en cada una de las apariciones públicas de la Patrulla-X e incluso se materializa en el apaleamiento de Xavier, “el amigo de los mutis” (UXM 192).

A pocos meses para su publicación, Claremont comienza a preparar los acontecimientos previstos para el UXM 200, lo que coincide con el lanzamiento de Secret Wars II. La segunda gran saga planeada por Jim Shooter transcurre esta vez en la Tierra. Esto permite al director editorial llevar a cabo el mayor crossoverde todos los tiempos. Cada uno de los nueve números de los que se compone la aventura se continúa en las diferentes colecciones Marvel, un esfuerzo de coordinación que deja en ridículo el llevado a cabo para sacar adelante las primeras Guerras Secretas. Así, en Secret Wars II1 (VII 85), la Patrulla-X y Magneto se ven obligados a unir fuerzas ante la llegada del Todopoderoso. Magneto se ha pasado el último año junto a Lee Forrester, la antigua novia de Cíclope, con quien mantiene un romance cuya evolución ha podido seguirse durante meses en The New Mutants. Ahora asegura que ha cambiado, e incluso impide que Rachel mate a sangre fría al racista que planeaba asesinar a Xavier. “Su odio es fruto de la ignorancia y el miedo. Con tus actos justificas su miedo y su odio”, afirma Magnus, en una frase que define su cambio de postura (UXM 196, VIII 85).

El UXM 198 (X 85) acoge la segunda parte de Muerte viva. Más de un año ha tardado Barry Smith en terminar esta nueva entrega en la que, una vez analizada la relación de Tormenta con Forja, Claremont se la lleva a Africa para colocarla frente a sus orígenes, frente a las razones por las que, durante años, se ha negado a sí misma cualquier tipo de emoción. Según el Padre Mutante, estas razones tienen que ver con sus poderes y la necesidad de que funcionen en armonía con el entorno. “He sido un fraude”, concluye Tormenta. “Me inmunicé contra todo lo que eran sentimientos, ansias y deseos. Lo que hacía en realidad era esconderme y huir de mi propia humanidad”. Ororo, que juega con la idea del suicidio una y otra vez, encuentra su lugar en el orden natural de las cosas cuando comprende que ella ha de ser un puente “no sólo entre los antiguos y los nuevos métodos, sino entre las razas, entre la humanidad y sus hijos mutantes”. Según Claremont, “Tormenta se define a sí misma como hija de dos mundos. Nació en América, creció en el Cairo y pasó su adolescencia como una diosa pagana en medio de África. ¿Hasta qué punto está en el siglo XX?”. La heroína existe más allá de su vistoso traje y sus increíbles habilidades (ni lo uno ni lo otro aparece aquí). “No tengo poderes. No puedo volar. Ya no importa. En mi corazón vuelo más alto que las estrellas”, concluye Tormenta. Mientras desde algunos sectores de la crítica arrecian las protestas por la excesiva rentabilización del éxito mutante, Claremont y Smith desarrollan una historia sin villanos, sin otra lucha que no sea la que se produce en el interior de Tormenta, la que lleva a cabo para conseguir que nazca una niña africana. Pese a producirse nuevos encontronazos a causa de la interpretación libre que el dibujante hace del guión, la colaboración, tan alejada del arquetipo clásico del superhéroe, consigue una rotunda aclamación popular. Son tiempos en los que DC anuncia la salida de una serie titulada Watchmen.

1984. LA PATRULLA-X Y ALPHA FLIGHT: LA REUNIÓN DEL DREAM TEAM QUE NUNCA OCURRIÓ

ES 1984. ¿En qué llevan razón quienes critican a Marvel por aprovechar el filón X-Men? Productos tan honrosos como Muerte vivaconviven con otros que lo son algo menos, como las miniseries Iceman  y Beauty and the beast (ambas de XII 84-VI 85), o Nightcrawler(XI 85-II 86). Mary Jo Duffy, una de las mejores amigas de Claremont, trabaja en The Misfits, título derivado de The New Mutantsque no acaba de encontrar fecha de publicación; y otros autores preparan proyectos más o menos oportunistas, protagonizados por mutantes de pega, como es Firestar(III 86-VI 86), mediocre inserción en el Universo Marvel de una heroína procedente de la serie de dibujos animados Spider-Man and his amazing friends. La única miniserie en la que trabaja Claremont este año es un proyecto que Jim Shooter lleva sugiriendo desde hace meses. El director editorial pretende reunir de nuevo al Padre Mutante con John Byrne. Se trataría de que ambos hicieran una miniserie protagonizada por la Patrulla-X y Alpha Flight, grupo cuya colección creara Byrne dos años atrás. Se anuncia la salida para ese mismo invierno y Claremont, siempre cuidadoso con la continuidad, inserta la historia entre medias del UXM 192.

En cuanto Ann Nocenti, editora mutante, y Dennis O’Neil, editor de Alpha Flight, empiezan a trabajar en el nuevo título, Byrne anuncia que cambia cromos con Bill Mantlo. Éste pasa a encargarse de los Alphas y él a ocupar Incredible Hulk. En principio, no tiene por qué haber problema para que siga adelante el crossover con la Patrulla-X, pero el canadiense se desentiende del proyecto. Alega que su llegada a la colección del coloso esmeralda y la preparación de una novela gráfica dedicada a Hulka se llevan veinticinco horas diarias de su tiempo. Los editores insisten en seguir adelante sin Byrne, aunque sea con un especial de treinta y dos páginas que aproveche lo que llevan avanzado, pero es necesario un dibujante. Nocenti llama por teléfono a Paul Smith.

 

-Hola chico. ¿Te apetece hacer un número especial de la Patrulla-X?

-Déjalo, Ann. Seréis muy majos y todo lo que tú quieras, pero no me interesa la Patrulla-X. Estoy harto de que sólo me pidan dibujos de la Patrulla-X. No quiero que me volváis a llamar para hacer un cómic de la Patrulla-X. ¿Vale? Venga, un beso.

 

Por la tarde, Smith se acerca a una tienda de motocicletas. Antes de entrar, se queda pegado al escaparate. Acaba de enamorarse. Ella es la última BMW. La primera desde los años cincuenta que lleva un flamante motor nuevo. Tiene que ser suya.

 

-Hola Ann, soy Paul Smith. Me acabo de enterar que antes has llamado a casa y has hablado con mi Malvado Hermano Gemelo. Eso que te ha dicho de que no quiero trabajar para vosotros es mentira. Estoy deseando volver. ¡Con lo que a mí me gusta la Patrulla-X! De hecho, ¿qué es eso de treinta y dos páginas? ¡quiero dibujar cien!

 

Cien páginas de Paul Smith es igual a lo que cuesta una BMW nueva de 1985. El especial se convierte así en una miniserie compuesta por dos números dobles. Para completar el equipo creativo, se recupera a Bob Wiacek, entintador de Smith durante su etapa en Uncannyy que ahora se ocupa de Power Pack. Puesto a elegir villano, Claremont decide olvidarse de los habituales de la Patrulla-X y ni acercarse a los que Byrne ha creado para Alpha Flight. A sugerencia de los editores, recurre a Loki, el malvado hermanastro de Thor, lo que entronca con la gran saga que viene desarrollando Walter Simonson en la colección del Dios del Trueno. Claremont nunca ha trabajado con las deidades asgardianas, por eso le resulta mucho más sencillo dejar de lado los típicos planes de conquista del Señor de la Mentira para entrar en su retorcida mente. ¿Cómo actuaría Loki si le obligaran a comportarse con bondad? De esa pregunta nace la historia. Loki hace un regalo a los humanos. Les concede una fuente de poder que transforma en poco menos que dioses a quienes pasen por ella. Los primeros agraciados son la tripulación de la avioneta que pilotan Madelyne Pryor y Cíclope. El guionista los denomina provisionalmente the Bersekers, el nombre que utilizan los guerreros mitológicos encargados de proteger a Odin, y encarga a Smith que los diseñe a partir de una vaga influencia asgardiana. Éste se basa en los Thorde Walter Simonson para crear personajes individualizados con poderes más místicos que superheroicos. A pesar de que recuperen su normalidad una vez terminada la aventura, Claremont no descarta recuperarlos en un futuro que nunca llega.

“Aprendí muy joven que las cosas no se obtienen gratis. Quiero saber el precio”, dice Estrella del Norte. El precio del regalo de Loki es la pérdida de la magia sobre la Tierra. Los seres mágicos, como Shaman o Ave Nevada, comienzan a agonizar, mientras que los demás olvidan su capacidad para concebir historias. En lugar de la típica lucha de un grupo de superhéroes contra otro, hombres-X y Alphas se agrupan en función de los que están decididos a sacrificar la vida de sus amigos (Coloso, Sasquatch, Madelyne o Rachel) y aquellos que sostienen que el fin nunca justifica los medios (Lobezno, Cíclope, Xavier, Estrella del Norte, Talismán o Kitty).

La pelea termina con la llegada de Loki, dispuesto a obligar a que acepten su regalo aquellos que no lo quieren. Loki no puede actuar bien, concluye Claremont. Eso significa que se comporte desinteresadamente. Pero su naturaleza embustera no concibe hacer nada por nadie sin esperar algo a cambio. La miniserie resultante sigue la línea del equipo creativo. Una sólida historia construida sobre excepcionales personajes magníficamente tratados que sienten y se comportan como si fueran reales. Satisfecho con el resultado, tan alejado de los escenarios y las situaciones propias de los hombres-X, Claremont decide continuar en los anuales mutantes de ese mismo año. Sucede que Paul Smith ya tiene suficiente dinero para comprar su moto.

Ann Nocenti sugiere entonces el nombre de Arthur Adams, con quien acaba de terminar la miniserie Longshot. (IX 85-II 86). Adams, un chaval californiano de apenas veintidós años, tiene un estilo lleno de barroquismo y belleza. Necesita una obra que le consolide y, a pesar de su lentitud, accede a dibujar los dos especiales. La acción traslada a los Nuevos Mutantes primero y a la Patrulla-X después a Asgard, lo que requiere la coordinación con Ralph Macchio y Walter Simonson, editor y autor, respectivamente, de Thor. Simonson les detalla cuál va a ser exactamente la situación en el país de los dioses nórdicos en el momento en que sea visitado por los chicos de Xavier, además de incluir un par de referencias mínimas en el Thor 362 (XII 85). Claremont le promete tener cuidado con el tratamiento de los personajes y escenarios. Todo tiene que encajar como un inmenso puzzle, para acentuar la coherencia del Universo Marvel. A continuación, Claremont entrega a Adams un centenar de folios con el argumento de cada Annual. Ambos autores están apasionados con la historia, que empieza a crecer y crecer, en paralelo a sus cuentas de teléfono. El número de los bebés-X salta enseguida de cuarenta y ocho a sesenta y cuatro páginas dibujadas. Existe un New Mutants Annual1 publicado en 1984, último estertor de Bob McLeod en la colección. El de Arthur Adams debería ser el Annual2, pero Nocenti quiere destacar de alguna forma la excepcionalidad del producto, por eso le encarga a Adams una portada doble y decide denominarloNew Mutants Special Edition 1. La segunda parte se queda como Uncanny X-Men Annual 9. La complejidad llega a un nivel tal que Nocenti escribe una columna en el Marvel Age en la que explica cuál es el orden en el que tiene que leerse cada una de las partes de la saga. “Dieciocho mutantes viven en la Mansión-X”, explica Nocenti. “Y eso sin contar con invitados y amigos. Este verano van a viajar de El Cairo a Asgard, de Asgard a París, y de París a Etiopía”

LA VIDA DESPUÉS DEL APOCALIPSIS: BENDIS Y LAFUENTE REINVENTAN SPIDERMAN

Este tomo de Ultimate Spider-Man es diferente a todos los demás. Aquí arranca la etapa del Hombre Araña Definitivo posterior a los sucesos de “Ultimatum”, lo que supone un cambio radical en el planteamiento que hasta este momento había seguido su guionista y máximo responsable, Brian Michael Bendis. Decidido a ofrecer algo a los lectores que nunca hubieran visto en ninguna de las versiones de Spiderman, Bendis dio un golpe encima de la mesa y cambió de arriba abajo la cabecera, una verdadera revolución que venía subrayada por el hecho de que David Lafuente, un artista en las antípodas de Mark Bagley o Stuart Immonen, pasara a hacerse cargo del apartado gráfico.

 

Cuando se cumplían diez años del lanzamiento apoteósico de Ultimate Spider-Man, su padre legítimo, Brian Michael Bendis, no tenía programados grandes cambios para el personaje. El resto de la línea Ultimate requería un buen fregado, a nadie le cabía duda de ello, pero el caso de Spiderman era radicalmente distinto. La serie, gracias a la permanencia de Bendis en la misma y a que había contado con apenas dos dibujantes fijos en todo ese tiempo, conservaba los bríos, la solidez y el apoyo de los lectores con los que siempre había contado. La vida del joven Peter Parker hubiera permanecido inalterable, dentro de su inestabilidad habitual, de esa montaña rusa en la que el protagonista parecía eternamente subido, si no fuera porque, después de acudir a las reuniones editoriales preparatorias de “Ultimatum”, el propio Bendis se diera cuenta que allí había una interesante oportunidad que él tampoco quería dejar pasar. Su trepamuros podría haber permanecido al margen del evento, o haber participado de rondón, como había ocurrido en otras ocasiones puntuales, como el viaje al mundo del Escuadrón Supremo que se narró en Supreme Power, pero el guionista entendió que Spiderman no podía sustraerse al maremoto que arrasaría Manhattan, ni tampoco a las consecuencias que dejaría atrás.

 

No sería una aventura como otra cualquiera de la que salir más o menos indemne. Cientos de miles de neoyorquinos morirían. La ciudad quedaría arrasada. Los mutantes, a causa de que el instigador del desastre había sido Magneto, pasarían de odiados y temidos a directamente perseguidos por las autoridades, y aquí hay que recordar que Kitty Pryde, una de las integrantes de La Patrulla-X, había sido pareja de Peter… Demasiados elementos como para dejarlos pasar así como así. Una vez que lo comprendió, en la cabeza de Bendis se empezaron a mover los engranajes. “Ultimatum” no era algo que hubiera planificado él, y desde luego hubiera podido vivir sin la ola gigante, pero, una vez sabido lo que iba a ocurrir, ¿por qué no subirse a lomos de ella?

 

Por un momento, el guionista llegó a imaginar el más radical de los escenarios: ¿Y si la historia terminase aquí? ¿Y si Peter Parker muriera durante la historia, el final heroico y sacrificado que requería el Hombre Araña y que la continuidad tradicional siempre le había negado? ¿Y si acto seguido llegara un nuevo Spiderman que nada tuviera que ver con el original? La idea sedujo por un momento a Bendis, para abandonarla acto seguido. El público todavía no estaba preparado para algo así. Él tampoco. Él quería seguir contando la vida de Peter Parker, pero inspirado por la posibilidad, se atrevió a jugar con ella en los dos episodios que sirvieron de epílogo a la que había sido hasta entonces la serie mensual del personaje. Con Ultimate Spiderman: Réquiem #2 USA (2009. Coleccionable Ultimate nº 52. Ultimate Spiderman nº 24: Ultimatum) mantuvo el suspense acerca de si Peter sobrevivía a la catástrofe. En la última página, el Capitán América encontraba al chaval bajo los escombros, y en su viñeta final, el espectador se colocaba en el lugar del Capi cuando el héroe arácnido abría los ojos. Se despejaba entonces la mayor pregunta alrededor del Ultimate Spiderman post Ultimatum: bajo la máscara estaría Peter Parker.

 

Y es que, por un momento, los lectores llegaron a pensar lo contrario. El avance y la portada del primer número de la nueva etapa se habían publicado antes de que el Ultimate Spiderman: Réquiem #2 USA se pusiera a la venta. Bendis, responsable del avance era consciente del calendario, así que fue premeditadamente ambiguo al hablar de un “nuevo Spiderman”. ¿A qué se refería exactamente? La portada de David Lafuente tampoco ayudaba a discernirlo: su interpretación del lanzarredes era distinta a la de los anteriores dibujantes de la serie. Los que no sabían apreciar el estilo fresco y desenfadado de Lafuente se centraron en lo anecdótico, en las proporciones de la cabeza de Spiderman y en sus grandes ojos, para criticar la cubierta. ¿Y si Peter no fuera el elegido? Pero sí lo era. Todo cambiaría, es cierto, pero dos cosas permanecerían inamovibles: Peter seguiría siendo Spiderman, al menos de momento, y su vida seguiría estando llena de problemas.

 

La revolución se sustanciaba en otros aspectos. Durante las horas del maremoto, J. Jonah Jameson, el director del Daily Bugle, había contemplado los actos heroicos de Spiderman y comprendido que todas las acusaciones que le había lanzado en el pasado estaban equivocadas. Escribió entonces una emocionada crónica, que servía de guía narrativa a los dos números de Ultimate Spider-Man: Requiem, en la que elogiaba su entrega y se retractaba de injurias pasadas: “Héroe no es una palabra que use a la ligera, pero Spiderman define esa palabra en todos los sentidos”, decía Jameson, a sabiendas de que estaba firmando un obituario… ¡Sólo que Spidey lograría sobrevivir! En consecuencia, y gracias al editorial de Jameson, su consideración entre la opinión pública cambiaría después de la tragedia. Pero no por ello el Hombre Araña tendría las cosas más fáciles. Y tampoco Peter.

 

La nueva colección de Ultimate Spiderman arrancaba seis meses después de los sucesos de “Ultimatum”, que habrían sido determinantes para el protagonista y todos sus secundarios. “Quiero un statu quo como nunca se haya visto con Spiderman”, decía Bendis al respecto. “Ni en los cómics, ni en la tele, ni en el cine… ¡Creo que a todos le va a gustar lo que se encuentren!”. La primera sorpresa que los lectores encontrarían sería de naturaleza estética. Por aquel entonces, David Lafuente ya era una figura en alza dentro de Marvel. Había dibujado una estupenda miniserie de La Gata Infernal y Bendis había confiado en él para hacerse cargo de Ultimate Spider-Man Annual #3 USA (Coleccionable Ultimate nº 48. Ultimate Spiderman nº 22: Asombrosos amigos), aquel episodio tan delicioso en que se resolvía la tensión sexual entre Peter y Mary Jane, pero ningún lector imaginaba que Marvel fuera a confiar una de sus colecciones más importantes a un artista con su estilo, tan radicalmente opuesto al realismo, la épica y la espectacularidad de las vacas sagradas de la compañía. El gijonés no parecía un “dibujante de superhéroes”. Sus principales inspiraciones estaban en el terreno independiente. Sus puntos fuertes estaban en la interacción de personajes y en los entornos cotidianos. Bendis sabía, gracias al Annual, que podía dibujar a Spiderman, pero sobre todo sabía que podía convertir la serie en una comedia juvenil como nunca se hubiera visto. Alguien dijo del Spiderman clásico, el de Stan Lee y John Romita, que el lector estaba más pendiente de lo que ocurría a Peter que lo que le pasaba al trepamuros. Ahora sería más verdad que nunca. El joven héroe tendría una nueva novia, un nuevo trabajo y una nueva actitud, al tiempo que el hogar de tía May se convertía en una casa de locos que pronto recibiría los visitantes más inesperados. La nueva cabecera bien podría haberse titulado “La vida privada de Peter Parker”, porque todo giraría en torno a él.

 

Se trataba, en definitiva, de alterar el ADN del Universo Ultimate. Hasta entonces, este escenario servía para ofrecer versiones modernizadas de conceptos que ya se habían utilizado en el Universo Marvel tradicional. El propósito a partir de ese momento sería el de desmarcarse, de manera que la línea Ultimate cobrara independencia, caminara por libre y ofreciera aquellas historias que, por los motivos que fuera, no se pudieran narrar en la Tierra-616. Como había ocurrido en el año 2000, Spiderman sería el pionero del nuevo camino a seguir.

 

Artículo aparecido originalmente en Coleccionable Ultimate. Ultimate Spiderman nº 25

LA GRAN AVENTURA ARÁCNIDA: EL COMIENZO DE “EL DESAFÍO”

Spidey no tiene villanos como los clásicos. Veneno puede que esté empeñado en colarse entre sus grandes antagonistas, y a Morlun tampoco le fue a la zaga. Los guionistas pueden esforzarse por traer nuevas y divertidas amenazas, y a veces surgen brillantes creaciones, como Muñeca de Papel… pero, por mucho que trates de innovar, llega un momento en que el carisma de los enemigos creados en los tiempos de Steve Ditko o John Romita puede con todo. Spiderman puede derrotar una y mil veces a El Lagarto, El Buitre, Electro, El Hombre de Arena, El Duende Verde, el Doctor Octopus, El Camaleón, Kingpin o Mysterio, pero cuando se trata de buscar villanos equiparables… ellos son los que siempre ganan, y los que siempre regresarán.

La primera temporada del nuevo régimen arácnido, como le gustaba llamarlo a Steve Wacker, se centró en la presentación del status quo, secundarios, escenario, villanos, etc. Las tramas, aunque establecidas en forma de historias independientes, fueron enredándose unas sobre otras, hasta llegar a “El rastro de la araña”, el que se podía considerar como punto y final al arranque de esta etapa. La segunda temporada, cuyo inicio vino marcado por el histórico Amazing Spider-Man #600 USA, ofreció una orientación un tanto distinta. El escenario en el que transcurrían las historias, así como los personajes de reparto que acompañaban a Peter Parker, ya eran conocidos por los lectores, con lo que llegaba el momento de jugar con ellos. Es aquí donde los villanos clásicos, con inteligentes giros en algunas de sus características, volvieron a recuperar la voz cantante, y lo hicieron mediante una macroaventura titulada, genéricamente, “El desafío”, que se extendió durante varios meses y cuyos capítulos podían leerse de manera autoconclusiva. Era una tendencia que, en cierta manera, seguía los pasos del Amazing #600 USA y de sus episodios posteriores, puesto que allí fue donde se recuperó al Doctor Octopus y a El Camaleón siguiendo en ambos casos un objetivo similar: presentar a ambos desde puntos de vista originales, sin que por ello perdieran su esencia.

 

El pequeño gran cambio que tuvo lugar con “El desafío” consistía en que esos ataques estuvieran coordinados desde las sombras por la psicótica familia del fallecido Kraven El Cazador. Las semillas de la historia llevaban plantadas desde los primeros pasos de “Un nuevo día”, en concreto desde The Amazing Spider-Man #565-567 USA (2008. Marvel Saga. El Asombroso Spiderman nº 16), donde Marc Guggenheim y Phil Jimenez presentaron a Ana y Sasha Kravinoff, hija y viuda, respectivamente, de Kraven. El clan llevaba desde entonces maquinando en las sombras, preparándose para su siguiente golpe. Su intención consistía en que Spiderman se enfrentara a la mayor prueba de su carrera. ¿Sería el trepamuros capaz de superarla? Wacker orquestó “El desafío” mediante pequeños arcos de dos, tres o a lo sumo cuatro episodios, cada uno de ellos dedicados a un villano a las órdenes de los Kravinoff, y cada uno de ellos realizado por un equipo creativo distinto, siendo el tono oscuro y un tanto adulto, sobre todo en comparación con la primera temporada de “Un nuevo día”, el elemento homogeneizador a lo largo del evento. En paralelo, la recién recuperada Web Of Spider-Man acogió relatos cortos autoconclusivos, dedicados a cada uno de los antagonistas, que abundaban en sus orígenes.

 

HÉROE DEL PUEBLO

El bueno de Max Dillon, también conocido como Electro, tuvo el honor de abrir la saga, en una aventura que reflejaba un tema tan real como acuciante: el de las personas excluidas a causa de la crisis económica que estalló en 2008, una problemática que azotó con especial crudeza en Estados Unidos y que Marvel tardó más de dos años en abordar. “Aunque intentamos permanecer alejados de los tópicos y las referencias que serán olvidadas en apenas unos meses, la crisis económica es tan grande y afecta a tantas personas como para ignorarla”, explicaba Mark Waid. Lo que quizás nadie hubiera esperado es que fuera Electro quien se colocara al frente de la protesta popular: él, como tantos otros americanos, perdía su dinero con la quiebra de entidades bancarias como Lehman Brothers, cuyo colapso en septiembre de 2008 supuso una verdadera conmoción mundial. “Cuando se produjo el crack de Wall Street”, añadía el guionista, “Electro también perdió los ahorros de toda su vida. Sí, era dinero robado, por lo que no podemos sentir mucha lástima por él, pero Max no lo ve así”.

 

ARENA EN LOS ZAPATOS

En el siguiente capítulo de “El desafío”, Fred Van Lente repetía colaboración con Javier Pulido, después de haberse encargado ambos de The Amazing Spider-Man #605 USA (2009. Marvel Saga. El Asombroso Spiderman nº 24). El guionista quiso aprovechar la dimensión humana alcanzada por El Hombre de Arena en Spider-Man 3, filme que le presentaba como esposo y padre de una hija. En los cómics, las circunstancias era diferentes, ya que la vida privada de William Baker también era distinta. “Nunca ha tenido nada que se parezca a una existencia normal”, mencionaba el guionista. “Cada vez que ha intentado conseguirlo, Spiderman lo ha arruinado todo, como si lo hiciera por el simple placer de divertirse. Para lograr tal ‘normalidad’, el villano comete algunos de los peores crímenes de su carrera, aunque no sea consciente de ello en un principio. Él sólo quiere que Spidey le deje en paz, y a Spidey le encantaría cumplir sus deseos, pero no puede ser así”.

 

La trama surgió a raíz de un dibujo realizado por Pulido en el que se mostraba a una niña encerrada en un castillo de arena gigante. “La imagen fue tan potente que tenía que averiguar qué quería decir y cómo podía contar una historia que la incluyera. ¿Quién era esa niña pequeña? ¿Y por qué El Hombre de Arena se preocupaba por ella?”, continuaba Van Lente. “Las respuestas a esas preguntas, combinadas con algunas otras conversaciones que tuve acerca de El Hombre de Arena, es lo que me llevó a escribir esta aventura”. Durante la elaboración del mencionado relato, se presentó una discusión acerca de si Baker era o no propenso al asesinato. “Cuando Steve Wacker me pidió que utilizara a este enemigo en ‘El desafío’, decidí explorar el tema de si es o no un asesino. Y así es como llegue al contexto de un misterioso crimen que debe ser resuelto”.

 

La aventura sacó especial partido de algo que era común a todos los demás episodios de “El desafío”: un incremento en el poder para todos sus villanos protagonistas. Javier Pulido echó el resto en mostrar unas nuevas habilidades para El Hombre de Arena inspiradas tanto por el filme como por su psicología. “No está loco o perturbado. Sencillamente, es un tipo con un cuerpo hecho de arena cuya biología es diferente a la nuestra”, concluía el guionista. “Es un Ben Grimm malvado, en el sentido de que ha sido convertido en un monstruo y debe vivir con eso. Sus nuevos poderes tienen que ver con el estado mental que sufre. Además, me quedé enganchado por la manera en la que Sam Raimi lo trató en la peli. Quería tener un Hombre de Arena gigante en mi aventura”.

 

A continuación de El Hombre de Arena, irrumpía por un único número Rino, con una inesperada historia de amor a cargo de Joe Kelly y Max Fiumara. Su lectura provoca que venga al recuerdo aquella maravillosa “Flores para Rino”, publicada en Spider-Man’s Tangled Web #5 y 6 USA (2001), aunque en este caso se trataba de un amor correspondido. La trama no se quedaría en ese breve capítulo, pese a lo que pudiera parecer, sino que habría de continuarse de manera intermitente a lo largo de varios años.

 

Este es el primer tomo de Marvel Saga. El Asombroso Spiderman dedicado a recoger la trama completa de “El desafió”, junto a los pertinentes complementos de Web Of Spiderman. Por estas páginas, además de los ya vistos, veremos desfilar a Mysterio, Morbius, El Buitre, Juggernaut, El Lagarto y muchos más, aunque el plato fuerte quedará para el final, un último volumen en que la oscuridad lo invadirá todo.

 

Artículo publicado originalmente en Marvel Saga. El Asombroso Spiderman nº 25

SPIDER-MAN: LA HISTORIA GRÁFICA, PARTE 20: LA REINVENCIÓN DE LA VIUDA NEGRA

“Un día, le dije a Stan que me gustaría hacer una serie de Miss Fury. Al cabo de unos días me comentó: ‘No sé, no creo que a nadie le interese lo más mínimo. He hablado con unas cuantas personas y no han mostrado demasiado entusiasmo’. Pero también dijo: ‘Sabes, me encanta el traje, ¿por qué no se lo damos a La Viuda Negra?’. Así que cuando hice esa historia de La Viuda Negra en que aparecía como estrella invitada en Amazing, le cambié el traje” (p 120).

 

Romita recibió la llamada de Kirby: quería que se fuera con él a DC, que le ayudara a crear toda una nueva línea de cómics, tal y como había hecho Stan Lee en Marvel. Él seguiría dibujando, pero sobre todo escribiría, y sería Romita quien dibujara sus guiones. Juntos podrían lograr lo imposible: superar a La Casa de las Ideas. El dibujante de Amazing dudó por un momento y consultó con su mujer. A Virginia Romita no le gustó la idea (p 121).

 

Los lectores encontraron su nombre asociado al cargo de Artista Emérito, un término cuyo significado ni siquiera el propio Romita llegaba a entender. En todo caso, el dibujante siguió haciendo lo que llamaba “control de calidad”, de manera que ayudaba a Kane a elaborar las historias y le entintaba, porque su estilo era demasiado diferente al que había tenido hasta entonces la serie (p 122).

 

Aunque Romita había introducido tímidamente algunos cambios que se habían producido en las modas conforme pasaban los años, Peter seguía bajo su lápiz con sus camisas bien planchadas y acudiendo en bastantes ocasiones a la corbata. Kane se atrevió a vestirlo con chaquetas con flecos, pañuelos al cuello, chalecos, collares llamativos, camisas abiertas… (p 123).

 

Había una tercera mano, la de Tony Mortellaro, que contribuyó a liberar aún más la agenda de Romita, de manera que se ocupaba exclusivamente de entintar los fondos. Entró por recomendación de Mike Esposito y Romita le pagaba de su propio bolsillo, porque le compensaba con creces el tiempo que conseguía ahorrar con su apoyo (p 123).

 

En una agradecida licencia gráfica, el Octopus de Kane alargó sus brazos mecánicos bastante más de los oficiales ocho metros, lo que dio lugar a algunas imágenes de verdadero impacto (p 124).

 

“Creo que fue una buena idea matarlo”, dice John Romita al respecto. “Que antes de morir revelara que sabía la verdad sobre Peter me pareció un movimiento muy, muy bueno. Me encantaba el personaje, pero era buena idea matarlo para conseguir algo impactante” (p 124).

 

“Amigo, puede que tú sepas o sientas que Spidey no fue responsable de la muerte del Capitán Stacy”, decía Stan Lee en el correo de los lectores, unos pocos números más tarde, “pero ¿quién de nosotros se lo dirá al atormentado Peter Parker?” (p 124).

 

Textos procedentes de Spider-Man: La historia jamás contada

1985. DE CÓMO LA FURIA DE ALAN MOORE ALTERA DOS AÑOS DE ARGUMENTOS

Etiopía es, durante 1985, una referencia obligada para la industria del ocio. Al mismo tiempo que en la oficina-X preparan los especiales de Asgard, un grupo de cantantes entre los que se encuentran figurones tales como Bruce Springsteen, Michael Jackson o Tina Turner publican el disco coral USA for AFRICA We are the world, iniciativa de Bob Geldof destinada a recaudar fondos para paliar el hambre en el Continente Negro. A rebufo de la ola caritativa que recorre America, Berni Wrightson sugiere a su amigo Jim Starlin que preparen un cómic que sea el USA for AFRICA de Marvel, con los mejores guionistas y dibujantes de la industria trabajando por tan honorable causa. Starlin habla con Jim Shooter, al que le parece una gran idea. No es la primera vez que la editorial ha publicado tebeos con fines benéficos, como por ejemplo el Power Pack and Spider-Man (1985) destinado al Comité Nacional para la Prevención del Abuso Infantil. Al día siguiente, Shooter trata el tema con Mike Hobson y Jim Galton, publisher y presidente de Marvel, respectivamente. Ellos creen que, si los autores van a donar sus sueldos, la Casa de las Ideas debería hacer lo mismo. Puestas también al corriente, al carro de la solidaridad se suben tanto la distribuidora Curtis Circulation como algunas librerías especializadas. Se decide que el cómic esté protagonizado por la Patrulla-X, los protagonistas de la serie regular que mejor vende. También se anuncia a distribuidores, libreros y lectores que la tirada será única. Una vez terminada la impresión, se destruirán los fotolitos. La venta completa de la edición queda así asegurada.

 

El proyecto recala en Ann Nocenti y Chris Claremont, que se ocupan de reclutar a los guionistas, mientras Starlin y Wrightson se encargan de los dibujantes. El argumento básico se prepara entre los cuatro. La sesión creativa empieza a mediodía, en un restaurante, y se extiende hasta altas horas de la noche, ya en la oficina-X. A última hora, Shooter añade un par de ideas. El tema principal, comenta Claremont, es que la Patrulla puede salvar el mundo, puede salvar el universo, pero no puede salvar a aquellos que se mueren de hambre. Las escenas son cuidadosamente repartidas en función de quienes han de realizarlas. Stan Lee se ocupa de las páginas de presentación junto a John Romita Jr. y John Buscema.

 

Tras éstas, la acción se divide en arcos de entre dos y tres planchas protagonizados por los diferentes hombres-X. John Byrne accede a dibujar la segunda secuencia, que cuenta además con el entintado de Terry Austin. Tampoco ahora llega a reunirse el Dream Team. Quien escribe la escena no es Claremont, sino Weezie Simonson.

Berni Wrightson convence a su amigo y colaborador ocasional Stephen King para que escriba la terrorífica secuencia en la que el villano, nada menos que la encarnación del hambre, tortura a Kitty.

Alan Moore y Richard Corben se ocupan de que Magneto se enfrente a su horrible pasado (impagable la viñeta en la que Hitler reconoce al Amo del Magnetismo como su más avanzado pupilo).

Frank Miller comparte su reencuentro con Lobezno con el aclamado autor de ciencia-ficción Harlan Ellison, esta vez acompañado de las tintas de Bill Sienkiewicz.

Claremont se reserva las páginas dedicadas a Tormenta, en las que une sus fuerzas a las de Brian Bolland, uno de sus dibujantes predilectos.

Mike Baron y Steve Rude, responsables del independiente Nexus, ofrecen a continuación su visión del grupo al completo.

George R.R. Martin, otro gran escritor de terror, se ocupa de las páginas en las que la Patrulla-X llega a Etiopía en busca de su enemigo.

A los ya mencionados se añaden los nombres de Bill Mantlo, Mary Jo Duffy, Denny O´Neil, Joe Sinnot, Bob Layton, Brent Anderson, Klaus Janson, Clarles Vess, Mike Kaluta, John Bolton, Bruce Jones, Steve Englehart, Paul Gulacy o el mismísimo Jim Shooter. El cómic lo cierran Archie Goodwin, Howard Chaykin y Walt Simonson. En total, ochenta y dos guionistas, dibujantes y entintadores repartidos en veintiún equipos creativos.

Claremont entiende X-Men: Heroes for hope como un gran tributo a todos aquellos que han trabajado en la serie en los últimos diez años. Por una vez en la vida, otros escritores tienen la oportunidad de poner su rúbrica en un cómic protagonizado por sus chicos. El gran Patriarca Mutante no sabe muy bien como sentirse. Normalmente, no le resulta cómodo que los hombres-X aparezcan como invitados en otros títulos. Dichas apariciones, si se hacen correctamente, pueden dar una idea general de verosimilitud, pero casi siempre son un mero truco publicitario para vender más. Tanto Weezie primero como Ann después han seguido la política de complicar las cosas a quienes deseen utilizar a los hombres-X en otras colecciones. Heroes for hope es diferente, un caso puntual que no va a repetirse en el futuro. Claremont se estremece cuando lee las páginas dieciséis a dieciocho, escritas por Alan Moore. Este chico ha sido capaz de definir a Magneto mucho mejor de lo que yo he conseguido hacerlo nunca, y en tan sólo tres páginas, piensa. Da igual. Alan Moore nunca trabajaría para Marvel. Además, si hay alguien imprescindible para la Patrulla-X, ése es Chris Claremont.

 

Inmerso en la actividad frenética que suponen la miniserie con Alpha Flight, los especiales con Arthur Adams y la coordinación del Heroes for Hope, le queda todavía hacer frente al siguiente gran acontecimiento mutante de la temporada, el UXM 200, donde tiene lugar el juicio a Magneto por crímenes contra la humanidad.

Un número antes, en el UXM 199 (XI 85), la Hermandad de Mutantes Diabólicos, convertida ahora en Fuerza de la Libertad al servicio del Gobierno, intenta capturar a su antiguo líder. No llegan a conseguirlo, pero él mismo se entrega. “Siempre he estado huyendo de y escondiéndome. Por mi propio bien y el de los mutantes, ha llegado la hora de enfrentarme a mis acusadores a mi destino”, dice. Cincuenta números después de haber comenzado el duro camino hacia el perdón, Magneto comparece ante el Tribunal Internacional que se ocupara del juicio de Nuremberg (UXM 200, XII 85).

Al frente de la acusación está James Jaspers es un fanático perseguidor de superhéroes con capacidad para alterar la realidad y que proviene del serial inglés del Capitán Britania, publicado por la filial de la compañía en Gran Bretaña.

La aparición de Jaspers insinúa un largo argumento destinado a durar los dos años siguientes: Nimrod, el centinela llegado del futuro, va a fusionarse con La Furia, un androide creado por Jaspers que en las historias del Capitán Britania escritas por Alan Moore ha llegado a exterminar a los superhéroes de varios mundos alternativos. Esta nueva amenaza destruirá a Los Morlocks y al Club Fuego Infernal, además de enfrentarse a La Patrulla-X en varias batallas, durante las que Rondador Nocturno se verá gravemente herido. Kitty logrará derrotarlo, con sus poderes de fase, pero también sufrirá las consecuencias. Junto a Rondador, Coloso y Longshot, un nuevo miembro del grupo que ha introducido Ann Nocenti en una miniserie dibujada por Arthur Adams, se marcharán a vivir a Inglaterra. A largo plazo, de todo ese plan surgirá un nuevo equipo, llamado Excalibur. En paralelo, Jaspers se aliaría con la fusión entre Nimrod y La Furia, para reavivar el racismo contra los mutantes. Como respuesta, La Patrulla-X se verá obligada a aliarse con otros mutantes a escala mundial. La batalla final obligará a Forja a unirse con Roma, una deidad que fuera introducida por Claremont en la creación del Capitán Britania, y juntos desterrarán a Jaspers y la criatura a una dimensión paralela, pero en el proceso Jaspers utilizará sus poderes para alterar radicalmente a La Patrulla-X.

 

Cuando Alan Moore, el escritor de las aventuras de Britania en que aparecía Jaspers, descubre esos planes, se enfurece y plantea un problema legal a Marvel al respecto de la utilización de los personajes que él ha creado durante ese periodo. Se resolverá al cabo de un tiempo, pero mientras tanto los abogados de Marvel aconsejan que ningún elemento procedente de esas historias sea utilizado en los cómics. Claremont se ve, por lo tanto, obligado a eliminar tanto a Jaspers como a La Furia de su planificación. Recurrirá, en su lugar, a otros personajes, pero, más allá de esta circunstancia, los cómics que va a escribir en los dos años siguientes mantienen muchas de las situaciones planteadas desde el principio.

La defensa de Magneto que esgrimen sus abogados, Gabrielle Haller y Charles Xavier, es la misma que lleva haciendo Claremont en los últimos años a todos aquellos que quieran escucharle. “Magneto”, explica Gabrielle, “fue convertido en niño… Puede decirse que su vida volvió a empezar. El hombre que era dejó de existir. A todos los efectos, murió. Esa es la máxima pena para cualquier crimen”

“Estamos ante la evolución de un hombre”, dice Claremont. “En nuestro propio mundo, durante treinta y cinco años, Menachem Begin fue considerado un terrorista por el gobierno británico. Ahora, tras su retiro, se ha convertido en primer ministro israelí, respetado en gran parte del mundo. Hace diez años, los vietnamitas eran nuestros peores enemigos. Quién sabe lo que pasará dentro de otros diez. Todo es posible”. No hay veredicto para el Amo del Magnetismo, ya que el juicio no llega a concluir a causa de la intervención de los hijos del Barón Strucker, a quien combatieran Xavier y Magneto en su juventud. La pelea agrava las heridas de Xavier sufridas durante el apaleamiento del UXM 192. Sólo la llegada de Lilandra le permitirá sobrevivir, pero la emperatriz shi’ar necesita curarlo en el espacio, sin asegurar cuando va a devolverlo a la tierra. Llegado a esta situación extrema, el Profesor-X obliga a que Magneto dé un paso al frente:

-Ve a mi escuela. Vigila a mis hombres-X. Enseña a mis Nuevos Mutantes.

-Imposible. Nunca me admitirían.

-¿Tienes miedo?

-Tengo mis razones. No soy digno de tu confianza ni de esa responsabilidad, Charles. No me pidas algo que no puedo cumplir.

-Prueba que eres digno. Piensa en Israel, cuando eras joven. Los sueños. Los ideales que compartimos. Después tomamos caminos distintos. Has dicho que te equivocaste. Que rectificarías. Ésta es tu oportunidad. Haz lo que nadie cree que puedes hacer.

-¿Y si fallo? ¿Y si traiciono tu sueño?

-¡”Nuestro” sueño, maldita sea! Nunca lo sabrás si no lo intentas.

El juicio de Magneto culmina el proceso iniciado por Claremont en el UXM 150: el cambio de bando del que fuera el peor enemigo de la Patrulla-X, un revulsivo equiparable a la muerte de Fénix, una catarsis que da por completo la vuelta a la strip. Puede que Xavier no haya muerto pero, en la práctica, su salida es poco menos que definitiva. El Profesor-X no volverá a dirigir a sus alumnos, no mientras la decisión esté en las manos del Padre Mutante. La Patrulla-X vuela ahora en solitario y Magneto, tras su promesa a Xavier, se ha convertido en el profesor de los Nuevos Mutantes, cargo que ejerce a partir del TNM 35 (I 86). La sorpresa constante vuelve a ser una de las principales características de la serie. Lo que no espera Claremont es que el sorprendido sea él.

1985. LA CONSPIRACIÓN QUE ALUMBRÓ A FACTOR-X

Es primavera de 1985. Bob Layton comenta con el dibujante Jackson Guice la posibilidad de trabajar juntos en un nuevo título. Ambos son fans irredentos de la prehistórica Patrulla-X. Si el grupo surgido del Giant-Size X-Men 1 es la segunda generación de mutantes y los Nuevos Mutantes son la tercera, ¿por qué no van a tener colección los veteranos de la primera generación?, se preguntan. Acto seguido, redactan una propuesta orgullosamente retro en la que los primeros alumnos de Xavier se reúnen para viajar por todo el mundo, ayudar a mutantes buenos y pelear contra mutantes malos. La proposición llega a la mesa de Jim Shooter, quien tiene un excelente concepto de Layton a raíz de su trabajo en Iron Man y en las dos miniseries protagonizadas por Hércules. Años después de rechazar una idea similar de Mark Gruenwald, el director editorial cree que las cosas han cambiado. Ahora se prepara otro título más con supergrupo, en esta ocasión, dedicado a una sucursal en California de los Vengadores. Mientras dos colecciones dedicadas a los Vengadores puedan funcionar, el mercado acogerá con expectación una tercera dedicada a los mutantes.

 

-Bueno, ¿Cuando podéis empezar? -pregunta.

-Ya -dice Layton.

 

Al poco tiempo, Claremont se entera de la existencia del proyecto, de cuyo planteamiento abomina enseguida. No le interesa la prehistórica Patrulla-X y no le importa que utilicen a personajes que en realidad nunca han tenido mucho que ver con su obra, como el Hombre de Hielo, la Bestia o el Ángel. Lo que le molesta son los objetivos. Hasta ahora, los viejos alumnos de Xavier eran los amigos del instituto, dispersos aquí y allá, que, ocasionalmente, se reunían para contarse batallitas. Distinto es si se les agrupa con el objetivo de crear otro título parecido a Uncanny X-Men o The New Mutants, un título con una “X” muy grande en portada. Claremont no quiere más colecciones mutantes. No mientras él no pueda escribirlas todas. Pero es que, además, Layton está empeñados en llevarse a uno de sus chicos. En el UXM 201 (I 86), el mismo número en el que nace Nathan Christopher Summers, su primer hijo, Cíclope pierde el liderazgo en combate contra Tormenta. Abatido y confuso, el hombre-X por excelencia abandona la Patrulla para irse a vivir con su esposa. Venga, ¿no es esto lo que queríais? Pues todo vuestro y dejadme en paz. Es una situación en línea con la imprevisibilidad habitual de la strip que podría haber tenido lugar con o sin la existencia del nuevo proyecto, pero viene condicionada por ésta.

Una vez conseguido a Cíclope, Layton no tiene demasiados problemas para completar su X-Factor, nombre elegido para la colección que recuerda el factor-x genético que produce las mutaciones. La Bestia, el Hombre de Hielo y el Ángel languidecen en un título de segunda fila, The New Defenders. A pesar de seguir saliendo a la calle, se trata de una serie muerta largo tiempo atrás cuyo cierre no molestará a nadie. En Marvel aprovechan las Secret Wars II para cancelarla. Cuatro de los cinco primeros estudiantes de la Escuela del Profesor Xavier para Jóvenes Talentos están dispuestos para la Gran Reunión, pero hace falta un quinto, una figura femenina que sustituya a la insustituible Jean Grey. Porque Jean es fiambre, kaputt, pasto de los gusanos selenitas, pasto glorioso pero pasto al fin y al cabo. Hay, por supuesto, dos Jean Greys de pega: Madelyne Pryor y Rachel. Ésta última es colocada por Claremont en una circunstancia difícil de manejar por nadie que no sea él mismo. En el UXM 199, Rachel reclama un resto de poder de su madre, oculto en una matriz energética shi’ar. Es ahora una nueva Fénix, heredera de la primera. Los lectores, sin embargo, cual Hamlets huérfanos de rey muerto, están obsesionados con la original y piden una y otra vez su retorno. La carta de uno de ellos, publicada en el correo del UXM 143, decía así a raíz de la muerte del personaje: “Tengo la colección completa de La Patrulla-X. Mi primer número fue el 37… pero el 138 es el último. Durante los dos últimos años (desde el 113) he visto como la serie degenera. Decidí dejarla durante la saga del Club Fuego Infernal, pero me dominaron mis sentimientos y una vaga esperanza de que las cosas mejorasen. Durante la saga de Fénix Oscura volví a pensar en dejarla… No puedo seguir, ni siquiera por mantener mi colección completa… hasta que las cosas cambien, habéis perdido un lector”.

 

Años después, ese mismo lector, llamado Kurt Busiek, trabaja como editor asistente de Marvel Age. Es invierno de 1983. La llegada de Madelyne ha puesto en boca de todo el mundo la posible resurrección de Fénix. Entre los especuladores, Roger Stern y el mismo Busiek:

-Es un truco. Chris no va a resucitarla -asegura Stern -Shooter no le dejará. Saldrá de nuevo con el rollo del genocidio cósmico.

-No sé, ha pasado ya mucho tiempo.

-Oye, si tú fueras guionista de la Patrulla-X, ¿como harías para resucitar a Fénix?

-Fácil. Si el problema es que Fénix es una asesina en serie, busquemos una forma de evitarlo. El plan original era hacer una especie de exorcismo, que Fénix dejara de existir y Jean se convirtiera en una chica normal, ¿verdad? Pues lo que hay que hacer es retomar esa idea. Que Jean y Fénix sean dos seres diferentes, pero no de forma metafórica. Debe ser algo real. En un momento dado, Fénix se habría hecho pasar por ella. Jean estaría desde entonces en animación suspendida. ¿Ves que fácil?

-¿Y qué momento sería ése, antes de convertirse en Fénix Oscura?

-No. Tiene que ser más atrás. Diablos, en el mismo momento en que aparece Fénix. Así se justificaría que la Jean de los años sesenta tenga un carácter mucho más dulce que el de Fénix.

-Byrne dice siempre que esa no era Jean Grey.

-Pues tiene razón. Era Fénix.

Diseños aparecidos en Marvel Age 33

Un mes más tarde aparece el UXM 175, en el que se desmiente que Madelyne sea Fénix resucitada. El asunto se olvida por un tiempo. Dos años después nace el proyecto de X-Factor. Stern comenta la idea de Busiek con John Byrne, y éste a su vez lo hace con Layton, que ya tiene pensado un argumento similar para el X-Factor 12, aunque, ¡¿qué diablos?! Lancemos la colección con un acontecimiento de esta envergadura. Todos juntos, apoyados por Mike Carlin, futuro editor de X-Factor, y Mark Gruenwald, actual editor de The Avengers y The Fantastic Four, se plantan en el despacho de Shooter, que encuentra el razonamiento irreprochable. Nadie va a desobedecer su orden. Fénix sigue muerta y culpable. La Chica Maravillosa, que en realidad permanecía recuperándose de sus heridas desde el UXM 101, será traída de vuelta limpia de polvo y paja. Lista para vender muchos cómics.

-Sois geniales, chicos. Esto va a ser mejor que la muerte de Jean, mejor que la muerte de Elektra, mejor que la venida de Galactus. Y, por lo menos, tan bueno como mis Secret Wars.

 

Pasan dos días. Layton se acerca a Busiek y le dice:

 

-¡Ey, tenemos a Jean Grey de vuelta para X-Factor… y oí que tenía que agradecértelo!

-¿Uh?

 

En los meses de preparación de la serie, la resurrección se lleva en la más absoluta oscuridad de cara a los lectores. Desde el Marvel Age 30 (IX 85), Busiek anuncia la existencia del grupo y reta a los fans a que averigüen quién será el quinto miembro. Muchas de las respuestas identifican a Rachel o a Madelyne; algunos despistados piensan en Mantis, Pícara, Tormenta, Lobezno o Franklyn Richards. Quién más se acerca propone a Fénix. Sólo un lector acierta de pleno. En el bullpen sin embargo no hay secretos. El regreso de la Chica Maravillosa es el tema de moda. La noticia llega pronto a oídos de Ann Nocenti. Al día siguiente, queda para comer con Claremont y Barry Smith. Tienen que hablar de la segunda parte de Muerte viva, pero la conversación acaba desviándose.

 

-He estado con Bob Layton. Me ha comentado que ya han elegido un quinto miembro para X-Factor. Adivina quien.

-No sé. ¿quién?

-Van a hacer algo radical. Chris, van a resucitar a Jean Grey.

-Venga ya.

-Te lo juro.

-No son tan torpes.

-Lo son.

-¿Shooter lo aprueba?

-Shooter está encantado.

-¿Pero quién coño se cree que es?

-Chris, es el director editorial.

-¡Y yo soy el autor más importante de Marvel! Sin mí no son nada. Mierda, acaban de joderme la serie sin remedio. -Claremont se dirige a la barra-. Camarero, quiero un teléfono. -Se lo traen. Empieza a marcar. Cuelga.

-¿Qué pasa? -pregunta Nocenti-. ¿A quien llamas?

-A Shooter. Pero con el cambio de oficinas no me acuerdo de la extensión.

-Es viernes y son las seis, Chris. Han cerrado ya. Y mejor que no le digas a Shooter algo de lo que puedas arrepentirte el lunes.

Claremont se marcha a casa. Pasa el fin de semana preparando una propuesta alternativa. Una forma de que X-Factor tenga quinto miembro sin necesidad de resucitar a Jean. El lunes a media mañana consigue hablar con Shooter.

-Gracias, Chris. Aprecio tus esfuerzos. Pero la decisión está tomada. No es nada personal, lo sabes. Teníamos un problema y lo hemos resuelto. Una simple cuestión de marketing. Y, ¿sabes lo que te digo? La culpa la tienes tú, por escribir personajes inolvidables. En los últimos cinco años no he podido hacer una aparición pública en la que no me pregunten si vamos a resucitar a Fénix. A ti te pasa exactamente lo mismo, no me lo niegues ahora. ¿Por qué si no te has sacado dos Jean Greys de la manga, Madelyne y Rachel? Pues qué quieres que te diga, estoy harto. Voy a darles lo que quieren.

-El secreto está en no contentarles nunca, Jim. Creí que tú lo sabrías.

1985. DIFÍCIL DESPERTAR

Chris Claremont, Ann Nocenti y John Romita Jr., en una fotografía perteneciente al blog de Jim Shooter

Es verano de 1985. Como cualquier verano de los últimos cuatro años, Chris Claremont asiste a la San Diego ComicCon. De todos los invitados, es el único guionista cuya sesión de firmas congrega a multitudes numéricamente superiores a las que se acercan a conocer a Frank Miller o a conseguir un dibujo de John Byrne. Éstos le envidian que sea el que más chicas atraiga a la feria. Los dossiers de prensa dedicados a Claremont, escritos por su mujer, contabilizan orgullosos el inmenso número de palabras que el Patriarca Mutante puede introducir en un cómic. Mientras otros presumen de grandes dibujos, él lo hace de una prosa sin competencia en el medio. “Con todos ustedes, señoras y señores, el autor de la Patrulla-X”. Nada de “el guionista”: el autor. El único de la Marvel de Jim Shooter al que se le permite hacer gala de ese título. Sigue un minuto de aplausos. Después, Claremont, que viste como un explorador africano, demuestra ser un conversador inagotable. Habla de la colección, de los próximos proyectos, de Lobezno, de Tormenta, de los bebés-X. Saca el anecdotario. Alaba a sus chicos, Weezie, la mejor amiga, la más divertida, la más grande editora, ahora también excepcional guionista; Ann, maravillosa Ann; Glynis Wein, considerada la mejor colorista del medio ¿por qué si no iba a estar con nosotros? Sólo trabajo con los grandes; Tom Orzechowski, de igual manera, el mejor rotulista de la industria, capaz de colocar interminables parrafadas en el lugar apropiado. Claremont ha cedido a Tom parte de sus incentivos como escritor del cómic más vendido de América, un gesto que nadie antes ha hecho por un rotulista. No quiere que ningún otro escriba sus palabras. Salen las preguntas sobre los dibujantes. Uncanny X-Men es la Escuela de Jóvenes Talentos. En sus aulas se han graduado John Byrne, Paul Smith, Arthur Adams, John Romita Jr. Quien dibuje los guiones de Claremont sabe que su trabajo, lejos de quedar en segunda fila, saldrá reforzado y listo para otras colecciones en las que los argumentos apoyen lo visual sobre lo escrito. Algunos, como Alan Davis, sienten que la responsabilidad es demasiada. Davis es el británico que, durante años, ha dibujado el serial del Capitán Britania para la Marvel inglesa. En los últimos meses, Claremont le ha ofrecido varias veces la posibilidad de dibujar Uncanny. Davis se ha negado siempre, no porque no quiera, sino porque tiene miedo, miedo a no estar a la altura, a no saber dibujar un montón de cosas. “Si te ocupas de Uncanny X-Men van a estar comparando tu trabajo con el de John Byrne, y no quiero pasar por eso”, dice. Prefiere el más discreto escaparate que supone Batman and the Outsiders, en DC. Cada día, sin embargo, se repite a sí mismo: “Dios, ¿qué he hecho?, ahora podría estar dibujando a la Patrulla-X”

 

Sigue la charla. Claremont prefiere no hablar de Byrne, aunque gran parte de las cuestiones trate sobre su relación profesional. Como mucho, los que quieran buscar segundas intenciones a sus palabras encuentran una cierta amargura. El secreto para hacer guiones épicos, revela, es trabajar siempre con un fondo musical majestuoso. Wagner me ayudó mucho en la aventura de Asgard, bromea. Si le preguntan por su hombre-X favorito, contesta, invariablemente, que los quiere a todos por igual. Son como mis hijos, dice el orgulloso Patriarca Mutante. Han sido parte de mi vida durante un tercio de ella. Me duele no tener suficientes viñetas para todos. Me gustaría que vivieran felices, que crecieran, se casaran y tuvieran dos hijos, dos coches y dos casas. Pero no puedo hacerlo. Tengo que ponerlos en todas esas situaciones desagradables y espantosas. ¿Qué hay de los misterios que va olvidándose de resolver? ¿Qué ha sido de la isla de Magneto? ¿y del parentesco de Rondador y Mística? ¿y del Acta de Registro Mutante?, bombardea algún fan ansioso. Bueno, la verdad es que tengo apuntadas casi todas esas cosas, espero no haber perdido el cuaderno. ¡No!, es broma. Sí, es verdad que me gusta alargar algunas situaciones, pero prometo resolverlas. Quiero ir poco a poco. Si lo contara todo y lo resolviera todo, sonríe Claremont, ya no habría nada que os interesara de la serie. Y no pienso quedarme en el paro. Señor Claremont, ¿que cómics lee habitualmente?, interroga siempre alguien. Nexus, Jon Sable, Love and Rockets, Cerebus, Power Pack, Thor, American Flagg!, Swamp Thing, cosas así, responde. Mucho cómic independiente, la renovada Cosa del Pantano a cargo del inglés que hiciera aquel excepcional trabajo con el Capitán Britania y que ahora incorpora algunos de los hallazgos estilísticos de Claremont a su forma de escribir y dos colecciones de la Casa de las Ideas: un cómic escrito por su colaboradora más fiel y otro del marido de ésta. Ni un título Marvel más. Al fin y al cabo, ¿qué puede ser mejor que Uncanny X-Men o The New Mutants? Y la eterna pregunta: ¿Va a volver Fénix?. Una sonrisa, un Quién sabe, bastan. Él sabe que NO va a volver. Su muerte es lo mejor que le ha pasado nunca. Jean Grey vivirá por encima de su cadáver. En Marvel lo saben.

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